GY.- Tras el alto el fuego de ETA, sus declaraciones transmitieron una sensación de seguridad y confianza. ¿Sigue siendo optimista?
JMA.- Yo sigo manteniendo la convicción en favor de la paz. Y la acción en favor de la paz. Pero no me muevo en terrenos de optimismo o pesimismo, que deben estar al margen de una situación tan compleja como ésta. Sigo manteniendo mi esperanza de que la paz es posible y afirmo, además, que es lo único que quiero. Yo sólo trabajo por la paz.
GY.- En este periodo ha quedado claro que ha dicho no al Acuerdo de Estella, al acercamiento de presos reclamado por los partidos nacionalistas, al «ámbito vasco de decisión», a la Asamblea de Municipios Vascos... ¿A qué ha dicho sí?
JMA.- No pretenderá usted que suscriba el Acuerdo de Estella...
GY.- No, pero quizá haya un terreno en el que encontrar un consenso mayor.
JMA.- Hemos hecho cosas importantes, aunque todo depende de los objetivos de cada uno. Tengo la sensación de que hay quienes no ponen el acento en la paz, sino en lo que quieren conseguir a través de una supuesta paz. Pero esa argumentación, en mi opinión, es tanto como pagar un precio político por dejar la violencia, la muerte y la extorsión. Y eso no se puede aceptar nunca. Dije en la primera declaración que era sensible a la nueva situación que se producía y lo sigo siendo. Aprovecharé todas las oportunidades. He autorizado contactos con el entorno de ETA y con la propia banda terrorista. Se han producido...
GY.- ¿Sólo con el entorno?
JMA.- Con el entorno. Se ha acreditado por parte del Gobierno una manifiesta voluntad de trabajar por un escenario de paz, y consolidarlo. En el Congreso de los Diputados hemos definido lo que son las reglas de lo que debe ser la política penitenciaria. Y hemos reafirmado un marco jurídico-político positivo, y en todo caso razonable, que son las reglas del juego democrático, de la Constitución y del Estatuto de Autonomía. A mí eso me parece muy importante. Insisto: lo que no se puede pretender es sacar ventajas por el hecho de dejar la violencia.
GY.- ¿Por qué cree usted que ETA no designa interlocutores casi tres meses después de que usted autorizara los contactos?
JMA.- Tengo la impresión de que hay quienes tienen miedo a la paz.
GY.- Uno de los escollos que aparecen constantemente es la solicitud del acercamiento de los presos, de un gesto más significativo en este sentido. ¿Cuáles son los argumentos para no dar ese paso?
JMA.- El Gobierno no hace gestos, hace política. Hace política respetando las leyes. No olvide usted que también el Pacto de Ajuria Enea tiene facultades establecidas en la orientación de esta materia, que siempre compete al Gobierno...
GY.- Pero el Pacto no se reúne ...
JMA.- Desde luego, no hay que plantearse el Acuerdo de Estella como sustituto del Pacto de Ajuria Enea, lo que sería algo completamente equivocado. Pueden buscarse otras fórmulas que no parecen, en este momento, suficientemente viables. Depende de los objetivos que se fijen. Si es la paz, insisto, el Pacto de Ajuria Enea es un marco abierto. Quien tiene que dar explicaciones de los pasos que da es quien introduce elementos que no son ese objetivo fundamental. El Gobierno tiene la obligación de decírselo claramente.
GY.- ¿Por ejemplo al PNV?
JMA.- Me gustaría observar un compromiso mucho más decidido del PNV en este sentido, es decir, sin mezclarlo con otros objetivos que, además, no son claros.
GY.- ¿No podría ser compatible esa firmeza con una política de acercamiento de presos más generalizada?
JMA.- Yo creo que lo que hay en torno a eso que se llama Estella, y que agrupa a las distintas corrientes nacionalistas, son unos determinados compromisos políticos. Creo que hay quien se le llena la boca de discursos sobre los presos y lo que pretende es la vigencia de los otros compromisos.
GY.- Usted dijo que determinados comportamientos estaban perjudicando las expectativas de los presos. ¿No quiebra esa alusión a conductas externas el imperativo de un trato individualizado o incluso los derechos de los presos?
JMA.- Los derechos de los presos son respetados como no lo fueron nunca los derechos de las víctimas. Otra cosa son los criterios de la política penitenciaria. No puse en marcha la dispersión de presos. No definí esa política. Nos limitamos a cumplir la ley, y la seguiremos cumpliendo. Si el Gobierno considera oportuno que los criterios se modifiquen, lo dirá.
GY.- Usted no ha sido sensible al hecho de que las personas que designó para los contactos hayan recomendado un acercamiento masivo de presos.
JMA.- Todas las personas que se designan tienen la obligación de buscar y analizar distintas alternativas. Y ésa es una más, como puede haber otras. Lo que está muy claro es que el Gobierno ha tomado decisiones ajustadas a lo aprobado en el Congreso y a las expectativas de propiciar el final de la violencia.
GY.- ¿Significa que, en otras condiciones, por ejemplo sin presión ni coacciones, se podrían modificar esos criterios?
JMA.- El Gobierno responderá al mandato del Congreso en todo momento.
GY.- Hace muy pocos días, el PSOE ha elaborado un documento muy crítico argumentando que el proceso de paz está fracasando, y responsabilizando al Gobierno.
JMA.- A veces se dispara contra la paz sin quererlo. Hay gente irresponsable, porque no tiene elementos de maduración suficiente. Aspiro a que la actitud del PSOE sea responsable y espero contar con su respaldo.
GY.- Una parte del electorado del PP parece no entender que se mantenga un pacto de legislatura con el PNV.
JMA.- Nosotros tenemos un acuerdo de investidura y no voy a ser yo quien rompa ese pacto. Una cosa es ese acuerdo original y otra distinta los desacuerdos actuales, que los hay. La paz es un proceso largo y complicado, y hay que armarse de paciencia. Las puertas de esta casa siempre estarán abiertas para el diálogo.
GY.- ¿El atentado que sufrió ha influido en sus decisiones políticas?
JMA.- No, en absoluto. Yo puedo olvidar lo mío, porque ejerzo una responsabilidad, pero no lo de los demás. La reparación moral y material de las víctimas es una cuestión primordial, que está al margen y no tiene elementos de comparación con otras cuestiones. Vamos a ver cuáles son los comportamientos de unos y otros. A nadie se le oculta que, aunque llevamos unos meses sin atentados, hay coacciones y amenazas. Ahora existe el objetivo de que el PP no pueda presentar candidatos. La paz deseada también tiene que considerar esas cosas.
GY.- En el nacionalismo vasco han surgido nuevos planteamientos que tienen un respaldo importante y que permanecerán en un escenario de paz...
JMA.- Eso es otra cosa. Hay que conseguir la paz y, conseguida la paz, usted puede defender lo que quiera. Y los demás también. Pero, claro, al margen de la violencia. Eso es el desarrollo de la política, porque la raíz del problema del País Vasco es una raíz de violencia.
GY.- Y podría consolidarse un bloque social mayoritario nacionalista. ¿En qué medida el Estado puede negar el reconocimiento de aspiraciones mayoritarias?
JMA.- Yo estoy convencido de que la mayoría social política en el País Vasco tiene, acepta y respeta unas reglas del juego democráticas, claras y estables, constitucionales. Esos problemas no se resuelven de un modo mecánico, por decirlo de alguna manera, y hay muchos ejemplos que apuntan en ese sentido.
GY.- Se extiende la impresión de que esas reivindicaciones son la garantía del alto el fuego.
JMA.- Eso sería pagar un precio por la paz. Si solamente puede haber paz cuando yo gano, estamos ante un concepto de la democracia bastante extravagante. La paz es la normalidad democrática. Lo que no se puede pretender es conseguir unos objetivos matando o que, por dejar de matar, quebremos las reglas del juego democrático. Ningún demócrata tiene que demostrar que ha aceptado la voluntad de los vascos. Es entre quienes han vulnerado la democracia donde se tienen que producir los grandes cambios. Yo puedo incluso entender que se necesita tiempo para asimilar esas reglas, pero es inaceptable la presión social y la coacción. Aquí no hay más inmovilismo que el de los que aún no se han adecuado a la democracia.