Café para todos
17 Feb 2008
Kosovo is not Spain
Tiempo le ha faltado a la Consejera de Cultura y Portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate, en comparar dos realidades que poco tienen en común: Euskadi y Kosovo. A pocos minutos todavía del nacimiento de un nuevo Estado europeo, Kosovo supone ya un paso más -quizás el último- en la desintegración de la antigua Yugoslavia. Y digo quizás el último pues la segregación kosovar se fundamenta en unos argumentos, a mi modo de ver, totalmente caducos; incluso contradictorios respecto a la nueva era internacional tendente no hacia el localismo sino hacia la globalidad.

La independencia de Kosovo ha reabierto el debate sobre la creación de nuevos Estados en un contexto tendente hacia la desaparición de estas estructuras en pro de las organizaciones supranacionales. No deja de ser curioso -por no calificarlo de contradictorio- que Kosovo se separe de Serbia -al igual que hace poco más de un año lo hiciera Montenegro- y ya se esté pensando en su integración -de Serbia, de Montenegro y de Kosovo- en la Unión Europea. Dicho de otro modo: se separan aún a sabiendas que, en cuestión de pocos años, volverán a estar unidas en el marco europeísta. ¿Soy yo o esto es sencillamente una ridiculez?
Sea como sea, en Euskadi, el PNV ya ha dicho que éste es el modelo: "el siglo XXI es el siglo de la identidad y de las naciones", ha señalado con contundencia el ejecutivo de Ibarretxe. Y yo que creía, ingénuo de mí, que eso es lo que fue el XIX. Imagino que desde ERC no se tardará en convocar su respectiva rueda de prensa para señalar lo mismo; ya están tardando. Igual que tardando está la esperada reacción del PP y sus medios sobre la independencia kosovar: hagan apuestas señores, que me juego lo que sea a que en menos de una semana el PP le ha echado la culpa a Zapatero de la independencia kosovar. Y eso que el PSOE está en contra.
Pero éste es otro tema: sin duda, PP y PSOE están de acuerdo en el rechazo a la independencia porque sencillamente no es procedente defender la autodeterminación kosovar para a reglón seguido rechazar la vasca. En el caso del PP, porque éste es su discurso y su posición desde tiempos de Paquito; en el caso del PSOE, simplemente porque estamos a 21 días de las elecciones generales. En cualquier caso, a mi entender, ni Kosovo ni mucho menos Euskadi pueden justificar jurídicamente la independencia de sus respectivas naciones.
Y otra curiosidad chocante: ¿soy yo, o me da la sensación de que ciertos sectores peneuvistas han cambiado de modelo con cierta -digamos- ingenuidad? Porque no deja de ser curioso que hasta hace relativamente poco tiempo, el modelo político internacional con el que se inspiraba el nacionalismo vasco y catalán era el de Irlanda del Norte; pero mira tú por donde, ahora el modelo ha cambiado y la autonomía del Ulster post-IRA ha sido substituída por el proceso de segregación de la antigua Yugoslavia. Me pregunto el por qué del cambio de criterio: ¿no será que la pacificación del terrorismo en Irlanda del Norte ya no llama la atención porque no lograron la independencia sino una simple autonomía, tan simple o más que la vasca y la catalana?
No creo que Euskadi sea Kosovo ni Castilla sea Serbia. Entre otras cosas porque la realidad histórica y política de ambos contextos son notablemente distintos. Eso no significa que no tengan puntos en común: del mismo modo que Yugoslavia fue un Estado plurinacional -aunque no se autoreconociera nunca como tal-, soy el primero en considerar que España es un Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüístico; diga lo que diga la Constitución, crea lo que crea el PP, considere lo que considere el sector más españolista del PSOE. Pero esa convicción personal de la pluralidad idiosincrática de España no quita todo lo demás; ¿y qué es lo demás? Pues lo demás es que la segregación nacional es algo que estuvo muy bien hace dos siglos, pero el marco global, internacionalista y, en especial, europeísta tiende hacia otro lado.Y se equivocan -insisto- quienes comparan Kosovo con Euskadi pues la recién independencia balcánica es fruto simplemente de un proceso político natural acaecido después de la muerte de Tito, en los ochenta; y del ultranacionalismo serbio, liderado en primera instancia por el genocida Milosevic, que dio paso a la sucesión de conflictos armados en el territorio hoy autodeterminado. Que alguien me señale donde me equivoco cuando digo que nada de esto tiene que ver con España: porque en Euskadi la realidad política y el conflicto social que vive no se fundamenta en motivos religiosos como sí ocurre en Serbia-Kosovo; porque en Euskadi los partidarios de la Constitución no supone un 8% de la población sino mucho más, como sí supone un 8% la población serbia en Kosovo; porque los nacionalistas y los no-nacionalistas no viven en Euskadi separados por ríos y vigilados por los cascos azules, sino integrados en una misma sociedad dentro de la cual el reto es saber convivir en paz y libertad y como buenos vecinos -que son- unos y otros, quizás incluso en una misma escalera, en un mismo rellano, en una misma comunidad de vecinos; y porque, en definitiva, la violencia que ha marcado la realidad kosovar de los últimos años ha venido dada por el ultranacionalismo serbio y no -como ocurre en Euskadi- por parte de aquellos que, dándose la oportunidad, rechazan de plano la integración en el sistema pluralista que le brinda la democracia para seguir en las andadas de la sin-razón y la barbarie terrorista de ETA.
Con todo, lo más importante del tema no deja de ser el que es: Euskadi no cumple con la más esencial de las condiciones que establece Naciones Unidas para avalar un proceso de libre determinación. Más allá de si se trata éste de un tema propio de siglos ya superados y conflictos que no deberían repetirse, lo cierto es que para que un pueblo aspire a autodeterminarse debe demostrar, entre otras cosas, que ha estado ocupado a la fuerza por la metrópolis de la que se deprende, o que ha estado sometido a un régimen no-democrático para cuya salida solo cabe la segregación, o que este proceso de autodeterminación se fundamente en unos principios democráticos y jurídicamente asimilables en la realidad del momento, o -quizás lo más importante- que exista una ámplia mayoría social que avale dicha autodeterminación. Claro está que esto último no lo podemos saber sin la celebración de un referéndum, tal y como aspira el ejecutivo de Ibarretxe, pero no deja de ser cierto que, para empezar, no existe ni una mayoría social que apoye a aquellas formaciones que pretenden avalar esa consulta popular sobre el futuro vasco; pues, a lo sumo, los partidos que apoyan dicho referéndum de autodeterminación vasco no representan más que -como máximo- un 50% de la población. Y todo sin olvidar el contexto y la todavía vigente realidad de libertad limitada por un terrorismo que condiciona en demasía la realidad vasca y española.
Lo primero que debe hacer Ibarretxe antes de inspirarse en Kosovo es poner las bases para que Euskadi sea, de una vez por todas, un territorio libre de violencia y provista de una comunidad social que vive y convive en paz y libertad. Porque la realidad es que, primero con Franco y luego con ETA, Euskadi no conoce la libertad desde hace casi un siglo. Y luego de esto, quizás, podríamos discutir si tiene sentido aspirar a la segregación en el marco de una Unión Europea cohesionada en la diversidad nacional de los pueblos de Europa. Pero, mientras tanto, poco o nada tendrá que ver lo que ocurre hoy en Kosovo con lo que querría que ocurriera Ibarretxe en Euskadi; pues ni Euskadi cumple con las condiciones de autodeterminación consagradas por la Comunidad Internacional, ni se dan las circunstancias sociales -y hablo de ETA y su entorno- para que esa Euskadi independiente a lo kosovar pueda garantizar el libre desarrollo de una sociedad democrática, moderna y plural hacia la que -teóricamente- debería aspirar todo pueblo que decide libremente -eso mismo, libremente- sobre su futuro.
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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario
angel-z dijo
Llevas toda la razón. Nada que ver una realidad con otra. Yo veo las declaraciones de la consejera vasca en el marco de la campaña electoral, un mensaje para atraerse el voto de nacionalistas más radicales.
ROBERTO dijo
QUÉ COJONES TIENE QUE VER EL PROBLEMA DE LOS BALCANES, DONDE LLEVAN SIGLOS DE ODIOS ENTRE ETNIAS Y RELIGIONES CON EL PAÍS VASCO. QUE TODO EL FORRAJE QUE HAY EN LAS VASCONGADAS LO INVENTÓ SABINO ARANA.
ROBERTO dijo
QUÉ CORAJE ME DA QUE MEZCLEN LAS CHURRAS CON LAS MERINAS COMO DICE MI AMIGO Y RIVAL PIRATADESEVILLA Y OLÉ.
salvador dijo
Creo que se olvida la importancia decisiva del apoyo de EE.UU. y buena parte de la UE. Con dinero del exterior, una buena guerra, tiempo suficiente (17 años), movimientos de población y el respaldo incondicional de dos grandes potencias, se puede potenciar cualquier diferencia cultural y estimular el sentimiento independentista en cualquier parte del mundo.
¿Que pasaría en Euskadi --!o en Ceuta!-- en una situación similar?
Núria dijo
Pues viendo que España se alinea con Serbia y Rusia no reconociendo a Kósovo, qué queréis que os diga, a mi no me hace ninguna ilusión, como catalana, ser española.
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