Café para todos

22 May 2008

Escrito por: bernat el 22 May 2008 - URL Permanente

Otro que se va

Menudo circo tienen montado éstos del PP. Quién les ha visto, y quién les vé. Marianistas contra duros; duros contra marianistas. Aznar manifiesta su "decepción". Fraga apuesta por la moderación. Losantos y Pedro J. gritando contra Rajoy. Aguirre critica el rumbo de la actual dirección. San Gil dimite. Acebes y Zaplana, huídos. Ortega Lara se pira. Y Martínez-Pujalte se afeita el bigote. Esto parece la casa de los líos.
Es cierto que José Antonio Ortega Lara no es, ni ha sido nunca, dirigente del PP. Pero más cierto es que su figura constituye todo un símbolo para el Partido Popular. Ortega Lara es la encarnación de la lucha y la resistencia contra el terrorismo en un País Vasco que, con su figura, pasó de esconder a las víctimas a tratarlas progresivamente con mayor justicia. En realidad, pues, la baja de Ortega Lara tras veinte años de militancia popular no es una baja cualquiera: al igual que María San Gil, Ortega Lara es la imagen viva de un modelo y una estrategia de hacer política por parte del PP que ahora, de repente, se vé frustrada.
La lucha de los marianistas contra los duros me recuerda a la batalla interna que, dentro del franquismo, había entre reformistas/aperturistas y el búnker inmovilista del régimen. Hoy, los moderados pretenden cambiar la estrategia política del PP para acercarla de donde nunca se debería haber ido: ese centro político que tantos ríos de tinta generó en los noventa y que luego se esfumó de la noche a la mañana. Por su parte, los duros no quieren mover ni un ápice en la técnica del no-a-todo que imperó durante la pasada legislatura y, evidentemente, ni oir hablar de nacionalismos.
Ambos tienen sus "estudios y justificaciones" que avalan su posición: los duros dicen que su estrategia es la más acorde con "los principios ideológicos" que inspiran el proyecto popular, y que provocó un aumento electoral "considerable" en los comicios del 9-M; los moderados, por su parte, creen que si no se produce un acercamiento al centro político y la apertura hacia las posiciones nacionalistas en Euskadi y Catalunya no se conseguirá el reto que inspira todo partido político que es el de llegar al Gobierno. Y, en realidad, ambos tienen razón, si bien es cierto que más a la derecha el PP ya no puede crecer (y el PSOE más a la izquierda tampoco), con lo que ambos deberán converger hacia el centro político si no quieren quedarse polarizados en posturas que no llevan a ningun lado. Por ello, dada la conyuntura social de este país (más gente de centro y centro-izquierda, que de derechas y centro-derecha), o el PP vuelve al centro (si es que alguna vez estuvo ahí), o tendrá difícil volver al Gobierno.
Habida cuenta de todo lo anterior, lo cierto es que para los marianistas las salidas de escenario de figuras tales como Acebes, Zaplana, San Gil o de la simbología que supone Ortega Lara, no deja de ser algo que, a la larga, incluso pueda jugar a su favor. Y es que la estrategia del "España se rompe", "solo nosotros estamos con las víctimas" y "Zapatero es un traidor" ya no sirve, al menos electoralmente. Personalmente creo que Rajoy es lo suficientemente inteligente como para saber qué hace y qué consecuencias tiene el hecho de no impedir la marcha de San Gil o el eco mediático que, entre el búnker, supone que un simbólico Ortega Lara diga "me voy".

Con lo de Ortega Lara, sin duda, puede desatarse una cadena de renuncias de la militancia de base anónima que puede resultar, al menos, interesante. Tras la derrota del 14-M de 2004, el PP quiso salir del bache proclamando a los cuatro vientos que más de 400.000 personas se habían afiliado al PP a pesar de perder las elecciones, "como muestra de apoyo ante la situación delicada del momento"; habría que ver cuál ha sido el movimiento de afiliados en el PP desde el pasado 9 de marzo de 2008, pues mucho me temo que el saldo es (o, a corto plazo, será) sumamente negativo. Sin embargo, a la larga, quizás cada militante del sector duro que se dé de baja equivalga a un puñado de votos moderados arrancados del PSOE, de CiU o del PNV; al fin y al cabo, quien gana las elecciones no es quien más militantes tiene sino quien más votos cosecha.
Lo de Ortega Lara es, por tanto, solamente un símbolo. Un símbolo de desunión, de desilusión quizás, de una militancia de base que se enmarcaría dentro de ese grupo de duros que mediáticamente encabezan San Gil y Aguirre; pero que, en su conjunto, no suponen amenaza alguna para la unidad del partido. Al otro lado, Rajoy se alinea ahora con un moderado Gallardón que sabe que esta crisis puede abrirle las gloriosas puertas de un cielo que siempre se le ha resistido. En cualquier caso, se trata todo de una pura cuestión de simbología, de imagen (moderación versus inmovilismo), pura decisión sobre el márketing político a tomar en consideración de cara al futuro.
Aunque, a decir verdad, mientras se deciden, se pelean, se discuten y se insultan, no deja de ser divertido ver ese circo en el que se ha convertido el PP. Quién te ha visto y quién te vé.

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Juegos

Juegos dijo

Al final Rajoy se queda solo .. y si no, al tiempo!

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