Café para todos

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PP contra PP

Escrito por: bernat el 23 May 2008 - URL Permanente

Café para todos
Si, en los noventa, el sector guerrista del PSOE se hubiera manifestado ante la sede de Ferraz contra el oficialismo felipista, muy seguramente todo el mundo hubiera llegado a la conclusión de que, o bien en el PSOE se habían vuelto todos majaras, o bien al partido le quedaban dos telediarios de existencia. Por esa misma regla de tres, en parte es normal pensar que el PP está herido de muerte, si bien lo cierto es que son menos los gritos que suenan que las personas que dicen estar detrás de ellos. Ni los casos Verstrynge o Hernández Mancha llegaron al extremo en el que se ha llegado hoy. Y muy mal síntoma es el de un partido que tiene, en la calle, a parte de su militancia voceando gritos de traidor hacia sus líderes.
Lo que ha ocurrido esta mañana en la calle Génova de Madrid no tiene precedentes en la historia de este país. Jamás un partido político había sufrido una manifestación en la mismísima puerta de su sede nacional en contra de sus dirigentes, protagonizada y organizada por sus propias bases. Hay que reconocerle, pues, un doble mérito al PP: el espectáculo con el que nos ha brindado hoy ha sido tan histórico como lamentable.
Desde mi punto de vista, es una auténtica irresponsabilidad que se haya organizado esta manifestación en las mismas narices de Rajoy. Creo que en el PP, todos necesitan realizar una profunda reflexión sobre el gallinero de exaltados en que se ha convertido el principal partido de la oposición. España necesita del PP en tanto en cuanto su rol como principal actor político y parlamentario de control al Gobierno solo puede ser ejercido por él, en nombre de los más de 10 millones de votantes que, hace unos meses, depositaron su plena confianza en sus candidaturas. En nombre de la estabilidad política y democrática, en nombre del correcto y racional funcionamiento de sus instituciones, este país no puede permitirse el lujo de tener al principal partido de la oposición dividido en mil pedazos, enfrentados e insultantes contra sí mismos. Que ciertos periodistas matutinos y ciertos directores de periódicos voceen e injurien al actual líder del PP no es causa como para que la semana acabe con manifestaciones, al más puro estilo jornada de reflexión de 2004, pero realizados por su propia militancia. Éste es un signo de extrema y peligrosa debilidad que ningún partido político puede permitirse y, desde luego, mucho menos el PP.

Entrando en el fondo del asunto, en gran parte comparto la visión de Rajoy sobre el asunto. Lo he seguido en su charla de esta mañana y tiene razón cuando argumenta que el cambio de estrategia del partido es obvio y necesario ante el cambio de circunstancias política de este país. Por todo lo cual, es ilógico que el PP se manifieste ahora en contra del Gobierno por su actual política antiterrorista cuando ésta es, justamente, la que quiere el PP. Y es ilógico negarse a hablar, a dialogar y a negociar con todo el arco de fuerzas políticas parlamentarias, con independencia de que se llegue a un acuerdo o no, pues la postura del cerrarse en banda no genera más que un aislamiento y una crispación político-mediática que no lleva a ningún lado, ni tiene sentido alguno.
A su vez, en gran parte, los 250-300 manifestantes que esta mañana voceaban insultos a Rajoy y a Gallardón constituyen la representación de una minoría inmovilista que, a decir verdad, perjudican más que benefician a la imagen del partido, desde el punto de vista electoral. Desde luego, el búnker político-mediático formado por COPE-Mundo-Libertaddigital no es precisamente el mejor aval de moderación, estabilidad, racionalidad y calma que debe desprenderse de un partido que aspira a ocupar el centro ideológico.
De ahí pues que, ante el inmovilismo radical impulsado desde las ondas radiofónicas eclesiásticas, creo que acierta Rajoy al apostar por "moverse" hacia el centro-reformista "e independiente", antes que someterse a los dictados extremos de aquellos que solo saben salir a la calle para llamar traidor a su clase política. Siempre son los mismos, basta mirar las hemerotecas y los archivos documentales para darse cuenta de ello: primero llamaron traidor a Suárez por desmontar el aparato franquista; después a González por modernizar socialmente el país; luego a Zapatero por hacer lo mismo con ETA que justo antes había hecho Aznar; y ahora a Rajoy porque quiere dar un giro a su forma de hacer política y apostar por una moderación y un sentido común que llevan demasiado tiempo ausentes en este país.
Desde luego, el clan Aguirre-Arístegui-Aznar debería tener en cuenta que está haciendo más mal que bien cuando provocan, con sus mediatizados "sentimientos de decepción", aireadas reacciones en la militancia de base como las de hoy. Si los críticos a Rajoy y a los sorayos tienen una lista alternativa, deberían presentarla ya, pero es un acto de suma irresponsabilidad que ese difuso grupo de duros se dedique a tensar el ambiente político de sus propios afiliados y simpatizantes para, a reglón seguido, negarse a presentar proyecto y candidatura alternativas porque saben que es materialmente imposible ganar el Congreso. Sin embargo, todo el mundo sabe que, a pesar de tanto ruido, en realidad, nadie se atreve a lanzar la primera piedra.

Si no son capaces de convencer a los compromisarios del Congreso de Junio, o no se atreven a presentar candidatura alternativa porque los números de la lechera no salen, lo mejor que podría hacer ese grupo de alterados encabezados por la presidenta de la Comunidad de Madrid y por el ex-presidente Aznar es callarse. Agitar a las masas con sus declaraciones de "tristeza y decepción" y luego esconderse es un acto de cobardes e irresponsables, impropio de gente que ha ostentado u ostenta cargos y funciones gubernamentales como las ejercidas por los susodichos. Y más teniendo en cuenta que su propio síndrome de inferioridad y ánsias de poder pueden poner en peligro incluso la propia cohesión ideológica del partido con mayor volumen de militantes de Europa.
En conclusión, pues, un espectáculo indigno de una clase política que se llena la boca con "principios", "valores" y conceptos como "democracia" y "libertad". Un espectáculo impropio de un partido político que se supone que es el referente alternativo para aquellos que, legítimamente, por la razón que sea, apuestan por opciones políticas distintas al actual Gobierno. Un espectáculo irresponsable de unos dirigentes políticos que son capaces de cualquier cosa para alimentar sus corruptas ánsias de poder, actuando con extrema negligencia ante una ciudadanía que nunca hasta hoy había visto algo similar en el seno de un partido político que aspira a gobernar. Sin duda, un espectáculo lamentable.

El 2 de mayo del PP

Escrito por: bernat el 03 May 2008 - URL Permanente

Me sorprende ver la encarnizada defensa que, en estos días de júbilo patriótico y conmemoraciones bicentarias, realizan algunos dirigentes del PP sobre valores tales como "libertad", "solidaridad" y del siempre polémico término "Nación". Por un lado, no es nada nuevo, si tenemos en cuenta que los populares llevan cuatro años realzando los valores patrióticos y nacionales como si de un discurso exclusivamente pepero se tratara; pero, por otro lado, sí sorprende ver a ciertos personajillos de la política conservadora de este país defendiendo los valores de la libertad y la solidaridad con el pasado que encarnan en su trayectoria política.
Con ello no quiero hacer leña del árbol caído: soy muy consciente de que el PP no es ese partido ultraconservador y pseudofacista del que hablan ciertos grupúsculos extremos de la izquierda y el nacionalismo; cierto es que el discurso de PP igual a facha es algo que siempre ha tenido su gracia y su morbo en el discurso político, la típica descalificación que a muchos siempre les ha gustado recordar, pero hay que reconocer que sería injusto calificar de franquistas a todo un partido que, como el PP, tiene manifiesta vocación demócrata. Demagogia al margen, pues, las cosas hay que admitirlas tal y como son.
Otra cosa, claro, es que lo consiga: tanto lo de ser demócrata como lo de dar la imagen de demócrata. Ya se sabe que la mujer del César, además de ser honesta, debe parecerlo. Y, en todo caso, cierto es que todo el mundo tiene derecho a cambiar, y del mismo modo que todos alabamos con cierta admiración el esfuerzo y el trabajo realizado por Ministros de Franco como Manuel Fraga en favor de la democracia, la Constitución y la España autonómica, no deja de ser menos cierto y curioso, a la vez que preocupante, que el propio Fraga sea un valor de lo más demócrata que hay hoy en el PP. En la retina de todos está el recuerdo de un Manuel Fraga acusando al PP de Rajoy de ser "demasiado de derechas" o pidiendo a Aguirre "que se calle de una vez". Manda huevos, diría Trillo, ver al ex-Ministro de Palomares acusando al PP de ser demasiado derechista.
Episodios como éste, o el inmovilismo ultraconservador y claramente extremo en el que se ha situado el PP en los últimos años, no ayudan en nada en superar esa imagen de partido anclado en el pasado, acusado por los medios conservadores internacionales de incapaz de desprenderse de la imagen del franquismo. Si bien es cierto que su primer período de gobierno (1996-2000) estuvo repleto de muestras de modernidad, capacidad de diálogo y de acuerdo, fue a partir de la crecida moral que supuso la mayoría absoluta del 2000 cuando la imagen centrista del PP que se había ganado a pulso durante años se vino abajo; en su segundo mandato (2000-2004), el Gobierno de Aznar estuvo plagado de muy graves errores (Decretazo, alianza con EE.UU., Iraq, Prestige, reforma educativa, discurso antinacionalista, gestión del 11-M...) que le llevaron a una derrota en 2004 que fue tan inesperada como contundente. Y, tras el batacazo del 14-M, lejos de rectificar y volver a la imagen de la moderación y el sosiego, el PP se embarcó en el fácil discurso de la demagogia y el oportunismo radical, en el barco del inmovilismo y el no-a-todo, cosechando una imagen que, muy posiblemente, le ha hecho más mal que bien.

Hoy, cuatro años después, el PP ha cosechado otra derrota electoral que, quizás ésta sí, le ha hecho ver que va por mal camino. Si el propio altavoz parlamentario del no-a-todo, Eduardo Zaplana, ha asumido que sale "achicharrado" de su labor, es porque algo está cambiando en el PP. Por primera vez desde su refundación, el debate interno ha aparecido en el PP, y, haya finalmente primarias o no (que no las habrá), lo cierto es que es un gran paso ya que alguien en el PP intente abrir el melón y hacer autocrítica. Aunque al final ésta no se produzca, el mero intento es ya una muestra positiva.
El Partido Popular tiene mucho qué recorrer todavía si quiere llegar a las generales del 2012 con ciertas opciones de futuro. Desconozco si el mejor candidato para el PP es Rajoy o si por el contrario es Aguirre; lo que sí es cierto es que hoy el PP necesita de un Zapatero que abra ventanas y airee la polvareda. La situación del PP del 2008 no es muy distinta a la del PSOE del 2000, cuando tras su segunda derrota electoral, tuvo que echar el freno al continuismo de lo de siempre para dar paso a una generación de nuevos dirigentes jóvenes y con ilusión; o, al menos, con imagen de tener ilusión.
Algo falla en el PP cuando, en realidad (las cosas como son), es el único partido conservador de Europa que no consigue superar a los socialdemócratas. Las últimas elecciones francesas, italianas y municipales británicas demuestran que la derecha está en alza generalizada por toda Europa, menos en España. Y no sé si es porque Zapatero es muy bueno o porque Rajoy es muy malo, pero en España ocurre justamente lo contrario.
Con Rajoy, Aguirre o Camps al frente, el PP necesita protagonizar su propio regreso al futuro: regresar a sus planteamientos e imagen del cuatrienio 1996-2000 para poder ubicarse en la modernidad y el realismo que reclama su electorado de base de cara al futuro. Hasta que no lo logre, se pueden hacer todos los discursos liberales y nacional-patrióticos que se quieran en el 2 de mayo, pero lo que se dice ganar las elecciones, sinceramente, está difícil.

Zaplana, ese hombre

Escrito por: bernat el 30 Abr 2008 - URL Permanente

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Leía el otro día en El País que el otrora hombre de confianza de Zaplana, Francisco Camps, había sido capaz de hacer algo que nadie esperaba que pudiera ser posible: acabar con el zaplanismo en la Comunidad Valenciana. De hombre fuerte y mano derecha de Don Eduardo, a rival político interno del exalcalde de Benidorm, exciliado en las listas electorales de Madrid porque en su tierra no tiene cabida.
Hoy, Telefónica ha conseguido otro hito: alejar a Zaplana de los focos políticos, dándole un cargo de confianza y relevancia pública a escala europea. Esta claro que para este tipo de cargos (representante de Telefónia en Europa) se suelen nombrar personas que, retiradas del qué-hacer público, buscan una salida digna a su trayectoria; y evidentemente, éste es un nombramiento de esos que se reservan a los elefantes de la política, con lo que eso de "retirada temporal" me recuerda al mismo eufemismo por el que los Duques de Lugo presentaron su "cese temporal de convivencia matrimonial"; creo que, en ambos casos, tiene de todo menos de "temporal".
Eduardo Zaplana es una figura clave del PP: se inició en política siendo concejal de la oposición en Benidorm, suculenta tierra de negocios inmobiliarios a cuyos réditos siempre se ha ligado su moldeada y bronceada figura. Tras pactar con unos concejales tránsfugas del PSOE, se alzó con la alcaldía de la ciudad, de ahí saltó a la política regional, accedió a la presidencia de la Comunitat, y renunció a ella solo para ser Ministro y Portavoz del último Gobierno de José María Aznar, precisamente el mismo período de gobierno más duro e inmovilista del PP. Se dice de Zaplana que nunca ha admitido la no-existencia de conspiraciones social-terroristas entre el 11 y el 14-M de 2004, y de él destaca su tan enigmático "alomojó" con el que se pone en duda todo lo que es políticamente oficial y está judicialmente probado.
Personalmente creo que Zaplana ha tomado una buena decisión pasando a la empresa privada de la que, por cierto, nunca se ha desprendido. Sus suculentos contactos con la especulación urbanística dan buena fe de la experiencia acumulada por Don Eduardo en el mundo del negocio privado. Lo cual no es ni bueno ni malo; siempre que no se confundan intereses públicos con los privados, claro. Y creo que la decisión tomada por Zaplana es, como él muy bien dice, "lo mejor para mí y para el partido": desde luego, para él, porque ahora ya no hará falta que disimule sus pretensiones económicas personales (legítimas, desde luego); y para el partido, pues le ahorra de más de un problema. Al fin y al cabo, lo que ha decidido hoy Zaplana es lo mejor que le podría haber ocurrido al PP hace ahora justo cuatro años; lástima que haya tardado tanto en darse cuenta de que, más que un valor, resultaba ser incluso una carga para el PP de Rajoy.
Cuando el aún líder del PP decidió alinearse con los aguirristas e impedir el acceso de Gallardón a la lista por Madrid, a su vez, colocó a Zaplana de número 4 en dicha candidatura; muchos vieron en ese gesto algo insólito: que Rajoy colocaba en el lugar que correspondía a Gallardón a un Zaplana que ya no querían ni en las listas de Valencia. Sin duda, una muestra de que la figura de Zaplana estaba ya muy quemada... y no precisamente del sol de Levante. Si en ese momento Rajoy hubiera optado por lo que electoralmente resultaba conveniente (la buena imagen del gallardonismo en lugar de la más que sospechosa coalizción aguirrista-zaplanista), quizás el 9-M hubiera sido un poquillo diferente; y quizás su liderazgo no hubiera sido puesto en duda por aquellos que dicen ser liberales y a la vez colocan a los curas en los comités públicos de ética sanitaria.

Que el PP necesita desprenderse de la figura de Zaplana y Acebes es algo que ya lo vé hasta el propio Zaplana. Sin duda, su decisión de optar por un suculento puesto en la empresa privada lo honra si realmente lo hace como dice que lo hace: para el partido; sin embargo, permitidme que lo dude, pues el beneficio económico siempre pesa más que ese bonito "interés del partido" del que muchos políticos se llenan la boca.
En todo caso, sin duda, el más beneficiado de la operación trasvase Zaplana no es ni Rajoy, ni el PP, ni Telefónica, ni el propio Zaplana; el gran beneficiado es su antigua mano derecha, su antiguo hombre de confianza, su actual gran rival interno: Paco Camps ya tiene despejada la vía para dar ese gran salto que tanto desean algunos y tanto inquieta a otros.

Aguirre: ni sí, ni no, ni todo lo contrario

Escrito por: bernat el 21 Abr 2008 - URL Permanente

Café para todos

A mi Esperanza Aguirre siempre me ha recordado a José Bono, y viceversa. Ambos son los típicos políticos que se han dedicado toda la vida a la cosa pública y cuya experiencia en el ramo los convierten en claves para entender la historia democrática reciente de nuestro país. Pero, más allá de todas las similitudes, Aguirre y Bono comparten algo que resulta esencial para entender su forma de hacer política: que se hacen querer y se dejan querer.
Todo el mundo se acuerda del famoso "a nadie le amarga un dulce" con el que Bono parecía decir que sí a la candidatura socialista a la alcaldía de Madrid, hace ahora poco más de un año; y al final fue que no. El espectáculo mediático de esos días resumió en una palabra la apreciación que los ciudadanos tuvimos sobre la estrategia del PSOE ante las municipales que se avecinaban: descontrol; y el resultado electoral, en la alcaldía de Madrid, fue el que fue.
Ahora Aguirre parece que juega con las mismas cartas y al mismo juego de la confusión. Tras la derrota del PP del pasado 9 de marzo, las críticas internas en la derecha política y mediática de este país no han hecho más que incrementarse exponencialmente semana a semana, día a día, hora a hora. Y la presidenta de la Comunidad de Madrid ha contribuido activamente a ello gracias a su juego de las ambigüedades, a las declaraciones con dobles significaciones y a los siempre confusos símiles y semblanzas utilizadas. En el lenguaje político, decir "no me presento" no significa lo mismo que decir "a día de hoy, no me presento"; y éste es solo un ejemplo de los múltiples que ha habido desde la segunda semana de marzo a hoy en el PP.
Y claro, tal ha sido la espiral de la ambigüedad con la que ha jugado Esperanza Aguirre, que los marianistas se han puesto nerviosos; y le han seguido el juego. Y el chubasco se ha convertido en tormenta, luego se ha transformado en tormenta tropical y ya está en fase de huracán.
Hoy lunes, dos días después de esas declaraciones sin precedentes de Rajoy, presuntamente contra El Mundo y la Cope e invitando (también presuntamente) a Aguirre a irse del PP, se nota que desde Génova han podido apreciar de primera mano como el tema se le iba de las manos, y han empezado a bajar las guardias. Primero, Aguirre ha dicho que no era su intención presentarse contra Rajoy; luego, la misma Aguirre ha dicho que no había cartas para descartarse; más tarde, el PP ha emitido un comunicado desmintiendo que Rajoy quisiera que Aguirre se fuera (48 horas después de la polémica declaración!!!); y esta noche, en 59", Aguirre ha dicho que votará a Rajoy, que no se presenta, pero que "no hay nada inamovible, o no, o sí".
Yo creo que Aguirre se ha hecho la picha un lío y, al igual que le ocurrió a Bono con las municipales de Madrid, ha querido dejarse querer hasta el punto que se ha metido en un charco del que es dificil que salga entera. A todo ello hay que sumarle el mar de fondo del que tanto se ha hablado: que si Rajoy no tiene carisma, que si le falta liderazgo, que si la crispación, que si el pactismo, que si la COPE, que si Gallardón... Vamos, que en el PP salen de una para meterse en otra. Y nadie sabe cómo acabará (electoralmente) todo esto.

Lo dije al principio de toda esta polémica y me reitero hoy de nuevo: Aguirre no va a presentarse a la presidencia del PP. Es algo evidente; todo lo demás es puro humo. Humo para darse a conocer; humo para dejarse querer; humo para colocar a sus afines en puestos claves; humo, en definitiva, que siempre ayudan a mantener viva la esperanza de aquellos que creen que Esperanza es la esperanza del PP. Pero es evidente que Aguirre no se va a presentar, entre otras cosas, porque no tiene los 600 avales suficientes y necesarios para poder hacerlo. Si bien todo ello, sin perjuicio de los debates futuros, incluso tras el congreso, que puedan abrirse a propósito de la candidatura electoral del PP, pues es evidente que el/la candidato/a a las elecciones no tiene porque ser el/la mismo/a que el presidente del partido.
Pero eso es otra historia, y parece que esta polémica no acabará aquí. Al fin y al cabo, perder las elecciones tiene sus riesgos, y el de la división interna es la principal. Al PP le quedan todavía 4 años de travesía por el desierto; y, visto el espectáculo que están dando, 4 años como mínimo.

Del "España se rompe" al "se rompe el PP"

Escrito por: bernat el 20 Abr 2008 - URL Permanente

Andaba yo por Bravo Murillo estaba mañana a las 8, a pesar de ser domingo, cuando me he dado cuenta de que en este país algo ha cambiado en muy poco tiempo. Hoy mismo, todos los periódicos se hacen eco, con grandes titulares, de la crisis que, en mayúsculas, está sufriendo el PP desde su derrota electoral del 9-M. Ayer, Rajoy, rodeado de los marianistas, ofreció una imagen sin precedentes contra Aguirre y los ya denominados aguirristas; y lo que en un principio parecía que tenía que ser un acto del PP a favor del "agua para todos", acabó convirtiéndose en un "sálvase quien pueda" en el seno de la actual dirección nacional del Partido Popular.
Nunca antes se habían oído críticas internas tan feroces en el PP desde tiempos de mi profesor Jorge Verstrynge. Ni siquiera en la era Hernández Mancha, el líder del partido se atrevió a abrirle la puerta a la líder del sector más crítico. Y ayer, sin embargo, ocurrió lo que muchos nunca nos habríamos atrevido a predecir: Rajoy invitando a Aguirre a excindirse. ¿Estará seguro Mariano de lo que acaba de decir?
Si, en efecto, ocurriera tal despropósito y Aguirre optara por refundar el Partido Liberal, al margen del PP, muy posiblemente España no conocería un gobierno que no fuera del PSOE en veinte años a la vista; o al menos, hasta que marianistas y aguirristas se reconciliaran de nuevo. Es pura matemática electoral: si divides al PP en dos partes, aunque una fuera más grande que la otra, sus 10 millones de votos pasarían a representar un volumen de escaños muy inferior al actual. Sin embargo, los 11 millones de votos del PSOE continuarían ahí; y por primera vez se podría decir que la derecha está dividida y la izquierda española unida, sin perjuicio por supuesto de IU al que, se espera, el futuro le sea más favorable que a los comunistas italianos.
Pero dejando al margen puras ficciones electorales que nunca van a producirse (el PP nunca se dividirá en dos), lo cierto es que mucho hemos cambiado en este país cuando ahora resulta que hemos pasado del "España se rompe" y del discursillo sobre un supuesto PSOE dividido en corrientes (PSC, Bono, Ibarra, guerristas, andalucistas, renovadores, borrellistas, Tamayos...) a una España en la que el PP, que parecía el partido más homogéneo (más pétreo, quizás) del país, es hoy un espacio de crítica desairada y puñales por la espalda jamás conocido en las filas socialistas desde tiempos de Almunia:
- Por un lado, los marianistas intentando retener el poder mediante una estrategia basada en la renovación de la imagen hacia fuera, si bien manteniendo los mismos postulados hacia dentro. Es decir: suavizamos la imagen exterior, con Soraya como cara amable del popularismo, y mantenemos el poder en el interior, con Rajoy a la cabeza y Arriola en la fontanería.
- Por otro lado, los aguirristas intentando alcanzar cuotas de poder interno esgrimiendo los ya famosos "25 de Madrid" y con claves concretas como "hemos ganado hasta en Pinto", "los del PP de Andalucía llevan 30 años perdiendo" y las insinuaciones sobre el amiguismo entre Rajoy y esa temida socialdemocracia que tanto miedo le provoca al conservadurismo más rancio de este país. Como telón de fondo, una orquesta perfectamente dirigida por El Mundo (nunca el editorial del períodico de Pedro J. Ramírez había sido tan duro contra el líder del PP como el de hoy, ni siquiera en tiempos de la guerra de Iraq), la COPE (con un Federico Jiménez Losantos al que se le nota deseoso de guerra sin cuartel) y la siempre controlada y manipulada televisión pública madrileña, Telemadrid, que se levanta como vanguardia del aguirrismo más aguirrista al más puro estilo No-Do pero en versión presuntamente democrática.
- Y, por otro lado, calladitos, en un rincón, están los gallardonistas con Alberto Ruiz-Gallardón a la cabeza y su mentor político Manuel Fraga en la chistera. El alcalde de Madrid, eterno aspirante a la política nacional, se frota las manos al ver cómo están transcurriendo los acontecimientos, solamente unas pocas semanas después de haber sido traicionado sin miramientos por parte de quienes hoy se tiran los platos por la cabeza. Y, como buen populista y estratega que es, Gallardón ha optado por arrimarse al mismo Rajoy que lo traicionó como medida de presión contra una Aguirre hambrienta de poder.

Lo que es evidente es que cuando Rajoy optó por prescindir de Gallardón en la lista al Congreso lo hizo con la clara intención de que, en caso de derrota (como la que hubo), no se produjera un levantamiento interno en contra de su liderazgo que aupara al alcalde de la Villa al liderazgo popular. Pero lo cierto es que los entonces aliados de Rajoy, los aguirristas, han sido los finalmente sublevados en contra del hasta el momento líder; y, al final, éste, se ha encontrado rodeado por aquellos que le exigen la vuelta al rupturismo bunkeriano antipactista de la pasada legislatura, y aquellos que no le deben ningún favor por no haber sido premiados en su momento con la lista al Congreso. Finalmente, pues, y a pesar de que todo el mundo da por hecho que Rajoy continuará siendo el líder, pues Aguirre solo cuenta con su Comunidad como avalista mientras que los marianistas ocupan toda la costa mediterránea, incluida Andalucía, así como Galicia y las dos Castillas, lo cierto es que nunca antes un líder en el PP había estado tan cerca del precipicio como lo está hoy Don Mariano.


Por su parte, el zapaterismo triunfa en España como si verdaderamente de una corriente ideológica se tratara. Envidia de italianos, franceses, alemanes e incluso británicos, el PSOE de Zapatero ha superado todo resquicio de debilidad interna, incluso con unos escenarios tan difíciles como los de la anterior legislatura, y se ha convertido en una auténtica referencia política del momento. El triunfo electoral del 9-M ha supuesto la prolongación en el tiempo de un proyecto político al que muchos, en 2004, no daban ni dos semanas. Y ya estamos en 2008; un año que, sin duda, pasará a la historia política de este país como el año de las divisiones internas en la infranqueable derecha española, al que le crecen por cierto los casos de corrupción en su otrora feudo balear, y que es visto en Europa como una formación política incapaz de desligarse de esos tics franquistas que tanto daño genera a la credibilidad electoral de un partido que dice ser "demócrata, centrista, reformista y liberal".
Me parto de risa, Marialuisa.

Nunca segundas vueltas fueron buenas

Escrito por: bernat el 09 Abr 2008 - URL Permanente

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Tras no haber obtenido la mayoría absoluta requerida en primera vuelta, el candidato a la presidencia del Gobierno por el Partido Socialista deberá enfrentarse a la segunda tanda el próximo viernes a partir de las 12:50 horas, tal y como marca la Constitución en su artículo 99. En esta ocasión, a Zapatero le basta obtener la mayoría simple, esto es, más votos a favor que en contra, a pesar de no superar el umbral de los 176 síes en los que se sitúa la mayoría absoluta. Pero... ¿qué ocurre si, aún así, no obtiene la mayoría simple?
Ésta es una posibilidad que, si bien parece que no se va a dar, no deja de ser posible. Como el temporal en la isla de La Palma no remita y como las inundaciones que se están produciendo en media España estos días vayan a más, quien sabe si habrá alguna diputada más, como la del PSOE canario que se encontraba atrapada en el aeropuerto de La Palma sin poder asistir a la votación por culpa del viento, que, provoque un mayor número de votos en contra que a favor.
O, más probable aún. Teniendo en cuenta la volatibilidad del pensar de los partidos nacionalistas y de IU-ICV, en caso de que solamente 12 de las 23 abstenciones de hoy se replantearan su voto y optasen por el "no", tal y como han hecho PP, UPyD y ERC, los votos negativos superarían a los positivos, y con todo, Zapatero no obtendría la mayoría necesaria para ser investido, a pesar de los 169 escaños que, a priori, tiene asegurados al ser la minoría mayoritaria en el Congreso.
En caso, pues, de catástrofe en este sentido, se abrirían de nuevo consultas ante el Rey para un segundo debate de investidura. Y, si llegado el 9 de mayo (2 meses tras las elecciones) nadie hubiera sido investido presidente, se disolvería el Congreso y volverían a celebrarse elecciones de nuevo. Vete a saber si no es lo que desea Aguirre, con la intención de ser ella la candidata, y por ello ya se ha puesto manos a la obra en la siempre divertida comedia que supone ver al PP peleándose entre sí tras años y años presumiendo de cohesión y unidad.
No en vano, Esperanza Aguirre tiene manifiesta experiencia en esto de las segundas vueltas. En las elecciones autonómicas del 2003, en la Comunidad de Madrid, el PP obtuvo mayoría simple, y la suma de escaños del PSOE e IU llegaba a la mayoría absoluta. Sí, cuesta creer que en Madrid ocurriera eso, pero ocurrió. El caso es que, tras el pacto alcanzado entre socialistas y ecosocioeuroneocomunistas, estalló el tamayazo, y, mira tú por dónde, el candidato socialista, Rafael Simancas el frustrado, no pudo ser investido presidente del gobierno autonómico porque dos diputados tránsfugas de su partido, Eduardo Tamayo y Maria Teresa Sáez, le negaron su voto. Transcurridos dos meses, se disolvió la cámara y los madrileños acudieron de nuevo a votar. Eso fue en octubre, y el PP de Esperanza Aguirre alcanzó entonces la mayoría absoluta. Y fue ahí cuando Aguirre ressucitó, cuando hacía años ya (desde que dejó el Ministerio de Educación y Cultura y tras su paso por ese cementerio de elefantes que se llama Senado) parecía estar condenada a ocupar un terrible segundo plano en los incómodos bancos de la oposición.
Vete a saber, pues, si con tanto lío interno dentro del PP y tanta ambigüedad en las filas nacionalistas, en realidad estamos inmersos en una conspiración judeomasónica por la cual Aguirre se ha aliado con IU, el PNV y Nafarroa Bai para que se abstengan ahora y voten "no" el viernes. Con ello, seguramente habría nuevas elecciones. Y antes, el PP debería elegir candidato o candidata.
¿Qué será de ZP? ¿Qué será de Mariano? ¿Qué será de Gallardón? ¿Qué será de nosotros?

De Aguirres, Aguirros, Sorayas y Soroyos

Escrito por: bernat el 07 Abr 2008 - URL Permanente

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El pasado fin de semana acudí a una fiesta de ambiente muy pepero: si bien no era el único no-votante del PP en el evento (a pesar de mi camisa Tommy Hilfiger y mi nueva corbata "azul poder"), lo cierto es que la gran mayoría de los presentes sí militaba o simpatizaba con el partido copresidido por Fraga, Aznar y Rajoy. Pero fui incapaz de encontrar a alguien en toda la fiesta, a pesar de conocer la casi totalidad de los asistentes, que defendiera la continuidad de Mariano Rajoy al frente del partido. Ni uno.
Si bien, como decía siempre Ramon Cotarelo en clase, toda generalización es falsa incluída ésta, lo cierto es que poco o nulo entusiasmo despierta Rajoy al frente de su partido si tomamos el pulso a su militancia de base; es decir, a los votantes de calle. Y no hace falta acudir a eventos como el que muy gratamente fui invitado el pasado sábado para ver que la "valiente decisión" del hasta ahora líder es cuestionada hasta por sus más próximos. Uno echa un vistazo a la prensa propepera (léase el trío Mundo-COPE-Telemadrid) y podrá ver claramente que en Génova no hay precisamente buen rollo.
- En primer lugar, es cierto que esta tormenta será como las propias del actual cambio climático: mucho ruido de truenos, pero poca agua. Estoy seguro de que no habrá inundación y que, al final, todos arrimarán el hombro. No en vano queda demasiado aún como para pensar en elecciones generales: ni siquiera hemos investido a Zapatero todavía para sus cuatro años de mandato. Y, a diferencia de lo que ocurre en la izquierda, el votante del PP siempre votará haciendo piña y en masa, se presente quien se presente. Sea Rajoy, sea Aguirre, sea Camps, o sea quien sea. Hasta Aznar.
- En segundo lugar, creo que en realidad lo que pasa aquí es una batalla de poderes mediáticos más que de ideologías políticas. ¿Acaso alguien cree que Rajoy es más centrista que Aguirre o que Gallardón es próximo al PSOE? Lo que aquí ocurre es más una lucha intestina para ver quién es más amigo de quién que no una guerra de principios, políticas y estrategias. ¿Por qué sino los otrora tradicionales medios políticos próximos al PP (léase ABC, La Razón) han cerrado filas en torno al líder y son los más próximos a Aguirre (el trío la-la-la mencionado más arriba) los que más polvareda levantan?
- Y en tercer lugar, sí es cierto que hay una doble visión de cómo afrontar las cosas para esta segunda travesía del desierto. Por un lado, está el carácter más pausado y moderado que aparenta el nuevo y cuestionado equipo que pretende liderar Rajoy, con Soraya Sáenz de Santamaría a la cabeza del Grupo Parlamentario, que se aleje de esa triste, obsoleta y extremista imagen que durante cuatro largos años han proporcionado fenómenos como Zaplana, Acebes o Martínez Pujalte. Y, por otro lado, está el carácter más duro que dicen que, en su caso, lideraría Esperanza Aguirre, y que viene tutelado por personajillos del estilo Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos.

Pero ambos no dejan de ser una misma cosa, aunque vestidos con diferente traje. Y eso no es ni bueno, ni es malo, simplemente es lo que hay: es cierto que la imagen, en política, es lo que más cuenta; y la imagen del PP, hoy por hoy, no es precisamente la de un partido centrado que, paradojas de la vida, sí pareció serlo en el pasado. Si no fuera así, no habría "rechazo", como denunció Rajoy la semana pasada, en "ciertos territorios", especialmente en Catalunya, País Vasco y Andalucía... y de cada vez más en Baleares y Galicia.
Soraya Sáenz de Santamaría ha dicho hoy que el PP, además de ser de centro, debe parecerlo; Esperanza Aguirre ha contestado que no se resigna a tener que parecerse al PSOE para aparentar centrismo o modernidad. He ahí el kit de la cuestión, las dos formas de ver una misma cosa: la de la nueva oleada que pretende impulsar -en mi opinión, de forma acertada- Rajoy, y la visión vista desde la vieja guardia del partido, la visión del -nunca mejor dicho- búnker.
A mi modo de ver, esto es, desde fuera, desde la distancia, creo que el PP no va a caer en ninguna crisis como ciertos medios como El País o Público parecen desear; pero sí es cierto que, le dispute o no Aguirre a Rajoy la presidencia ejecutiva del partido, el PP está tocado por su propia imagen y no sabe qué rumbo tomar: si el de la confrontación utilizada durante los últimos cuatro años, o el de la moderación y el pacto que reclama su electorado más centrista. En todo caso, los duros del partido parecen querer depositar toda la culpa de esta segunda derrota al líder Rajoy, por lo que piden su cabeza; los Soroyos (término acuñado por Federico Jiménez Losantos para referirse a los más moderados del partido) apuestan por el cambio de estrategia y la vuelta a la imagen del PP centrista del cuatrienio 1996-2000. Por enmedio, se han quedado los centristas de élite Piqué y Gallardón, quizás en stand by para ver si son repescados por esa nueva guardia de gente preparada y con pactista que supone la generación de Soraya.
Otro tema es lo que opina la militancia de calle: en este sentido, hay división total entre aquellos que quieren ver un cambio para poner "a un líder de verdad" al frente (para cuyo puesto solo suena a día de hoy el nombre de Aguirre) y aquellos que quieren ver un cambio para que el PP deje de tener esa nefasta imagen de partido postfranquista (en cuya labor parece que se encuentra la actual nueva portavoz). Enmedio, estaría Camps, como eventual líder de consenso en caso de que se tuercen las cosas. Quien peor lo tiene es quien, sin embargo, tiene todos los puntos para continuar en su puesto: Rajoy. Y no deja de ser curioso que sea justamente el líder el que promueva el cambio y quien remueva a todo el mundo de sus puestos, salvo a sí mismo. Y eso que, en la calle, en las fiestas de peperos, la pasión que despierta Rajoy como líder es igual a cero.
PD. Un día de estos pretendo reflexionar sobre otro tema que mucho tiene que ver con éste: el de los jóvenes del partido. ¿Son las Nuevas Generaciones del PP una cantera de potenciales políticos o un grupo de interesados en hacerse un puesto en el partido? Lo mismo en el PSOE: ¿son las Juventudes Socialistas un movimiento político de jóvenes en proceso de formación o un grupo de aspirantes a emular enchufes? No deja de ser curioso que el fabuloso fichaje de Soraya Sáenz de Santamaría que hizo Rajoy nada tiene que ver con la cantera de cachorros de la formación. ¿Nuevas Generaciones o Nuevas Degeneraciones? ¿Juventudes Socialistas o Juventudes SociosListos? Todo esto y mucho más, después de la investidura.

¿Qué pasó realmente entre Gallardón y Aguirre?

Escrito por: bernat el 23 Feb 2008 - URL Permanente

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