Creo que la legislatura ha empezado mal. Y no me refiero (solo) a que Bono no haya conseguido ser elegido presidente del Congreso en primera votación, como siempre ha ocurrido en España desde 1977, sino -sobre todo- a que me da la sensación de que el PSOE empieza la legislatura más solo de lo que ya lo estaba antes... y que no era poco.
José Bono es un perro viejo de la política, pero mi teoría es que, mientras el cuerpo aguante, ahí va a estar haciéndose notar. Y nunca mejor dicho. Sin perjuicio de su demostrada valía gestora y de una envidiable capacidad electoral que roza el populismo más demagógico, José Bono es el típico político al que le encanta ser el centro de los flashes; el típico al que en un funeral le gustaría ser el muerto y Jesucristo el Domingo de Ressurrección, solo por el hecho de ser el protagonista del evento.
Y claro, siendo así, tampoco no me extraña esa cierta pasividad del PSOE de no conseguir hacerse con la presidencia del Congreso en primera instancia, puesto que solo el hecho de ser el primer presidente de las Cortes que no ha sido elegido en primera votación es ya de por sí otra forma más de Bono para hacerse notar.
La verdad es que si hubiera salido otro diputado socialista para presidir la Cámara, no me hubiera importado; salvo alguna que otra excepción (per devers Mallorca tots sabem de qui parlam), todos los diputados del PSOE hubieran sido tan buenos o más que José Bono. Y es que Bono es especialista en meter la gamba donde no le llaman: desde ese "no seré nunca Ministro de España" (pronunciado en 2004), al "dejo la política para siempre" (de 2006), pasando por su "a nadie le amarga un dulce" (de 2007) y su obsoleto y arcaico discurso contra las posiciones nacionalistas con el que se parece en demasía a las inflexibles posiciones de la derecha españolista; está claro que la elección de Bono como presidente del Congreso no es, en mi opinión, una buena noticia... y menos aún si tenemos en cuenta que es una elección realizada hace ya 8 meses, quizás con una intención electoralista cuyos resultados no se reflejaron en las urnas. ¿Cómo pretende el PSOE que justamente su diputado que más detesta el pluralismo en el Congreso y el papel de las minorías en las Cámaras del Estado dirija unas Cortes en el que el entendimiento entre socialistas y nacionalistas resulta vital, por bien o por mal, para la gobernabilidad del país?
Pero si el tema me preocupa es por la cuestión de las alianzas. A esta hora, las preguntas son: ¿conseguirá el PSOE tejer un pacto, mínimamente estable, con algun otro Grupo Parlamentario, para la investidura de Zapatero la semana que viene? ¿Conseguirá Zapatero ser elegido en primera votación o tendrá que acudir a las 48 horas a una segunda instancia, algo que no ocurre en España... desde el 23-F?
Yo creo que lo que le daría estabilidad al Gobierno de España en esta legislatura sería un pacto de gobernabilidad (que no de investidura) con CiU. Creo que la política española necesita estabilidad y eficacia, y con CiU el Gobierno de Zapatero ganaría en imagen y solvencia. Y, puestos a ser demagógicos, el PSOE conseguiría que el PP tuviera que rebajar el tono si pretende conservar posibilidades de pactos futuros con los que son sus únicos socios políticos posibles: los nacionalistas catalanes. Optar por PNV tampoco me parece mala idea, pero antes hay que remover ciertos obstáculos que me parecen, a día de hoy, difíciles de superar. Y no me refiero solamente a la intención de Ibarretxe de convocar el referéndum famoso, sino, ante todo, la excasa confianza que me genera que el PSOE pacte con un PNV que hoy mismo ha votado en contra de la moción de censura presentada por PSOE, IU y PP en Mondragón contra la alcaldesa de ANV por su desafiante y repugnante actitud tras el vil asesinato de Isaías Carrasco el 7 de marzo pasado.
La cuestión es: ¿qué es más fácil, conciliar a Montilla con Artur Mas o pactar con un PNV que, desde la expulsión fáctica de Josu Jon Imaz de su cúpula directiva, no sabe exactamente qué rumbo tomar?
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