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El triunfo de la democracia y la paz
Quizás, en parte, tenga razón Josu Erkoreka cuando dice que "habrá que ver" qué importancia fáctica tiene la operación policial llevada a cabo en las últimas horas en Burdeos y que, a esta hora, ya cuenta con seis detenidos; de entre ellos, qué duda cabe, se encuentra Thierry, el hasta hoy considerado como jefe del aparato militar de ETA. Pero digo "hasta hoy", pues es evidente que si de algo nos tienen acostumbrados la basura etarra es de su capacidad para reorganizarse tras cada caída de su cúpula.
No es la primera vez que cae la cúpula etarra a lo largo de la historia de ETA, y siempre se ha considerado esa caída como un golpe determinante para el entorno etarra. No hay duda de que así es, pero también de que los etarras saben cómo reorganizarse. Dicho de otro modo: en menos de una semana, ETA tendrá nueva dirección militar y todo seguirá como ahora... aunque más débil. Mala hierba nunca muere.
Tras cada atentado y, sobre todo, tras cada asesinato, los políticos siempre recurren a expresiones tales como "el peso de la ley", "la fortaleza del Estado de Derecho" o "el triunfo de la democracia y la libertad". En gran parte, son expresiones lingüísticas que, a efectos del márketing político-mediático-electoral, siempre, digamos, quedan bien. Aunque es con acciones policiales contundentes como las de hoy cómo mejor se refleja este triunfo del Estado de Derecho sobre el sin-sentido terrorista. La meditización de las detenciones, por consiguiente, puede tener aquí su mayor o menor justificación.
Hay dos utopías evidentes que rigen el fin de ETA; digo utopías, pues considero que hay dos factores claves que resultan decisivos para poner punto final a la barbarie terrorista: por un lado, es utópico pensar que ETA desaparecerá solo gracias a los golpes policiales y judiciales como los desarrollados hoy, pues es difícil que un pensamiento extremo como el que guía a los etarras cambie de la noche a la mañana a golpe de operaciones policiales; y, por otro lado, es también utópico creer que solamente mediante el diálogo político con aquellos que se niegan a dialogar sin violencia acabaremos con la lacra terrorista. La combinación de ambos elementos, cada uno en su debido momento, es quizás la mejor fórmula química para acabar con este virus; y digo "cada uno en su debido momento" pues, es evidente, que para poder abrir cauces de diálogo político deben darse las condiciones y, por ejemplo, a día de hoy, ETA no está por la labor.
ETA tuvo la oportunidad de finalizar su razón social por las buenas hace solo unos meses y el hoy detenido Thierry optó por la demolición de la T-4, demoliendo a su vez las esperanzas de paz y libertad de todos los demócratas de este país. Hoy ha sido él quien se ha derrumbado. Y con él, estoy convencido, que se derrumba en parte la acción de esa pandilla de basura andante llamada ETA.
Me han llamado la atención las imágenes de la detención: los gritos de "gora Euskadi ta Askatasuna" no son más que chillidos de cobardes mal-nacidos desprovistos del más común de los sentimientos humanos. Además, los gritos en francés, claramente dirigidos hacia la Comunidad Internacional con la intención de legitimar la lucha terrorista por la liberación del oprimido pueblo vasco, solo provocan asco para el común de los mortales. La sociedad vasca no necesita de ejércitos de liberación nacional, tal y como pretende subrogarse esta banda de criminales. La Comunidad Internacional debería saber que ETA no representa a nadie, mucho menos en Euskadi, pues los vascos saben luchar, democráticamente y de forma pacífica, por sus retos políticos y sociales en el marco de un contexto social armónico y desprovisto de violencias ni coacciones.
A todo esto, ¿dónde está Ibarretxe? Me preocupa que el lehendakari solo salga a hablar de planes absurdos y payasadas varias y no para felicitar la efectividad de una operación que puede salvar vidas. Me preocupa el doble discurso moral de un PNV que siempre recurre a esa peligrosa ambigüedad lingüística cuando se producen detenciones en el entorno de ETA. El por qué deberá explicarlo el propio Ibarretxe y el propio PNV. A pesar, pues, de lo cierto o incierto del "habrá que ver" señalado al principio, los vascos y las vascas no se merecen estar representados por tanta ambigüedad y tanto sin-sentido.
Más sobre Kosovo
En el último post me referí a la reciente declaración unilateral de independencia realizada por Kosovo. Tras su publicación, se han sucedido una serie de comentarios en el blog, todos ellos de agradecer, pero debo señalar que hay uno en concreto que no solo me ha llamado enormemente la atención sino que creo que ha dado en el clavo. Por eso quisiera comentar de forma más específica un aspecto concreto a propósito de dicha independencia.
El comentario en cuestión es el firmado por Jaumet quien, tras definirse a sí mismo como partidario de la liberación de las naciones de Catalunya, Euskadi, Escocia..., señala -a mi juicio de forma más que acertada- que todo ello no tiene nada que ver con Kosovo, sino más bien todo lo contrario.
Y tiene razón. A saber:
1. Kosovo es una comunidad humana formada mayoritariamente por albaneses. Su cultura, sus tradiciones, su idiosincracia es la albanesa. Todo ello, fruto del natural fenómeno de la inmigración que, desde tiempos remotos, han provocado expansiones de unos pueblos sobre los territorios de otros. En este caso, la nación albanesa (por cierto, que nunca llegó a adherirse a Yugoslavia) se expandió, vía inmigración, sobre un territorio hasta el momento perteneciente a la nación serbia.
2. Ahora, y en contradicción con las Naciones Unidas, Kosovo declara unilateralmente su independencia fundamentándose en su identidad nacional, digamos, albanokosovar. Se trata, por tanto, de un argumento socio-histórico: en base a un fenómeno migratorio, los inmigrados se convierten en mayoría social y los autóctonos en minoría; luego los inmigrados declaran ese territorio independiente.
La pregunta que se formula Jaumet en su comentario y que tomo prestada es la siguiente: ¿no es eso un terrible y peligroso argumento para justificar independencias futuras en base, única y exclusivamente en la inmigración?
Porque si este es el argumento, ¿se podría llegar a la conclusión de que Al-Andalus (Andalucía y algo más, para más señas) debe independizarse de España en base a un eventual movimiento migratorio proviniente de Marruecos? ¿Y Ceuta y Melilla?
Los partidarios de la liberación de las naciones sin Estado, entre los que se ubica Jaumet, consideran que Catalunya, Euskadi, Irlanda del Norte, Escocia... son pueblos sometidos a una invasión externa (en el caso catalán y vasco, por parte de Castilla) y que como tales tienen derecho a liberarse de tal sometimiento nacional y proclamar la independencia como país. Aunque sí considero a España como un Estado plurinacional y a Catalunya (entre otras) como una nación, es evidente que discrepo totalmente con esta posición, pues no creo que haya habido jamás invasión militar alguna de Castilla sobre Catalunya y Euskadi, entre otras cosas porque simplemente hubo una fusión de varias Coronas feudales (la castellana, la aragonesa y luego la navarra) en una sola (la, hoy, española), y porque -hasta donde yo sé- Catalunya y Euskadi nunca han existido como naciones independientes (a lo sumo, Catalunya formaba parte de la Corona Aragonesa, como también Balears o el mismo Aragón), pero más allá de esta diferencia ideológica entre Jaumet y yo, sí tiene razón Jaumet cuando dice que esto -la liberación de una nación- no es lo que ha ocurrido en Kosovo, pues Kosovo no es una nación autóctona invadida por Serbia sino el resultado de la consolidación de una minoría nacional inmigrada que, con el tiempo, se ha hecho mayoría.
Con todo ello quiero decir que, una vez más, se equivocan quienes desde ciertas e interesadas posiciones nacionalistas vascas y catalanas intentan buscar en los Balcanes algo que en Iberia no existe: yo no sé -porque no soy historiador, ni filósofo, ni político- si Euskadi y Catalunya tienen derecho a independizarse como nación, pero lo que sí sé es que nada tiene que ver el hecho nacional vasco y catalán con la autodeterminación kosovar.
Sea como sea, lo cierto es que estos temas deberían tener fijados unos límites y bases concretos en fundamento a los cuales un pueblo pueda aspirar a su autodeterminación, y todo ello sin perjuicio de la absurdidad que en mi opinión supone que en pleno siglo XXI estemos dedicándole tiempo y esfuerzos a la obsoleta labor de degajar países de otros países cuando lo obvio sería -o mejor dicho, es- unir y cohesionar, dentro de la diversidad y la pluralidad identitaria- lo local en lo global.
Insisto: es solo mi opinión.
Kosovo is not Spain
Tiempo le ha faltado a la Consejera de Cultura y Portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate, en comparar dos realidades que poco tienen en común: Euskadi y Kosovo. A pocos minutos todavía del nacimiento de un nuevo Estado europeo, Kosovo supone ya un paso más -quizás el último- en la desintegración de la antigua Yugoslavia. Y digo quizás el último pues la segregación kosovar se fundamenta en unos argumentos, a mi modo de ver, totalmente caducos; incluso contradictorios respecto a la nueva era internacional tendente no hacia el localismo sino hacia la globalidad.

La independencia de Kosovo ha reabierto el debate sobre la creación de nuevos Estados en un contexto tendente hacia la desaparición de estas estructuras en pro de las organizaciones supranacionales. No deja de ser curioso -por no calificarlo de contradictorio- que Kosovo se separe de Serbia -al igual que hace poco más de un año lo hiciera Montenegro- y ya se esté pensando en su integración -de Serbia, de Montenegro y de Kosovo- en la Unión Europea. Dicho de otro modo: se separan aún a sabiendas que, en cuestión de pocos años, volverán a estar unidas en el marco europeísta. ¿Soy yo o esto es sencillamente una ridiculez?
Sea como sea, en Euskadi, el PNV ya ha dicho que éste es el modelo: "el siglo XXI es el siglo de la identidad y de las naciones", ha señalado con contundencia el ejecutivo de Ibarretxe. Y yo que creía, ingénuo de mí, que eso es lo que fue el XIX. Imagino que desde ERC no se tardará en convocar su respectiva rueda de prensa para señalar lo mismo; ya están tardando. Igual que tardando está la esperada reacción del PP y sus medios sobre la independencia kosovar: hagan apuestas señores, que me juego lo que sea a que en menos de una semana el PP le ha echado la culpa a Zapatero de la independencia kosovar. Y eso que el PSOE está en contra.
Pero éste es otro tema: sin duda, PP y PSOE están de acuerdo en el rechazo a la independencia porque sencillamente no es procedente defender la autodeterminación kosovar para a reglón seguido rechazar la vasca. En el caso del PP, porque éste es su discurso y su posición desde tiempos de Paquito; en el caso del PSOE, simplemente porque estamos a 21 días de las elecciones generales. En cualquier caso, a mi entender, ni Kosovo ni mucho menos Euskadi pueden justificar jurídicamente la independencia de sus respectivas naciones.
Y otra curiosidad chocante: ¿soy yo, o me da la sensación de que ciertos sectores peneuvistas han cambiado de modelo con cierta -digamos- ingenuidad? Porque no deja de ser curioso que hasta hace relativamente poco tiempo, el modelo político internacional con el que se inspiraba el nacionalismo vasco y catalán era el de Irlanda del Norte; pero mira tú por donde, ahora el modelo ha cambiado y la autonomía del Ulster post-IRA ha sido substituída por el proceso de segregación de la antigua Yugoslavia. Me pregunto el por qué del cambio de criterio: ¿no será que la pacificación del terrorismo en Irlanda del Norte ya no llama la atención porque no lograron la independencia sino una simple autonomía, tan simple o más que la vasca y la catalana?
No creo que Euskadi sea Kosovo ni Castilla sea Serbia. Entre otras cosas porque la realidad histórica y política de ambos contextos son notablemente distintos. Eso no significa que no tengan puntos en común: del mismo modo que Yugoslavia fue un Estado plurinacional -aunque no se autoreconociera nunca como tal-, soy el primero en considerar que España es un Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüístico; diga lo que diga la Constitución, crea lo que crea el PP, considere lo que considere el sector más españolista del PSOE. Pero esa convicción personal de la pluralidad idiosincrática de España no quita todo lo demás; ¿y qué es lo demás? Pues lo demás es que la segregación nacional es algo que estuvo muy bien hace dos siglos, pero el marco global, internacionalista y, en especial, europeísta tiende hacia otro lado.Y se equivocan -insisto- quienes comparan Kosovo con Euskadi pues la recién independencia balcánica es fruto simplemente de un proceso político natural acaecido después de la muerte de Tito, en los ochenta; y del ultranacionalismo serbio, liderado en primera instancia por el genocida Milosevic, que dio paso a la sucesión de conflictos armados en el territorio hoy autodeterminado. Que alguien me señale donde me equivoco cuando digo que nada de esto tiene que ver con España: porque en Euskadi la realidad política y el conflicto social que vive no se fundamenta en motivos religiosos como sí ocurre en Serbia-Kosovo; porque en Euskadi los partidarios de la Constitución no supone un 8% de la población sino mucho más, como sí supone un 8% la población serbia en Kosovo; porque los nacionalistas y los no-nacionalistas no viven en Euskadi separados por ríos y vigilados por los cascos azules, sino integrados en una misma sociedad dentro de la cual el reto es saber convivir en paz y libertad y como buenos vecinos -que son- unos y otros, quizás incluso en una misma escalera, en un mismo rellano, en una misma comunidad de vecinos; y porque, en definitiva, la violencia que ha marcado la realidad kosovar de los últimos años ha venido dada por el ultranacionalismo serbio y no -como ocurre en Euskadi- por parte de aquellos que, dándose la oportunidad, rechazan de plano la integración en el sistema pluralista que le brinda la democracia para seguir en las andadas de la sin-razón y la barbarie terrorista de ETA.
Con todo, lo más importante del tema no deja de ser el que es: Euskadi no cumple con la más esencial de las condiciones que establece Naciones Unidas para avalar un proceso de libre determinación. Más allá de si se trata éste de un tema propio de siglos ya superados y conflictos que no deberían repetirse, lo cierto es que para que un pueblo aspire a autodeterminarse debe demostrar, entre otras cosas, que ha estado ocupado a la fuerza por la metrópolis de la que se deprende, o que ha estado sometido a un régimen no-democrático para cuya salida solo cabe la segregación, o que este proceso de autodeterminación se fundamente en unos principios democráticos y jurídicamente asimilables en la realidad del momento, o -quizás lo más importante- que exista una ámplia mayoría social que avale dicha autodeterminación. Claro está que esto último no lo podemos saber sin la celebración de un referéndum, tal y como aspira el ejecutivo de Ibarretxe, pero no deja de ser cierto que, para empezar, no existe ni una mayoría social que apoye a aquellas formaciones que pretenden avalar esa consulta popular sobre el futuro vasco; pues, a lo sumo, los partidos que apoyan dicho referéndum de autodeterminación vasco no representan más que -como máximo- un 50% de la población. Y todo sin olvidar el contexto y la todavía vigente realidad de libertad limitada por un terrorismo que condiciona en demasía la realidad vasca y española.
Lo primero que debe hacer Ibarretxe antes de inspirarse en Kosovo es poner las bases para que Euskadi sea, de una vez por todas, un territorio libre de violencia y provista de una comunidad social que vive y convive en paz y libertad. Porque la realidad es que, primero con Franco y luego con ETA, Euskadi no conoce la libertad desde hace casi un siglo. Y luego de esto, quizás, podríamos discutir si tiene sentido aspirar a la segregación en el marco de una Unión Europea cohesionada en la diversidad nacional de los pueblos de Europa. Pero, mientras tanto, poco o nada tendrá que ver lo que ocurre hoy en Kosovo con lo que querría que ocurriera Ibarretxe en Euskadi; pues ni Euskadi cumple con las condiciones de autodeterminación consagradas por la Comunidad Internacional, ni se dan las circunstancias sociales -y hablo de ETA y su entorno- para que esa Euskadi independiente a lo kosovar pueda garantizar el libre desarrollo de una sociedad democrática, moderna y plural hacia la que -teóricamente- debería aspirar todo pueblo que decide libremente -eso mismo, libremente- sobre su futuro.
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