No es que no me guste el fútbol, pero sí es cierto que en este blog no suelo hablar del que es el deporte por excelencia del mundo mundial. He seguido la Eurocopa como un auténtico futbolero, y tengo intención de acercarme el próximo domingo a la madrileña y enrojecida plaza de Colón a propósito de una final que promete. El partido de hoy demuestra las pasiones que la selección nacional despierta mucho más allá de nuestras fronteras, y hay que decir que, en cuanto a lo sociológico se refiere, éste es un atuténtico fenómeno de masas.
Y eso, a mi entender, es bueno. Esta mañana, en Herrera en la Onda, oía una interesante tertulia sobre el sentimiento nacional que despierta la Selección. Es cierto que en el norte, fundamentalmente en parte de Euskadi y Navarra, así como en Catalunya, la cercanía emocional respecto a las victorias de la Selección Nacional de Fútbol son, en ocasiones, eclipsadas por las teorías de la provocación de ciertos grupúsculos de esos de mucho ruido y pocas nueces. A decir verdad, creo que es cierto que algunos de esos líderes del estilo Ibarretxe y Carod-Rovira, a escondidas, siguen el partido de España como un forofo más; y, si lo hacen a escondidas, creo que se debe más a un sentimiento de inferioridad personal -que no ideológica-.
La teoría de la provocación que he mencionado se refiere al hecho de generar una reacción a una acción propia para a continuación denunciarla. Dicho claramente: digo que me la suda España, o que voy con Rusia, para que luego me acusen de separatista y poder acusarle luego de crispador, intolerante y fascista. Es la teoría de la acción-reacción-acción y así sucesivamente hasta que la muerte, o sea, el referéndum de autodeterminación, nos separe. A mi modo de ver, eso no es ser nacionalista, sino más bien un hipócrita.
Luego están los que, desde el lado antagónico exhaltan obsoletos símbolos y mensajes caducados para demostrar una lealtad nacional como si de una calidad superior se tratara. No creo que esa gente que se dedica a sacar la bandera del pollo al balcón o por la calle sean más y mejores fans de la selección nacional que los que sacan el símbolo constitucional o simplemente no sacan nada. En este mismo grupo, quizás, podríamos meter a aquellos que se dedican a politiquear con el asunto del fútbol, como es el caso de quienes hace poco denunciaban que el Gallardón, tan rojo él como la equipación principal de la selección, les cobraba solo mil euros a Cuatro por sus pantallas y escenarios en Colón, obviando que a ellos mismos no les cobraba nada para sus propios escenarios y actos promocionales.
Lo de la selección española es algo que nos une. Hay quienes dicen que España, al ser un Estado compuesto de varias naciones, no debería tener una única selección nacional sino tantas como entidades nacionales disponga. Yo, que sí creo que España es un Estado plurinacional, considero sin embargo que ya que tenemos algo que nos une a bien, lo mejor no es cargárnoslo sino más bien todo lo contrario. Y si bien es cierto que sí deberían existir, a mi entender, las selecciones autonómicas, lo cierto es que no veo a La Rioja, a Cantabria o a Baleares disputando una Eurocopa contra la Estepa rusa o el condado de más remoto de Francia o Alemania. Claro que las selecciones autonómicas pueden y deben existir, y claro que deben poder disputar encuentros tan televisados como los otros, pero no deja de ser menos cierto que una liga de selecciones autonómicas no sería mala idea para poder cumplir esta aspiración.
Sea como sea, el 3-0 de hoy es toda una muestra del buen hacer de nuestra selección. Sin duda, una auténtica revancha de la victoria rusa en Eurovisión. Con un partido excelente, como todos los disputados durante este campeonato veraniego, ha despertado tantas pasiones como ilusiones de cara a la gran final. El domingo, nos veremos las caras con los germanos, y no precisamente en las playas de Mallorca; ganemos o perdamos, sin duda, el papel de España en el fútbol europeo se ha revalorizado de forma increible en tan solo unas pocas semanas. Desde tiempos del dictador, no se veía nada igual en este país; aunque, a diferencia de lo que pasó con el Chiquichiqui, esta vez vamos a demostrar lo que es capaz de hacer esta milenaria nación de naciones milenarias llamada España.



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