Café para todos
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No me llames Dolores, llámame Lola
A decir verdad, creo que al final lo de Valencia no fue una experiencia tan búlgara como al principio del Congreso parecía que iba a ser. Y eso, que siempre es motivo de disputa, no deja de ser -a mi entender- una excelente noticia para la calidad democrática interna que -al menos constitucionalmente- se le exige a un partido político. Que Rajoy saliera elegido presidente del PP con el menor porcentaje de votos desde la refundación del partido, allá por tiempos de Hernández Mancha, no deja de ser algo anecdótico: al fin y al cabo, con un 21% de los compromisarios no votando a favor de Rajoy se manifiesta, en el fondo, que la discrepancia interna existe, luego que hay debate, luego que hay pluralismo, luego que hay democracia.
A mi humilde y externo modo de ver, el PP está viviendo esa etapa que a todos los partidos les pasa alguna vez en la vida: con varias derrotas electorales en el debe, lo cierto es que el PP necesitaba de esta crisis para quitarse un poco el polvo de encima, lavar los trapos y vestirse nuevamente de guapo, pues en política, o vas vestido de guapo o no tienes futuro. De este modo, el PP necesitaba de este Congreso para encontrarse a sí mismo, para salir de ese callejón sin salida en el que entró allá por el año 2004 -quizás antes- y que tantos disgustos le ha generado al renovado líder Mariano Rajoy.
Qué mejor sitio para hacer borrón y cuenta nueva que Valencia, auténtico feudo inexpugnable del PP, antaño mayoritariamente de izquierdas. En ese escenario es donde Rajoy podía hacer valer mejor sus cartas, y de hecho lo ha conseguido. Soy de los que creen que este Congreso refuerza al PP, al menos durante unos meses, en el tablero político: tras más de dos meses en los que las tensiones internas se han ido sucediendo hasta resultar insoportables, Rajoy ha conseguido imponer su criterio y dar el cambio de rumbo que necesitaba el PP para poder salir adelante.
Este cambio de rumbo se demuestra con pequeños hechos como la elección como secretaria general del partido, en sustitución de Angel Acebes, de María Dolores de Cospedal, figura que encarna el valor de la mujer española del siglo XXI a la que quiere acogerse el PP de cara al futuro. Algunos sectores políticos y mediáticos ubicados todavía más a la derecha que el PP destacan, quizás con segundas intenciones, lo que De Cospedal es en la vida privada, como si eso significara algo en la pública: madre soltera por inseminación artificial, María Dolores de Cospedal destaca por su papel de buena gestora, dedicada al trabajo y, sobre todo, como persona que no causa problemas. Lo cual, más en comparación con su predecesor en el cargo, es todo un aval.
Su elección me genera tres tipos de impresiones, conexas entre sí, que no me resisto a explicar:
- En primer lugar, De Cospedal es la única persona capaz de recuperar la confianza mútua interna quebrada entre los distintos sectores del partido. Hay que reconocerle el acierto a Rajoy al poner de número dos a una persona querida por unos y por otros, en su faceta de ex-consejera de Aguirre y a la vez ahijada política de Arenas. Su gran mérito es haber sabido nadar y guardar la ropa, de tal forma que ahora sale aupada a la secretaría general con el gran reto de recuperar la armonía interna, después de meses de dificultades extremas, entre unos y otros. Y mérito tiene su nombramiento al ser, justamente ella, la única persona que a día de hoy podía desempeñar ese papel salomónico entre ambas sensibilidades. Poner de número dos del partido a un gallardonista hubiera sido, sin duda, un suicidio por parte de Rajoy; consciente de ello, ha optado por darle protagonismo a una persona querida por ambas partes, que nunca ha generado problemas internos y que, a la vez, puede llevar a cabo ese empeño de apaciguamiento de las aguas.
- En segundo lugar, De Cospedal es -y seguirá siendo- cabeza visible del PP en Castilla-La Mancha. De todas las Comunidades Autónomas en las que hoy no gobierna el PP, la que más fácil lo tienen los populares para conquistarla en unas próximas elecciones es Castilla-La Mancha. Le era del bonismo ha llegado a su fin hace ya tiempo y hoy, el legado encomendado a Barreda, no deja de ser un producto con fecha de caducidad. El PP es, desde hace ya décadas, el partido más votado en Castilla-La Mancha en las generales, y eso es todo un signo de lo que piensa la gente; además, el propio desgaste del poder provoca que el PSOE autonómico esté a la baja. Con todo, la relevancia político-mediática de De Cospedal en Castilla-La Mancha deja todavía mucho que desear, en gran parte debido a la falta de una red fuerte autonómica de medios de comunicación como los que sí existen en otras Comunidades, y en gran parte también por la provisionalidad con la que los castellanomanchegos siempre han juzgado -y con razón- al candidato de turno del PP en la región. El PP nacional sabe que si quiere conquistar el poder en Castilla-La Mancha (que, repito, es la Comunidad, de entre las que no gobierna, que más fácil lo tiene en estos momentos) lo que debe hacer es darle protagonismo a su líder, con lo que la proyección politico-mediática que conlleva ser secretaria general del PP nacional le vendrá como anillo al dedo a De Cospedal de cara a futuros comicios.
- Y, en tercer lugar, De Cospedal representa el cambio que el PP necesitaba en este momento. Por fin, cuatro años después de su llegada a la cima del partido, Rajoy ha conseguido diseñar, de su puño y letra y sin condiciones, su propio equipo. Para ello, ha puesto al frente a personas que -unas con más carisma y otras con menos- pueden reformar esa imagen de PP rancio, obsoleto, anclado en el pasado y nostálgico del aznarismo frustrado, y convertirlo en un partido moderno, centrado, moderado y dialogante. Y ése es el gran mérito que hay que reconocerle a Rajoy y al PP en general cuando, desde hoy, intentan volver hacia ese centro-reformista-liberal en el que estuvo durante el cuatrienio 1996-2000, y del que tanto se alejó desde esa entonces hasta el día de hoy. De Cospedal representa ese cambio, esa proximidad al ciudadano que quiere -y necesita- tener el PP para poder volver a calar en el pensamiento social, más ahora que el Gobierno del PSOE -nunca segundas legislaturas fueron buenas- está empezando a generar dudas entre su electorado a propósito de su omisión de actuaciones ante la conyuntura política, social y económica en la que nos encontramos.
El PP necesitaba de este Congreso para poner fin a una espiral de acontecimientos que no llevaban a ningun lugar. Y necesitaba dar un giro, dar ese cambio hacia la proximidad y la moderación que el ciudadano le reclama. En un primer momento, Rajoy afrontó este Congreso con una doble finalidad: por una parte, para demostrar que estaba vivo a quienes al día siguiente de la derrota electoral ya se repartían sus mortajas; y, por otra parte, para legitimarse democraticamente a sí mismo en un Congreso en el que él mismo diseñara la estrategia y el equipo, sin condicionantes de dedos sucesorios como había ocurrido la última vez. Para lo primero, no hay duda de que -aunque haya costado- lo ha conseguido, y hoy Rajoy ya no es ese mismo líder por el que nadie daba un duro hace tan solo unas semanas; para lo segundo, ha logrado su objetivo con creces, neutralizando a críticos y duros y alejándose del incómodo aznarato. Ahora, tiene ante sí la oportunidad para hacer valer la figura política de verdad que lleva dentro y que se ha visto acosada durante todos estos años.
La recuperación de la imagen hacia el exterior, la conexión con la ciudadanía, el buen hacer parlamentario, la moderación en las formas y en el contenido y la proximidad con el que es juzgado todo buen líder político es su estrategia. Y esta tarea ha empezado ya hoy en Valencia... habrá que ver cómo reacciona ahora el rival; habrá que ver qué hace el PSOE ahora, tras confiarse en demasía ante el caos popular. Por favor: que alguien llame a La Moncloa y pregunte qué coño están haciendo.
Bulgaria, capital Valencia
María Dolores de Cospedal será, con todo pronóstico, la nueva Secretaria General del Partido Popular a partir de este fin de semana. A pocas horas del comienzo del gran Cónclave popular, Valencia se viste de pepera para acoger tan ilustre evento. Nunca un congreso interno en el PP había generado tanta expectación; nunca un congreso del PP había hecho correr tantos ríos de tinta y había dado lugar a tantas horas de tertulia radiofónica y televisiva; nunca un congreso del PP había hecho estar tan pendientes de un asunto interno a tanta gente, de dentro y fuera de la formación. Y sin embargo, a pesar de tanta expectación ante este Congreso, resulta que todo el mundo ya sabe cómo va a transcurrir y nadie tiene dudas de cómo va a acabar.
La crisis del PP parece llegar a su fin. O no. Al menos sí llega al fin de su primera parte. ¿Habrá segunda temporada de revueltas? Del mismo modo que todo el mundo da por hecho que Rajoy saldrá consagrado líder del partido en Valencia, nadie duda en comparar su nombramiento con el de interinos liderazgos pasados, concluidos en catástrofe, como el de Hernández Mancha. Cierto periódico conservador, empeñado recientemente en diagnosticarle al PP el síndrome de la centritis, comparaba hoy al que en su día fue líder del PP con el actual, y señalando -acertadamente- que aquellos que en el 87 apoyaron a Hernandez Mancha, son los mismos que hoy apoyan a Rajoy. Entre ellos, el propio Rajoy.
Y de Manchas va la cosa, pues hoy el presidente del PP en funciones ha señalado que De Cospedal, líder del PP en Castilla-La Mancha, será la sustituta del Ángel caído al frente de la secretaría general. Sabia decisión, más sabe Rajoy que aquellos que van de duros por la vida no podrán oponerse al nombramiento de quien fue, en su día, consejera del primer gobierno de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid. Aupada por ésta, y de la mano de Arenas, a la presidencia de los populares manchegos, se le encomendó la misión de liquidar el legado que José Bono había dejado en una Comunidad que vota izquierdas en las autonómicas y derechas en las generales. No lo consiguió -ni siquiera lo hizo el hijo de Suárez cuando el PP quizo mercantilizar este linaje a cambio de rédito electoral-, aunque sí recortó distancias, si bien nadie niega que su avance se debió más a causas ajenas -la marcha de Bono- que a méritos propios.
Con todo, los aguirristas no podrán negarse este fin de semana a votar el equipo diseñado por Rajoy. Un equipo joven y, a mi modesto entender, preparado para hacerle oposición a un Zapatero que parece acostumbrarse demasiado a no tener alternativa creíble a su gestión gubernamental. Un equipo de gente nueva que quiere dar por cerrada una etapa que solo ha traido disgustos y derrotas a una formación que, hace unos años, se creía invencible. Bueno, gente nueva hasta cierto punto, pues tanto Ana Mato como sobre todo Javier Arenas han ocupado ya cargos de primerísima posición al frente del partido; parece ser que a Arenas nunca se le acaba el fuelle, pues debe tener un corazón imbatible como para continuar sin hartarse al frente de un partido que en Andalucía parece tenerlo más que imposible. Aunque de más verdes han madurado: ahí está Valencia.
Valencia se viste de pepera para acoger un Cónclave a la búlgara. La expresión "Bulgaria, capital Valencia", copyright de la cual pertenece a cierto locutor de radio condenado por insultar a los políticos del PP por ser demasiado poco de derechas, es sin duda una afortunada forma para referirse a un Congreso del que todo el mundo sabe cómo va a transcurrir. No porque haya unidad, que no la hay, sino porque nadie se ha atrevido a dar el paso y plantear alternativa creíble a un dedazo de Aznar que le ha costado muy caro al partido. De esos polvos, estos lodos. Ni Aguirre, ni Costa, ni una desconocida militante de base, de cuyo nombre nadie se acuerda, que tras el batacazo del 9-M se postuló como candidata alternativa a Rajoy y que fue literalmente linchada por plantear tan atrevido propósito democrático, optarán finalmente a la presidencia de un partido que necesita calmar ánimos si quiere llegar vivo al año 2012. Ni el popular y populista movimiento "Pedimos Primarias", encabezado por el líder del PP del barrio de Salamanca, o seaaa el barrio más pijo de Madrid, habrá conseguido sus propósitos tras este cuestionado Congreso. A veces es demasiado fácil hacer ruido y demasiado difícil atreverse a hacer algo. En definitiva, mucho ruido y pocas nueces.
Sin María San Gil ni Eduardo Zaplana, y casi sin verle la melena a Aznar, concluirá el Congreso -lo veremos- a la búlgara y a la vez en falso. A la búlgara porque solo Rajoy es y será candidato; en falso, pues nadie da un duro por el flamante líder de cara al 2012. Peculiar resulta ver que, antes de elegirse al líder, ya se piensa en cuándo y cómo será éste cesado: ¿primarias para elegir candidato? ¿nuevo congreso en 2011? Nadie sabe nada y todo el mundo habla de ello y lo da por hecho. Nunca digas nunca jamás ni este cura no es mi padre.
Más de lo mismo, pues, para que a partir del lunes todo continúe igual pero sea diferente. Con una infructuosa, frustrante y frustrada búsqueda de legitimidad democrática, con un liderazgo nuevo y renovado salvo a lo que el líder se refiere, el Cónclave valenciano nos brinda una oportunidad única de ver cómo acaba la primera temporada de una serie de acción, drama, romanticismo y traición. Como en la tele, más de lo mismo para que todo parezca diferente pero en el fondo todo siga igual.
Que empiece el baile!
Las crisis de junio
Sin ánimo de ser un agua-fiestas, lo cierto es que yo no comparto lo que dicen algunos de que hay una crisis que nos azota: yo creo que hay varias crisis, escrito en plural, que nos coaccionan como seres vivos que pretenden vivir en paz, armonía y felicidad.
1. La primera de la crisis es, sin duda, la que niega el Gobierno pero que de cada día es más evidente. Llámele Usted como quiera, pero una desaceleración coyuntural económica es, a efectos prácticos, que te cueste sudor y lágrimas llegar a final de mes, que te vayas al super y te encuentres casi sin dinero para pagar la misma compra que haces cada semana, que salgas de fiesta y solo puedas tomarte una copa porque no tienes más dinero, o simplemente que te veas obligado a renunciar a ciertos placeres de la vida como el mero hecho de comprar el periódico cada día. Y esto es lo que nos pasa a todos estos meses, aunque luego en el telediario te salga el Ministro de Economía y te diga que cuando se habla de crisis se están cometiendo un lapsus.
Una de las principales manifestaciones de esta crisis económica que vivimos es ese cierto clima de inestabilidad social que padecemos en las últimas semanas. Lo de los transportistas bloqueando los accesos de las grandes ciudades e impidiendo el reparto de los productos en todo el país me parece algo impresentable. No culpo ni al sector, ni al Gobierno, ni tampoco a los propios transportistas, sino a todos a la vez, pues lo que ha ocurrido en las últimas semanas no tiene perdón divino.
- Por una parte, me parece genial que se quiera hacer huelga; de hecho, es un derecho constitucionalmente reconocido, incluso de forma previa a la promulgación de la Constitución. Pero una cosa es hacer huelga y la otra es paralizar todo el país, con los perjuicios que esto ha causado a la gente de la calle. Los trabajadores y trabajadoras que han llegado tarde a sus puestos de trabajo, o que simplemente no han llegado, por culpa de los bloqueos de las carreteras también padecen su crisis económica y no van tocando el pito por las autopistas nacionales impidiendo que los caminoneros realicen su trayecto. Entre otras cosas porque de llegar al trabajo depende su sueldo; y del sueldo depende el pago de la gasolina que ellos también consumen.
- Por otra parte, las imágenes de los productores tirando los productos a la basura porque se estaban pudriendo al no poder ser repartidos me parece algo patético. Resulta que la semana anterior, el Gobierno se comprometía a donar 500 millones de euros para paliar la crisis alimentaria de los países en vías de desarrollo, y a los pocos días los productores españoles tiran la leche por la alcantarilla y el resto de productos agrícolas al contenedor de basura porque los transportistas no los llevan a su destino. ¿Es esa una imagen de un país decente?
- Y por último, creo que es evidente que el Gobierno ha fallado notablemente en la gestión de esta crisis. Hay que decir las cosas como son, y a mi me da la sensación de que el actual Gobierno se está durmiendo en los laureles desde que tomó posesión. Es evidente que el año político ha sido duro, y a todos nos apetece que llegue el verano y poder ir a la playa, pero un Gobierno no puede estar desaparecido en momentos económicos y sociales como éste, aunque no haya oposición que controle la acción del ejecutivo por estar inmersa en su propia crisis.
2. La segunda crisis es la del PP. Y a ésta nadie le niega el calificativo de crisis. El próximo fin de semana, los populares celebran su esperado Congreso Nacional en el que el principal dato a tener en cuenta es conocer el porcentaje de participación y de apoyo que recibirá la candidatura única de Rajoy para la presidencia ejecutiva del partido. Lo del PP también da para escribir tesis doctorales antropológicas, pero lo resumiré en tres breves puntos:
- Por una parte, los marianistas o moderados, se encuentran en una agridulce etapa de consternación, pues saben que tienen el Congreso ganado, pues no en vano Valencia va a ser capital de Bulgaria durante unos días, pero la caña que han recibido durante las últimas semanas ha sido tan feroz que no se fían de nada. Y, por si fuera poco, saben que esto del Congreso será un mero trámite sin sentido si tenemos en cuenta que antes de las próximas elecciones generales tendrán que celebrar otro, y que será entonces cuando puede peligrar el control del partido.
- Por otra parte, los duros, primero llamados aguirristas y luego costistas, se enfrentan al Congreso como aquel que después de tirar la piedra esconde la mano y no se atreve a dar la cara. Más que críticos habría que llamarles cobardes, pues no hay a mi entender mejor calificativo para definir a aquella persona que durante meses ha estado criticando sin parar algo para ser incapaz, en el último momento, de presentar proyecto y/o candidatura alternativa. Al final, pues, se quedará todo en agua de borrajas.
- Y, por último, el Congreso de Valencia abrirá una etapa de notable incertidumbre en el PP. Lo que va a pasar en el partido de Rajoy durante los próximos meses y años es toda una incógnita que depende de tantos factores y variables que impiden hacer una predicción. Las expectativas electorales no son, precisamente, buenas para el PP: los próximos comicios a celebrar son las europeas de 2009 y las autonómicas vascas, gallegas y catalanas. Habrá que ver cómo repercute esto en el liderazgo pseudorenovado de Rajoy, qué estrategia de oposición plantea, qué capacidad de llegar a pactos (por la Justicia, para el TC, por la Inmigación, por la Vivienda...) tiene, o, mejor dicho, qué le dejan hacer aquellos que durante los últimos meses han colocado al pontevedrés entre la espada y la pared.
3. Y la tercera crisis que vivimos es la meteorológica. La verdad es que no recuerdo haber ido nunca por la calle, en pleno mes de junio, llegando a julio ya, con paraguas y abrigo de invierno. Ésta sí es una crisis preocupante, la del cambio climático, la de ese fenómeno en el que no cree el primo de Don Mariano. Aunque, a decir verdad, yo que he estado una semana a caballo entre Mallorca y Lanzarote, la lluvia no ha afectado a mi prematuro proceso de ponerse moreno casi-negro en poco tiempo.La verdad es que si saliera el sol del verano, las cosas las veríamos mejor. Quizás estaríamos todos más contentos y podríamos disfrutar del discreto encanto de la vida a pesar de las crisis. Sin nubarrones fastidiándote el día, ni camioneros dando por culo, ni peperos tirándose los trastos por la cabeza, seguro que el día se nos haría más agradable, y podríamos disfrutar de uno de los mejores meses del año, que es el mes de junio. Eso cuando no hay crisis, claro.
Quien siembra vientos, recoge tempestades
En gran parte, que la derecha extrema política y mediática quiera afeitarle en seco la barba a Rajoy es causa de lo que éste ha estado haciendo en los últimos cuatro años al frente del PP. Y, en realidad, es cierto que lo que está pasando en el principal partido de la oposición es fruto de su propia irresponsabilidad.
Mariano Rajoy ha estado cuatro años dirigiendo una oposición radicalizada, extremista y sumamente irresponsable, y ha alimentado a los más reaccionarios de su partido en contra de un Gobierno socialista al que le costó mucho admitir como tal. La derrota electoral del 2004 provocó tal shok psicológico en la cúpula del PP que tuvieron que pasar cuatro años y una extensa relación de derrotas electorales para aceptar la realidad. Y, mientras tanto, es decir, durante toda la legislatura, el señor Rajoy ha estado al lado de aquellos que, mira tú por donde, hoy ponen precio a su cabeza.
En mi último post me referí a la irresponsabilidad manifiesta de ese clan de críticos disfrazados de liberales que están calentando la militancia de base con sus críticas al rumbo moderado que, tras las últimas generales, ha tomado Rajoy. Esa irresponsabilidad, consistente en crear tensión interna sin pensar que ésta puede ocasionar una auténtica bomba de relojería en la calle, es lo que ha llevado a ciertos medios de comunicación a rajar despiadadamente contra Rajoy entre insultos y bofetadas.
Pero esos mismos que ayer se manifestaban ante la sede del PP en Madrid contra Rajoy y Gallardón son los mismos con los que éstos, y particularmente el primero, se ha estado manfiestando durante cuatro años por las calles de toda España. Los que ayer le llamaban traidor a Rajoy son los mismos que han estado haciendo lo mismo respecto de Zapatero durante cuatro años, y a los que acompañaba el propio Rajoy. Hoy, es Rajoy el insultado por aquellos a los que ha estado acompañando en todas y cada una de las procesiones organizadas por la AVT y los Obispos durante la pasada legislatura. Y es el propio Rajoy el que bebe de las mismas aguas turbias que él mismo ha estado agitando.
Seamos claros y realistas: Federico Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez son ese grupo de personas que, según Rajoy "desde fuera", quieren impedir a toda costa que éste presente su candidatura en el próximo Congreso nacional del PP. Sin embargo, Rajoy se olvida de un hecho fundamental: durante cuatro años, esos dos periodistas no es solo que hayan marcado el rumbo del PP "desde dentro", sino que el propio Rajoy ha contribuido, con su crispadora oposición, a que COPE, Mundo y PP se confundieran como un todo, como una misma cosa, como algo que va ligado de la mano. ¿Acaso no es cierto que el propio Rajoy ha sido el primer partícipe de las sinrazones voceadas desde la COPE durante cuatro años? ¿Acaso no ha sido Rajoy el gran aliado de los manipulados titulares del periódico de Pedro J.? ¿Por qué pretende ahora que distingamos entre PP y Mundo-COPE cuando durante más de cuatro años no se han distinguido ni en un ápice entre ellos?
Mariano Rajoy lo tendrá muy difícil para construir ese "partido independiente" del que tanto habla últimamente. La verdad sea dicha y ojalá me equivoque, pues creo que es sano tener una oposición independiente que marca, por sí sola, el ritmo de su estrategia, sin hipotecas mediáticas. Pero lo cierto es que durante demasiado tiempo, el PP de Rajoy ha estado excesivamente condicionado a la dogmática copera y mundanera, hasta tal punto que su militancia de base, y especialmente la más extrema, toma las consignas lanzadas por esa emisora y ese periódico como doctrina de partido. Así pues, en mi opinión, Mariano Rajoy está pagando ahora las consecuencias de la irresponsabilidad que supone mezclar las funciones del poder mediático con el poder político: durante cuatro años, los que debían hacer política se han dedicado a generar titulares de periódicos, y los que debían hacer titulares de periódicos se han dedicado a hacer política. Y el resultado es, ahora, el que es.
El problema, pues, del PP de Rajoy es que ha estado demasiado tiempo cogido de los cataplines por Pedro J. y Federico que ahora, cuando se ha dado cuenta del error habida cuenta del rechazo electoral que su partido genera en ciertos territorios claves, es ya demasiado tarde. Y las cosas se le han torcido tanto hasta provocar lo nunca visto en la política de un país democrático y, como le gusta decir a él, "mínimamente normal" o "con sentido común": que la militancia de base se manifieste ante las puertas de la sede pidiendo la cabeza del líder.
Ahora pues, Rajoy "está bebiendo de su propia medicina", como muy acertadamente ha señalado el secretario de organización socialista esta mañana. Tanta manifestación, tanto Obispo, tanto "victimismo", tanto insulto y tanta tontería no podían acabar en cosa buena; muchos creíamos que el resultado sería -tal y como fue- una nueva derrota electoral de ese planteamiento extremo de hacer política. Lo que pocos nos esperábamos -y, desde luego, Rajoy el que menos- es que los leones hayan acabado devorando incluso al domador del circo, tras haber estado alimentando durante cuatro años ese odio fundamentalista propio de épocas ya pasadas y que, por culpa de una serie de irresponsables dedicados a la cosa pública, parece que vuelve a campar a sus anchas por las calles de este país.
PP contra PP
Café para todosSi, en los noventa, el sector guerrista del PSOE se hubiera manifestado ante la sede de Ferraz contra el oficialismo felipista, muy seguramente todo el mundo hubiera llegado a la conclusión de que, o bien en el PSOE se habían vuelto todos majaras, o bien al partido le quedaban dos telediarios de existencia. Por esa misma regla de tres, en parte es normal pensar que el PP está herido de muerte, si bien lo cierto es que son menos los gritos que suenan que las personas que dicen estar detrás de ellos. Ni los casos Verstrynge o Hernández Mancha llegaron al extremo en el que se ha llegado hoy. Y muy mal síntoma es el de un partido que tiene, en la calle, a parte de su militancia voceando gritos de traidor hacia sus líderes.
Lo que ha ocurrido esta mañana en la calle Génova de Madrid no tiene precedentes en la historia de este país. Jamás un partido político había sufrido una manifestación en la mismísima puerta de su sede nacional en contra de sus dirigentes, protagonizada y organizada por sus propias bases. Hay que reconocerle, pues, un doble mérito al PP: el espectáculo con el que nos ha brindado hoy ha sido tan histórico como lamentable.
Desde mi punto de vista, es una auténtica irresponsabilidad que se haya organizado esta manifestación en las mismas narices de Rajoy. Creo que en el PP, todos necesitan realizar una profunda reflexión sobre el gallinero de exaltados en que se ha convertido el principal partido de la oposición. España necesita del PP en tanto en cuanto su rol como principal actor político y parlamentario de control al Gobierno solo puede ser ejercido por él, en nombre de los más de 10 millones de votantes que, hace unos meses, depositaron su plena confianza en sus candidaturas. En nombre de la estabilidad política y democrática, en nombre del correcto y racional funcionamiento de sus instituciones, este país no puede permitirse el lujo de tener al principal partido de la oposición dividido en mil pedazos, enfrentados e insultantes contra sí mismos. Que ciertos periodistas matutinos y ciertos directores de periódicos voceen e injurien al actual líder del PP no es causa como para que la semana acabe con manifestaciones, al más puro estilo jornada de reflexión de 2004, pero realizados por su propia militancia. Éste es un signo de extrema y peligrosa debilidad que ningún partido político puede permitirse y, desde luego, mucho menos el PP.
Entrando en el fondo del asunto, en gran parte comparto la visión de Rajoy sobre el asunto. Lo he seguido en su charla de esta mañana y tiene razón cuando argumenta que el cambio de estrategia del partido es obvio y necesario ante el cambio de circunstancias política de este país. Por todo lo cual, es ilógico que el PP se manifieste ahora en contra del Gobierno por su actual política antiterrorista cuando ésta es, justamente, la que quiere el PP. Y es ilógico negarse a hablar, a dialogar y a negociar con todo el arco de fuerzas políticas parlamentarias, con independencia de que se llegue a un acuerdo o no, pues la postura del cerrarse en banda no genera más que un aislamiento y una crispación político-mediática que no lleva a ningún lado, ni tiene sentido alguno.
A su vez, en gran parte, los 250-300 manifestantes que esta mañana voceaban insultos a Rajoy y a Gallardón constituyen la representación de una minoría inmovilista que, a decir verdad, perjudican más que benefician a la imagen del partido, desde el punto de vista electoral. Desde luego, el búnker político-mediático formado por COPE-Mundo-Libertaddigital no es precisamente el mejor aval de moderación, estabilidad, racionalidad y calma que debe desprenderse de un partido que aspira a ocupar el centro ideológico.
De ahí pues que, ante el inmovilismo radical impulsado desde las ondas radiofónicas eclesiásticas, creo que acierta Rajoy al apostar por "moverse" hacia el centro-reformista "e independiente", antes que someterse a los dictados extremos de aquellos que solo saben salir a la calle para llamar traidor a su clase política. Siempre son los mismos, basta mirar las hemerotecas y los archivos documentales para darse cuenta de ello: primero llamaron traidor a Suárez por desmontar el aparato franquista; después a González por modernizar socialmente el país; luego a Zapatero por hacer lo mismo con ETA que justo antes había hecho Aznar; y ahora a Rajoy porque quiere dar un giro a su forma de hacer política y apostar por una moderación y un sentido común que llevan demasiado tiempo ausentes en este país.
Desde luego, el clan Aguirre-Arístegui-Aznar debería tener en cuenta que está haciendo más mal que bien cuando provocan, con sus mediatizados "sentimientos de decepción", aireadas reacciones en la militancia de base como las de hoy. Si los críticos a Rajoy y a los sorayos tienen una lista alternativa, deberían presentarla ya, pero es un acto de suma irresponsabilidad que ese difuso grupo de duros se dedique a tensar el ambiente político de sus propios afiliados y simpatizantes para, a reglón seguido, negarse a presentar proyecto y candidatura alternativas porque saben que es materialmente imposible ganar el Congreso. Sin embargo, todo el mundo sabe que, a pesar de tanto ruido, en realidad, nadie se atreve a lanzar la primera piedra.
Si no son capaces de convencer a los compromisarios del Congreso de Junio, o no se atreven a presentar candidatura alternativa porque los números de la lechera no salen, lo mejor que podría hacer ese grupo de alterados encabezados por la presidenta de la Comunidad de Madrid y por el ex-presidente Aznar es callarse. Agitar a las masas con sus declaraciones de "tristeza y decepción" y luego esconderse es un acto de cobardes e irresponsables, impropio de gente que ha ostentado u ostenta cargos y funciones gubernamentales como las ejercidas por los susodichos. Y más teniendo en cuenta que su propio síndrome de inferioridad y ánsias de poder pueden poner en peligro incluso la propia cohesión ideológica del partido con mayor volumen de militantes de Europa.
En conclusión, pues, un espectáculo indigno de una clase política que se llena la boca con "principios", "valores" y conceptos como "democracia" y "libertad". Un espectáculo impropio de un partido político que se supone que es el referente alternativo para aquellos que, legítimamente, por la razón que sea, apuestan por opciones políticas distintas al actual Gobierno. Un espectáculo irresponsable de unos dirigentes políticos que son capaces de cualquier cosa para alimentar sus corruptas ánsias de poder, actuando con extrema negligencia ante una ciudadanía que nunca hasta hoy había visto algo similar en el seno de un partido político que aspira a gobernar. Sin duda, un espectáculo lamentable.
Otro que se va
Menudo circo tienen montado éstos del PP. Quién les ha visto, y quién les vé. Marianistas contra duros; duros contra marianistas. Aznar manifiesta su "decepción". Fraga apuesta por la moderación. Losantos y Pedro J. gritando contra Rajoy. Aguirre critica el rumbo de la actual dirección. San Gil dimite. Acebes y Zaplana, huídos. Ortega Lara se pira. Y Martínez-Pujalte se afeita el bigote. Esto parece la casa de los líos.
Es cierto que José Antonio Ortega Lara no es, ni ha sido nunca, dirigente del PP. Pero más cierto es que su figura constituye todo un símbolo para el Partido Popular. Ortega Lara es la encarnación de la lucha y la resistencia contra el terrorismo en un País Vasco que, con su figura, pasó de esconder a las víctimas a tratarlas progresivamente con mayor justicia. En realidad, pues, la baja de Ortega Lara tras veinte años de militancia popular no es una baja cualquiera: al igual que María San Gil, Ortega Lara es la imagen viva de un modelo y una estrategia de hacer política por parte del PP que ahora, de repente, se vé frustrada.
La lucha de los marianistas contra los duros me recuerda a la batalla interna que, dentro del franquismo, había entre reformistas/aperturistas y el búnker inmovilista del régimen. Hoy, los moderados pretenden cambiar la estrategia política del PP para acercarla de donde nunca se debería haber ido: ese centro político que tantos ríos de tinta generó en los noventa y que luego se esfumó de la noche a la mañana. Por su parte, los duros no quieren mover ni un ápice en la técnica del no-a-todo que imperó durante la pasada legislatura y, evidentemente, ni oir hablar de nacionalismos.
Ambos tienen sus "estudios y justificaciones" que avalan su posición: los duros dicen que su estrategia es la más acorde con "los principios ideológicos" que inspiran el proyecto popular, y que provocó un aumento electoral "considerable" en los comicios del 9-M; los moderados, por su parte, creen que si no se produce un acercamiento al centro político y la apertura hacia las posiciones nacionalistas en Euskadi y Catalunya no se conseguirá el reto que inspira todo partido político que es el de llegar al Gobierno. Y, en realidad, ambos tienen razón, si bien es cierto que más a la derecha el PP ya no puede crecer (y el PSOE más a la izquierda tampoco), con lo que ambos deberán converger hacia el centro político si no quieren quedarse polarizados en posturas que no llevan a ningun lado. Por ello, dada la conyuntura social de este país (más gente de centro y centro-izquierda, que de derechas y centro-derecha), o el PP vuelve al centro (si es que alguna vez estuvo ahí), o tendrá difícil volver al Gobierno.
Habida cuenta de todo lo anterior, lo cierto es que para los marianistas las salidas de escenario de figuras tales como Acebes, Zaplana, San Gil o de la simbología que supone Ortega Lara, no deja de ser algo que, a la larga, incluso pueda jugar a su favor. Y es que la estrategia del "España se rompe", "solo nosotros estamos con las víctimas" y "Zapatero es un traidor" ya no sirve, al menos electoralmente. Personalmente creo que Rajoy es lo suficientemente inteligente como para saber qué hace y qué consecuencias tiene el hecho de no impedir la marcha de San Gil o el eco mediático que, entre el búnker, supone que un simbólico Ortega Lara diga "me voy".
Con lo de Ortega Lara, sin duda, puede desatarse una cadena de renuncias de la militancia de base anónima que puede resultar, al menos, interesante. Tras la derrota del 14-M de 2004, el PP quiso salir del bache proclamando a los cuatro vientos que más de 400.000 personas se habían afiliado al PP a pesar de perder las elecciones, "como muestra de apoyo ante la situación delicada del momento"; habría que ver cuál ha sido el movimiento de afiliados en el PP desde el pasado 9 de marzo de 2008, pues mucho me temo que el saldo es (o, a corto plazo, será) sumamente negativo. Sin embargo, a la larga, quizás cada militante del sector duro que se dé de baja equivalga a un puñado de votos moderados arrancados del PSOE, de CiU o del PNV; al fin y al cabo, quien gana las elecciones no es quien más militantes tiene sino quien más votos cosecha.
Lo de Ortega Lara es, por tanto, solamente un símbolo. Un símbolo de desunión, de desilusión quizás, de una militancia de base que se enmarcaría dentro de ese grupo de duros que mediáticamente encabezan San Gil y Aguirre; pero que, en su conjunto, no suponen amenaza alguna para la unidad del partido. Al otro lado, Rajoy se alinea ahora con un moderado Gallardón que sabe que esta crisis puede abrirle las gloriosas puertas de un cielo que siempre se le ha resistido. En cualquier caso, se trata todo de una pura cuestión de simbología, de imagen (moderación versus inmovilismo), pura decisión sobre el márketing político a tomar en consideración de cara al futuro.
Aunque, a decir verdad, mientras se deciden, se pelean, se discuten y se insultan, no deja de ser divertido ver ese circo en el que se ha convertido el PP. Quién te ha visto y quién te vé.
De niños, peperos, Obispos, etarras y otras payasadas varias
Ha sido niño!
La primera Ministra de Defensa de la Historia de todas las Españas ha tenido a su primer niño, el Miquel, lo cual no es nunca noticia si el ascendente es varón pero es portada en muchos medios cuando es mujer; y eso, creo yo, es demostración clara de desigualdad. Es evidente de que se trata de una noticia de esas consideradas como buenas, puesto que todo nacimiento es motivo de alegría y felicitación. Hay ciertos personajillos que aprovechan la buena nueva para volver a sacar a luz sus pensamientos machistas, y es que hay quiénes les cuesta adaptarse a lo habitual que resulta que una mujer dirija los designios de un Ejército históricamente tan machista como el nuestro. Sea como fuere, el tito Montilla ya ha visitado al bebé y el tito José Luis ha llamado desde La Moncloa para felicitar a la familia. Rubalcaba (quién sino!) sustituirá accidentalmente a Chacón al frente de Defensa durante la baja de maternidad de ésta: a esta hora se desconoce cuánto tiempo durará dicha maternidad (me temo que poco) y si los padres solicitarán los famosos 2.500 euros con los que el Gobierno Zapatero premia a los recién nacidos.
Aznar, por fín, habló
Y mientras la Ministra paría en Barcelona, el ex-presidente Aznar ha salido, con su melena hippie, a decir, entre líneas, lo que opina sobre el espectáculo con el que, día a día, semana a semana, nos entretiene su partido. En tiempos de crisis, a falta de pan, bueno es el circo! Y lo ha hecho para decir que él está ahí y que la "confianza" (esa de la que tanto habla María San Gil) y los "principios" (aquellos a los que todo el mundo el PP menciona pero nadie se atreve a definir) no pueden traicionarse. En otra conferencia, Mariano Rajoy ha dicho que "hay que mirar al futuro" (un mensaje que siempre se suele decir tras una catástrofe o calamidad), mientras que en ABC, Gallardón ha reclamado la "vuelta al centro": la verdad es que no sé cuántos años lleva ya el PP viajando al centro, pero lo cierto es que a todos los españoles nos da la sensación de que cada vez está más a la derecha. Hasta Fraga se queja de ello!
Nuñez Feijoo pactaría con el BNG
Y entre tanta crisis interna, va el líder del PP en Galicia y, con un tono puramente preelectoral, suena una de esas frases lapidarias que marcan un antes y un después en ese partido: Feijoo no descarta un pacto PP-BNG en el futuro. ¿Alguien se imagina al BNG en un gobierno del PP? ¿Alguien se imagina a Anxo Quintana como Conselleiro del sucesor de Fraga? Pero, más allá de la mayor o menor remota posibilidad del entendimiento: ¿qué es más probable para el PP: que pacte con el BNG o que se extinga? Cuando se entere San Gil, la que se va a armar!
Federico Jiménez Losantos y César Vidal renuevan contrato en la COPE
En Madrid, mientras tanto, la emisora radiofónica propiedad de la Conferencia Episcopal, ha renovado sus contratos labores a los dos periodistas más polémicos de la historia radiofónica de este país. Ni los insultos y descalificaciones de Losantos (de los que ya no se libra ni Rajoy), ni las manipulaciones y medias-verdades de César Vidal (cuyo programa se parece más a una hoguera inquisitorial que a una linterna) han podido con los Obispos más aperturistas -catalanes y vascos- y sus críticas al "mal ejemplo" que ambos locutores están predicando desde la Cadena de Ondas Populares de España. En gran parte, no me extraña: está claro que si a Rouco Varela le das a elegir una radio moderada, racional y cristiana por un lado, o una radio insultante, manipuladora y antigubernamental por el otro, se queda con lo segundo; y a mí, todo esto de la COPE me recuerda mucho a cuando Jesucristo llamó fariseos a los sacerdotes y maestros de la ley y sacó del templo a los mercaderes.
ETA, en sus trece
Con todo, los asesinos continúan con sus barbaries, esta vez en Getxo. La escoria y la basura etarra cubre de mierda su propia existencia. Que en pleno siglo XXI haya unos miserables que se dediquen a matar y hacer destrozos en nombre de unas supuestas ideas políticas, es más que una vergüenza. Porque aquí de lo que se trata no es de condenar al nacionalismo izquierdista (abertzale) sino a aquellos que, autoproclamándose sin legitimidad como sus guardianes ideológicos, utilizan la violencia para conmover una sociedad digna, plural, abierta y tolerante como la vasca. Los vascos y las vascas no se merecen una dictadura de 40 años como la que está dictando ETA con su barbarie. Para aquellos en los que, aún con todo, creemos en el diálogo (no en estas circunstancias, desde luego, pero sí en las que un día se dieron y se fueron al traste), cada episodio de violencia, cada asesinato y cada extorsión es y debe seguir siendo un nuevo estímulo para apoyar y defender, a ultranza, la libertad, la pluralidad y la tolerancia que nos definen como democracia. Menuda escoria!
Y mañana Ibarretxe volverá a España con su plan
Pero eso es otro tema, que dejamos para mañana o pasado, pues menudo día ya hemos tenido hoy como para ponernos ahora a hablar de payasadas.
María San Gil echa leña al hervidero
Y yo que creía que en el PP ya lo habíamos visto todo. No hay duda de que Mariano Rajoy pasará a la historia del Partido Popular como uno de los líderes que más han dado de hablar; creo que, a su lado, lo de Hernández Mancha fue tan solo cosa de aficionados. Menudo desastre.
Ayer, un fiel amigo asturiano me comentó que hace unos días había ido a una fiesta organizada por el PP. "Pa fiestas estáis", le comenté. Creo que otro amigo que tenemos en común, ubicado a su derecha, le había contestado igual hacía unos días. Y es que todo el mundo vé lo que está pasando, salvo uno, salvo el que, en teoría, lo debería remediar: el todavía líder, Rajoy.
Ahora María San Gil se ha descolgado ni más ni menos que de la ponencia del Congreso. Eso es como si, de repente, a Zapatero le saliera algun Ministro y le dijera: "pues ahora no quiero trabajar". A esta hora no se conoce todavía el trasfondo de la espantada de San Gil, pero mucho me temo que el tema dará para ríos de tinta y horas de tertulia en los medios españoles de los próximos días.
Menudo desastre tiene montado Rajoy. Otro colega, también pepero, me comentó hace poco algo sobre la crisis económica; nunca imaginé que podía zanjar el tema con tanta facilidad. Bastó con decirle: "vale, de acuerdo, hay crisis, y la cosa pinta mal, pero... ¿hay alternativa?". Desde luego que no la hay, pues más importante que un Gobierno eficiente es una oposición que se presente realmente como una alternativa a ese Gobierno; y mucho me temo que algun que otro columnista de Libertad Digital tiene razón cuando dice que "tenemos ZP para rato".
Lo de San Gil es ya la gota que colma el vaso. Que se fuera Zaplana y Acebes era algo tan previsible como deseable; que Rajoy promoviera la renovación, era algo obvio; que Aguirre se autopostulara como alternativa, era incluso predecible. Pero que San Gil renunciara a redactar la ponencia del partido "por diferencias de criterio fundamentales" con el PP, eso sí que no era de esperar. Por menos se han excindido partidos enteros en este país, y sino que se lo pregunten a Rosa Díez.
Menundo panorama; menudo espectáculo tienen montado estos del PP. Si Zapatero se hubiera propuesto bombardear al PP seguramente no le habría hecho tanto daño como el mal que se está haciendo a sí mismo el actual líder del PP. Me gustaría saber qué piensan Fraga y Aznar de todo lo que está pasando, si es que no es cierto eso de que prefieren ni pensar en lo que está pasando.
Ante todo esto, uno se pregunta si Rajoy llegará "vivo" (políticamente, se entiende) al 2012. Creo que ya nadie duda de que candidato no lo va a ser, puesto que aun siendo reelegido presidente en el congreso de Valencia, un año antes de los comicios habrá otro congreso en el que se espera que alguien dé el salto. Ese alguien bien podría ser Esperanza Aguirre o Paco Camps. Pero claro, todo esto suponiendo que llega el 2011 y que las cosas han ido medianamente bien, pues tal y como se están sucediendo los acontecimientos en este partido, bien es posible que Rajoy acabe siendo elegido presidente del PP por unanimidad al ser él el único asistente al Congreso del próximo mes de junio... como diría Federico, celebrado en Bulgaria, capital Valencia.
El Ángel caído
Parece que día a día, hora a hora, Rajoy se está quedando cada vez más solo. Tras la fuga de Zaplana a Telefónica, hoy le ha tocado el turno al nunca lo suficientemente valorado Ángel Acebes. El dúo crispador de la pasada legislatura se ha disuelto; curioso es el hecho de que, al final, todo el mundo asuma su responsabilidad electoral, menos el candidato.
Recuerdo a Acebes cuando aún era un segundón de la política nacional. Cuando Aznar ganó sus primeras elecciones, Acebes era alcalde de Ávila, sin duda feudo del PP hasta en las piedras de su maravillosa muralla. Internamente, en el partido, era Coordinador General y, básicamente, ejercía de portavoz de la formación a la par que Miguel Ángel Rodríguez lo hacía del Gobierno. Luego fue Ministro, varias veces, si bien su gran legado gubernamental, sin duda, lo dejó en el Ministerio del Interior. Se dice de él que es el gran responsable de la caída del PP en 2004; no en vano, las principales polémicas que -se dice- fueron el detonante de la derrota de hace ahora cuatro años son asuntos que le competían a él.
Salvando las distancias y, sin ánimo de hacer leña del Ángel caído, lo cierto es que existe cierto paralelismo entre Arias Navarro, Ministro de la Gobernación (hoy Interior) durante el franquismo, y Angel Acebes: ambos fueron el máximo responsable de la seguridad del Estado en dos momentos de crisis manifiesta de la misma (el primero, ante el asesinato de Carrero Blanco; el segundo, en el 11-M), y curiosamente ambos fueron "políticamente ascendidos" tras su respectivo atentado.
La verdad es que no sé si la retirada de Acebes de la primera línea de la política española es una buena o mala noticia para el PSOE. Al fin y al cabo, Acebes y Zaplana formaban un tottum revolutum que ayudaba en gran parte a los socialistas en su discurso electoral. ¿Quién no ha oído alguna vez a alguien del PSOE hablar del PP de Acebes y Zaplana como si del demonio con patas se tratara? Con la huída del valenciano a la empresa privada, de la que nunca salió, y la no por esperada poco sorprendente retirada del ex-alcalde de Ávila, el PSOE se queda sin diana sobre la que incidir a la hora de hablar del rival. ¿De qué vivirá ahora Enric Sopena?
Su auténtica manía personal a todo lo que suene a nacionalista, y especialmente a todo lo que suene catalán, lo ha convertido en una de las figuras más queridas del programa de parodia política, Polònia, de Televisió de Catalunya. Su previsible retirada motivó la creación hasta de una página web (www.saveacebes.org) en la que se clamaba para que nunca nos dejara de deleitar con sus más que sonadas polémicas políticas que tanto nos hacían reir por un lado y tantos votos le quitaba al PP por el otro.
Pero hoy, todo se ha desvanecido, y Acebes ha dicho que le ha comunicado a Rajoy que "no cuente con él" para su "nueva etapa. Curiosas palabras para decirle al jefe que se va: "no cuentes conmiga en tu nueva etapa, Mariano". La etapa de los Sorayos, como dice Federico, será la era I después de Acebes y Zaplana, el zipi y zape de un partido que ha tenido que caer en la crisis más profunda de su historia para darse cuenta de que los españoles no quieren radicalismos, extremismos ni crispación.
Todo esto sucede a la par de una interesante crónica de Casimiro García-Abadillo publicada hoy en El Mundo (sí, en El Mundo), en la que se destapan ciertos capítulos de tensión interna en un PP poco acostumbrado a lo que Esperanza Aguirre denomina "democracia interna". Primero, fue la exclusión de Gallardón de las listas; luego, el pronto desencanto popular del fichaje estrella de Pizarro; más tarde, las derrotas de Rajoy en los debates electorales; posteriormente, el fiasco del 9-M; y luego vino todo lo demás: que si Rajoy sigue, que si Rajoy se va, que si Soraya está preparada, que si Aguirre da el salto, que si Rajoy la echa, que si Camps prepara el salto, que si Aznar no dice nada, que si Zaplana se va... y ahora va y hasta el monaguillo de Ávila abandona el barco popular.
Se va Acebes y con él toda una leyenda de la política española. ¿Quién se meterá ahora con Carod Rovira? ¿Quién aprovechará los discursos de todo tipo para hablar de Zapatero como el amigo de los terroristas? ¿Con quién se manifestará ahora Rouco Varela por las calles de Madrid? ¿Quién será ahora el bufón de la política de nuestro país?
Y, entretanto, Rajoy de cada vez más solo.
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