Cuaderno de un veinteañero
Periodismo y política: dos caminos bloqueados con los que alcanzar metas comunes. ¿Abrimos?
18 May 2008
Por cojones y porque sí
La semana pasada tuve oportunidad de leer gracias a un miembro de 'La Comunidad' un artículo de Felipe González titulado ¡Agua va! Me sorprendió especialmente el tono didáctico y conciliador, acostumbrados como estamos a las salidas de su sucesor, mucho menos institucionales y marcadas por el desparpajo que proporciona el otro líquido de la discordia: un Rioja, un Ribera del Duero... qué se yo, cualquier caldo de esta ilustre nación.
Leer en estos tiempos a un político expresándose en estos términos, tan alejado de la trinchera y tan sensatamente razonable en su causa provoca un placer indescriptible -orgásmico, que diría mi colega Zerolo-. Y lo confieso: nunca he sido muy Felipista. Vamos, que yo soy hijo de la generación de Zapatero, de otros estilos y otras causas.
Un buen amigo de Valencia me decía que al debatir sobre el conflicto del agua yo estaba asumiendo una posición partidista y manipulada. No lo creo y de hecho lo niego. Lo del partidismo no va conmigo. Sigo estando en contra del brutal trasvase del Ebro proyectado en el PHN y a favor de la solución aplicada en Barcelona. ¿Por qué? Porque partidismos aparte, a todas luces no es lo mismo, se ponga quien quiera como se ponga. Pero -aquí viene el pero- bien es verdad que mientras yo defendía mi postura sabía que iba a llegar la hora de los matices, porque Cataluña también "is different". Y aquí estoy, dispuesto a hacer todos los que haga falta.
La reflexión es tan sencilla como plantear la siguiente cuestión: durante la pasada legislatura el Ministerio de Agricultura llevó a cabo obras en la Comunidad Valenciana y Murcia idénticas -también se ponga quien quiera como se ponga, que el hecho está contrastado- a la que ahora se hace en Barcelona, y en algunos casos con un aporte mayor en hectómetros cúbicos. ¿Por qué entonces no hablamos de ello? Porque antes eran Valencia y Murcia, y ahora es Cataluña. Y esto lo digo con un doble sentido: los anticatalanistas no necesitaban aparecer, y los catalanistas no necesitaban -lo voy a decir suavemente- tocar las narices como tanto les gusta.
Empiezo a estar cansado -hace tiempo que lo estoy- de esa costumbre de la clase política catalana -que no costumbre catalana a secas- de pasar por encima del bien y del mal, del cielo y del infierno, pisando lo que sea con tal de demostrar su fuerza, su poder y su indiscutible capacidad para atarle los machos a cualquiera que se siente en el sillón de La Moncloa. La prepotencia nacionalista, los discursos grandilocuentes para ensalzar la insolidaridad ¡racial! me hastían de tal forma que sin estos desahogos públicos tendría úlceras constantes.
Que la Generalitat de Catalunya pida agua para el consumo humano y el Gobierno haga lo posible y lo imposible por conseguirla me parece necesario, una obligación. Que la Generalitat de Catalunya defienda que lo que se ha hecho es infinitamente distinto a cualquier cosa que se parezca al famoso y dichoso proyecto de trasvase del Ebro es una obviedad lógica. Pero que la Generalitat haga todo esto teniendo que ensalzar, como siempre, su chulería, es intolerable.
Si ahora se pueden -porque se pueden- llenar las piscinas -que sí, son sólo el 0,05%- el trasvase, minitrasvase, conducción o como queramos llamarlo ya no es necesario. Que la política del agua de una comunidad autónoma cambie de la noche a la mañana -las piscinas no se van a llenar- en función de un interés político -que es lo que es ahora- y no social -como lo era hasta hace unos días- es tan lamentable que el tripartito debería disolverse por falta de coherencia en su principal componente: se llama Partido Socialista de Cataluña. Socialista, de socialismo. O bien ellos han cambiado la postura de su nombre, o bien sus socios les obligan a hacerlo. Sea como sea, es intolerable.
El trasvase, minitrasvase, conducción o como queramos llamarlo no era hasta hace unos días un insulto a los pueblos valenciano, murciano, almeriense o aragonés; pero ahora sí. Ahora sí, porque ya no se va a hacer por necesidad vital, sino con el cómo y el porqué de aplicación constante para los nacionalismos egoístas: por cojones y porque sí -un estilo muy castellano, por cierto-.
Pero vayamos más allá. El debate del agua necesita eliminar la caspa rancia que invade a los más importantes asuntos de Estado. La disponibilidad o no del recurso natural más importante y necesario para la vida es algo que en España, por nuestra situación geográfica y climática ha preocupado a todos los mandatarios desde antes de que existiese la misma democracia, y con ella. Indalecio Prieto ya planeó llevar agua del Tajo a levante. ¿Por qué ahora el debate se escapa de lo técnico a lo territorial?, ¿por qué cada vez el español es más egoísta y más "de lo suyo"?, ¿por qué cada vez razonamos menos desde la cordura común y más desde la víscera sentimental? Es la España del absurdo, la España de bandos aún no superada, la de la desconfianza y el miedo al vecino. La del pro y el anticatalanismo, cuando deberíamos haber superado la idea fascista de que la razón la da el nacimiento o la lengua.
Sí, vayamos más allá. Si hemos encontrado una alternativa a los macrotrasvases que atentan contra el medio ambiente, contra los intereses de unos pueblos sobre otros, de unas profesiones sobre otras, de unos poderes sobre los que no lo tienen... ¿por qué no nos ponemos manos a la obra? Que no se lleve el agua de los agricultores a Barcelona -ahora ya no hace falta- pero que sí se termine la obra, como todas aquellas que tengan que venir detrás. Que se hagan también en Aragón, en Valencia y en Murcia. Que no se aplace otra vez el problema hasta que vuelva a no llover. España va a tener episodios cada vez más repetidos de carencia de agua, y para afrontarlos tenemos dos opciones: matarnos cuando lleguen luchando a corazón abierto, o estar preparados desde la serenidad y la sensatez de un Estado maduro.
Aunque, siendo sincero, no creo que todavía lo seamos. Ni que podamos llegar a serlo.
Sobre este blog
Cuaderno de un veinteañero
Jorge Barraza
21 años. Estudiante. Vocación de periodista. Apasionado de la política. De izquierdas. Socialdemócrata. Ecologista a mi manera. Lector de lo escrito, hasta de los botes del champú. Amante de la música, de toda. Soy feliz montado en una bici. Dejo de serlo con la injusticia, social o personal. Coherente con mis ideas y crítico siempre, conmigo o con otros. Directo y sin hipocresías. Sin complejos, tampoco para rectificar si es necesario. Encantado de aprender. Mostoleño, madrileño, galego, andaluz. Español. Ciudadano del mundo; junto a las personas siempre, junto a las banderas nunca.
Bienvenido a mi pequeño cuaderno.
jorgebfernandez@gmail.com
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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Vender Piso dijo
Muy bueno el articulo, y estoy de acuerdo contig, no creo que nunca lleguemos a serlo.
Fernando Blázquez dijo
El gran problema reside en las formas de la clase política catalana. Las formas de una clase política absolutamente alejada de la realidad, únicamente pendiente de guerras inexistentes y con esa particularidad de parecer siempre la víctima. Víctima, pero respondona.
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Una clase política que reclama -e impone: por cojones y porque sí- respeto hacia una lengua, pero no da lo mismo a la que habla la mayoría. Una clase política a la que se le llena la boca diciendo todo lo que España debe a Cataluña, pero olvida lo contrario, que es mucho, muchísimo mayor. Una clase política insolidaria como pocas.
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Y me voy a callar, porque esto puede derivar en un análisis demasiado denso del nacionalismo en sí que, primero, sea un tostón y, segundo, no me deje tiempo para hacer lo que debo XD
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Mejor me retiro a mis aposentos, con mi copa, mi ventana y mi lluvia... antes de rasgarme las vestiduras...
patroco dijo
Llevo poco tiempo en España, me perdí buena parte de la "guerra del agua" y confieso que soy lego en la materia. Trato de opinar sólo sobre lo que estoy medianamente informado y éste no es el caso.
Sólo voy a decir que mi primera reacción fue preguntarme cómo cuernos puede tener ideología el agua. Cómo puede ser de izquierdas o derechas la desalación, los trasvases o los minitrasvases. Pues sí, Pat, no seas ingenuo. Hasta las teclas del ordenador en el que estás escribiendo tienen detrás intereses políticos.
juanrojo dijo
Yo tengo que confesar que me pierdo con lo del agua. En Madrid tenemos el sunami Espe y lo trasavasamos al que lo quiera y encima le pagamos una mariscada.
ivanka dijo
¡¡Yo apoyo la decisión de juanrojo!! Si hace falta recolectar dinero para la mariscada contad conmigo...
De la política cerrada nacionalista ya sabes lo que pienso Jorge... pero no voy a decir nada que luego me llaman centralista jejeje
amiga dijo
Un articulo genial. Un abrazo
angel-z dijo
"Por cojones" y "como un paseo militar", era como iba a hacer el trasvase Aznar, en versión de Arias Cañete y quizás tras aquellas charlas de catalán en la intimidad. Dado que eso de hacer política y previsión de necesidades desde la serenidad y la sensatez parece harto difícil, seguiremos invocando la lluvia en tanto nos convertimos en un país maduro. Ah, contad conmigo para el trasvase de la Espe... y para la mariscada, jajaja!!!
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