Cuaderno de un veinteañero

Periodismo y política: dos caminos bloqueados con los que alcanzar metas comunes. ¿Abrimos?

27 Jun 2008

Las prioridades del español medio

Escrito por: jorge el 27 Jun 2008 - URL Permanente

Acabo de leer que sería posible plantar espárragos en Marte. Éste es el tipo de noticias que normalmente deshecho o doy de lado por su falta de aplicación práctica en la vida, pero hoy sin embargo he pensado hasta qué punto no será útil irse comprando unas huertas en el planeta rojo, para ser el primero en poder especular cuando llegue la ocasión y el 'boom' inmobiliario marciano. El problema es que no sé a quién me tengo que dirigir para hacer tamaña adquisición; quiero decir, ¿de quién es Marte?, ¿a quién le compro mi parcela?, ¿o allí vale colonizar o conquistar, o simplemente llegar? Una terrible angustia y desazón invade mi cuerpo.

Aquí en la Tierra, el 'postboom' sigue trayendo consecuencias nefastas. El IPC se sitúa ya en el 5,1%, que para el que no lo sepa es mucho, mucho, mucho. Vamos, que está todo carísimo de la muerte. Pero, para que vean cual es la situación de muchos españoles, les voy a poner sobre la mesa un caso práctico que he vivido hace unos minutos.

El contexto es la cola en la caja de una famosa cadena de supermercados. Un hombre comenta con la que aparentemente es su mujer -utilizando esta expresión no en el sentido posesivo, y gustando yo de ser cuidadoso con el lenguaje- y con otra clienta que "con Zapatero no hay quien llegue a fin de mes, que esto es una vergüenza. El Gobierno nos tiene ahogados". La otra señora en liza comenta que es verdad, "no hay quien llene la cesta de la compra". La multitud aplaude sus palabras, y se monta un improvisado Debate sobre el Estado de la Nación, muy hogareño y popular. Yo por mi parte -y con ánimo estrictamente científico- me entretengo ojeando la compra de la pareja que me precede, iniciadora del macrojuicio gubernamental. Mientras la mujer sostiene a dos niños de unos 7 y 10 años con ganas de guerra, el hombre comenta ordenando su compra que "sólo hacen una al mes, para organizarse mejor en casa. Con niños ya se sabe". Va introduciendo en bolsas lo que va a ser su alimento de aquí a los próximos treinta días: la mayoría marcas blancas y productos en oferta. Nada de verdura, fruta o pescado. Pero sí muchísimos productos congelados y bollería industrial. Y refrescos, tantos como para invitar a todo el barrio a ver el partido del domingo -ése que nos hará olvidar todas las penas-. En ese momento pienso para mí que es una lástima que dos niños pequeños tengan que alimentarse a base de 'fritos', la verdad, y no entiendo cómo, dentro de esa supuesta situación económica familiar apurada, no ahorran en burbujas y grasas saturadas e invierten en algo más sano y consistente -y en la mayoría de los casos más barato-. Tras diversos comentarios con la cajera sobre la crisis y las monedas de céntimo, y tras gastarse un total de 82,35 euros -datos, insisto, con interés puramente científico- en la supuesta "compra del mes" -sólo apta para congeladores industriales-, la familia y su compañera de campaña se dirigen hacia el ascensor del aparcamiento. He comprado poco, detalles urgentes, y enseguida me reúno con ellos; paso de largo para coger el periódico y regreso para bajar. He comprado dos diarios de tirada nacional, como cada día desde que tengo 15 años, y el que va por el lado visible no les gusta. Me ojean de arriba a abajo, de modo notablemente maleducado, dos veces, miran descaradamente lo que llevo entre manos, y vuelven a la carga, con más ganas que nunca -acababa de convertirme en el cliente representante del Gobierno- y mirándome de reojo esperando respuesta. Sonrío por el detalle del "alineamiento periodístico" y, cuando me quiero dar cuenta, estamos en el ascensor hablando del estupendo viaje que este fin de semana van a hacer a uno de esos baratos Paradores -cuyo nombre no diré para evitar suspicacias- dejando a los niños con la madre de ella. Los llevarán a los tres a una casa que tienen en una conocida urbanización de chalés de la provincia de Toledo, a veinte minutos de Madrid, "porque con la piscina se lo pasan mejor". No queda ahí la cosa. Hablan alegremente con su nueva amiga de las vacaciones en la playa que durante los segundos quince días de julio (temporada alta) van a disfrutar, ya sí, en compañía de sus hijos. En la Costa Azul francesa. Todo muy aristocrático, como verán. Yo me dirijo a mi coche en silencio y la familia de los fritos en mesa se despide de su contertulia para subirse a un esplendoroso Mercedes Clase E (modelo base valorado en 40.300 euros). Giro la cabeza y miro la matrícula. No tiene ni seis meses. Reluce impecable. Como relucen también sus asientos de cuero y sus numerosos extras. Calculo su precio, a ojo, en unos 56.000 euros.

Y así he llegado a mi coche, he tirado mis dos periódicos - ha quedado por encima el que posiblemente les habría gustado-, mi "compra urgente" y me he montado pensando en lo afortunado que soy. Mucho. Primero, porque yo no necesito aparentar ser nada para ser feliz. Segundo, por poder vivir con arreglo a mis estrictas posibilidades siendo, también, feliz. Y tercero, por haber tenido unos padres que priorizaron siempre mi alimentación o mi educación por encima de los trajes de Armani para ir a comprar croquetas al super del barrio. Y porque mi coche tendrá 200 caballos menos, pero hoy voy a comer tela de bien y sin pasar apuros.

Soy afortunado por todo eso y porque tengo la suficiente vergüenza como para no criticar al Gobierno por mi situación económica y el coste de la bolsa de la compra cuando con dos niños pequeños gasto casi la totalidad de mis ingresos anuales en un medio de transporte ostentoso, en vacaciones por todo lo alto, en segundas residencias ni mucho menos imprescindibles y en ropa que no se paga por lo que es sino por lo que representa; mientras destino menos de 90 euros mensuales a su alimentación, sin ninguna preocupación además en que ésta sea de calidad.

Y mira, si me da el punto, ahora tal vez me pase por Marte a plantar unos espárragos -que son muy sanos, y diuréticos-. Y desde allí, me reiré del mundo, de su hipocresía y de la soberana estupidez que nos invade -como ya dije un día recibiendo graves críticas por ello-. Porque sí, oiga, somos estúpidos.

Empezaré ya a especular desde allí arriba, para convencer a La Masa de lo importante que es tener una casita en Marte para estar en lo más alto y ser respetable. O sea, 'super cool'. Les meteré en la cabeza qué es lo más importante mientras me hago rico a su costa. Ellos criticarán al Gobierno, pero él seguirá sin ser el responsable de que los españoles quieran vivir dando más importancia y alas a la especulación urbanística -o de cualquier otro tipo- que a un plato de sopa, viviendo en la apariencia y la ostentación en lugar de hacerlo de forma acorde a sus ingresos.

Aunque cabe una posibilidad más: que encuentre allí arriba las mentes dispersas de medio país jugando a ser nuevos ricos y no quede hueco para nada. Y no me extrañaría, porque no sé en qué estamos pensando ni dónde tenemos la dignidad. Ni entiendo tampoco por qué debo aceptar sin rechistar que la neoliberal clase media se queje de que no llega a fin de mes mientras pasea sus neumáticos relucientes por las autovías cada puente, delante de quienes no pueden permitirse ni el viaje ni los donuts. Pero claro -quiero decir, osea- es una lástima que no atendamos a ese 20% de españoles que está por debajo del umbral de la pobreza, pero cómo hacerlo si no tenemos dinero para otros zapatos de Gucci antes de julio.

No, no queridos amigos. No se puede ser rico en vacaciones y pobre en la cola del mercado. Hay algunos que quieren ser tan ricos, tan aparentes, tan distinguidos y sobre todo tan de derechas; que no tienen más remedio que convertirse en rebeldes proletarios si de criticar al PSOE se trata. Y dan mucha pena, y mucha lástima. Pero es muy distinta emocionalmente a la que dan quienes realmente tienen dificultades para llegar a fin de mes. Y de esos, lo peor, es que nadie habla.

11 Jun 2008

El débil Estado frente al débil

Escrito por: jorge el 11 Jun 2008 - URL Permanente

La detención esta semana del conocido como "segundo violador del Eixample" ha sido administrada por los medios informativos como un hecho aislado para rellenar la crónica de sucesos -que por otro lado no parece requerir más extensión-. Sin embargo, no sería ninguna osadía pedir una parada de máquinas para la reflexión general.

De un tiempo a esta parte todos nos hemos vuelto acérrimos defensores del Estado de Derecho, un concepto que sin duda contiene un gran significado, y con éste el de libertad. Pero no es menos cierto que para algunos Su libertad y todo lo que comporta no tiene ninguna limitación, ninguna, aunque su ejercicio afecte a la de cualquier otro. Estos días estamos viviendo un ejemplo clarísimo con la forma en que todo un colectivo está llevando adelante su legítima posibilidad de hacer una huelga. Por desgracia, el tema que pretendo tratar es mucho más duro y de gran sensibilidad.

Hace menos de un año el Presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy, proponía la utilización de la castración química para condenados por delitos sexuales. El pasado mes el padre de una niña asesinada por un abusador previamente condenado se reunía con el Presidente español para trasladarle una petición popular que solicitaba la cadena perpetua para los referidos delitos, y según una encuesta difundida ayer la mayor parte de la población estaría conforme con la aplicación de ese supuesto.

El debate que podríamos abrir en este momento es profundo, extenso y de suma importancia. Desconozco la eficacia científica de la castración química, y sé que nuestra Constitución impide la cadena perpetua. Pero éste es el momento de que los poderes públicos frenen en seco su indecente mirada esquiva. Ha llegado la hora de tratar de frente un problema que afecta no a la libertad y al derecho de quien abusa, de quien maltrata o de quien humilla; sino al derecho y la libertad del más débil, ése al que el Estado y la Ley tienen la obligación de defender Siempre. Las políticas de igualdad y de defensa de la condición humana deben ir más allá de los grotescos juegos lingüísticos -creo que la destinataria de esta frase sabría darse por aludida-.

No podemos llenarnos la boca con la defensa del Estado de Derecho -defensa que no suele contener más que palabras vacías carentes de significado real y práctico- y permitir amparándonos en ella que mueran y sufran más personas. Que el silencio sea su única salida. No podemos tolerar que un condenado por abusos mate a una niña, que hombres dementes puedan cumplir riéndose de la ¿justicia? sus amenazas contra una mujer que grita en soledad, que un pederasta salga de la cárcel para ¡reinsertarse! -el gran invento del siglo- trabajando en una guardería o que un violador pueda campar a sus anchas porque la Ley protege sus derechos penales y no el derecho a la vida de sus víctimas.

Los teóricos de esto y aquello podrán cubrir cada hueco de estas líneas con su incansable verborrea de lo aceptable, tachando sentimientos con falsas dosis de corrección que perderían si "les tocase". Desconozco la ciencia, la Ley. Pero sé cómo es la mirada intensa de un niño. Y ésa, por desgracia, no está legislada. Ni a salvo.

10 Jun 2008

Epidemia de idiotez

Escrito por: jorge el 10 Jun 2008 - URL Permanente

Estos últimos días he descubierto que vivimos en un país de idiotas.

El principal problema de la idiotez es que suele convertirse en enfermedad crónica, que al Estado le acaba costando tanto o más dinero que el cáncer de pulmón que causan el odiado tabaco y la ignorada contaminación atmosférica. Pero no, hoy no voy a volver hablar de narcóticos consentidos, que no toca. Voy a hablar de la consabida epidemia de simpleza que asola nuestra geografía y que en cuestión de horas se ha extendido como la pólvora.

Hace unos días los economistas explicaban que la crisis que empezamos a sufrir tiene mucho de autoprovocada. Es una cadena, la cadena del miedo. El miedo provoca la desconfianza en el consumidor, el consumidor disminuye los gastos, ante el menor consumo las empresas rebajan su producción, a menor producción ciertos trabajadores empiezan a sobrar: sube el paro. Ya tenemos crisis.

Lo que nunca imaginé es que la ciudadanía de este país, además de provocar crisis, tuviese también la capacidad de hacer un ridículo tan miserablemente gigantesco. Lo que más preocupaba hace unas semanas era la candidatura española al festival de Eurovisión porque decían sus más feroces detractores que nos haría "quedar en ridículo". A mí me parece que el hecho de que ésa fuese nuestra mayor preocupación patriótica es en sí mismo un acto ridículo. Pero ahora, juntos y revueltos, hemos demostrado que definitivamente cada sociedad tiene lo que merece y que es representada por aquello que mejor la define.

Ver a los camioneros cortando carreteras, a la gente haciendo cola en las tiendas como si llegase la guerra -o mejor La Guerra, mayúsculo conflicto- y a miles de conductores agotando el combustible de las gasolineras no sólo me ha provocado ira y frustración, sino unas ganas irremediables de gritar "¡quiero vivir en un país normal!"

Nos hemos vuelto locos. Muerte. Destrucción. Caos. Oh, hermanos, el final está cerca. El virus de la idiotez acabará con todo lo que soñamos. España se ha convertido en cuestión de horas en una versión mejorada y gigantesca de la película 'Rec', en la que los vecinos de un edificio de Barcelona acaban comiéndose unos a otros mientras sufren ataques provocados por una extraña amenaza biológica de dudosa procedencia. No sé si el origen de la nuestra es -como comentaba ayer mi colega Fernando- falta de formación, de información, o simplemente de inteligencia, pero está claro que algo extraño ocurre. La oscuridad se cierne sobre nuestras mentes.

A lo largo de las décadas los políticos nos han convencido de lo innecesario que es el Estado, al que han convertido en un ente abstracto y fornicable por todos. Sí, el Estado es como una puta, de la que te puedes olvidar en tiempos de bonanza conyugal y a la que acudir por todo lo alto cuando las cosas van peor. El problema es que a este extraño empleado del amor ni siquiera queremos pagarle. Nos cuesta horrores. Todos nos hacen creer que lo mejor para el ciudadano es la ausencia de impuestos. Bajarlos es la política a seguir en época electoral, también y de manera incomprensible por los partidos de izquierda. Sin embargo, queremos -y encima nos venden con el mismo pack- una sanidad de primera, una educación de primera y que todo lo que se mueve esté subvencionado. Así las cosas, cuando el bolsillo va bien nos olvidamos del pequeño e ínfimo detalle de que somos integrantes de un colectivo; pero cuando va mal pedimos, exigimos y peleamos por lo que consideramos un derecho irrenunciable. Éste es el valor del Estado para el españolito medio, y el que le quieren dar las empresas y las potencias de poder. Bancos, inmobiliarias... ahora vienen a mendigar un favorcillo porque -por seguir con el símil- la orgía se ha acabado. Tanto es así que vendemos nuestras ideas al mismo precio, siendo liberales o intervencionistas según esté el mercado de la lascivia económica, según interese más lo público o lo privado.

¿Y qué hay de los camioneros? También se suman. El problema de los transportistas es que sus quejas son mucho más sonoras que las demás por su capacidad para paralizar el país. Y partiendo del supuesto "todo el mundo tiene derecho a la huelga" la consigna "paralizar el país" no deja de ser una consecuencia en principio no deseada, ni debería comportar un odio irrefrenable de los demás trabajadores hacia quienes están ejerciendo un derecho. El problema surge cuando éste se convierte en lo contrario: amenaza y extorsión. Ver en pleno siglo XXI a unos energúmenos decidiendo quién pasa y quién no por una vía pública y amenazando, golpeando o destrozando el medio de subsistencia a compañeros que son tan trabajadores y tan perjudicados como ellos me parece intolerable, como lo es que las autoridades lo permitan con su pasividad.

Pero incluso peor que la extorsión es el egoísmo y la insensibilidad. Los camioneros -y lo saben o deberían saberlo- están reclamando algo ilegal, algo que no se les va a dar porque los primeros perjudicados serían ellos, porque medidas similares ya existieron y tuvieron que ser retiradas y sí, porque es ilegal. Sin embargo, se empeñan en hacer de la suya una lucha sin cuartel en la que no importa qué pase por delante o qué esté en juego. ¿Un camión con productos médicos o farmacéuticos? No pasa. ¿Comida? La tiramos. Y mi pregunta es tan simple como ¿es ésta la lucha obrera del siglo XXI?

Sí, la lucha de la estupidez. Porque mientras ellos gritan en pro de la ilegalidad y los ciudadanos llenan sus bañeras con gasóleo por si vienen los rusos a invadir -ya de paso autoprovocando otra subida desorbitada de precios, payasos-; la Unión Europea se carga en Bruselas dos siglos de avances sociales y laborales. Pero ni a Bruselas se va a manifestar nadie, ni del tema se habla en los bares.

Porque esta vergüenza de país, es, sí, un país de idiotas. Y la epidemia no parece tener cura.

06 Jun 2008

Narcóticos contra el hambre

Escrito por: jorge el 06 Jun 2008 - URL Permanente

Un portugués, un francés, un italiano y un español. No, no es un chiste, aunque fácilmente puede convertirse en ello. Se trata de las nacionalidades de los Gobiernos que hoy se van a reunir en Madrid para tratar el problema de los pescadores por la crisis del petróleo.

Más líderes con corbata de seda protagonizaron ayer el otro 'sketch' de la semana. Sí, sería todo desternillante si no fuese porque tanto uno como otro tema carecen de elementos que conduzcan a la simpatía y el jolgorio. Vamos, que a mí no me hace ni puta gracia. Las cumbres de la FAO, en las que mandatarios del mundo se reúnen para debatir sobre el hambre con el estómago lleno de pavo y 'canapeses' tienen tanto de insultante y socarrón que ganas dan de replantearse una serie de principios. Recuerdan a ese señorito bobalicón y altivo que sale de cenar del restaurante más caro de la ciudad apestando a vino y Chivas y arroja, mirando a los lados con gesto carismático y buscando la aprobación y el aplauso general, unos céntimos que vayan a caer al primer desgraciado que esté tirado en la calle, para después, si es necesario, pasar por encima.

Éso es una cumbre de la FAO, un reparto de solidaridad de cartón-piedra sin ninguna sustancia. Nada se habló en esta cumbre de desarrollo (de verdad), ni de impuestos, ni de proteccionismo agrario ni de las soluciones a un mañana incierto. Sólo la limosna, que mañana los representantes -no siempre legítimos- de los destinatarios gastarán, siguiendo ese manoseado tópico de la mendicidad, en drogas, narcóticos de colores para dormir al pueblo hambriento.

Aquí también tenemos el nuestro, heredado del Circo romano -pero ahora sin pan-. Porque a pesar de todos los pesares (y no son éstos pocos) los medios informativos están hoy volcados con un tal José Tomás, que ayer salió por la puerta grande de la vergüenza. Esta mañana escuchaba comentarios de los aficionados que acudieron a la Plaza, todos muy emocionados. Yo sólo estoy de acuerdo con una señora que dijo "es como un extraterrestre". Pues oiga, tiene usted razón. Tanta barbarie y estupidez junta tienen que ser de otro... No, qué va. Son de este planeta.

13 May 2008

Sueños y basuras de una profesión

Escrito por: jorge el 13 May 2008 - URL Permanente

Llegar a sentarse en una facultad de periodismo ha sido, es, y espero que siga siendo el sueño de muchos jóvenes. Qué lleva a alguien a optar por aquello en lugar de lo otro es un misterio. El periodismo es vocación para muchos, pero también relleno para otros. Una profesión querida y atacada casi a partes iguales, pero sin duda necesaria para la supervivencia de una sociedad libre.

Cuando yo, hará cosa de seis o siete años, estaba sentado en un instituto de secundaria acabando mi etapa obligatoria sabía que esa sería una de mis opciones. Tenía un profesor de lengua y literatura, José Manuel, que me animaba a ello. Tal vez por cuestiones del destino él llegue hasta este lugar, por lo que aprovecho para agradecerle lo que me enseñó y lo que me hizo aprender por mí mismo. Los verdaderos profesionales son los que hacen que una actividad sea respetada o no por la sociedad. Y tanto la educación como el periodismo tienen mucho triste infiltrado.

En aquel entonces me devoraba cada tarde El País, que me compraba en el quiosco de camino a clase y guardaba en la mochila hasta el regreso, y El Mundo, que repartían gratis en el centro. Me aficioné así a la sección de internacional del diario de PRISA, que no tiene comparación con ningún otro medio; y a las columnas del desaparecido Francisco Umbral, con el que casi nunca estuve de acuerdo pero del que siempre admiré su forma grandiosa de redactar unos párrafos cargados de razón y contenido. Me enganché también a los informativos de Àngels Barceló, Juan Pedro Valentín y Vicente Vallés cuando Telecinco era algo más que un permanente baño de lágrimas secas y sangre con olor a morbo simplón. Disfrutaba con La 2 noticias, el informativo tranquilo de Milá, como lo sigo haciendo con Mara Torres, una voz de madrugada que enlaza con otra nocturna, profunda y socarrona: la de Carlos Llamas. De todos ellos aprendí la verdad de una profesión admirable, necesaria y vital para la construcción de un país de derechos y libertades. Aquella profesión que narró las penas de una nación desde el exilio, la que escribió con su pluma una transición que habría sido imposible sin las cabeceras de referencia, la que dio normalidad a una democracia joven e inexperta -aún lo es- y nos hizo estremecernos con tantas batallas que juntos hemos librado como colectivo. Lloramos con Jon Sistiaga la muerte de su compañero José Couso, con ellos vivimos la barbarie de una guerra y Gabilondo nos contó tras cada señal horaria la que se libró en una ciudad encogida aquel maldito día 11.

Ése es el periodismo que yo admiro: el comprometido, el que cambia cosas, el que lucha por unos ideales (sean estos cuales sean), el que garantiza la libertad y la pluralidad, la defensa de los derechos fundamentales, el que remueve conciencias y también ese especializado que narra hazañas deportivas para quien esté interesado o nos da a conocer grandes descubrimientos de la ciencia que a todos pueden cambiar la vida. El que se juega la vida por una imagen. El que llora y ríe con el protagonista de la noticia para trasmitir hasta el último resquicio de una emoción. Un periodismo útil al servicio del ciudadano y de la verdad, con garantías y calidad. ¿Imparcial o no? Eso me da igual, yo no creo en esa mentira: serio, coherente e independiente de cualquier poder.

Sin embargo no lo encuentro. No sé dónde está, dónde se esconde en estos tiempos. Y para colmo de las desgracias, unos pseudolicenciados se enfrentan ahora a una mujer que cometió el único error de ser la hermana de otra mujer que decidió ser princesa. Princesa sin mayúsculas, sí. Esos mismos payasos que pierden su dignidad y la del trabajo que desempeñan corriendo detrás de cualquier babosa, cualquier cutre, cualquier tipejo hediondo, cubierto de caspa y mugre de la más baja condición personal, dispuestos como están a vender su más íntimo sentimiento por cumplir el sueño de verse rodeados de focos unas cuántas horas. Su cuerpo al precio de nada, su corazón carente de valor humano. ¿Y ellos? Ellos detrás, pisoteando los sueños y la historia de una de las profesiones más útiles al servicio de todos, y decidiendo quién debe y quién no entrar en ese juego del que ni el mismo Estado nos protege. Llamaos cuentistas, charlatanes, trovadores de cama y club de alterne: pero no os llaméis periodistas. No con ese estilo. Ése que ahora se traslada al otro campo, al político, al social: ¿y qué nos queda? Lo que ahora asumen y acogen Federicos, Pedrojotas y Piqueras; sin pudor, vergüenza ni sonrojo. Si éste es el futuro, yo me quedo en casa.

Carlos, estés donde estés: lo siento, perdón; esto es lo que estamos haciendo con tu legado, y el de tantos como tú.

07 May 2008

Tarjeta roja a los cavernícolas

Escrito por: jorge el 07 May 2008 - URL Permanente

CONTENIDOS DE "EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA Y LOS DERECHOS HUMANOS":

Bloque 1:

INDIVIDUOS Y RELACIONES INTERPERSONALES Y SOCIALES

1. Propone un modelo de relaciones basado en el reconocimiento de la dignidad de todas las personas, del respeto al otro aunque mantenga opiniones y creencias distintas a las propias, de la diversidad y los derechos de las personas.

2. A partir de situaciones cotidianas, se aborda la igualdad de hombres y mujeres en la familia y en el mundo laboral.

3. Un aspecto prioritario, relacionado con la autonomía personal, es siempre la asunción de las propias responsabilidades.

06 May 2008

Cuando la historia es cruel: leyes internacionales

Escrito por: jorge el 06 May 2008 - URL Permanente

Ley constante de aplicación si vives en un país del asquerosamente llamado “tercer mundo”:

1: En caso de genocidio, intento de revolución democrática, represión brutal de las libertades básicas o inexistencia del respeto a los Derechos Humanos (con mayúsculas), serás abandonado por la “Comunidad Internacional” (entre comillas, sí).

2: En caso de catástrofe natural, desgracia espacial, universal o similar, la Comunidad Internacional (muy “generosa” y ya sin comillas) llamará a la puerta de tu “Gobierno” (entrecomillado en cualquier caso) y éste decidirá abandonarte, porque de hecho nunca pensó en hacer otra cosa.

Y la tercera y más cruel: la tragedia insistirá, en la medida de lo posible, en cebarse siempre con los mismos, en todas sus formas posibles. En todas.

02 May 2008

Madrid, más que una Comunidad

Escrito por: jorge el 02 May 2008 - URL Permanente

Hoy es el día de mi tierra, el día de Madrid. ¡Ah sí!, que los madrileños existimos. En ocasiones, cuando salgo de mi ciudad -y lo hago mucho- y viajo a otras provincias me da la sensación de que todos los españoles tienen derecho a sentirse orgullosos de su tierra, menos nosotros. ¿Por qué? De entrada, porque si estamos orgullosos y queremos o sentimos el lugar en que hemos nacido, como hacen todos; no se nos representa como ciudadanos con cariño a su región, no, nosotros somos centralistas.

Como estoy cansado (dicho sin ningún respeto, porque no puedo respetar a quien me insulta) de tanta estupidez, voy a explicar un par de cosas a los que tanto odian lo que somos. La primera es que Madrid, esa tierra soberbia, chulesca, autoritaria y con ánimos y actitudes centralistas está formada por más de seis millones de habitantes. ¡Seis! Es la tercera Comunidad con mayor población del país -por detrás de Andalucía y Cataluña- y sin embargo una de las más pequeñas territorialmente.

Y la pregunta… ¿de dónde salen seis millones de personas en un espacio tan pequeño? En la década de los 50 del pasado siglo Madrid tenía una población de en torno a un millón y medio de habitantes, y en 1981 casi alcanzaba los 4.800.000 tras el ‘boom’ migratorio de otras regiones, en menos de treinta años. Tras esa primera explosión migratoria la Comunidad ha seguido aumentando, con una segunda década alcista en los 90 apoyada por el nuevo flujo migratorio, en este caso exterior. Así configuramos la Comunidad de los seis millones de personas actuales.

Traducción: en Madrid, lo que menos hay, son madrileños.

Cuando salgo por las mañanas de casa lo primero que me encuentro en el portal es a la limpiadora, a la que recibo dando saltitos para no pisotear su trabajo. Es rumana. Seguidamente saludo al portero de la urbanización que está barriendo el patio. Es un hombre mayor muy simpático, creo que de Ávila o Segovia, aunque no estoy seguro, al que en ocasiones sustituye un chico peruano. A veces me encuentro de camino con una mujer que viene a ayudarnos con las tareas domésticas, porque estamos todo el día fuera trabajando o estudiando de la mañana a la noche y ninguno podemos hacernos cargo. Es sevillana. Antes venía otra mujer, extremeña, pero se marchó por problemas de salud. También me gusta encontrarme con una vecina catalana, muy del Barça, que suele estar regañando a Miquel, su hijo pequeño (es un trasto, la verdad). Las tardes de verano se junta con dos vecinos del Real Madrid, que van con sus hijos al parque que hay bajo mi ventana, para discutir acaloradamente de ‘galácticos’ y ‘fantásticos’.

Los días que me toca coger el Metro, con un libro y el mp3 de compañía, me siento en la mismísima torre de Babel. Los que hablan castellano lo hacen con acentos de lo más variado, desde Andalucía, hasta Aragón pasando por el País Vasco y terminando en Canarias; cuando no es puertorriqueño, ecuatoriano, cubano o mexicano. Pero también se habla polaco, rumano, ruso, marroquí, francés, inglés y lenguas y dialectos que sería incapaz de reconocer. Benetton podría hacer un anuncio diario en cualquier línea del suburbano de Madrid, con su colorido y su variedad.

Cuando trabajaba, mi encargada era de Perú, y tenía compañeros de Leganés, de Alcorcón… y de Budapest. Había un técnico de Argentina, que no paraba de hablar de su Buenos Aires querido. En clase hice un buen amigo colombiano, y otro de Etiopia.

Cuando llegan los puentes, como este del dos de mayo, la gente está contentísima: “¡¡me voy a mi tierra!!”, dicen. Su tierra. Y las carreteras se colapsan después de que te hayan explicado que en su pueblo van a hacer una romería en el monte y unas rosquillas que están para rechupetearse los dedos. Algunos, más mayores, te hablan con lágrimas en los ojos de como correteaban por su aldea de Ciudad Real antes de tener que coger la maleta para buscarse un futuro. Todas las A, la uno, la dos, la tres y así hasta la seis se convierten en caravanas del recuerdo: reminiscencias de una emigración que existió y que añora todavía hacer el camino inverso, repitiéndolo en cada ocasión. Y Madrid vuelve a tener sus dos millones de habitantes.

Y por la noche llegan mis padres a casa, un cordobés y una lucense, me saludan, ponemos las noticias… y aparece un ignorante (en el estricto sentido de la palabra) diciendo “esto es responsabilidad de los centralistas de Madrid”. ¿Quién, yo? Centralista tú, nacionalista que quiere que sólo se hable de tu tierra y que el Congreso que representa a 45 millones de personas legisle solo para ti con tu minoría de imposición, bloqueo y amenaza. Centralista tú, no yo. Habría que ver si es más centralista algún diputado de mi circunscripción o uno de Badajoz.

Me siento orgulloso, orgullosísimo de haber nacido y crecido en una tierra que ha abierto las puertas a millones de personas del mundo para convertirse en su lugar de vivienda y trabajo, que ha vendido sus tradiciones para adoptar aquellas que vienen de fuera. El Madrid de sus casas regionales donde cada cual representa sus añoranzas, el Madrid donde en San Isidro se escuchan chotis, sevillanas, jotas y muiñeiras. El Madrid en que dos chicos van de la mano, el Madrid que respeta al diferente, el Madrid que ha conseguido ser lo que es sin estridencias ni sentimientos nacionalistas. El Madrid de la tienda tradicional y castiza, el de los chinos vendiendo tallarines en las esquinas de Gran Vía un viernes noche, y el de la tienda árabe. El Madrid donde de hecho no existe un sentimiento madrileño porque ser de aquí significa ser ciudadano del mundo. El Madrid que también tiene sus acentos: si tú puedes decir ‘asúcar’… ¿por qué yo no puedo decir ‘ej que’, y te ríes de mí? Me siento muy orgulloso de ser madrileño y de todo lo que ello representa. ¿Queréis la capitalidad? Lleváosla; y aguantad vosotros las manifestaciones de todo el Estado, los cortes de calles cuando viene un señor muy importante que a mí ni me va ni me viene, los controles policiales insoportables, las amenazas especiales y los insultos constantes. Aguantad vosotros a la marea de apolillados y casposos que tenemos aquí. Aguantad vosotros que os coloquen candidatos paracaidistas porque algunos entienden que Madrid no es una tierra con identidad, ciudadanos y problemas, sino un pequeño corral para el juego de los partidos, de unos y otros. Aguantad vosotros que vuestro alcalde y vuestra Presidenta pasen de su gente, a la que ya no representan, porque sólo pretenden utilizar su posición para saltar a la política nacional. Llevaos también a vuestra tierra a todos los que salieron de ella buscando un futuro, o decidle a vuestros gobiernos que hagan algo para que aún hoy en el año 2008 sigan huyendo: sí, en mi otra tierra, a la que más quiero, la gallega, los jóvenes no se quedan, siguen escapando del abandono miserable de sus instituciones.

Sí, me siento orgulloso de ser de Madrid. Qué pasa, ¿no puedo? Tú puedes decir Viva Galiza Ceibe o Visca Catalunya Lliure y ¿yo no puedo decir Viva Madrid? Pues sí, viva, sin estereotipos ni topicazos rancios. Viva con sus ventajas y sus inconvenientes. Con sus alegrías y sus desgracias. Con su pueblo solidario, humano y abierto que debería destacar por encima de la casta y la caspa que lo gobierna y quiere gobernar. Y con la mejor de sus cualidades, que es precisamente la humildad. Humildad reflejada en esa frase que da la bienvenida a mi municipio y que pronunció Iker Casillas en respuesta a un periodista: “yo no soy galáctico, soy de Móstoles”.

Y viva no como algo que imponer, sino como una parte más de un conjunto de pueblos integrados desde la diversidad. Una parte más que puede ser sensible a un pensamiento, a una nostalgia o a mi memoria personal. Nación, patria: todo eso es un sentimiento. Yo siento Madrid. ¿Puedo? La siento desde el respeto y cariño a todos los demás territorios del mundo, a los que extiendo mi mano. Ciudadano soy de Madrid, como dice mi DNI, pero ciudadano soy del mundo, porque ni tú ni yo somos mejores, ni tu bandera más bonita ni ninguna lengua peor. Las fronteras, ridículas barreras de incomprensión e intolerancia, son un objetivo a derribar, como hicieron esos seis millones de personas venidas desde el último rincón y con las que me encanta convivir. Para respetarnos debemos entendernos: ¿entiendes ahora Madrid? Si entiendes Madrid entenderás mejor el mundo en que vives: variado, plural, con necesidad de respetar al diferente y con sentimientos patrióticos y grandes orgullos internos; pero también con un objetivo mayor mucho mejor y común a todos: las personas. Los nacionalismos -todos- no las respetan, colocando como hacen los palos de los estandartes por encima de las cabezas. Es curioso que pidan respeto y gloria para sí, sin respetar las demás sensibilidades, y en definitiva a las demás personas.

Porque sí, en Madrid, además de políticos de alcurnia y lejanía, aviones, desfiles e historias adulteradas por el interés… hay personas. Y sentimientos que también pueden necesitar respeto, porque también forman parte de una diversidad plural que engrandece España y hace de este planeta un mundo apasionante por descubrir, y que descubrirán los que levanten la cabeza de sus prepotentes ombligos, los de aquí y de allí.

29 Abr 2008

Sobre entrevistas aburridas e igualdades relativas

Escrito por: jorge el 29 Abr 2008 - URL Permanente

El Presidente se paseó ayer por 59 segundos, en TVE. Digo que se paseó porque vaya equipazo de suaves que le plantó la tele pública. La cadena optó por eliminar a los radicales de ambos bandos: ni un Enric Sopena, ni una Isabel San Sebastián ni nada para darle jugo a la noche. Yo que quería chicha y morbazo nacional y me encontré con una entrevista de lo más correcta.

Y lo correcto supone previsibilidad. Por ello Zapatero sabía perfectamente qué tenía que contestar a cada pregunta: no lo llames crisis que es desaceleración, a ti que te importa si se ha pagado rescate si los marineros están bien, no volveremos a negociar con ETA (de 'El Mundo' tenía que ser), tenemos unas líneas de alta velocidad que ya quisieran los vecinos, mis Ministras molan mazo, la familia bien, gracias... y la batalla del PP.

Sobre esto último me gustaría hacer una consideración fundamental: ¿es necesario tener al Presidente del Gobierno hablando el 50% del tiempo de una entrevista sobre los problemas en otro partido?, ¿acaso no tiene asuntos de... ¡Gobierno! de los que ocuparse? Claro que, ya puestos, le dieron opción a la burla (indirecta y con clase, por supuesto): "yo espero que siga todo como esta primavera, igual de tranquilo, sin crispación". Yo también Presidente, pero cuando sea porque el Partido Popular haya alcanzado la responsabilidad y el sentido de Estado, no simplemente porque la trayectoria de los cuchillos se haya visto acortada y ahora no salga de Génova.

Otra entrevista aburrida fue la que Iñaki Gabilondo le hizo minutos antes a la responsable de Igualdad del gabinete de Zapatero, Bibiana Aído. Si me hubiese tocado a mí hubiese increpado al presentador por obligarme a cambiar el horario de mi cena, coger el cochecito oficial hasta Tres Cantos, remaquillarme y aguantar el calor de los focos... ¡total pa' ná! Le preguntó lo que todos sabíamos y podíamos esperar, incluyendo la gran problemática nacional: ¿soltera? Igual Iñaki anda necesitado, y siendo Aído mujer de buen ver y de tan bella sonrisa, es su derecho intentarlo.

Bromas a un lado, y por suerte, la Ministra deleitó a su audiencia con una reflexión que siendo habitual no carece de importancia: "estoy en política desde tan jóven porque siempre he pensado que si no eres parte de la solución, eres parte del problema". También eso diferencia a un buen socialista. Esperamos pues sus soluciones: rápidas y eficaces. Y ya que tocamos el tema de la igualdad y para él hemos creado nada menos que un Ministerio, sería positivo que el Gobierno retirase su anuncio de promoción de la Televisión Digital Terrestre en los días previos al de la madre, y que sigue la misma línea de todos los que ya han emitido: mujer ama de casa de mediana edad ha de ser aconsejada por sus hijos sobre qué es la TDT porque ella por sí sola no se entera de nada. Según los publicistas aceptados por el Gobierno, este hecho repetido y reflejado en cada 'spot'... ¿se produce por madre, por mujer, o por ama de casa?

No he podido encontrar el actual, pero este anuncio de hace más tiempo muestra esa misma idea, constante en la campaña del Ministerio de Industria:

Me parece a mí que si el Gobierno quiere predicar, ha de hacerlo con el ejemplo. Basta ya de esterotipos e insultos que no ayudan al avance de esta sociedad, y a que ella crea y confíe en una mitad fundamental: la femenina. Si alguien quiere regalar algo a su madre el próximo domingo, le recomiendo un abrazo, unas flores y respeto todo el año; pero nunca un receptor de TDT, ni una batidora, ni una 'minipimer'...

(Hoy también publico el artículo de ayer, que fue un "día sin tiempo").

25 Abr 2008

¿Valientes? Valientes...

Escrito por: jorge el 25 Abr 2008 - URL Permanente

Dicen los que saben de esto, o dicen saber, que la dignidad, la coherencia y el sentido común son fundamentales para ocupar un cargo público. Me pregunto donde se han dejado todo eso los concejales de PP, EB y EA de Arrasate-Mondragón.

Especialmente los primeros, especialmente los que llevan cuatro años acusándonos de asesinos, de terroristas, de vender la patria por haber creído en una forma de resolver un conflicto que lleva décadas masacrando al pueblo vasco, al español y especialmente a nuestros concejales y representantes públicos. Nos han humillado por haber creído y apostado por una nación en libertad; para ahora votar con los que la oprimen y desangran en una actitud espuria.

¿Izquierda Unida? Lo de Unida lo deberían eliminar por dantesco. Hace tiempo que abandonaron la oportunidad de ser creíbles y solo están conducidos a la inevitable desaparición de lo obsoleto, de lo lejano a la realidad de la calle. Me arrepiento profundamente y pido disculpas por haber defendido su aparición en los medios, sus llamamientos al reflejo de la pluralidad y sus peticiones de reforma de una Ley Electoral a todas luces injusta -que injusta seguirá siendo y como injusta seguiré criticando-. Pero defender a IU, defender la "tercera fuerza"... ¿Para qué? Son los que defienden memoria histórica aquí y dictaduras allá, para acabar ahora rindiéndose a una del terror y las pistolas. ¿Valientes? Valientes hijos de puta.

Hace dos días y en relación al secuestro de un pesquero en Somalia, el Partido Popular decía que no toleraría, porque sería indigno en un país democrático "que el Gobierno negocie con piratas". Parece de chiste, tanto que si el asunto no fuese tan serio haría un monólogo con esa frase. ¡Qué bien se aprendieron el discurso! Ya me imaginé yo al Capitán Garfio y a Jack Sparrow negociando con Zapatero mano a mano, pero seguro que hasta estos personajes de ficción habrían tenido más sensibilidad con los sentimientos de todo un pueblo, de todo un país, y con sus verdaderos intereses de Estado.

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Sobre este blog

Cuaderno de un veinteañero
Jorge Barraza

Conduzco mis pasiones perdido entre la oscuridad de la política y la inmensidad de un periodismo difuso, luchando contra el tiempo y el ser.

Cuando llegue el día de emprender la marcha, tendré que decidirme por un camino que complete los sueños de un claro destino: aquel lugar que llene mi cuerpo por dentro para resultar constructivo por fuera. Pero antes, he de resolver el gran enigma: ¿cuándo hacerse mayor?, ¿qué es ser mayor?, ¿y cómo se hace?

Jorge Barraza Fernández:
jorgebfernandez@gmail.com

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