Cuaderno de un veinteañero
McCain Presidente
Este post viene de este otro antecedente .
Como contaba en esa entrada que enlazo ahí arriba, ser joven y desempleado permite hacer ciertas tonterías. La mía de hoy es escribir el resultado de las elecciones y el artículo posterior seis horas antes de que cierren los primeros colegios y comience el escrutinio. ¿Para qué sirve? Para nada, pero permitan que destine mi blog personal a lo que a mí me de la gana; en su libertad está de leerlo o no.
Siempre he pensado que quienes se empeñan en hacer estudios complicadísimos y estadísticas aparentemente argumentadas tienen la misma credibilidad que quien hace un pronóstico como yo ahora: porque sí. Tienen sentido, es verdad, pero ya saben lo que decían los expertos en los momentos previos a ciertas quiebras estridentes que se produjeron en los albores de esta crisis económica.
Por eso, en esta elección concreta y en estas líneas que escribo sólo va a pesar el lado emocional, que es en realidad el que tiene más sentido en este momento. Es imposible adentrarse en las entrañas de ese campesino de la Virginia rural y saber si estará o no condicionado porque uno de los candidatos sea de raza negra, o si el joven negro de los suburbios de Chicago sentirá la necesidad de ir a votar por el primero "de los suyos" que puede llegar al más alto puesto de ese país admirable y detestable a la vez -tampoco voy a explicar ahora por qué-. No sabemos si los indecisos ocultan su voto porque no lo saben, porque quieren ocultar su racismo, o tal vez su no racismo ante los que sí pueden ser naturalmente racistas. También es posible pensar que, de haber sido otro el candidato demócrata a la casa blanca, el prototipo: blanco, con alguna arruga y experiencia y además el mínimo de buena imagen y carisma necesarios -léase Joe Biden- el triunfo arrollador estaría asegurado, con la que está cayendo. Sí, la raza posiblemente influya, aunque esperamos que sea en positivo y no a la inversa.
En fin, que sabemos mucho y no sabemos nada. Sólo lo que nos gustaría en realidad que pasara, igual que hace meses yo apostaba -y volvería a apostar hoy- por la candidatura de Hillary Clinton o hace ocho años lo hacía por Al Gore. Por tanto, supongamos que éste es el momento. Y ésto cuento, no fruto de un deseo, sino de una extraña premonición...
Tras varios meses de infatigable carrera hacia la Presidencia de los Estados Unidos, que muchos hemos seguido con especial ímpetu y atención, es el momento de recoger. Se apagaron los focos. Había una fiesta modesta prevista, oscura, en un rincón cualquiera del desierto. En su joya, dicen. Y una había marea, no nacional, ¡mundial! por el cambio que representaba la otra fiesta, la del color y el cambio de muebles. Finalmente triunfó la primera.
John McCain será el próximo Presidente de los Estados Unidos. Y no, no me engaño, yo sé que los modelos políticos de aquí no son extrapolables al otro lado del Atlántico. Muchos seguidores de la izquierda europea, por ignorancia o por esperanza, han creído siempre que los demócratas norteamericanos son sus homólogos en la nación que repudia el socialismo. Nada más lejos de la realidad, e insultarnos sería pensar lo contrario. Obama, buen o mal Presidente para los Estados Unidos y los intereses mundiales, hubiese sido cualquier cosa menos un revolucionario. La revolución era otra: la del cambio de mentalidad, la de la demostración de que los símbolos del pasado se hicieron trizas para siempre. Y porque, claro, era lo menos malo. Pero habrá que esperar, no será esta vez como no fue en otras muchas. No sólo vale la ilusión, también se necesita la reacción.
Una de las grandes preguntas es, también, si aquí comienza el declive del gran imperio del Siglo XX. Cambiamos ya el ciclo, y posiblemente sea éste el de los grandes finales históricos, con delirios de todo y fantasías de más allá. Me marcho a la cama, triste por el final pero contento por el principio. Aunque no se haya alcanzado lo que muchos esperábamos, sí hemos mandado el mensaje de que una mujer y un negro pueden disputarse el camino a la Casa Blanca; y precisamente una de ellas será la número dos de la -todavía- primera potencia mundial. No será la idónea, seguro, pero no deja de también de ser un símbolo trascendental para el futuro.
Good night and good luck.
Estaré encantado, por cierto, en rectificar si es necesario.
Obama y McCain han ganado las elecciones
Dicen, y de hecho sabemos, que hay muchos periodistas -y vaya por delante que yo no lo soy, al menos todavía- que ante eventos de gran trascendencia como el de esta noche preparan previamente dos crónicas, análisis o artículos, uno por la victoria de cada posible candidato; igual que muchos candidatos piensan en los discursos de la victoria y la derrota.
Como aquí no quiero engañar a nadie, me he aventurado a hacer exactamente lo mismo. Eso sí, yo voy a ser más atrevido. En lugar de dos posibles artículos voy a escribir uno sólo, dando por descontada la victoria de uno de los contendientes. Cuando lo haya hecho, lo programaré en el blog para que se publique automáticamente a las 4 de la mañana -hora española-, cuando se prevé que se conozca -de no ocurrir extraños movimientos similares a los del año 2000- el nombre del elegido. Puedo prometer y prometo que, ocurra lo que ocurra, no voy a cambiar ni una coma. He hecho mis cálculos y mañana -o a esa hora si estáis despiertos- podréis verlo. Si hago el ridículo y fallo estaré simplemente asumiendo que el ser humano se equivoca, que no sé para qué sirven las diputaciones provinciales -¿de quién es esa cita?-, y que muchas veces los que van de analistas o profetas tienen tanto valor a la hora de emitir su opinión como un niño de once años. En realidad, creo que en este caso todos estamos igual de perdidos.
Eso sí, también escribiré una vez sean oficiales los resultados intentando comprenderlos. Hecho difícil a la par que estúpido, seguro.
Dicho ésto, y para los que si vayáis a estar despiertos, varios blogueros políticos y periodísticos de prestigio están preparando para esta noche un Cover it Live en el que puede participar todo el que quiera. Se trata de un seguimiento en directo a nivel global para que internautas de todo el mundo puedan comparar sus visiones, opiniones y perspectivas; compartiendo una de las noches más apasionantes de la política: esas extrañas elecciones en las que no votamos, pero también se decide sobre nosotros.
¡Good night and good luck!
Más cosas: Obama, ¿negro o presidente?
Recta y reflexión final: Obama, ¿negro o Presidente?
Ha llegado el gran día. En unas horas -muchas para mi gusto- conoceremos el nombre del próximo presidente de la -todavía- primera potencia. Y justo por ello quería hacer la última reflexión.
Creo que estamos -estamos, primera persona del plural- cometiendo un error muy grave. Desde que comenzó la campaña por la nominación demócrata en la que Hillary Clinton y Barack Obama se disputaron el puesto por la carrera a la Casa Blanca, mucho hemos hablado sobre la trascendencia que tendría el hecho de que cualquiera de los dos alcanzase en este día al que ya hemos llegado la confianza de los electores tomando posesión en enero de la presidencia de los Estados Unidos. Una, por mujer; otro, por negro. Y es verdad, llevamos razón. Cualquiera de los dos hechos sería histórico, casi una revolución social en un país y en una sociedad como la norteamericana. Incluso ahora que el candidato es Obama y que sabemos quién está al otro lado, la victoria republicana también tendría esa connotación histórica al alcanzar una mujer por primera vez la vicepresidencia, y por tanto la posibilidad de ser Presidenta -y no olvidemos que McCain no es precisamente joven-.
Sin embargo, creo que estamos llegando a un punto perverso, en que podemos hacer un flaco favor a esa mencionada revolución social que pretendemos. Porque, al final, llevamos días hablando de que Obama es negro y McCain blanco y muy poco de sus ideas. Y podría suceder, con esa misma perversión que estamos usando nosotros, que si Obama gana vaya a ser analizado no como Presidente, sino como Presidente negro que se convierta, de hacerlo mal, en un lastre para futuros candidatos negros, o incluso para toda la minoría social a la que pertenece en Estados Unidos. De lo que se trata, creo, es de que en política importen las ideas, los discursos, los programas, lo que se dice... que llegue un día en que no haya que comentar si el candidato es negro o blanco, hombre o mujer, heterosexual u homosexual, alto o bajo, guapo o feo, calvo o con pelo. Y que ese mismo estado de profesionalidad e igualdad de condiciones se traslade a todas las capas de la sociedad.
En este caso, Obama gana -y esta es, obviamente, una opinión discutible- también en discurso, en ideas y en capacidad. Pero si la atención no la ponemos en eso y sí en su condición étnica, a la larga podemos hacer un flaco favor a lo que nosotros pretendemos, y no sólo no habremos conquistado nada, sino que habremos tirado todo este esfuerzo a la basura.
Pobreza
Pobreza es dar la espalda. Pobreza es sentir que aquellos que vemos no son nuestros problemas. Pobreza es pasar por encima, saltar la indigente imagen aunque la pisemos con nuestros pies. Pobreza es esquivar, es no sentir. Pobreza es no soñar. Pobreza es no pensar que, como dijo un Presidente en su investidura, "todas las utopías merecen ser soñadas". Pobreza es pensar que hay un primer y un segundo mundo. Pobreza es pensar que hay una primera y una segunda clase. Pobreza es creer que el Estado es un ente igualitario que puede y debe aportar lo mismo al poderoso que al ciudadano sumido en la miseria. Pobreza es no considerar ciudadano al mísero. Pobreza es secar las lágrimas para no verlas. Pobreza es no convertir el esfuerzo de las lágrimas en ríos que sacien la sed. Pobreza es el humor negro. Pobreza es creer que no te va a tocar. Pobreza es creer en las razones de nacimiento. Pobreza es sentir la bomba destructora con honda emoción. Pobreza es olvidarse del Tíbet cuando pasaron las olimpiadas. Pobreza es el olvido de miles de territorios. No. ¡De personas! Pobreza es el autoritarismo salvaje. Pobreza es sentirse imprescindible. Pobreza es la depredación del planeta. Pobreza es pensar que sobra. A ti, tal vez. ¡Falta, siempre falta! Pobreza es la sordera inducida, la ceguera deseada. Pobreza es el odio y la exclusión. Pobreza es xenofobia. Pobreza es No persona. Pobreza son muchas cosas más. Pobreza es aquello que nos rodea. Pobreza es un problema. Pobreza debe ser arreglado. Pobreza es pensar que no puede hacerse nada.
Pobreza es no hacer nada. Pobreza es no participar en un diálogo, en una reflexión colectiva. Hoy, no seas pobre. Participa en el Día de Acción Blog: con tu reflexión, con tu aportación, con tus palabras y, por qué no, con tu compromiso. En todas partes, en cada rincón, en cada hilo de esta Red. Y mañana, tejamos entre todos la gran madeja de la Humanidad.
Madrid, más que una Comunidad
Hoy es el día de mi tierra, el día de Madrid. ¡Ah sí!, que los madrileños existimos. En ocasiones, cuando salgo de mi ciudad -y lo hago mucho- y viajo a otras provincias me da la sensación de que todos los españoles tienen derecho a sentirse orgullosos de su tierra, menos nosotros. ¿Por qué? De entrada, porque si estamos orgullosos y queremos o sentimos el lugar en que hemos nacido, como hacen todos; no se nos representa como ciudadanos con cariño a su región, no, nosotros somos centralistas.
Como estoy cansado (dicho sin ningún respeto, porque no puedo respetar a quien me insulta) de tanta estupidez, voy a explicar un par de cosas a los que tanto odian lo que somos. La primera es que Madrid, esa tierra soberbia, chulesca, autoritaria y con ánimos y actitudes centralistas está formada por más de seis millones de habitantes. ¡Seis! Es la tercera Comunidad con mayor población del país -por detrás de Andalucía y Cataluña- y sin embargo una de las más pequeñas territorialmente.
Y la pregunta… ¿de dónde salen seis millones de personas en un espacio tan pequeño? En la década de los 50 del pasado siglo Madrid tenía una población de en torno a un millón y medio de habitantes, y en 1981 casi alcanzaba los 4.800.000 tras el ‘boom’ migratorio de otras regiones, en menos de treinta años. Tras esa primera explosión migratoria la Comunidad ha seguido aumentando, con una segunda década alcista en los 90 apoyada por el nuevo flujo migratorio, en este caso exterior. Así configuramos la Comunidad de los seis millones de personas actuales.
Traducción: en Madrid, lo que menos hay, son madrileños.
Cuando salgo por las mañanas de casa lo primero que me encuentro en el portal es a la limpiadora, a la que recibo dando saltitos para no pisotear su trabajo. Es rumana. Seguidamente saludo al portero de la urbanización que está barriendo el patio. Es un hombre mayor muy simpático, creo que de Ávila o Segovia, aunque no estoy seguro, al que en ocasiones sustituye un chico peruano. A veces me encuentro de camino con una mujer que viene a ayudarnos con las tareas domésticas, porque estamos todo el día fuera trabajando o estudiando de la mañana a la noche y ninguno podemos hacernos cargo. Es sevillana. Antes venía otra mujer, extremeña, pero se marchó por problemas de salud. También me gusta encontrarme con una vecina catalana, muy del Barça, que suele estar regañando a Miquel, su hijo pequeño (es un trasto, la verdad). Las tardes de verano se junta con dos vecinos del Real Madrid, que van con sus hijos al parque que hay bajo mi ventana, para discutir acaloradamente de ‘galácticos’ y ‘fantásticos’.
Los días que me toca coger el Metro, con un libro y el mp3 de compañía, me siento en la mismísima torre de Babel. Los que hablan castellano lo hacen con acentos de lo más variado, desde Andalucía, hasta Aragón pasando por el País Vasco y terminando en Canarias; cuando no es puertorriqueño, ecuatoriano, cubano o mexicano. Pero también se habla polaco, rumano, ruso, marroquí, francés, inglés y lenguas y dialectos que sería incapaz de reconocer. Benetton podría hacer un anuncio diario en cualquier línea del suburbano de Madrid, con su colorido y su variedad.
Cuando trabajaba, mi encargada era de Perú, y tenía compañeros de Leganés, de Alcorcón… y de Budapest. Había un técnico de Argentina, que no paraba de hablar de su Buenos Aires querido. En clase hice un buen amigo colombiano, y otro de Etiopia.
Cuando llegan los puentes, como este del dos de mayo, la gente está contentísima: “¡¡me voy a mi tierra!!”, dicen. Su tierra. Y las carreteras se colapsan después de que te hayan explicado que en su pueblo van a hacer una romería en el monte y unas rosquillas que están para rechupetearse los dedos. Algunos, más mayores, te hablan con lágrimas en los ojos de como correteaban por su aldea de Ciudad Real antes de tener que coger la maleta para buscarse un futuro. Todas las A, la uno, la dos, la tres y así hasta la seis se convierten en caravanas del recuerdo: reminiscencias de una emigración que existió y que añora todavía hacer el camino inverso, repitiéndolo en cada ocasión. Y Madrid vuelve a tener sus dos millones de habitantes.
Y por la noche llegan mis padres a casa, un cordobés y una lucense, me saludan, ponemos las noticias… y aparece un ignorante (en el estricto sentido de la palabra) diciendo “esto es responsabilidad de los centralistas de Madrid”. ¿Quién, yo? Centralista tú, nacionalista que quiere que sólo se hable de tu tierra y que el Congreso que representa a 45 millones de personas legisle solo para ti con tu minoría de imposición, bloqueo y amenaza. Centralista tú, no yo. Habría que ver si es más centralista algún diputado de mi circunscripción o uno de Badajoz.
Me siento orgulloso, orgullosísimo de haber nacido y crecido en una tierra que ha abierto las puertas a millones de personas del mundo para convertirse en su lugar de vivienda y trabajo, que ha vendido sus tradiciones para adoptar aquellas que vienen de fuera. El Madrid de sus casas regionales donde cada cual representa sus añoranzas, el Madrid donde en San Isidro se escuchan chotis, sevillanas, jotas y muiñeiras. El Madrid en que dos chicos van de la mano, el Madrid que respeta al diferente, el Madrid que ha conseguido ser lo que es sin estridencias ni sentimientos nacionalistas. El Madrid de la tienda tradicional y castiza, el de los chinos vendiendo tallarines en las esquinas de Gran Vía un viernes noche, y el de la tienda árabe. El Madrid donde de hecho no existe un sentimiento madrileño porque ser de aquí significa ser ciudadano del mundo. El Madrid que también tiene sus acentos: si tú puedes decir ‘asúcar’… ¿por qué yo no puedo decir ‘ej que’, y te ríes de mí? Me siento muy orgulloso de ser madrileño y de todo lo que ello representa. ¿Queréis la capitalidad? Lleváosla; y aguantad vosotros las manifestaciones de todo el Estado, los cortes de calles cuando viene un señor muy importante que a mí ni me va ni me viene, los controles policiales insoportables, las amenazas especiales y los insultos constantes. Aguantad vosotros a la marea de apolillados y casposos que tenemos aquí. Aguantad vosotros que os coloquen candidatos paracaidistas porque algunos entienden que Madrid no es una tierra con identidad, ciudadanos y problemas, sino un pequeño corral para el juego de los partidos, de unos y otros. Aguantad vosotros que vuestro alcalde y vuestra Presidenta pasen de su gente, a la que ya no representan, porque sólo pretenden utilizar su posición para saltar a la política nacional. Llevaos también a vuestra tierra a todos los que salieron de ella buscando un futuro, o decidle a vuestros gobiernos que hagan algo para que aún hoy en el año 2008 sigan huyendo: sí, en mi otra tierra, a la que más quiero, la gallega, los jóvenes no se quedan, siguen escapando del abandono miserable de sus instituciones.
Sí, me siento orgulloso de ser de Madrid. Qué pasa, ¿no puedo? Tú puedes decir Viva Galiza Ceibe o Visca Catalunya Lliure y ¿yo no puedo decir Viva Madrid? Pues sí, viva, sin estereotipos ni topicazos rancios. Viva con sus ventajas y sus inconvenientes. Con sus alegrías y sus desgracias. Con su pueblo solidario, humano y abierto que debería destacar por encima de la casta y la caspa que lo gobierna y quiere gobernar. Y con la mejor de sus cualidades, que es precisamente la humildad. Humildad reflejada en esa frase que da la bienvenida a mi municipio y que pronunció Iker Casillas en respuesta a un periodista: “yo no soy galáctico, soy de Móstoles”.
Y viva no como algo que imponer, sino como una parte más de un conjunto de pueblos integrados desde la diversidad. Una parte más que puede ser sensible a un pensamiento, a una nostalgia o a mi memoria personal. Nación, patria: todo eso es un sentimiento. Yo siento Madrid. ¿Puedo? La siento desde el respeto y cariño a todos los demás territorios del mundo, a los que extiendo mi mano. Ciudadano soy de Madrid, como dice mi DNI, pero ciudadano soy del mundo, porque ni tú ni yo somos mejores, ni tu bandera más bonita ni ninguna lengua peor. Las fronteras, ridículas barreras de incomprensión e intolerancia, son un objetivo a derribar, como hicieron esos seis millones de personas venidas desde el último rincón y con las que me encanta convivir. Para respetarnos debemos entendernos: ¿entiendes ahora Madrid? Si entiendes Madrid entenderás mejor el mundo en que vives: variado, plural, con necesidad de respetar al diferente y con sentimientos patrióticos y grandes orgullos internos; pero también con un objetivo mayor mucho mejor y común a todos: las personas. Los nacionalismos -todos- no las respetan, colocando como hacen los palos de los estandartes por encima de las cabezas. Es curioso que pidan respeto y gloria para sí, sin respetar las demás sensibilidades, y en definitiva a las demás personas.
Porque sí, en Madrid, además de políticos de alcurnia y lejanía, aviones, desfiles e historias adulteradas por el interés… hay personas. Y sentimientos que también pueden necesitar respeto, porque también forman parte de una diversidad plural que engrandece España y hace de este planeta un mundo apasionante por descubrir, y que descubrirán los que levanten la cabeza de sus prepotentes ombligos, los de aquí y de allí.
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Periodista de vocación, estudiante de profesión y bloguero por afición. Mostoleño de nacimiento, madrileño de corazón y europeo por convicción.
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