Cuaderno de un veinteañero
Comparaciones odiosas para finales naturales
Ya se sabe lo que se dice de las comparaciones: que son odiosas. La que voy a realizar hoy seguramente lo sea a ojos de muchos. Voy a comparar a Izquierda Unida con el Partido Popular -o viceversa-. Sí, y no me voy a poner 'colorao' ni nada.
Hablando de conceptos arraigados en la tradición popular, me viene a la mente aquel de la indisoluble unidad de la derecha y la división natural de la izquierda. De entrada hay que señalar que ser de izquierdas comporta un aspecto crítico incompatible con el voto más "instintivo" de la derecha. Pero el apartado que quiero referir en este artículo es el orgánico.
En este país la izquierda tiene dos referencias visibles: el PSOE (esto siempre bajo discusión) e Izquierda Unida. En la derecha hay una: el Partido Popular.
Hablando de la izquierda hay dos circunstancias que destacar. La primera es que las personas simples (no lo digo en sentido peyorativo) suelen meter en el mismo saco a un socialdemócrata, un socialista, un comunista y hasta un nacionalista si el susodicho es de ERC -en ocasiones también si hablamos de CiU o PNV, pero a los que llegan tan lejos cabe aplicarles el sentido insultante de la simpleza, aunque sólo sea por el burdo atrevimiento-. Sin embargo, el que haya leído en su vida más de dos párrafos de algo sensato sabe que no es así -nada más lejos- y puede diferenciar fácilmente conceptos que llegan a ser opuestos. Algún votante del PSOE llega en ocasiones a entenderse mejor con unos del PP que con otros de IU, pero la naturaleza de las cosas obliga a los representantes políticos socialistas a buscar los acuerdos de gobierno y gestión con lo que esté más a su izquierda que a su derecha. Por explicarlo gráficamente voy a usar el tema nacional más recurrente: el Real Madrid es enemigo del Atlético y del Barça, pero desde luego lo es mucho más de este último. Pues eso.
La otra circunstancia especial se da en Izquierda Unida, que no es un partido sino una coalición de ellos; un verdadero "batiburrillo" de ideas, sensibilidades e intereses -sobre todo eso- diferentes. IU aglutina de forma antinatural a especímenes de lo más diverso, que en ocasiones tienen tanto en común como una jirafa y un escarabajo pelotero, y que al formar gobiernos -por ejemplo municipales- con el PSOE aumentan el parecido y las similitudes de todos sus miembros a las que pudiera haber entre mi almohada y el planeta Júpiter -no digo que no los haya, pero es dificil verlos-. Sin embargo, sabemos que las instituciones deben ser gobernadas y que para ello es necesario acercar posiciones. Un trasvase de votos del PSOE a IU o la inversa suele ser dificil salvo circunstancias especiales, y sin embargo a ninguna de las partes votantes les extraña un pacto posterior entre ambas fuerzas.
El problema se produce cuando los que quieren gobernar instituciones acordando con diferentes no se pueden gobernar a sí mismos por la exagerada heterogeneidad de su composición. Es el caso de IU... y es el del Partido Popular, al que obviamente quería llegar.
No conozco ningún país europeo -no digo que no exista- en que se de la circunstancia de tener un solo partido de derechas en el Parlamento. En principio, la ausencia de la extrema derecha estaría justificada por la cercanía de nuestra historia más oscura, pero no es verdad: la extrema derecha está, así como la moderada y la que lo es a medias. El PP bien podría llamarse "Derecha Unida", es el IU del lado opuesto; una combinación fatal de posturas radicalmente alejadas que de momento ha salido adelante con un juego estratégico más o menos eficaz pero que tenía que acabar estallando. Ése es el estallido que estamos viviendo, y la estrategia de concentración ha caducado. Ya ni los que aman la simpleza ni aquellos a los que les gusta profundizar podrán seguir tragando con que también en la derecha es todo la misma cosa, aglomerada bajo el estandarte de la gaviota. Está claro que no es verdad.
Lo que ahora no tendría ningún sentido tras dos derrotas electorales consecutivas, la actuación de oposición de la pasada legislatura, el espectáculo dantesco que se está dando y el suceso inédito de que para hoy haya convocadas dos manifestaciones enfrentadas entre militantes de un -supuesto- mismo partido es que el PP aparcase el siguiente paso: la escisión de una de las partes. O bien se va la ultraderecha o bien lo hacen los "moderados", pero una de las mitades tiene que formar su propio partido. Es el estado natural de las cosas. En estos momentos el PP está construído sobre el engaño de una cohesión irreal, y si no existe valentía para salir del calor del gigante las urnas y el propio desgaste de la lucha interna hundirán a la formación. Estoy convencido de que Gallardón y Aguirre podrían pactar perfectamente un ejecutivo sabiéndose líderes de su parte y mensajeros de un electorado claro. Pero si se empeñan en que el triunfo de una parte sobre la otra debe producirse dentro de las mismas siglas que ahora los reúne -que no une- es seguro que también la parte victoriosa perderá a los votantes de la derrotada, abocando al PP a una crisis de las de verdad.
Federico y Pedro J. -que aunque no lo creamos son influyentes con los suyos- han hecho que ese camino sea ya imparable. El problema es: ¿quién se va? De momento parece que el ala dura se está agrupando fuera. Ningún divorcio entre esposos es fácil, y en este caso la niña es todavía muy pequeña como para preguntarle a quién quiere más.
Sobre este blog
Cuaderno de un veinteañero
Jorge Barraza
21 años. Estudiante. Vocación de periodista. Apasionado de la política. Enamorado de la radio. De izquierdas. Socialdemócrata. Ecologista a mi manera. Republicano. Lector de lo escrito, hasta de los botes del champú. Amante de la música, de casi toda. Soy feliz montado en una bici. Dejo de serlo con la injusticia, social o personal. Coherente con mis ideas y crítico siempre, conmigo o con otros. Directo y sin hipocresías. Sin complejos, tampoco para rectificar si es necesario. Encantado de aprender. Mostoleño, madrileño, galego, andaluz. Español. Ciudadano del mundo; junto a las personas siempre, junto a las banderas nunca.
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