Cuaderno de un veinteañero
Periodismo y política: dos caminos bloqueados con los que alcanzar metas comunes. ¿Abrimos?
El PSOE, su izquierda y los críticos
Últimamente al PSOE le están saliendo muchos detractores entre los que algún día fueron o pretendieron ser importantes dirigentes del partido. No me refiero sólo a los más famosos, como Rosa Díez o el neoalgo al que invitan a seguir sus pasos, Joaquín Leguina -sí, ése que tiene un agujero negro en su blog personal que hace que se pierdan cosas de forma milagrosa-; me refiero también a los detractores ideológicos, como Jordi Sevilla.
Ya, ya lo sé. Usted se está preguntando por qué excluyo a Rosa Díez o a Leguina de los detractores ideológicos. Pero si quieren la respuesta, está, como siempre, ahí fuera. En la historia, en sus propias palabras, en sus actos y en su labrada imagen de. De, sin concluir. Hay cosas que no es necesario explicar, mucho menos cuando se acerca el Congreso del partido y algunos toman posiciones. Sus posiciones. Menos los que optaron por irse y dejarse notar a su manera, desde fuera. Pero hablaremos de ellos después.
Antes, hay otras cuestiones sobre las que sí es bueno reflexionar. Y a ellas voy. Desde que leí este artículo del 9 de junio escrito por el ex Ministro del Gobierno de Zapatero, estoy pensando en qué estaría pensando él al escribirlo. Básicamente, viene a decir que no hay diferencias entre izquierda y derecha; asume pues Sevilla que "todos los políticos son iguales", esa vieja consigna abstencionista de la derecha de toda la vida. Y me pregunto, ¿si ya ni los líderes socialistas creen en esa diferencia, podemos hacerlo nosotros? Me lo están poniendo difícil, muy difícil. Pero no lo van a conseguir: yo sigo creyendo, aunque añadiendo a mis creencias casi religiosas la convicción de la enorme ineptitud que se extiende, más rápido que la pólvora, entre los líderes del socialismo español. Y permítanme decir, que muchos de ellos se equivocaron de siglas. Al PSOE le vendría muy bien que éstos siguieran el primero de mis ejemplos, salieran del armario, y se fueran a donde en realidad camparían con absoluta comodidad.
Siempre han existido dos posturas con respecto a las estrategias de partido. Están, por un lado, los que piensan que las discrepancias se deben quedar en casa porque el debate público no es interesante a la hora de enfrentarse a los futuros retos electorales. Por otro, los que creemos que si una formación política está viva, y quiere parecerse e identificarse con una sociedad, debe actuar y ser como ella; mucho más si se trata de una formación de izquierdas. Puedo entender que en la derecha exista el alineamiento sin más, el Sí al más puro estilo orwelliano. No lo entiendo sin embargo en la izquierda, no es ésa su razón de ser y existir. El debate la hace fuerte, la hace interesante, la hace diferente y, en efecto, la hace ser. Si en la izquierda se asumen las cosas tal y como las entienden sus oponentes, se alcanzan las ambigüedades que en estos momentos se están produciendo en política social o de inmigración. Ambigüedades que se convierten en complejo que obliga a seguir a la derecha, pensando que ella tiene más alcance entre la sociedad en según qué cuestiones, un concepto seguro incorrecto -y en caso afirmativo, ¿no éramos nosotros los de las luchas justas aunque costasen la derrota?-. Deberían volver pues esos tiempos en los que la izquierda lideraba con claridad la respuesta y la reflexión social ante los temas que importan, y abandonar los actuales en los que los juegos de palabras, las frases y los modos estéticos parecen contar más.
Admiro los debates ideológicos, los partidos políticos y organizaciones en los que todo se pone en cuestión con el afán de mejorar, de reflexionar para convencer. Nunca tomaría parte de un proyecto cerrado, opaco, sectario, hermético o inamovible, en el que sólo exista una voz única y no tantas como forman parte de él. Lo que no admiro tanto son los debates de cuota. De cuota por el poder. Y parece que de esos hay muchos en todas las formaciones, escondidos en aparentes discrepancias de pensamiento que no son tal. Nadie se salva: ni el PP, con sus espectáculos congresuales; ni el PSOE, que veamos cómo sale en algunas federaciones; ni digamos Izquierda ¿Unida?, con su Partido Comunista anclado en las trincheras y aspirando a ser aceite, siempre por encima del resto de la ¿coalición?
Desde esa admiración por el debate y la pluralidad ideológica bien definida sería difícil entender a qué se debe mi profunda y sincera... voy a llamarla animadversión, por el mencionado Joaquín Leguina. Y se debe únicamente a que no me puedo creer esa diferencia teórica que lo separa del PSOE que en otros tiempos le daba de comer. Tal vez ese plato en la mesa sea el verdadero problema.
¿Hay tantas diferencias entre el grupo que lideraba Felipe González y el de Zapatero? Las verdaderas estriban, a mi parecer, en el cambio de época. No hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que hay sustanciales evoluciones que han provocado que la España del 82 no se parezca demasiado a la de 2008 -que ya lo explicó muy bien, en su día y a su manera, Alfonso Guerra-. Son muchos los críticos que desde otras ideologías hacen mención a más de trescientos sucesos acaecidos desde los días Pablo Iglesias hasta ayer por la tarde para erosionar a los socialistas españoles, sin entender que poco tienen que ver aquellas luchas con las nuestras, porque poco tiene que ver aquel país con el nuestro. Tampoco el partido, tampoco los líderes. Lo que me parece aberrante es que existan "intelectuales" del propio socialismo que no entiendan esa evolución, que no comprendan que el PSOE tiene que caminar al mismo ritmo que lo haga el conjunto de los españoles; que para partidos rancios ya están otros. Y si no entenderlo ahora significa un brusco cambio en la trayectoria de quien emite mensajes así, sólo puedo entrever una cuestión de intereses. El PSOE -se supone que también los demás partidos- se hace y rehace, y lo deben formar un grupo de militantes con unas ideas comunes para arreglar los problemas de hoy. Atendiendo a su historia, siempre; pero mirando de forma inquebrantable hacia el futuro. Progresar, progreso; esas son las supestas palabras cumbre. Cambio, dice el lema del trigésimo séptimo Congreso. Avanzar, es lo que ello implica.
Pero surge, como digo, el rastrero interés. Y no hay más que ver que algunos sus discrepancias siempre las gritan reivindicándose a sí mismos. Dice Leguina en su blog: "José Blanco, Secretario de Organización del PSOE, olvidándose (sólo por un momento) de fustigar -con su preciso y siempre ilustrado verbo- a su paisano Rajoy, nos ha soltado en Alcalá una encendida regañina dirigida a los afiliados del PSM, conminándonos a superar “viejas recetas y discursos trasnochados”. “Si un partido no cambia, la sociedad lo manda directamente a la oposición”, añadió el líder. “La sociedad no vota a quienes sólo se miran a sí mismos”, advirtió a los navegantes del PSM. “Los ciudadanos no perdonan a quienes no dan una respuesta a sus necesidades e inquietudes”, concluyó. La primera pregunta que viene a la mente después de escuchar a José Blanco soltar esa soflama por la radio es la siguiente: ¿a quién dirige sus críticas este hombre? Porque, al hablar de viejas recetas y de discursos trasnochados, no estará pensando –hemos de suponer- en quienes ganamos varias veces las elecciones en Madrid". Vaya por delante que a mí José Blanco, Pepe Blanco o Pepinho -a elegir- me cae como una patada en la mismísima rabadilla. Pero necesariamente, al leer al Señor Leguina, la primera pregunta que me viene a la mente es la siguiente: ¿a quién se refiere cuando dice "quienes ganamos varias veces las elecciones en Madrid"? Supongo que será al mismo, a él mismo, que las perdió en 1995 dándole una victoria por mayoría absoluta a un Gallardón al que siempre despreció, con esa misma prepotencia con la que hoy se permite dar lecciones. ¿No tiene ninguna responsabilidad el único Presidente socialista de la historia de la Comunidad de Madrid en que sus ciudadanos no hayan querido repetir? La humildad nunca es mala. Nunca. Y por seguir con situaciones dantescas, me ha recordado a "esos" socialistas madrileños que reniegan del presente Secretario General del PSM, Tomás Gómez, porque dicen -es la excusa menos elaborada que he visto nunca- que "ha perdido muchos votos". Efectivamente, así es. En el año 2003 el alcalde de Parla -el más votado de España- obtuvo en las elecciones municipales un 75,35% del apoyo popular y 20 de 25 concejales; mientras que en el año 2007 se quedó en el 74,43% y -oh- 20 de 25 concejales. Efectivamente, el descalabro es, cómo decirlo, espectacular. Como espectacular es que la maquinaria sectaria de -parte- de su propio partido no le permita hacer oposición porque algunos prefieren una Esperanza fuerte a quedarse ellos con el trasero sin sillón. La verdad, no sé en cuál de las corrientes autonómicas actuales se encuentra el señor Leguina, pero viendo que apuesta por él mismo, deduzco que apuesta por los perdedores. Tampoco es que me importe.
Discrepancia siempre. La admiro, me encanta. De hecho, no me suelen caer bien quienes siempre me dan la razón; es... hasta aburrido -saludos especiales a mi comentarista anónimo, que me endulza la vida-. Pero aquellos cuya única ideología es el poder y sólo el poder y siempre Su poder dan tanta pena como rabia. Más de la una que de la otra. El próximo fin de semana el PSOE tiene una oportunidad irrepetible para demostrar a los ciudadanos españoles que siguen siendo la bandera de la izquierda. La del 'cambio'. Hablando más que nunca de ideas o soluciones y menos de personas -especialmente ahora, que no parecen existir dudas sobre quién lidera el proyecto-. Que el puño cerrado -el de verdad- saque de nuevo su energía y golpee la mesa. Que oriente la política por el camino ideológico que muchos esperan, y que se recuerde a tanto superlativo nombre propio que éstos no importan, no más que las cuatro siglas que los acogen. Porque, señor Leguina -y tantos otros-: los socialistas también se mueren, lo que quedan son sus conquistas. ¿Por cuáles lucha usted, por cuáles los incapacitados e incapaces olfateadores en busca de su cacho de tarta? ¡Son tantos! Pero confío en que ninguno nos haga perder la confianza.
Estamos a tiempo.
El débil Estado frente al débil
La detención esta semana del conocido como "segundo violador del Eixample" ha sido administrada por los medios informativos como un hecho aislado para rellenar la crónica de sucesos -que por otro lado no parece requerir más extensión-. Sin embargo, no sería ninguna osadía pedir una parada de máquinas para la reflexión general.
De un tiempo a esta parte todos nos hemos vuelto acérrimos defensores del Estado de Derecho, un concepto que sin duda contiene un gran significado, y con éste el de libertad. Pero no es menos cierto que para algunos Su libertad y todo lo que comporta no tiene ninguna limitación, ninguna, aunque su ejercicio afecte a la de cualquier otro. Estos días estamos viviendo un ejemplo clarísimo con la forma en que todo un colectivo está llevando adelante su legítima posibilidad de hacer una huelga. Por desgracia, el tema que pretendo tratar es mucho más duro y de gran sensibilidad.
Hace menos de un año el Presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy, proponía la utilización de la castración química para condenados por delitos sexuales. El pasado mes el padre de una niña asesinada por un abusador previamente condenado se reunía con el Presidente español para trasladarle una petición popular que solicitaba la cadena perpetua para los referidos delitos, y según una encuesta difundida ayer la mayor parte de la población estaría conforme con la aplicación de ese supuesto.
El debate que podríamos abrir en este momento es profundo, extenso y de suma importancia. Desconozco la eficacia científica de la castración química, y sé que nuestra Constitución impide la cadena perpetua. Pero éste es el momento de que los poderes públicos frenen en seco su indecente mirada esquiva. Ha llegado la hora de tratar de frente un problema que afecta no a la libertad y al derecho de quien abusa, de quien maltrata o de quien humilla; sino al derecho y la libertad del más débil, ése al que el Estado y la Ley tienen la obligación de defender Siempre. Las políticas de igualdad y de defensa de la condición humana deben ir más allá de los grotescos juegos lingüísticos -creo que la destinataria de esta frase sabría darse por aludida-.
No podemos llenarnos la boca con la defensa del Estado de Derecho -defensa que no suele contener más que palabras vacías carentes de significado real y práctico- y permitir amparándonos en ella que mueran y sufran más personas. Que el silencio sea su única salida. No podemos tolerar que un condenado por abusos mate a una niña, que hombres dementes puedan cumplir riéndose de la ¿justicia? sus amenazas contra una mujer que grita en soledad, que un pederasta salga de la cárcel para ¡reinsertarse! -el gran invento del siglo- trabajando en una guardería o que un violador pueda campar a sus anchas porque la Ley protege sus derechos penales y no el derecho a la vida de sus víctimas.
Los teóricos de esto y aquello podrán cubrir cada hueco de estas líneas con su incansable verborrea de lo aceptable, tachando sentimientos con falsas dosis de corrección que perderían si "les tocase". Desconozco la ciencia, la Ley. Pero sé cómo es la mirada intensa de un niño. Y ésa, por desgracia, no está legislada. Ni a salvo.
El agua se calienta
Esta semana, y seguramente por mucho tiempo, el debate del agua ha sido fundamental en el panorama político.
Un buen amigo y yo -que a pesar de la buena amistad chocamos en muchos temas, como es el caso- mantenemos desde hace tiempo un blog conjunto en el que precisamente hemos abierto esta misma polémica, especialmente delicada por su condición de valenciano.
La cosa ha llegado a tal punto y me parece de tanto interés para todos, que me gustaría invitar a quien quiera a participar con su opinión, para enriquecerlo y darle variedad.
Aquí os dejo el enlace. Feliz fin de semana.
Más vale solo que arrodillado
Como sabrán los que me leen habitualmente el periodismo y la política son dos de las cosas que más me apasionan en esta vida. La tercera mejor no la digo.
Esa pasión es la que me lleva a entender muchas de las cosas que ocurren en los dos ámbitos. Entiendo pues que los periodistas estén en la necesidad de buscar la noticia, y de contar aquello que ven (o creen ver). También entiendo que los políticos quieran aprovechar cada una de sus oportunidades para desacreditar al rival. Lo que de ninguna manera puedo entender es que se roce el ridículo.
Esta semana España vive interesantísimos debates sobre cuestiones que afectan directamente a la vida de los ciudadanos: la calidad y la eficacia de la justicia, una huelga de los funcionarios relacionados con dicha materia, el problema del agua o las negociaciones del PSOE con los grupos parlamentarios que conformarán la oposición esta legislatura son sólo algunos ejemplos. De hecho, llevábamos tanto tiempo sin afrontar problemas de interés en el ámbito público que algunos nos podríamos sentir hasta incapaces de sacarlos adelante.
Y en medio de toda esta explosión de interés -¡qué casualidad!- aparece una imagen:

Una imagen (que no es lo mismo que decir "la imagen") de José Luis Rodríguez Zapatero en la cumbre de la OTAN en Bucarest. Una imagen sola, una sola imagen (que no es tampoco lo mismo que decir "una imagen de soledad").
Es posible que para muchos esta fotografía sea la gran noticia de la semana. Para mí es la demostración de que a este país los debates profundos le desbordan. Hablemos de agua, mejor. Hablemos de justicia, mejor. Es lo que más conviene a España y también a los españoles.
Hacer de una instantánea descontextualizada el principal motivo de conversación en las tertulias políticas y el arma para atacar a un Gobierno es un viejo recurso que no debería funcionar en una sociedad como la nuestra. No tiene sentido.
En todo caso, y por si alguien tiene alguna duda de cuál sería mi postura en el supuesto caso de que la soledad del Presidente fuese real -yo no me lo creo-, voy a recurrir al refranero castellano: "más vale solo..." que arrodillado. O dicho con mis propias palabras: yo no defiendo mis ideas porque vayan a gustar a muchos, sino porque yo creo en ellas. España es un país soberano, a ver si se enteran de una vez los patriotillas de bandera.
Del ciclismo al tenis: patinazo y pelotazo
Dentro de unos días asistiremos a lo que algunos insisten en llamar la "fiesta de la democracia", que siendo una afirmación muy bonita está bastante carente de realismo en tanto que no se modifique la Ley electoral vigente. Ayer asistimos a otra fiesta: la de los estilos políticos. La fiesta tenía dos invitados conocidos, dos invitados de altura que sin embargo no siempre quedaron a la que de ellos se esperaba. Y en todo caso, el encuentro sirvió para conocer mucho mejor lo que teníamos delante: se soltaron la melena, y alguno la perdió.
El debate entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy fue notablemente mejor que el anterior en calidad, en continente y en contenido. El Presidente se creció notablemente, y el líder de la oposición cometió el error de no querer arriesgar: quiso pasar el debate por los pelos, dejando las cosas en tablas como en el anterior... un notable error que, estando situado por detrás en las encuestas, bien podría calificarse como una notable estupidez.
Mariano Rajoy no entendió una idea tan simple como que él no se jugaba nada, que no es el que defiende el puesto y que podía ser mucho más atrevido de lo que en efecto fue. Las carencias políticas del Presidente del PP quedaron de manifiesto si observamos la inexistencia de propuestas de futuro, los enredos a los que él mismo se condujo como si fuese un principiante y la demostración de que su mejor argumento es la negación: Zapatero propone, Rajoy dice no; tal como el día a día de los últimos cuatro años. Es una pena que lo que le guste a Mariano sea el ciclismo; porque el de anoche, más que un debate, pareció un partido de tenis en el que el candidato popular no pudo devolver ni una sola pelota.
En el campo del diálogo concreto, hay varias frases que merecen la atención del buen espectador. Y quiero empezar por la más negativa: si bien Zapatero ganó el debate con toda tranquilidad y holgura, utilizar la comparativa de víctimas mortales entre su legislatura y la anterior es una salida que no esperaba de alguien con su altura moral e intelectual. Podemos entender que es una cifra necesaria para tumbar esa obsesión afirmativa de "ETA está ahora más fuerte", pero el Presidente debería haber sido observador entendiendo así que los argumentos de Rajoy caían por sí solos sin tener que mancharse él de ese mismo estilo rancio y sucio que ha llenado la boca a la oposición del PP.
Por el bando contrario, más de lo mismo conocido. La mayoría de los españoles lo pasan mal, quien niega la realidad no puede afrontarla, los derechos de los españoles están perjudicados por los de los inmigrantes, la inmigración es un riesgo, es una amenaza... fueron las frases principales de Mariano Rajoy. Vamos, que todo se rompe entre nubes oscuras y oscuras intenciones -empieza incluso a existir la duda de que este señor se vea vencedor-. Esta vez ni siquiera se molestó en aportar datos, un gráfico y si acaso algún número de vez en cuando pero sin tener siquiera convicción en lo que hablaba. El debate nos mostró un candidato del PP perdido, sin iniciativa ni capacidad. Yo personalmente esperaba mucho más de él, y con independencia de los kilómetros ideológicos que nos separen le reconozco un buen primer cara a cara. Ayer sin embargo no estuvo digno de él mismo ni tampoco de alguien que pretende la ostentación del cargo de Presidente del Gobierno. A mí personalmente me dio la sensación de que quería acabar pronto, como con prisa, como quien no sabe que hacer y apuesta por una dulce derrota que en su conclusión no llegó ni a éso.
Como señalaba al principio, ayer se confrontaron dos estilos políticos que quedaron perfectamente reflejados. Para cualquier votante que siguiese el debate, sea en uno u otro sentido, ha tenido que quedar clara su orientación el próximo domingo -ya veremos cuál es la mayoritaria-.
Por último y para terminar, quiero quitarme la espina de mi crítica a la organización general del debate que hice la semana pasada. Olga Viza ha estado más a la altura, menos institucional, menos pesada, y a pesar de lo que digan igualmente equilibrada. A mí particularmente me gustaría más un moderador participativo e implicado, que pregunte directamente e influya en el debate, no a favor de nadie sino en contra de ambos; pero entiendo que ésto es España, no Estados Unidos. Y como bien dijo la periodista al final, esperemos no tener que aguardar otros quince años para ver un nuevo enfrentamiento: es un derecho de todos que, por cierto, en una democracia parlamentaria y no presidencialista abarca a todas las formaciones políticas que componen nuestra Cámara de representación.
Nada más. Buenas noches, y buena suerte.
Tensión, víctimas y bonobús: nada nuevo
Por razones personales llego tarde al análisis del debate entre Zapatero y Rajoy del pasado lunes, pero no quería dejar pasar la oportunidad de comentar algunos puntos fundamentales. Y no, los motivos personales no son haberme quedado irremediablemente dormido, aunque podría ser...
La elección de un ganador me parece en este caso una labor innecesaria. El Presidente ganó en datos, cifras y estilos; es decir, ganó por su gestión en La Moncloa y también en su caracter personal. El líder del PP ganó sin embargo por su mejor gestión de los recursos televisivos, que si bien no fueron para tirar cohetes mejoraron a los de su contrincante. ¿Y hubo perdedor?
Los 13 millones de españoles que de media siguieron en debate en directo (fueron más si contamos los oyentes de todas las radios nacionales) perdieron la oportunidad de ver un debate político de verdad. Como he leído en alguna otra crónica, cualquier enfrentamiento parlamentario de esta legislatura ha sido mucho más apasionante que el bodrio (dicho con perdón) que el lunes nos ofrecieron ambos aspirantes a jefes de Gobierno -sin ir más lejos, el último Debate sobre el Estado de la Nación fue verdaderamente apasionante-. Dicen habitualmente que a los españoles no les interesa la política, pero las cifras de audiencia han demostrado claramente la falsedad de esa afirmación: lo que no interesa a los españoles son "estos políticos", "estas formas". Los dos grandes partidos -o como dice Fernando, los dos partidos grandes- han perdido la oportunidad inigualable de atraer a millones de personas hacia un interés más activo... ¿o ha sido una oportunidad perdida a propósito? Semanas discutiendo las fechas, el lugar, el decorado (lamentable), los moderadores (que no pintan nada) y al final se les escapó el contenido y acabamos asistiendo a un resumen de cuatro pésimos años en 90 tediosos minutos.
Tenía la esperanza de vivir un espectáculo mejor. Los medios contaban los días previos que tanto Zapatero como Rajoy se estaban preparando analizando vídeos de los debates en Estados Unidos o Francia. ¡¿Y qué aprendieron?!, ¡¿y sus asesores?!
Me pregunto si realmente era necesario para la neutralidad ese decorado gris, frío, propio de la televisión de los 80, con un moderador que hasta por su atuendo hubiera resultado anacrónico en un plató de informativos de hoy pero que quedaba perfecto en aquel ambiente retro. Me pregunto a cuenta de lo anterior si la mención de Campo Vidal a la era de la tecnología y la sociedad de la información era recochineo puro y duro. Me pregunto si había operarios de cámara detrás, porque mover no se movieron. Me pregunto si era necesario aburrir a los espectadores y oyentes con esos discursos enlatados y tan repetidos. Me pregunto si era muy dificil intentar sorprender con una propuesta nueva, aunque fuese algo pequeñito, pequeñito... Y sobre todo me pregunto si el debate de la semana que viene va a ser igual de cutre, porque yo me voy a dormir o me pongo las odiosas y chavacanas matrimoniadas de Telecinco -al menos están pensadas para hacernos reir, no para reirse de nosotros-.
Y la última gran pregunta... ¿dónde está ese Zapatero en tensión, ése al que le corre sangre por las venas por su país? Eso dijo la semana pasada, ¿no? ¡Pues despierta! No sirve tener razón, hay que explicar razones y convencer con ellas.
Con elegancia y sin tensión
El debate que hemos vivido esta noche en Antena 3 entre el Vicepresidente económico, Pedro Solbes y el candidato del PP, Manuel Pizarro, bien podría resumirse con este titular.
Ha sido una de esas contiendas que aburren al gran público por su sobriedad y por los términos técnicos que se utilizan, en las que no se produce esa pasión del enfrentamiento más puramente político que levanta a la gente del sofá. Habrá que esperar a los índices de audiencia para saber cuantos espectadores aguantaron hasta el final, pero tengo la sensación de que la mayoría se dormirían mucho antes sin poder soportar tan soporíferas voces. Y es curioso porque se da la paradoja de que el económico es el asunto fundamental si queremos comprometer las cuestiones sociales, la educación, la sanidad, la seguridad y todos los demás asuntos de campaña.
En espera del sondeo de TNS-Demoscopia para Antena 3, que aún no ha sido publicado y que reflejará el supuesto ganador del debate, Pedro Solbes parece haber quedado muy por encima en lo que a iniciativa se refiere. Ha sido el Ministro el que ha llevado por delante los principales asuntos a tratar, apoyado en los datos de la gestión del Gobierno y la comparación de éstos con los que dejó el Partido Popular, comparación que Pizarro no ha podido resistir.
El gran momento de oro en que esa victoria de la contundencia gestora de Solbes ha quedado perfectamente reflejada ha sido el patinazo del candidato popular intentando girar la conversación hacia el populismo y las banderas políticas del PP en estos cuatro años de oposición. Solbes ha preguntado cómo piensa el PP financiar su reforma fiscal, asegurando que las cuentas no salen: o se cae en déficit público, o se recortan gastos... ¿cuáles quiere recortar el PP? Manuel Pizarro ha respondido: no pagando a terroristas, no pagando el piso de Bermejo, eliminando la Oficina Económica del Presidente del Gobierno y también el Ministerio de Vivienda. Es evidente que todo ésto junto no alcanza los miles de millones que supone la reforma popular, pero es evidente también que está cargado de una profunda demagogia. Pero Solbes, como siempre muy pedagógico, ha reconducido a su oponente (al que mañana le caerá la bronca de cierta emisora tras dejarse llevar por el camino de la alegría) pidiéndole seriedad, especialmente en temas tan importantes como el terrorismo, y ha respondido de nuevo con economía que es de lo que trataba el debate. En cuanto al Ministerio de Vivienda el Vicepresidente ha recordado que lo que cuesta dinero no es el Ministerio en sí, sino la política de vivienda... ¿piensa el PP eliminarla?
En todo caso, ha sido un debate elegante entre dos caballeros, dos gigantes de la economía que representan eso sí a mundos bien distintos. Se han enfrentado dos modelos: el de la gestión pública de Pedro Solbes y el del gran empresario al servicio de los intereses privados que no oculta Manuel Pizarro. Crecimiento económico para dedicarlo a las necesidades sociales o crecimiento económico para las iniciativas de los que cobran finiquitos de 10 millones. El 9 de marzo, entre otras cosas, también se decide ésto, y llamativo es que Manuel Pizarro haya alabado constantemente las capacidades públicas de Solbes.
Se acaban de publicar los datos. Según el sondeo de TNS-Demoscopia para Antena 3 el Ministro Pedro Solbes ha ganado en los tres bloques:
Con el 42% en macroeconomía.
45,6% en economía familiar frente al 38% de Pizarro.
43% en el bloque de economía del futuro.
Globalmente, el resultado sería un 47,4% a favor de Solbes frente al 37,1% a favor de Pizarro. El 15,5% piensa que no ha ganado ninguno de los dos.
Y Antena 3, en la que el PP quería a toda costa celebrar los debates Zapatero-Rajoy no es sospechosa de...
Sobre este blog
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Jorge Barraza
Conduzco mis pasiones perdido entre la oscuridad de la política y la inmensidad de un periodismo difuso, luchando contra el tiempo y el ser.
Cuando llegue el día de emprender la marcha, tendré que decidirme por un camino que complete los sueños de un claro destino: aquel lugar que llene mi cuerpo por dentro para resultar constructivo por fuera. Pero antes, he de resolver el gran enigma: ¿cuándo hacerse mayor?, ¿qué es ser mayor?, ¿y cómo se hace?
jorgebfernandez@gmail.com
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