Cuaderno de un veinteañero

Hay 10 artículos con el tag economía en el blog Cuaderno de un veinteañero. Otros artículos en Comunidad Cadena Ser clasificados con economía

La economía y Rosa Díez

Escrito por: jorge el 23 Oct 2008 - URL Permanente

Dice la diputada, líder y voz única de Unión, Progreso y Democracia, a cuenta de nuestra invitación o no a determinada cumbre de líderes mundiales, que Zapatero tiene la culpa de que España se haya convertido en un país "prescindible". Se haya convertido. Es decir: antes no lo era. Y antes, se entiende, de que Zapatero lo estropease todo, gobernaba José María Aznar (alias el ecologista).

Yo no quiero ser malo, ni perverso, ni retorcido. Ni siquiera me parece mal que Rosa Díez se empeñe en defender las tesis de la derecha española; que en su libertad está. Pero es bueno que se sepa y quede claro, que nadie llame a nadie a confusión.

La estrategia del ciudadano estúpido

Escrito por: jorge el 10 Oct 2008 - URL Permanente

En días como hoy la información llueve de todas partes, y a los ciudadanos se les insufla en dosis poco recomendables gran cantidad de datos, muchas veces contradictorios. Por desgracia, la mayoría no tiene -o no dedica- el tiempo que invertimos algunos en el conocimiento y el rastreo de la información, lo que conlleva el desconocimiento de detalles que pueden resultar interesantes. Y de ello se aprovechan los partidos.

El Popular ha sido un buen ejemplo en el tratamiento que ha hecho estos últimos días de la crisis económica y la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. Han vendido el eslogan: el Gobierno no sabe qué hacer y el PP tiene ideas, siendo el único partido capaz de salvar a España de la debacle. La realidad es que las aportaciones del PP se han reducido a las frases prefabricadas para cortes mediáticos, pero hay un detalle en todo esto que no deja de llamarme la atención.

Una de las leyes más importantes que aprueba el Congreso cada año es la de los Presupuestos. El Gobierno propone, el Parlamento discute y arregla y al final se vota. El PP -como era de esperar- se ha mostrado en contra de la propuesta. O eso parece. ¿No? No. Pues no. En realidad el PP ya decía que estaba en contra ¡antes de conocer la propuesta del Gobierno! Y el PP además estaba en contra con todo lujo de detalles ¡minutos después de conocer la propuesta del Gobierno! Hicieron lo que se llama un estudio en profundidad, vaya.

Que el Partido Popular quiera convencernos de que el Gobierno es malo me parece hasta lógico. Que este mismo partido haya elegido como estrategia política la no colaboración con el ejecutivo a pesar de la coyuntura económica es lícito, tanto como lo son muchas otras circunstancias que no compartimos. Lo que parece estúpido es que una formación pretenda la demonización de algo que yo desconozco... ¡tanto como ellos! Ver al PP reuniéndose con el Presidente de Navarra valorando como enorme deslealtad la posibilidad de emisión de un voto afirmativo por un proyecto que ni unos ni otros habían leído da grima y risa al mismo tiempo. Más de lo uno que de lo otro.

El líder de la oposición irrumpirá en las Cortes con encendidos y patrióticos discursos, viéndose portador del mágico grial que salvará a la maltrecha España. Por norma general, me gusta atender los argumentos aquellos a los que se supone la labor de ¡control! al poder para enriquecer mi conocimiento; pero en este caso no hay nada que aportar. El sentido del voto estaba decidido primero, el argumento y la razón se buscó después. Todo lo que diga el PP parte de la mentira cutre, respuesta a una burda estrategia públicamente reconocida aunque mediáticamente velada. Porque, lo siento, me resulta absurdo hasta el extremo -quizás también desternillante- escuchar tertulias en las que ilustres periodistas debaten profundamente con razones económicas y políticas elaboradas a mano y cincel unos presupuestos que se reducen a: el PSOE votará sí porque son suyos y el PP no por lo contrario.

Y sí, todo esto lo sabíamos, tú y yo lo sabíamos. Pero... ¿qué fue de la sutileza?, ¿dónde quedaron los días en que los políticos me consideraban estúpido pero no me trataban como tal? Háganme creer que les importo. Al menos inténtenlo. Y, por favor, ahórrense los debates artificiales e improductivos. Me aburren, me aburren casi tanto como sus vetustas señorías.

Reflexión económica, caos social

Escrito por: jorge el 08 Oct 2008 - URL Permanente

Una canción y una llamada a la utópica rebelión verbal han sido mis únicas aportaciones de esta semana. Y no es que no haya noticias de las que hablar, es que da pereza hacerlo.

Cuando compruebas que tu país -y medio mundo- está volcado en hablar de cuestiones que ni siquiera entiende te planteas muchas cosas. Porque, lo siento, me niego a pensar que de la noche a la mañana todos seamos economistas titulados: que si la caída de la bolsa, que si el euribor no se qué, que si crash, que si boom... Mentira, no tenéis ni puta idea, como yo; pero opinar siempre queda bien -sobre todo si es para decir ¡Gobierno caca, Gobierno caca!- Me parece a mí que lo único que una sociedad espera de sus gobernantes es confianza y resultados, que es lo que sí estamos todos con igualdad capacitados para comprobar. Lo cierto es que la hora de valorar a los actuales gestores aún no ha llegado, puesto que tampoco lo ha hecho el efecto de sus decisiones. ¿Qué tal si esperamos prudentes?

El problema es, como decía, que estamos hablando demasiado de elementos abstractos. Tanta cifra, tanta bolsa y tanta macroeconomía está saturando unos cerebros que se han olvidado de que el ser humano y su existencia es mucho más simple. Hemos modificado el concepto, perdiendo la primera condición y cambiando el ser por el tener. Ya no hay ser humano, hay un objeto capital(ista). En el fondo, a muchos no les importa si comerán mañana -lo dan por seguro, tan ingenuos- sino el hecho de que caiga tal o cual banco o que la coyuntura les impida cambiar piso y coche. Muy poco, ¿no? Muy poco si no atendemos lo fundamental: la educación de nuestros hijos, el expolio de los bienes comunes, el indigente de la esquina... Puf. O mucho más sencillo: un abrazo, un donuts, una discusión con tus padres o el paseo de la abuela. Para idealistas como yo son esos los elementos que conducen al bienestar; otros han considerado que éste responde solo a lo que se compra con dinero.

En los últimos años hemos asistido a un espectáculo dantesco. La gran masa social ha sucumbido al afán consumista y ha desplegado con él la oportunidad para los de siempre, los lobos de suculento apetito y oronda barriga, que a manos llenas han jugado moviendo la ficha del márketing y convirtiendo su interés en necesidad. Siempre fue así, pero nunca tanto ni tan claro. Hemos visto también como desde el otro lado muchos dejaban olvidado en un rincón seco el trozo de pan duro que en tiempos pasados pelearon hasta la sangre: de repente pudieron comprar a sus ineptos hijos carreras en universidades privadas, de poca calidad y menor esfuerzo -que curren los pobres-, se creyeron superiores, en ese escalón que ascendieron tras levantar las rodillas y el trapo del suelo y desde el que ahora miran mal al portero del barrio, ese sucio y simple... pobre. Qué estupidez. Oh, sí, nos hemos creído ricos, residentes del paraíso prometido por las diabólicas frases engarzadas entre luces de colores. Algunos realmente pensaron que el sistema, el mismo que les condenaba letra a letra, les iba a regalar un cheque en blanco para rellenar con eterna felicidad.

Ahora hemos vuelto a la realidad. Ahora nos hemos dado cuenta de que los ricos son los de antes y los pobres los de siempre. Descubrimos con estupor que nuestro piso es una mierda y que en realidad el valor catastral es el real, y no ese ficticio que hemos pagado a precio de falso lujo para que otros vivan en él. Asombrados nos hallamos cuando pasan sobre nuestras cabezas los aviones privados de quienes pueden tenerlos, ¡y no somos nosotros! Coches de lujo, chalés en extensos residenciales... Sí, pero terminó el cuento y seguimos siendo la clase trabajadora, la misma. Y con muchos de aquellos problemas y carencias que heredamos de nuestros padres y abuelos.

Algunos pudieron, a pesar de todo, convencernos para hacerlos ricos. Lo consiguieron. La culpa es nuestra. Lo que no piensa tolerar quien aquí escribe es que nadie pretenda que ahora hay que pagar para seguir permitiendo tal desfachatez. Estoy convencido de que a esta hora miles de familias en España se levantan del desvelo, habiendo pasado una larga noche con la compañía musical del segundero de su reloj; esas familias a las que ha afectado la verdadera nota negativa de la crisis: el desempleo, mientras muchas otras estarán pensando que tal vez mañana también les toque. A ellos hay que decirles que ¡pasará! Claro que pasará. Cambiará el modelo y seguramente el orden mundial, pero pasará. La economía encontrará nuevas sendas de crecimiento y habrá espacio para que todos nos ganemos la vida dignamente. Pero lo que también ha pasado es esa filosofía del todo vale, de que el mundo es nuestro para moldearlo con arbitrario antojo, de que no hay nada más importante que nuestro pie, sea cual sea la cabeza en que se posa.

Sí, consiguieron convencernos para hacerse ricos. Ahora llaman a la puerta, se apuntan a la socialdemocracia, recuerdan que el Estado existe y piden ayuda para seguir siendo ricos y poderosos, para seguir jugando a su antojo mientras nos prestan al resto un chupete y un sonajero. ¡Se han quedado las piezas de LEGO! En su derecho están, pero también en el de pagar sus propios vicios. El dinero del contribuyente es para el trabajador, para el estudiante y para el pensionista. Así funciona. Lo que nació liberal, que muera liberal -y a ser posible, que no descanse en paz-.

Comercio y sanidad, reinventados y fusionados

Escrito por: jorge el 01 Oct 2008 - URL Permanente

Esta mañana, antes de las ocho, la 1 de TVE emitía tres anuncios consecutivos "tipo teletienda", mágicos para amenizar el despertar a cualquier españolito de bien. En otros tiempos te vendían elementos absurdos e inútiles que camuflaban como supuestos regalos para animar el consumo. Hoy me ha sorprendido que las tres ofertas eran un 2x1: compre una estupenda e inútil mesa y llévese otra por el mismo precio, compre un estupendo colchón para recibir a sus visitas y llévese otro por el mismo precio y compre un asesino electrónico de insectos y llévese otro -ésta es la mejor: cuentan en el mismo espacio que uno vale para toda una casa, pero puedes llevarte otro, para la vecina-. En fin, mal están las cosas si hay que vaciar los almacenes de esta manera.

Los que no han llenado ni almacenes ni otra cosa son los nuevos hospitales de Esperanza Aguirre. Ayer tuve la desgracia de visitar uno y volví realmente espantado. No vi médicos ni enfermeros por los pasillos -sí vi a unos señores con mono subidos a una escalera-, pero una estancia allí es digna de hotel de cinco estrellas: camas muy cómodas con botones para todo, sofá-cama para el visitante color azul Génova, y todo lujo de detalles electrónicos -o no- a la última moda; sin contar que el propio centro sanitario facilita un estupendo folleto informativo más digno de NH que de un servicio sanitario. Esto estaría muy bien si no fuese porque no, de salud allí no se habla mucho, más bien lo justo y necesario para no molestar a los client... pacientes.

Al margen, todos hemos tenido hoy oportunidad de asistir a la apertura modélica del Puerta de Hierro. Pero lo que menos entiendo de la Sanidad madrileña y la política del Gobierno regional no tiene que ver con las privatizaciones, ni con el márketing, ni con la ausencia de calidad, ni con las mentiras en los datos de las listas de espera, ni con las inaguraciones fantasma... No. Lo que menos entiendo es por qué el Consejero Güemes se empeña en ir de hospital en hospital cual Marco desconsolado para recibir abucheos y montar escándalos públicos. O como ha dicho hoy un líder sindical "le va la marcha" o algo se me escapa, porque está claro que al margen de las fotos poco más puede sacar un Consejero de sus visitas continuas a pasillos vacíos. Podría volver al despacho -por una vez sería más útil- descolgar el teléfono y pedir, qué se yo, unas sillas de ruedas, que nunca vienen mal. Igual le hacen un 2x1.

La culpa es mía

Escrito por: jorge el 30 Sep 2008 - URL Permanente

Muchos son los que piensan que la mayor parte de los ciudadanos de ciertos países -no doy nombres- son rematadamente imbéciles. Muchos son los ciudadanos que piensan que sus representantes políticos son imbéciles -aun siendo fruto de la voluntad popular-. Y para remate, son mayoría ciertos políticos los que, haciéndose pasar por imbéciles, nos toman a todos por tal cosa.

Esto último es, a grandes rasgos, lo que ocurrió ayer en Madrid. Por un lado el Ayuntamiento de la capital, después de una legislatura de obras faraónicas, despilfarro público y recortes sociales -y después de una legislatura con la oposición advirtiendo el vacío de las arcas-, aparece milagrosamente y grita: "¡no hay dinero!" Ya, ya lo sabíamos. La conclusión final para el equipo de Gobierno es la necesidad de subir los impuestos para aumentar los dolidos ingresos municipales. Hasta las tarifas de aparcamiento.

Seguidamente aparece la Comunidad de Madrid y, en boca del Playmobil oficial, nos hace saber que ¡van a subir las listas de espera! -¿habían bajado?- Da igual, van a subir. Van a subir porque no hay dinero para la Sanidad, ni para ninguna otra cosa. Es el fin, es el caos.

Y ahora la sorpresa: ¿significa todo esto que ¡por fin! Comunidad y Ayuntamiento asumen sus responsabilidades de gestión? Ilusos... ¡Claro que no! La culpa es de Zapatero. Igual que es culpable de la debacle de ayer en las bolsas, de haber generado toda esta crisis económica mundial que trae de cabeza a los pobres gobiernos liberales de Europa entera, de que ahora Bush esté tomando medidas ¡intervencionistas! (de rojo peligroso), de que el sistema capitalista esté en duda y rompiéndose y por supuesto, y como no, de las muertes de Manolete y Kennedy, que tanto daño han hecho a los sentimientos populares. Deberíamos incluso investigar la de Chanquete porque, ahora que algunos han pretendido enseñarme que sí se pueden decir palabras feas si uno es de izquierdas o resulta simpático al siempre ilustrado público, he de gritar en virtud de la libertad de expresión que todo permite que Zapatero es un ¡cabrón, cabrón y cabrón!

Todo roto, el mundo roto, y 'El Mundo' con el 11-M. Todavía. Porque hay cosas que no cambiarán nunca. Y en realidad la culpa es mía por mantener la esperanza.

Economía para no economistas

Escrito por: jorge el 18 Sep 2008 - URL Permanente

La economía vive tiempos de cambio. Es un hecho innegable incluso para quienes desconocemos la materia. El debate, azuzado por las desafortunadas declaraciones del máximo representante de los empresarios en las que pedía limosnas de mal gestor, se centra estos días en el sistema. Ésa no es sin embargo la cuestión fundamental, sino el tradicional "y ahora qué".

La economía de Estado es un fracaso, la economía de libre mercado ya se ha convertido en otro, y el sistema mixto de moda en el que somos liberales para llenarnos el bolsillo y dejamos de serlo para chupar de la teta común no parece muy adecuado al interés general (éstos son los únicos paréntesis que me generan confianza). ¿Y ahora qué?

El día que Gobierno y oposición dejen de buscar culpables -unos en la mala gestión actual y otros en la ya pasada- y se pongan a trabajar al ritmo de todas las naciones serias del mundo en propuestas y soluciones, y muy especialmente en la explicación de la situación, el desconcertado ciudadano medio al que represento podrá enterarse de algo. Entre tanto, nos leeremos el Wall Street Journal. Aunque tal vez y bien pensado, el objetivo podría ser justamente que usted y yo no nos enteremos de nada. En ese caso, enrolle cuidadosamente el prestigioso periódico anteriormente citado y golpee las esquinas de su casa mientras grita "¡qué hay de mí y de lo mío!" de forma sucesiva y acalorada. Piénselo, no hay más solución.

¿Cómo era?: Buenas noches, y buena suerte. Venga, y que Dios nos ampare.

Cuando la demagogia es insultante

Escrito por: jorge el 03 Sep 2008 - URL Permanente

Hay varias cosas que resultan insoportables en los políticos -en según cuál casi todas-.

Una de ellas es que quieran hacerse pasar por ciudadanos "normales". Porque todos sabemos que no lo son, no. Si hablamos de economía, todos sabemos que ni Zapatero, ni Aguirre, ni el alcalde de mi pueblo cobran lo que un ciudadano "normal".

Esteban González Pons, vicesecretario de comunicación del PP, ha sido hoy víctima de una entrevista -en Asuntos Propios, Radio Nacional- y de la demagogia más absurda e insultante. Dos perlas: "no voy a comprar todos los días, voy a comprar los sábados o aprovecho los viernes por la tarde, y antes iba a un sitio y ahora voy a otro precisamente porque está más barato" y "el precio de las cosas es algo que nos preocupa mucho en casa".

¡Pobre González Pons que no llega a fin de mes! -y ya van dos, la cuota del PP debe ser altísima-. Toni Garrido podría haber preguntado acto seguido: ¿le importaría aclarar a los oyentes cuánto cobra usted? Claro, es un dato importante, porque si el noble diputado quiere ponerse en el lugar del parado, del jubilado, del estudiante o del currante debe decir en qué condiciones lo hace. De lo contrario, es mejor evitar el patético espectáculo de los falsos pucheritos.

Hay una crisis. Podemos discutir sus términos. Podemos o no estar de acuerdo con el Gobierno y su gestión de la misma. Pero lo que no se puede hacer es intentar un falso acercamiento al ciudadano que resulta perverso, maquiavélico y estúpido. ¿Ésa es la vía del Partido Popular para convencernos de su capacidad de alternativa?

Porque no, no ha sido el único. El alcalde de Valladolid cobra 800 euros menos que Zapatero -esa diferencia es el sueldo mensual de muchos-, en concreto 88.585 euros fue la cantidad que percibió en 2007. Hoy se ha quejado ante la comparación porque "ya quisiera" él tener un palacio y la comida pagada. Vamos, que tampoco le da para la hipoteca. 7.382 euros al mes no son suficientes.

El número de parados en España supera ya los dos millones y medio de personas. ¿Tendrían la amabilidad de sumarse a ellos?

Políticos, generaciones y sorpresas

Escrito por: jorge el 31 Jul 2008 - URL Permanente

Cuentan hoy en cadenaser.com que los nacidos desde el 82 -bendito mundial- somos trabajadores menos productivos. ¿Y dónde está la noticia? Los valores aprendidos y la educación -escolar y paternal- recibida no hacían presagiar nada mejor. Pero si las mentes lúcidas que han hecho este estudio quieren sorpresas, ya verán lo que viene detrás: la generación ESO-Play nos va a desbordar. Por otro lado, es curioso que en España sigamos confundiendo "productividad" con "horas en el trabajo", pensando equivocadamente que hay que valorar más al empleado que entra sin sol y sale sin él, cuando muchos producen la mitad que alguno que se va a las cinco. ¿En qué empleamos nuestro tiempo de trabajo? Si los españoles somos de los que más horas extras echamos y al tiempo estamos a la cola de la productividad europea, algo está fallando. Vamos, digo yo. Y en eso no hay generaciones, hay ineficacia empresarial.

Pero esta generación -hoy me he enterado de que se llama 'Y'- soporta también el infujo de extrañas corrientes humanas. Ese extraño ser desconocido, llamado "político", no deja de sorprendernos. Uno de los titulares llamativos del día lo protagoniza un despiadado dirigente 'popular' que ha sacado a la luz unas comprometidas grabaciones de sus compañeros en las que muestra aquellas cosas que deben quedar para el ámbito privado. Todos nos hemos llevado las manos a la cabeza al escuchar a un concejal decir "el fin del partido no es el bien de Gijón [podría haber sido cualquier otra ciudad], sino ganar". ¡Y todos a gritar! ¿También esto nos sorprende? Si algo deberíamos haber aprendido en nuestra corta etapa democrática es que hay dos clases de políticos: los que viven para la política y convencidos de sus ideas, y los que ponen ésta al servicio de sus intereses personales. De los últimos, por desgracia, hay suficientes para exportar. A mí pues, no me sorprende que haya especímenes con ese pensamiento ocupando cargos públicos, a mí más bien me parece llamativo que tengan la suficiente poca vergüenza -o carencia de inteligencia- como para decirlo abiertamente. A pesar de todo pueden estar tranquilos: por ese pequeño 'delito' verbal no tendrán que abandonar la política y podrán seguir haciendo de ella su personal mercado especulativo -que le pregunten a Zaplana-. Pero sí, estos políticos representan a una generación que no es la nuestra y de la que al parecer tenemos que aprender.

Otro concejal, en este caso de ICV, ha tenido la decencia -menos mal- de pedir disculpas por publicar en su blog este cartel animando a apadrinar niños extremeños. Contra él -sí, contra, contra- tenía preparada toda una batería de lindezas con las que no pensaba dar de mí la imagen de moderado que está de moda. Sin embargo, he considerado ese hecho: ha pedido disculpas. Y como es tan poco habitual en este país y casi comparable a los orgasmos democráticos de aquel que sabemos, los guardaré para otro día. Eso sí, no puedo marcharme sin decirlo: nacionalismo, insolidaridad e incultura van siempre de la mano; y debo agradecer que siempre haya energúmenos dispuestos a que no lo olvidemos. No sea que algún día nos convenzan.

No quiero verle más

Escrito por: jorge el 22 Jul 2008 - URL Permanente

Si ha habido un error en el equipo de Ferraz a lo largo de estos cien primeros días es pensar que la crisis (qué palabra) en casa ajena iba a servir para el propio beneficio. El resultado es que ahora el PP está por delante en todas las encuestas -también las de los medios "afines"- y el PSOE desdibujado ante una sociedad aparentemente más interesada por el bolsillo que por sus principios.

Cuando Rajoy afirma que "el Gobierno no ha hecho nada" no se está sirviendo de una verdad, sino del regalo que ha recibido del propio enemigo, que le permite ahora pasearse de pueblo en pueblo como el portador de soluciones, el moderado sin complejos, llave del futuro nacional y salvador de desastres que España necesita. No lo ha conseguido él, es obra de la ignorancia y la simpleza de quien tenía que haber marcado la agenda.

Muy al contrario, el PSOE creyó oportuno esperar a que el PP se autodestruyese -¿de verdad les parecía posible?- permitiendo su falsa imagen de renovación. Que los populares hayan protagonizado con sus riñas internas los mejores titulares de prensa de estos meses ha sido lo peor que le podía ocurrir al Gobierno, que ya no tendrá motivos para atacar la mala actitud del PP. Ahora, habrá que criticar no las formas, sino las ideas y las acciones -tanto o más nefastas que antes del Congreso-; y ello requiere personajes más cualificados que el dichoso José Blanco. Sin embargo, observo incrédulo cómo ha recibido como premio un resplandeciente cargo que emula a viejas glorias del socialismo español, para desde él seguir deleitándonos con su elaborado verbo y su inigualable carisma.

El flamante vicesecretario general del PSOE ha afirmado hoy en rueda de prensa que entregará al líder de la oposición un informe sobre los cien primeros días de Gobierno, porque según sus propias palabras "Rajoy ha estado muy ocupado con la crisis de su Partido", con lo que el megalíder socialista deduce que no habrá tenido tiempo para seguir, entre otras cosas, las resoluciones del Consejo de Ministros. Que la principal cara visible de los socialistas haya errado al considerar que no hacer nada para que lo haga el contrario es mejor que explicar a los ciudadanos qué se hace y por qué, es grave; pero que ahora, con el líder de la oposición lavado ante la sociedad y vendiendo sus recetas por doquier continúe insistiendo en la "crisis" ya pasada por Rajoy es un acto de magna estupidez. Y de gran insensibilidad social.

El mismo día en que el Gobierno anuncia que la crisis provocada por la situación internacional se ha llevado por delante el superávit sabiamente logrado a tal efecto, Blanco debería explicar qué hace el ejecutivo, cuáles son las medidas tomadas, por qué estamos en crisis e incluso podría servir de profesor ciudadano para dar unas cuantas lecciones de economía global y de mercado. Pero no, prefiere permitir que el corte en los informativos sea aquel en que se habla del Partido Popular, haciéndole la publicidad que necesita y sin responder a lo que los ciudadanos quieren escuchar de quien ostenta el poder. Puede que no sepa hacerlo mejor, o puede que no de para más; pero el PSOE debe abandonar las palabras huecas, vacías y machaconamente repetidas para dar paso a las ideas claras, ágiles y cercanas. Debe abandonar a José Blanco.

En efecto, recomendaría humildemente a la dirección socialista que si ganar en 2012 es su pretensión, por favor, saque a Blanco de los focos. No sé si es un organizador estupendo, seguramente; o un potente cerebro, puede ser. Pero por favor, que trabaje en silencio. No quiero verle más. Parece que no acaba de entender que lo mejor que tiene el Partido Socialista Obrero Español está dentro, no fuera. Lo que tiene que vender y destacar es lo conseguido por su formación, no la desgracia ajena. Lo que hará fuerte al PSOE es que la gente sepa qué ha hecho el Partido por ellos, no que sus líderes pretendan convencer sobre lo malo que es el enemigo. Porque así, el enemigo crece; y nadie escucha una sola justificación para que deje de suceder. Zapatero no lo hace mal, Zapatero no tiene a nadie que explique lo que hace. Y si nadie explica que Zapatero no lo hace mal, la mayoría acabará afirmando que Zapatero lo hace mal. A mí me faltan quince minutos.

Las prioridades del español medio

Escrito por: jorge el 27 Jun 2008 - URL Permanente

Acabo de leer que sería posible plantar espárragos en Marte. Éste es el tipo de noticias que normalmente deshecho o doy de lado por su falta de aplicación práctica en la vida, pero hoy sin embargo he pensado hasta qué punto no será útil irse comprando unas huertas en el planeta rojo, para ser el primero en poder especular cuando llegue la ocasión y el 'boom' inmobiliario marciano. El problema es que no sé a quién me tengo que dirigir para hacer tamaña adquisición; quiero decir, ¿de quién es Marte?, ¿a quién le compro mi parcela?, ¿o allí vale colonizar o conquistar, o simplemente llegar? Una terrible angustia y desazón invade mi cuerpo.

Aquí en la Tierra, el 'postboom' sigue trayendo consecuencias nefastas. El IPC se sitúa ya en el 5,1%, que para el que no lo sepa es mucho, mucho, mucho. Vamos, que está todo carísimo de la muerte. Pero, para que vean cual es la situación de muchos españoles, les voy a poner sobre la mesa un caso práctico que he vivido hace unos minutos.

El contexto es la cola en la caja de una famosa cadena de supermercados. Un hombre comenta con la que aparentemente es su mujer -utilizando esta expresión no en el sentido posesivo, y gustando yo de ser cuidadoso con el lenguaje- y con otra clienta que "con Zapatero no hay quien llegue a fin de mes, que esto es una vergüenza. El Gobierno nos tiene ahogados". La otra señora en liza comenta que es verdad, "no hay quien llene la cesta de la compra". La multitud aplaude sus palabras, y se monta un improvisado Debate sobre el Estado de la Nación, muy hogareño y popular. Yo por mi parte -y con ánimo estrictamente científico- me entretengo ojeando la compra de la pareja que me precede, iniciadora del macrojuicio gubernamental. Mientras la mujer sostiene a dos niños de unos 7 y 10 años con ganas de guerra, el hombre comenta ordenando su compra que "sólo hacen una al mes, para organizarse mejor en casa. Con niños ya se sabe". Va introduciendo en bolsas lo que va a ser su alimento de aquí a los próximos treinta días: la mayoría marcas blancas y productos en oferta. Nada de verdura, fruta o pescado. Pero sí muchísimos productos congelados y bollería industrial. Y refrescos, tantos como para invitar a todo el barrio a ver el partido del domingo -ése que nos hará olvidar todas las penas-. En ese momento pienso para mí que es una lástima que dos niños pequeños tengan que alimentarse a base de 'fritos', la verdad, y no entiendo cómo, dentro de esa supuesta situación económica familiar apurada, no ahorran en burbujas y grasas saturadas e invierten en algo más sano y consistente -y en la mayoría de los casos más barato-. Tras diversos comentarios con la cajera sobre la crisis y las monedas de céntimo, y tras gastarse un total de 82,35 euros -datos, insisto, con interés puramente científico- en la supuesta "compra del mes" -sólo apta para congeladores industriales-, la familia y su compañera de campaña se dirigen hacia el ascensor del aparcamiento. He comprado poco, detalles urgentes, y enseguida me reúno con ellos; paso de largo para coger el periódico y regreso para bajar. He comprado dos diarios de tirada nacional, como cada día desde que tengo 15 años, y el que va por el lado visible no les gusta. Me ojean de arriba a abajo, de modo notablemente maleducado, dos veces, miran descaradamente lo que llevo entre manos, y vuelven a la carga, con más ganas que nunca -acababa de convertirme en el cliente representante del Gobierno- y mirándome de reojo esperando respuesta. Sonrío por el detalle del "alineamiento periodístico" y, cuando me quiero dar cuenta, estamos en el ascensor hablando del estupendo viaje que este fin de semana van a hacer a uno de esos baratos Paradores -cuyo nombre no diré para evitar suspicacias- dejando a los niños con la madre de ella. Los llevarán a los tres a una casa que tienen en una conocida urbanización de chalés de la provincia de Toledo, a veinte minutos de Madrid, "porque con la piscina se lo pasan mejor". No queda ahí la cosa. Hablan alegremente con su nueva amiga de las vacaciones en la playa que durante los segundos quince días de julio (temporada alta) van a disfrutar, ya sí, en compañía de sus hijos. En la Costa Azul francesa. Todo muy aristocrático, como verán. Yo me dirijo a mi coche en silencio y la familia de los fritos en mesa se despide de su contertulia para subirse a un esplendoroso Mercedes Clase E (modelo base valorado en 40.300 euros). Giro la cabeza y miro la matrícula. No tiene ni seis meses. Reluce impecable. Como relucen también sus asientos de cuero y sus numerosos extras. Calculo su precio, a ojo, en unos 56.000 euros.

Y así he llegado a mi coche, he tirado mis dos periódicos - ha quedado por encima el que posiblemente les habría gustado-, mi "compra urgente" y me he montado pensando en lo afortunado que soy. Mucho. Primero, porque yo no necesito aparentar ser nada para ser feliz. Segundo, por poder vivir con arreglo a mis estrictas posibilidades siendo, también, feliz. Y tercero, por haber tenido unos padres que priorizaron siempre mi alimentación o mi educación por encima de los trajes de Armani para ir a comprar croquetas al super del barrio. Y porque mi coche tendrá 200 caballos menos, pero hoy voy a comer tela de bien y sin pasar apuros.

Soy afortunado por todo eso y porque tengo la suficiente vergüenza como para no criticar al Gobierno por mi situación económica y el coste de la bolsa de la compra cuando con dos niños pequeños gasto casi la totalidad de mis ingresos anuales en un medio de transporte ostentoso, en vacaciones por todo lo alto, en segundas residencias ni mucho menos imprescindibles y en ropa que no se paga por lo que es sino por lo que representa; mientras destino menos de 90 euros mensuales a su alimentación, sin ninguna preocupación además en que ésta sea de calidad.

Y mira, si me da el punto, ahora tal vez me pase por Marte a plantar unos espárragos -que son muy sanos, y diuréticos-. Y desde allí, me reiré del mundo, de su hipocresía y de la soberana estupidez que nos invade -como ya dije un día recibiendo graves críticas por ello-. Porque sí, oiga, somos estúpidos.

Empezaré ya a especular desde allí arriba, para convencer a La Masa de lo importante que es tener una casita en Marte para estar en lo más alto y ser respetable. O sea, 'super cool'. Les meteré en la cabeza qué es lo más importante mientras me hago rico a su costa. Ellos criticarán al Gobierno, pero él seguirá sin ser el responsable de que los españoles quieran vivir dando más importancia y alas a la especulación urbanística -o de cualquier otro tipo- que a un plato de sopa, viviendo en la apariencia y la ostentación en lugar de hacerlo de forma acorde a sus ingresos.

Aunque cabe una posibilidad más: que encuentre allí arriba las mentes dispersas de medio país jugando a ser nuevos ricos y no quede hueco para nada. Y no me extrañaría, porque no sé en qué estamos pensando ni dónde tenemos la dignidad. Ni entiendo tampoco por qué debo aceptar sin rechistar que la neoliberal clase media se queje de que no llega a fin de mes mientras pasea sus neumáticos relucientes por las autovías cada puente, delante de quienes no pueden permitirse ni el viaje ni los donuts. Pero claro -quiero decir, osea- es una lástima que no atendamos a ese 20% de españoles que está por debajo del umbral de la pobreza, pero cómo hacerlo si no tenemos dinero para otros zapatos de Gucci antes de julio.

No, no queridos amigos. No se puede ser rico en vacaciones y pobre en la cola del mercado. Hay algunos que quieren ser tan ricos, tan aparentes, tan distinguidos y sobre todo tan de derechas; que no tienen más remedio que convertirse en rebeldes proletarios si de criticar al PSOE se trata. Y dan mucha pena, y mucha lástima. Pero es muy distinta emocionalmente a la que dan quienes realmente tienen dificultades para llegar a fin de mes. Y de esos, lo peor, es que nadie habla.

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Sobre este blog

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Jorge Barraza

Periodista de vocación, estudiante de profesión y bloguero por afición. Mostoleño de nacimiento, madrileño de corazón y europeo por convicción.

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