Cuaderno de un veinteañero
Periodismo y política: dos caminos bloqueados con los que alcanzar metas comunes. ¿Abrimos?
No querer ver, y ver lo que se quiere
Acabo de leer una noticia más que curiosa. Un italiano ha sido denunciado por fingir ser ciego durante 24 años, lo que le ha permitido trabajar en un centro penitenciario como telefonista. Al parecer alguien encontró a nuestro amigo leyendo el periódico -actividad muy educativa, todo sea dicho- y se acabó averiguando que por tener, tiene hasta permiso de conducir.
Dice el refrán que "no hay peor ciego que el que no quiere ver", pero no es menos cierto que el problema se agrava cuando, conocida y reconocida la mentira -o el error-, el protagonista echa balones fuera, buscando la suerte de golpear a alguien hasta derribarle. Enlazando la ceguera con el tema del día, la carestía del petróleo y los problemas que de ella se derivan, he recordado una conversación -un tanto encendida- que mantuve con un buen amigo no mucho después de la invasión de Irak por parte de las tropas estadounidenses y británicas, con el apoyo y la alegría -mostrada en aquellos vibrantes aplausos del Congreso- del entonces Gobierno de España. Mi rival en aquel improvisado debate me intentaba convencer de la necesidad de aquel dislate con una sinceridad apabullante: decía que no, que efectivamente la guerra no se producía como una respuesta al terrorismo ni a una amenaza a la seguridad internacional, sino por una motivación económica: el petróleo. Y que él estaba de acuerdo.
Yo no salía de mi asombro, mientras él muy -creo yo- demagógicamente, me intentaba vender que "a todos nos gusta ir en coche", entre otras cosas que no es necesario mencionar. Bárbaramente acabó diciendo que, tal como sospechaba, consideraba justo que quien tiene la fuerza la aplique contra quien no la tiene si existe un interés. "Somos animales" -me gritaba- y "tenemos instinto de supervivencia". Sin poder convencerle de la inmoralidad -por decirlo suavemente- de su pensamiento, intenté explicarle que además de un capullo era un inconsciente y un ignorante. Intenté explicarle -infructuosamente, claro- que los intereses de las compañías petroleras no eran los suyos, no podían serlo, y le avisé: "nos encontraremos dentro de unos años y me dirás para qué sirvió esta guerra a tu bolsillo. Yo te lo diré: para que unos sean más ricos y a ti, que te gusta moverte en coche y eres un ciudadano normal, te cueste el doble o el triple llenar tu depósito". Intenté explicarle también que el petróleo es un recurso con fecha de caducidad -a este ritmo no muy lejana- y que nos iba a costar mucho más caro a todos matarnos por él que estar a la vanguardia de la alternativa de futuro. "El mundo hoy se mueve con petróleo, pero si no lo solucionamos y somos simples, un día se nos va a parar".
No. Yo no soy muy listo -por suerte, porque sufriría aún más ante las barbaridades que hay que soportar a diario-. No, tampoco he estudiado económicas, ni nada que se le parezca lejanamente. Pero intento distinguirme en la actitud: tengo los ojos abiertos, a todas horas, formulando preguntas y buscando respuestas. Porque, en efecto, "no hay peor ciego que el que no quiere ver".
Esta noche y considerando que ya ha llegado el momento, le comentaré a mi buen amigo -muy moderado desde entonces- quién ganó el debate. Y no es por vanidad personal, sino para permitirme el lujo de acertar dos veces. Aquí lo dejo escrito: ¿de quién es la culpa? De Zapatero, of course. Porque con otro Gobierno en la Gran y Poderosa España, el mundo no estaría en crisis, eso lo sabemos todos. Tanto es así, que según acabo de escuchar han venido a manifestarse a Madrid pescadores y armadores "de toda España, pero también de Francia, Escocia, Italia y otros países europeos". Sí querido lector, el planeta empieza a despertar ante el Zapaterismo campante que quiere romperlo y fracturarlo, así que guarda tus banderas rojas bajo el colchón -como en nuestros mejores tiempos- y prepárate para la gloria de los salvapatrias del miedo. Porque no sé a ti, pero a mí me lo dan.
Sobre este blog
Cuaderno de un veinteañero
Jorge Barraza
21 años. Estudiante. Vocación de periodista. Apasionado de la política. De izquierdas. Socialdemócrata. Ecologista a mi manera. Lector de lo escrito, hasta de los botes del champú. Amante de la música, de toda. Soy feliz montado en una bici. Dejo de serlo con la injusticia, social o personal. Coherente con mis ideas y crítico siempre, conmigo o con otros. Directo y sin hipocresías. Sin complejos, tampoco para rectificar si es necesario. Encantado de aprender. Mostoleño, madrileño, galego, andaluz. Español. Ciudadano del mundo; junto a las personas siempre, junto a las banderas nunca.
Bienvenido a mi pequeño cuaderno.
jorgebfernandez@gmail.com
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