Cuaderno de un veinteañero
Periodismo y política: dos caminos bloqueados con los que alcanzar metas comunes. ¿Abrimos?
Rectificación, aclaración y reflexión: lo que yo no haré
Si quieres, empieza a leer escuchando esta canción.
Hace días que no escribo. Tantos, que juntos suman una semana. Podría decir que no lo he hecho porque, como muchos y tantos, siento mi cuerpo erguido por encima del universo que me rodea y he pensado, como el personaje ficticio al que daba vida un famoso dúo humorístico, que "ir pa ná, es tontería". Y efectivamente, muchos días pienso justo eso y no otra cosa.
Mi pesimismo con respecto a la política, a sus protagonistas y a su destino crece y se alimenta cada día. Lo uno y lo otro, recíprocamente. Estamos sumidos en un ataque tan y tan grande de velocidad irracional que hablamos poco y muy poco de lo que importa y muy mucho de lo absurdo y superficial.
Hoy, con mi regreso -que se produce tras un tiempo de falta de este, razón banal y cotidiana- quiero anunciar de qué No va a hablarse en este blog. Lo lógico sería hacer lo contrario, y explicar, al comienzo de cualquier cosa, qué es lo que uno tiene en mente desarrollar, más rápido o más despacio. Pues bien, lo que tengo en mente hacer es no hacer determinadas cosas que están de moda: no hablaré de la crisis del Partido Popular, no hablaré de la Eurocopa y no hablaré de los temas que se abordan en los programas vespertinos de televisión. Los que quieran practicar cualquiera de los tres nuevos deportes nacionales ya pueden cerrar y marcharse, aquí acaba su camino por la senda de mi pensamiento -que por otro lado no me importa más que mí, pero hoy vengo chulito, 'yavestú'-.
A los que habéis decidido seguir, os hago una propuesta: hablar y debatir cada día desde cualquiera de las tres páginas en que publico este mismo Cuaderno de aquellas cosas que realmente se mueven a nuestro alrededor. Qué se yo, cositas varias, pequeñitas: que en el País Vasco sigue habiendo concejales y ciudadanos amenazados y empresarios extorsionados por unos asesinos canallas, que el Gobierno de aquella Comunidad tiene un plan (¿un plan?), que Bush se va pero en Irak sigue la guerra, que otros vienen para tomar las riendas de la primera potencia, que la economía mundial se tambalea y la personal de muchos tiene visos de catástrofe, que la Unión Europea existe (¿o es una ilusión?), que mueren y mueren y mueren y mueren y mueren y mueren trabajadores ¡en su trabajo! (sí, fuera de él también), que la educación sigue siendo un reto olvidado, dormido entre papeles de apolillados Ministerios y peligrosas Consejerías de las que servidor no tomaría ni un sólo consejo, que la salud ahora empieza a no ser derecho y resulta ser negocio, que los mayores están cansados (y muriendo solos, sin la asistencia que prestaron a la sociedad) y los jóvenes... ¿a lo suyo? (y conducidos a un egoísmo precario, como precarios serán sus -nuestros- trabajos), que ya a nadie le emocionan las canciones que levantan puños y rosas, que el arte es más efímero que nunca, que muchos socialistas parecen fachada y los liberales se quieren confundir con los fachas de toda la vida (mejor justo al revés), que muchos niños siguen siendo muy débiles frente a la cruel fortaleza de los amnistiados, que la inocencia se ha perdido y la madurez no se ha alcanzado.
Se me ocurren muchas cosas de las que hablar. Y una de la que no hablar: la crisis del Partido Popular. Se hablará en este blog de ese partido en lo referente a su legítima y necesaria tarea de oposición al Gobierno -también legítimo- de los españoles. Pero nunca, nunca de aquí en adelante se hará para establecer críticas sobre una cuestión interna y de lógica histórica -sea un debate ideológico o una lucha personal por el poder, es su debate y su lucha-. Y aprovecho para mandar dos mensajes, uno al colectivo: que los problemas de todos siguen aunque sólo atendamos para felicidad y algarabía personal a los que unos tienen en su casa, y otro a un colectivo concreto, el PSOE, mi PSOE: todos los partidos conocen la victoria y la derrota. Todos. No podría entender que un sólo socialista criticase ante una crisis interna propia que el Partido Popular hiciese escarnio de ella sino se es coherente cuando toca, empezando por la cabeza más visible y destacada, la que tiene que dar ejemplo: el Secretario General. Es muy fácil meterle el dedo al contrario, pero yo admiro sólo a los políticos constructivos y no destructivos, a los creativos, a los que son como... ¿como Zapatero? (volver a la frase anterior, y reflexionar seria y profundamente). Admiro a Zapatero, su estilo, sus convicciones, sus principios, su historia, su forma de actuar y de ser, sus actuaciones como político y como Presidente, me emocioné contando y recontando sus votos y por eso, creo, tengo derecho a decir que no lo reconozco haciendo lo que no es propio de alguien de su elegancia y de su talante.
Ahora es el momento de que el PP encuentre y decida su camino. Cuando lo hayan encontrado, y elegido su proyecto y a sus líderes, seré yo el primero en confrontar aquellas ideas que no comparta y aplaudir las que me parezcan coherentes, dentro de la normalidad de una democracia y aplicando lo que más falta en esta vida... que es sentido común y moderación. Lo que me parece intolerable en cualquier caso es que nadie de un partido le diga a nadie de otro cómo tiene que barrer o administrar su casa. ¡Faltaba más! Yo al menos no lo toleraría en la mía y seré consecuente. Por eso, y por mi parte, no hay más que añadir hasta que pase el mes de junio. Bueno sí: que el propio PP no olvide que su primera obligación es la oposición leal y constructiva, no hacer el payaso y el ridículo como lo está haciendo, pero vaya, que esto último es su problema.
Y ahora... ¿hablamos de nosotros?, ¿de nuestra sociedad?, ¿de nuestros problemas? ¿hablamos de lo que quedó lejos? "Sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual, las hostias siguen cayendo sobre quien habla de más; y siguen los mismos muertos, podridos de crueldad...".
Un pulso a la seriedad
Hoy es uno de esos días en los que uno tiene mucho que decir (uno siempre tiene mucho que decir) pero o no le apetece, o no tiene tiempo, o las dos cosas a la vez.
Estoy francamente sorprendido. Desde que empecé este blog mucha gente llega a él y decide enviarme un mensaje a mi dirección de correo haciendo algún halago más o menos grande, o una crítica más o menos grande (estas últimas suelen ser más bien grandes y desmedidas). Pero no importa, a mí las críticas son las que me hacen vivir, de hecho me gustaría que hubiese más. Dijo Fernando Sánchez Dragó (poco sospechoso de ser admirado por mí) el día después de las elecciones en su extinguido espacio de Telemadrid (lástima, me lo hacía pasar genial) algo parecido a que él estaba contento por la victoria de Zapatero porque sin enemigos no es nadie. Creo que a todos nos pasa un poco lo mismo, porque a ver qué iba a escribir yo si no tuviese a quién criticar. Ná de ná, no nos engañemos. Tanto es así, que me gustaría pedirle a mi seguidor anónimo insidioso que regresara a su vieja labor, que sólo duró unos días. Le echo tanto de menos...
Decía que hay días en los que uno tiene mucho que decir pero no piensa decirlo. Este es uno de ellos. Por eso he pensado no dejar vacío el hueco del blog y aprovechar para colocar alguna imagen que acabe con mi supuesta imagen, valga la rebuznancia, de persona seria. En realidad, detrás de este apasionado pulso a la crítica destructiva que hago cada día (intentando por tanto ser algo constructivo) tiene que existir algo más. En esa tarea de búsqueda en mis documentos e intentando encontrar una fotografía en la que saliese yo solo (una pena, porque en las mejores estoy acompañado) ha aparecido esta del 18 de abril de 2005, hace por tanto tres años (tenía yo 18 y ya no me parezco mucho al de la foto, especialmente en la cara de niño) en la que salgo metido en un tubo. Sï, metido en un tubo. ¡Válgame!
Quienes me conocen dicen que soy, efectivamente, serio, frío, observador, analítico, poco expresivo emocionalmente y alguna otra cosa carente de simpatía. Bien. Cuál ha sido mi sorpresa cuando he visto que en esta imagen aparezco también... ¡serio! Y claro, ante un descubrimiento de tal magnitud he decidido llamar a mi psicólogo, porque ya me dirán ustedes quién se mete en un tubo para hacerse una foto, y sale serio. Pues solo yo.
Una obsesión constante por la política y la comunicación es otra de las actitudes que me achacan para catalogarme como el ser peligroso descrito en el párrafo anterior. Tendré que dejarla... ¿o no? Se me acaba de ocurrir una metáfora. Esto de la política es comparable a la situación en que se encuentra el protagonista del tubo que veis debajo: si entra hacia dentro para indagar en lo más oscuro, o se perderá o no tendrá salida; si camina hacia la luz en la que todos caminan se caerá del punto inicial, de sus principios; y si permanece fiel a sus principios o no llegará a ninguna parte, o seguramente acabará saliendo de la oscuridad un torrente que se lo llevará por delante. Y si es válido para la política, lo es para la vida misma.
¿Conclusiones? Dos: que estoy como una puta cabra y que sí, que en el fondo siempre hay algo que decir, hasta cuando no apetece. Por eso no me callo, ni pienso hacerlo; pero tal vez sí haya llegado el momento de saber si quiero caminar, quedarme quieto o ser uno más. Y hacerme mayor, vaya, que ya es hora.
Ah, por cierto: yo nunca dije que el de la foto fuese yo. ¿O sí?
Aceite resbaladizo
Hay dos cosas que querría destacar de la "crisis" (está de moda llamarle crisis a todo) del aceite de girasol.
La primera no me sorprende: en Moncloa nadie sigue nuestros blogs. Hace sólo unos días que advertí al Gobierno de las consecuencias que tendría no cambiar su patética política de acción y comunicación ante los asuntos de mayor trascendencia mediática, y en cuanto han tenido la primera oportunidad han vuelto a quedar en ridículo y su imagen de credibilidad afectada ante la ciudadanía dejando tras de sí a todo un sector productivo, organizaciones, empresas y sindicatos con un enfado de aúpa. Vamos a pedir a los Ministros, al Presidente y sus equipos que copien cien veces: transparencia y con prudencia, transparencia y con prudencia... Os lo he puesto fácil, que hasta rima. Pero a la próxima serán mil.
La segunda me preocupa: ¿en este país preferimos que el Gobierno pase un asunto de Salud Pública por alto si no tiene datos suficientes, a que tome todas las medidas de precaución necesarias y luego las levante convencido con seguridad de que no existe el más mínimo problema? Entonces es que nos hemos vuelto locos. También eso lo dejé claro en mi artículo anterior: da igual el qué o el cómo porque siempre habrá un motivo de crítica. En este caso ha sido "alarmismo", a la inversa estaríamos hablando de "inoperancia".
Pues bien, yo voto por el alarmismo. Dicen los responsables del sector que se ha generado desconfianza en los consumidores. ¿Les vale mi opinión? Yo que soy consumidor prefiero que paralicen tres días un producto, que se analice y estudie para concluir que tiene plenas garantías; a que el Gobierno insinúe que pasa algo pero no hay que hacer nada porque seguramente no pase nada y entonces para qué hacer algo. Ese supuesto no sólo provocaría mi desconfianza sino una petición de dimisión para el Ministro de turno. Pero esto España... "mi amol ya tú sabes".
La política y los blogs: sorpresas, reflexiones y una petición
La nueva Ministra de Igualdad, Bibiana Aído -a la que usted conocerá como "la flamenquita" si es lector de medios rancios- también es 'bloguera'. O mejor dicho, tiene un blog.
Lo es, según cuenta ella misma, desde un mes antes de las elecciones "para difundir los mensajes de la campaña, pero también para recoger impresiones y debatir con los internautas a través de los comentarios". Promete además seguir haciéndolo (como se le ocurra no cumplir empieza bien).
He estado ojeando el blog y su currículum y no tengo nada que objetar. Como política e incluso como persona, quiero decir. Ya sé que algunos fósiles históricos han pasado hace días a evaluar su tarea como Ministra, pero perdonen que no me sienta yo un alumno tan aventajado y capaz.
Sin embargo he encontrado algo en la página de la nueva responsable de Igualdad del Gobierno que me ha llamado la atención y sobre lo que quiero hacer una consideración personal y general. Se trata de este durísimo vídeo, un corto que parte con la buena intención de denunciar los malos tratos contra las mujeres -que por cierto algunos cerdos con plumilla parecen querer fomentar estos días- y advertir sobre la importancia de los menores en ese entorno, la educación y la capacidad de asimilación de los niños de aquello que ven y viven en su hogar.
Iba a escribir sobre ello ayer, justo después de observar las imágenes, pero por vinculación personal he preferido esperar a hoy, sin verlo de nuevo. Yo no soy psicólogo, ni sociólogo, ni nada que acabe en logo. Yo no he hecho inteligentes y avispados estudios sobre ningún tema, ni tengo ninguna autoridad científica. Si tengo, sin embargo, autoridad moral de sobra para invitar a quien esté leyendo esto a una pequeña reflexión, también a la Ministra de Igualdad.
Muchas veces hablamos de los malos tratos, físicos o psicológicos, o de la violencia en cualquier entorno social como algo alejado: existe, está ahí y lo denunciamos; pero lo hacemos con ese deje de quien piensa "a mí no me va a tocar", como quien dice "van a morir 57 personas en la carretera este fin de semana, pero yo no voy a ser una". Ciertos temas son siempre tratados como una realidad ajena, pensando que es una cuestión minoritaria que sí, llevamos con mucho dolor: los 5 minutos que suponen leer las noticias del día.
Sin embargo, la madre del motorista que se dejó la vida contra un 'quitamiedos' -qué extraña perversión- cuenta a cada una de las víctimas de la carretera como a su propio hijo. No quiero ni imaginar qué siente una mujer que sufre malos tratos viendo el Telediario de las 9, viendo a ese locutor que se está dirigiendo al público general pero que no piensa que ella está ahí, sentada en el sofá de su casa mirando a la puerta de reojo porque, precisamente, ya son las nueve. No quiero ni imaginar qué sentirá viendo los programas vespertinos que se detienen y sacuden cada pequeño y escabroso detalle. Pienso también en ese adolescente que llega a su casa y escucha lejanamente una noticia sobre cierta paliza grabada con un teléfono móvil y colgada en Internet. Así, podría señalar multitud de casos en los que la sociedad y los medios se zambullen en una indecente y fría insensibilidad.
Igualmente, y es aquí donde quería llegar, está muy de moda -porque nos van mucho las modas- afirmar que la niña o el niño harán aquello que vean en sus padres como si de un espejo se tratase. Entonces, acudiendo a una nueva sucesión de hechos probados, guardamos en otra indecente galería frases como: si tú lees, ellos leen, dice el Gobierno; si vive con dos maricones de mierda, el niño será un maricón de mierda, dicen algunos iluminados sobre la posibilidad de adopción en parejas gay; si un niño ha sufrido malos tratos...
No pienso seguir. A veces me avergüenza el género animal al que pertenezco, dotado de una maravillosa capacidad emocional. Para lo que quiere. Igual que nadie al hablar piensa en que esa mujer y ese adolescente existen, nadie piensa que esos niños también existen, son reales. ¡O sí, reales! Tal vez usted conozca alguno, avispado lector que pensaba poder afirmar cualquier cosa con la misma contundencia que un "porque yo lo valgo". Tal vez lo conoce y no lo sabe. Tal vez no lo sabe porque es ese niño que está en el parque jugando con los demás y al que llaman rarito... pero nadie se pregunta por qué puede ocurrir semejante cosa. Es simplemente el puto rarito que tiene que existir para dar variedad cromática a la vida. Tal vez uno de aquellos sea ahora su compañero de trabajo. Tal vez se haya cruzado con uno en un carrito empujado por una señora con exceso de maquillaje. Tal vez. Tal vez le está escuchando a usted, señor reportero, mientras habla como quien se dirige a la pared. Tal vez ese niño esta noche ponga la tele y un inteligentísimo estudioso de despacho de vaya usted a saber qué le diga que no sólo es un pobre desgraciado por tener que sufrir las hostias de su madre, o las que él mismo recibe de rebote, o las que le dan sus compañeros, o los insultos y el maltrato psicológico que le van destrozando por dentro, sino que además es un potencial hijo de la gran puta. Y el que se lo diga se va a quedar tan a gusto, como el que se despereza por la mañana y es lo último inteligente que hace en su jornada.
Yo quiero sin embargo ver más allá en esos niños o esos adolescentes. No sólo un incomprensible fracaso escolar, o un maldito gay, o un introvertido rarito. Veo dos cosas enormemente sencillas, pero muy complicadas: personas con necesidad de ayuda de toda la sociedad y, tal vez, un futuro médico, o un futuro político, o un futuro periodista, o un biólogo, o al cartero de mi barrio, o al camarero más amable de mi restaurante favorito, o por qué no, a mi futura pareja, o a la de mis posibles futuros hijos. Gente que nos rodea que precisa una segunda oportunidad, un empujón sin violencia hacia la luz, y menos pseudointelectual 'tocapelotas'.
Por ello, y sin que desde aquí vaya a tener más trascendencia, quiero encomendar a la Ministra de Igualdad una tarea importante: sensibilizar a la sociedad empezando por sensibilizar al Gobierno. Un país, la sociedad que lo sostiene, no está compuesta de datos estadísticos, está compuesta de personas con sentimientos, con historia, con luchas personales y con derecho a ser respetados, a la oportunidad de hacer una vida normal sin etiquetas y a no tener que aguantar la basura mediática y vecinal que tanto gusta a este país de morbosos horteras carentes de escrúpulos. Y de todo esto, las mujeres ministras sabéis un rato.
La agenda del Gobierno
Ha pasado una semana y media desde que se celebraron las elecciones, y algo menos desde que el Comité Ejecutivo Federal del Partido Socialista se reuniese con la consiguiente intervención de Zapatero. ¿Y algo más?
Desde la misma noche electoral el tema de conversación general fue la sucesión en el Partido Popular. Todos a por Mariano. Después Mariano anunció que se quedaba, y entonces tocaba reposicionarse y hablar de los no sucesores de Mariano. Más tarde del antiguo equipo de Mariano, para saber como sería el futuro equipo de Mariano. Después, a cuenta de Mariano, tocó hablar de Zaplana, que pasaba a ser "diputado raso". Y como siempre que se habla de Mortadelo le sigue Filemón, todos se preguntaban qué haría Acebes. También comentamos unas desafortunadas palabras de María San Gil (que no se enteró de que ya habían pasado las elecciones y sigue con el raca-raca) y otras de Esperanza Aguirre. Alberto Ruiz-Gallardón anunció que se quedaba (sí, él también) y otra vez Mariano saltaba junto a la Fallera Mayor. Hoy incluso hemos vuelto a abrir los ojos ante el humor negro del nunca desaparecido Aznar. Y así uno tras otro llevamos una semana y media hablando del Partido... perdedor de las elecciones.
¿Y los vencedores? Me pregunto donde están los que tienen ahora la responsabilidad de gobernar España durante cuatro años. Ni rastro. Ni ministros salientes ni entrantes. Hasta las quinielas que tanto gustan a los periodistas son más tímidas que otras veces. Ni anuncios... ni siquiera Presidente, que cuentan que anda de vacaciones. Aquello tiene que ser horrible, porque con él se han debido marchar todos los cargos y militantes del partido. Por haber hay hasta menos 'spots' publicitarios y en los de la DGT se les ha olvidado introducir la habitual dosis de mala hostia. ¿O éso no es por olvido? Pues menos mal.
Si Zapatero dijo que iba a corregir los errores de la pasada legislatura, el primero y más grave es enterarse de que el Gobierno está para llevar la iniciativa política nacional; es quien debe marcar la agenda, no la oposición. Es el ejecutivo quien debe comunicar a los ciudadanos sus acciones y sus iniciativas, y no enterarse éstos de qué ocurre cuando aparece el ansia destructora del adversario.
La política de comunicación del PSOE y del Gobierno me sigue dando miedo. No porque sea mala, sino porque parece no existir.
Sobre este blog
Cuaderno de un veinteañero
Jorge Barraza
21 años. Estudiante. Vocación de periodista. Apasionado de la política. De izquierdas. Socialdemócrata. Ecologista a mi manera. Lector de lo escrito, hasta de los botes del champú. Amante de la música, de toda. Soy feliz montado en una bici. Dejo de serlo con la injusticia, social o personal. Coherente con mis ideas y crítico siempre, conmigo o con otros. Directo y sin hipocresías. Sin complejos, tampoco para rectificar si es necesario. Encantado de aprender. Mostoleño, madrileño, galego, andaluz. Español. Ciudadano del mundo; junto a las personas siempre, junto a las banderas nunca.
Bienvenido a mi pequeño cuaderno.
jorgebfernandez@gmail.com
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