Cuaderno de un veinteañero
Periodismo y política: dos caminos bloqueados con los que alcanzar metas comunes. ¿Abrimos?
No quiero verle más
Si ha habido un error en el equipo de Ferraz a lo largo de estos cien primeros días es pensar que la crisis (qué palabra) en casa ajena iba a servir para el propio beneficio. El resultado es que ahora el PP está por delante en todas las encuestas -también las de los medios "afines"- y el PSOE desdibujado ante una sociedad aparentemente más interesada por el bolsillo que por sus principios.
Cuando Rajoy afirma que "el Gobierno no ha hecho nada" no se está sirviendo de una verdad, sino del regalo que ha recibido del propio enemigo, que le permite ahora pasearse de pueblo en pueblo como el portador de soluciones, el moderado sin complejos, llave del futuro nacional y salvador de desastres que España necesita. No lo ha conseguido él, es obra de la ignorancia y la simpleza de quien tenía que haber marcado la agenda.
Muy al contrario, el PSOE creyó oportuno esperar a que el PP se autodestruyese -¿de verdad les parecía posible?- permitiendo su falsa imagen de renovación. Que los populares hayan protagonizado con sus riñas internas los mejores titulares de prensa de estos meses ha sido lo peor que le podía ocurrir al Gobierno, que ya no tendrá motivos para atacar la mala actitud del PP. Ahora, habrá que criticar no las formas, sino las ideas y las acciones -tanto o más nefastas que antes del Congreso-; y ello requiere personajes más cualificados que el dichoso José Blanco. Sin embargo, observo incrédulo cómo ha recibido como premio un resplandeciente cargo que emula a viejas glorias del socialismo español, para desde él seguir deleitándonos con su elaborado verbo y su inigualable carisma.
El flamante vicesecretario general del PSOE ha afirmado hoy en rueda de prensa que entregará al líder de la oposición un informe sobre los cien primeros días de Gobierno, porque según sus propias palabras "Rajoy ha estado muy ocupado con la crisis de su Partido", con lo que el megalíder socialista deduce que no habrá tenido tiempo para seguir, entre otras cosas, las resoluciones del Consejo de Ministros. Que la principal cara visible de los socialistas haya errado al considerar que no hacer nada para que lo haga el contrario es mejor que explicar a los ciudadanos qué se hace y por qué, es grave; pero que ahora, con el líder de la oposición lavado ante la sociedad y vendiendo sus recetas por doquier continúe insistiendo en la "crisis" ya pasada por Rajoy es un acto de magna estupidez. Y de gran insensibilidad social.
El mismo día en que el Gobierno anuncia que la crisis provocada por la situación internacional se ha llevado por delante el superávit sabiamente logrado a tal efecto, Blanco debería explicar qué hace el ejecutivo, cuáles son las medidas tomadas, por qué estamos en crisis e incluso podría servir de profesor ciudadano para dar unas cuantas lecciones de economía global y de mercado. Pero no, prefiere permitir que el corte en los informativos sea aquel en que se habla del Partido Popular, haciéndole la publicidad que necesita y sin responder a lo que los ciudadanos quieren escuchar de quien ostenta el poder. Puede que no sepa hacerlo mejor, o puede que no de para más; pero el PSOE debe abandonar las palabras huecas, vacías y machaconamente repetidas para dar paso a las ideas claras, ágiles y cercanas. Debe abandonar a José Blanco.
En efecto, recomendaría humildemente a la dirección socialista que si ganar en 2012 es su pretensión, por favor, saque a Blanco de los focos. No sé si es un organizador estupendo, seguramente; o un potente cerebro, puede ser. Pero por favor, que trabaje en silencio. No quiero verle más. Parece que no acaba de entender que lo mejor que tiene el Partido Socialista Obrero Español está dentro, no fuera. Lo que tiene que vender y destacar es lo conseguido por su formación, no la desgracia ajena. Lo que hará fuerte al PSOE es que la gente sepa qué ha hecho el Partido por ellos, no que sus líderes pretendan convencer sobre lo malo que es el enemigo. Porque así, el enemigo crece; y nadie escucha una sola justificación para que deje de suceder. Zapatero no lo hace mal, Zapatero no tiene a nadie que explique lo que hace. Y si nadie explica que Zapatero no lo hace mal, la mayoría acabará afirmando que Zapatero lo hace mal. A mí me faltan quince minutos.
Joaquín Leguina ya es "upeydista" oficial
Nos vamos posicionando. Hace no mucho tiempo le dediqué un artículo a los socialistas confusos, como Joaquín Leguina, que mantiene un blog crítico con Zapatero, José Blanco y todo lo que salga de la dirección socialista de Ferraz o del Gobierno.
Muchos de sus comentaristas le pedían fervientemente que pasara a formar parte de UPyD, el grupo de moda en las ondas episcopales matutinas, mientras él negaba tal posibilidad.
Hoy sin embargo -sin encambio, que dirían algunos- ha sido mayúscula mi sorpresa cuando en plena portada de la web del partido de Rosa -y rosa en todo- aparece un artículo de Leguina. Y digo en plena portada, es decir, con todos los honores, los que merecería alguien integrado en el grupo de pleno derecho y con suma importancia. Lo que se recoge, por cierto, es un artículo escrito en El Mundo por el citado personaje, para que vaya usted cerrando el círculo.
Y yo que me alegro, porque ahora ya podré defender o no lo que diga este señor. Porque si tiene la valentía de dar ese paso, estará siendo coherente. Y es que, como se suele decir: ¡Así sí, hombre, así sí! No hay cosa que más salte a la vista que la hipocresía interesada: está claro que este señor quiere un puesto, y está claro que UPyD es el mejor partido para conseguir uno. ¡Todos contentos!
El PSOE, su izquierda y los críticos
Últimamente al PSOE le están saliendo muchos detractores entre los que algún día fueron o pretendieron ser importantes dirigentes del partido. No me refiero sólo a los más famosos, como Rosa Díez o el neoalgo al que invitan a seguir sus pasos, Joaquín Leguina -sí, ése que tiene un agujero negro en su blog personal que hace que se pierdan cosas de forma milagrosa-; me refiero también a los detractores ideológicos, como Jordi Sevilla.
Ya, ya lo sé. Usted se está preguntando por qué excluyo a Rosa Díez o a Leguina de los detractores ideológicos. Pero si quieren la respuesta, está, como siempre, ahí fuera. En la historia, en sus propias palabras, en sus actos y en su labrada imagen de. De, sin concluir. Hay cosas que no es necesario explicar, mucho menos cuando se acerca el Congreso del partido y algunos toman posiciones. Sus posiciones. Menos los que optaron por irse y dejarse notar a su manera, desde fuera. Pero hablaremos de ellos después.
Antes, hay otras cuestiones sobre las que sí es bueno reflexionar. Y a ellas voy. Desde que leí este artículo del 9 de junio escrito por el ex Ministro del Gobierno de Zapatero, estoy pensando en qué estaría pensando él al escribirlo. Básicamente, viene a decir que no hay diferencias entre izquierda y derecha; asume pues Sevilla que "todos los políticos son iguales", esa vieja consigna abstencionista de la derecha de toda la vida. Y me pregunto, ¿si ya ni los líderes socialistas creen en esa diferencia, podemos hacerlo nosotros? Me lo están poniendo difícil, muy difícil. Pero no lo van a conseguir: yo sigo creyendo, aunque añadiendo a mis creencias casi religiosas la convicción de la enorme ineptitud que se extiende, más rápido que la pólvora, entre los líderes del socialismo español. Y permítanme decir, que muchos de ellos se equivocaron de siglas. Al PSOE le vendría muy bien que éstos siguieran el primero de mis ejemplos, salieran del armario, y se fueran a donde en realidad camparían con absoluta comodidad.
Siempre han existido dos posturas con respecto a las estrategias de partido. Están, por un lado, los que piensan que las discrepancias se deben quedar en casa porque el debate público no es interesante a la hora de enfrentarse a los futuros retos electorales. Por otro, los que creemos que si una formación política está viva, y quiere parecerse e identificarse con una sociedad, debe actuar y ser como ella; mucho más si se trata de una formación de izquierdas. Puedo entender que en la derecha exista el alineamiento sin más, el Sí al más puro estilo orwelliano. No lo entiendo sin embargo en la izquierda, no es ésa su razón de ser y existir. El debate la hace fuerte, la hace interesante, la hace diferente y, en efecto, la hace ser. Si en la izquierda se asumen las cosas tal y como las entienden sus oponentes, se alcanzan las ambigüedades que en estos momentos se están produciendo en política social o de inmigración. Ambigüedades que se convierten en complejo que obliga a seguir a la derecha, pensando que ella tiene más alcance entre la sociedad en según qué cuestiones, un concepto seguro incorrecto -y en caso afirmativo, ¿no éramos nosotros los de las luchas justas aunque costasen la derrota?-. Deberían volver pues esos tiempos en los que la izquierda lideraba con claridad la respuesta y la reflexión social ante los temas que importan, y abandonar los actuales en los que los juegos de palabras, las frases y los modos estéticos parecen contar más.
Admiro los debates ideológicos, los partidos políticos y organizaciones en los que todo se pone en cuestión con el afán de mejorar, de reflexionar para convencer. Nunca tomaría parte de un proyecto cerrado, opaco, sectario, hermético o inamovible, en el que sólo exista una voz única y no tantas como forman parte de él. Lo que no admiro tanto son los debates de cuota. De cuota por el poder. Y parece que de esos hay muchos en todas las formaciones, escondidos en aparentes discrepancias de pensamiento que no son tal. Nadie se salva: ni el PP, con sus espectáculos congresuales; ni el PSOE, que veamos cómo sale en algunas federaciones; ni digamos Izquierda ¿Unida?, con su Partido Comunista anclado en las trincheras y aspirando a ser aceite, siempre por encima del resto de la ¿coalición?
Desde esa admiración por el debate y la pluralidad ideológica bien definida sería difícil entender a qué se debe mi profunda y sincera... voy a llamarla animadversión, por el mencionado Joaquín Leguina. Y se debe únicamente a que no me puedo creer esa diferencia teórica que lo separa del PSOE que en otros tiempos le daba de comer. Tal vez ese plato en la mesa sea el verdadero problema.
¿Hay tantas diferencias entre el grupo que lideraba Felipe González y el de Zapatero? Las verdaderas estriban, a mi parecer, en el cambio de época. No hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que hay sustanciales evoluciones que han provocado que la España del 82 no se parezca demasiado a la de 2008 -que ya lo explicó muy bien, en su día y a su manera, Alfonso Guerra-. Son muchos los críticos que desde otras ideologías hacen mención a más de trescientos sucesos acaecidos desde los días Pablo Iglesias hasta ayer por la tarde para erosionar a los socialistas españoles, sin entender que poco tienen que ver aquellas luchas con las nuestras, porque poco tiene que ver aquel país con el nuestro. Tampoco el partido, tampoco los líderes. Lo que me parece aberrante es que existan "intelectuales" del propio socialismo que no entiendan esa evolución, que no comprendan que el PSOE tiene que caminar al mismo ritmo que lo haga el conjunto de los españoles; que para partidos rancios ya están otros. Y si no entenderlo ahora significa un brusco cambio en la trayectoria de quien emite mensajes así, sólo puedo entrever una cuestión de intereses. El PSOE -se supone que también los demás partidos- se hace y rehace, y lo deben formar un grupo de militantes con unas ideas comunes para arreglar los problemas de hoy. Atendiendo a su historia, siempre; pero mirando de forma inquebrantable hacia el futuro. Progresar, progreso; esas son las supestas palabras cumbre. Cambio, dice el lema del trigésimo séptimo Congreso. Avanzar, es lo que ello implica.
Pero surge, como digo, el rastrero interés. Y no hay más que ver que algunos sus discrepancias siempre las gritan reivindicándose a sí mismos. Dice Leguina en su blog: "José Blanco, Secretario de Organización del PSOE, olvidándose (sólo por un momento) de fustigar -con su preciso y siempre ilustrado verbo- a su paisano Rajoy, nos ha soltado en Alcalá una encendida regañina dirigida a los afiliados del PSM, conminándonos a superar “viejas recetas y discursos trasnochados”. “Si un partido no cambia, la sociedad lo manda directamente a la oposición”, añadió el líder. “La sociedad no vota a quienes sólo se miran a sí mismos”, advirtió a los navegantes del PSM. “Los ciudadanos no perdonan a quienes no dan una respuesta a sus necesidades e inquietudes”, concluyó. La primera pregunta que viene a la mente después de escuchar a José Blanco soltar esa soflama por la radio es la siguiente: ¿a quién dirige sus críticas este hombre? Porque, al hablar de viejas recetas y de discursos trasnochados, no estará pensando –hemos de suponer- en quienes ganamos varias veces las elecciones en Madrid". Vaya por delante que a mí José Blanco, Pepe Blanco o Pepinho -a elegir- me cae como una patada en la mismísima rabadilla. Pero necesariamente, al leer al Señor Leguina, la primera pregunta que me viene a la mente es la siguiente: ¿a quién se refiere cuando dice "quienes ganamos varias veces las elecciones en Madrid"? Supongo que será al mismo, a él mismo, que las perdió en 1995 dándole una victoria por mayoría absoluta a un Gallardón al que siempre despreció, con esa misma prepotencia con la que hoy se permite dar lecciones. ¿No tiene ninguna responsabilidad el único Presidente socialista de la historia de la Comunidad de Madrid en que sus ciudadanos no hayan querido repetir? La humildad nunca es mala. Nunca. Y por seguir con situaciones dantescas, me ha recordado a "esos" socialistas madrileños que reniegan del presente Secretario General del PSM, Tomás Gómez, porque dicen -es la excusa menos elaborada que he visto nunca- que "ha perdido muchos votos". Efectivamente, así es. En el año 2003 el alcalde de Parla -el más votado de España- obtuvo en las elecciones municipales un 75,35% del apoyo popular y 20 de 25 concejales; mientras que en el año 2007 se quedó en el 74,43% y -oh- 20 de 25 concejales. Efectivamente, el descalabro es, cómo decirlo, espectacular. Como espectacular es que la maquinaria sectaria de -parte- de su propio partido no le permita hacer oposición porque algunos prefieren una Esperanza fuerte a quedarse ellos con el trasero sin sillón. La verdad, no sé en cuál de las corrientes autonómicas actuales se encuentra el señor Leguina, pero viendo que apuesta por él mismo, deduzco que apuesta por los perdedores. Tampoco es que me importe.
Discrepancia siempre. La admiro, me encanta. De hecho, no me suelen caer bien quienes siempre me dan la razón; es... hasta aburrido -saludos especiales a mi comentarista anónimo, que me endulza la vida-. Pero aquellos cuya única ideología es el poder y sólo el poder y siempre Su poder dan tanta pena como rabia. Más de la una que de la otra. El próximo fin de semana el PSOE tiene una oportunidad irrepetible para demostrar a los ciudadanos españoles que siguen siendo la bandera de la izquierda. La del 'cambio'. Hablando más que nunca de ideas o soluciones y menos de personas -especialmente ahora, que no parecen existir dudas sobre quién lidera el proyecto-. Que el puño cerrado -el de verdad- saque de nuevo su energía y golpee la mesa. Que oriente la política por el camino ideológico que muchos esperan, y que se recuerde a tanto superlativo nombre propio que éstos no importan, no más que las cuatro siglas que los acogen. Porque, señor Leguina -y tantos otros-: los socialistas también se mueren, lo que quedan son sus conquistas. ¿Por cuáles lucha usted, por cuáles los incapacitados e incapaces olfateadores en busca de su cacho de tarta? ¡Son tantos! Pero confío en que ninguno nos haga perder la confianza.
Estamos a tiempo.
Rectificación, aclaración y reflexión: lo que yo no haré
Si quieres, empieza a leer escuchando esta canción.
Hace días que no escribo. Tantos, que juntos suman una semana. Podría decir que no lo he hecho porque, como muchos y tantos, siento mi cuerpo erguido por encima del universo que me rodea y he pensado, como el personaje ficticio al que daba vida un famoso dúo humorístico, que "ir pa ná, es tontería". Y efectivamente, muchos días pienso justo eso y no otra cosa.
Mi pesimismo con respecto a la política, a sus protagonistas y a su destino crece y se alimenta cada día. Lo uno y lo otro, recíprocamente. Estamos sumidos en un ataque tan y tan grande de velocidad irracional que hablamos poco y muy poco de lo que importa y muy mucho de lo absurdo y superficial.
Hoy, con mi regreso -que se produce tras un tiempo de falta de este, razón banal y cotidiana- quiero anunciar de qué No va a hablarse en este blog. Lo lógico sería hacer lo contrario, y explicar, al comienzo de cualquier cosa, qué es lo que uno tiene en mente desarrollar, más rápido o más despacio. Pues bien, lo que tengo en mente hacer es no hacer determinadas cosas que están de moda: no hablaré de la crisis del Partido Popular, no hablaré de la Eurocopa y no hablaré de los temas que se abordan en los programas vespertinos de televisión. Los que quieran practicar cualquiera de los tres nuevos deportes nacionales ya pueden cerrar y marcharse, aquí acaba su camino por la senda de mi pensamiento -que por otro lado no me importa más que mí, pero hoy vengo chulito, 'yavestú'-.
A los que habéis decidido seguir, os hago una propuesta: hablar y debatir cada día desde cualquiera de las tres páginas en que publico este mismo Cuaderno de aquellas cosas que realmente se mueven a nuestro alrededor. Qué se yo, cositas varias, pequeñitas: que en el País Vasco sigue habiendo concejales y ciudadanos amenazados y empresarios extorsionados por unos asesinos canallas, que el Gobierno de aquella Comunidad tiene un plan (¿un plan?), que Bush se va pero en Irak sigue la guerra, que otros vienen para tomar las riendas de la primera potencia, que la economía mundial se tambalea y la personal de muchos tiene visos de catástrofe, que la Unión Europea existe (¿o es una ilusión?), que mueren y mueren y mueren y mueren y mueren y mueren trabajadores ¡en su trabajo! (sí, fuera de él también), que la educación sigue siendo un reto olvidado, dormido entre papeles de apolillados Ministerios y peligrosas Consejerías de las que servidor no tomaría ni un sólo consejo, que la salud ahora empieza a no ser derecho y resulta ser negocio, que los mayores están cansados (y muriendo solos, sin la asistencia que prestaron a la sociedad) y los jóvenes... ¿a lo suyo? (y conducidos a un egoísmo precario, como precarios serán sus -nuestros- trabajos), que ya a nadie le emocionan las canciones que levantan puños y rosas, que el arte es más efímero que nunca, que muchos socialistas parecen fachada y los liberales se quieren confundir con los fachas de toda la vida (mejor justo al revés), que muchos niños siguen siendo muy débiles frente a la cruel fortaleza de los amnistiados, que la inocencia se ha perdido y la madurez no se ha alcanzado.
Se me ocurren muchas cosas de las que hablar. Y una de la que no hablar: la crisis del Partido Popular. Se hablará en este blog de ese partido en lo referente a su legítima y necesaria tarea de oposición al Gobierno -también legítimo- de los españoles. Pero nunca, nunca de aquí en adelante se hará para establecer críticas sobre una cuestión interna y de lógica histórica -sea un debate ideológico o una lucha personal por el poder, es su debate y su lucha-. Y aprovecho para mandar dos mensajes, uno al colectivo: que los problemas de todos siguen aunque sólo atendamos para felicidad y algarabía personal a los que unos tienen en su casa, y otro a un colectivo concreto, el PSOE, mi PSOE: todos los partidos conocen la victoria y la derrota. Todos. No podría entender que un sólo socialista criticase ante una crisis interna propia que el Partido Popular hiciese escarnio de ella sino se es coherente cuando toca, empezando por la cabeza más visible y destacada, la que tiene que dar ejemplo: el Secretario General. Es muy fácil meterle el dedo al contrario, pero yo admiro sólo a los políticos constructivos y no destructivos, a los creativos, a los que son como... ¿como Zapatero? (volver a la frase anterior, y reflexionar seria y profundamente). Admiro a Zapatero, su estilo, sus convicciones, sus principios, su historia, su forma de actuar y de ser, sus actuaciones como político y como Presidente, me emocioné contando y recontando sus votos y por eso, creo, tengo derecho a decir que no lo reconozco haciendo lo que no es propio de alguien de su elegancia y de su talante.
Ahora es el momento de que el PP encuentre y decida su camino. Cuando lo hayan encontrado, y elegido su proyecto y a sus líderes, seré yo el primero en confrontar aquellas ideas que no comparta y aplaudir las que me parezcan coherentes, dentro de la normalidad de una democracia y aplicando lo que más falta en esta vida... que es sentido común y moderación. Lo que me parece intolerable en cualquier caso es que nadie de un partido le diga a nadie de otro cómo tiene que barrer o administrar su casa. ¡Faltaba más! Yo al menos no lo toleraría en la mía y seré consecuente. Por eso, y por mi parte, no hay más que añadir hasta que pase el mes de junio. Bueno sí: que el propio PP no olvide que su primera obligación es la oposición leal y constructiva, no hacer el payaso y el ridículo como lo está haciendo, pero vaya, que esto último es su problema.
Y ahora... ¿hablamos de nosotros?, ¿de nuestra sociedad?, ¿de nuestros problemas? ¿hablamos de lo que quedó lejos? "Sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual, las hostias siguen cayendo sobre quien habla de más; y siguen los mismos muertos, podridos de crueldad...".
Comparaciones odiosas para finales naturales
Ya se sabe lo que se dice de las comparaciones: que son odiosas. La que voy a realizar hoy seguramente lo sea a ojos de muchos. Voy a comparar a Izquierda Unida con el Partido Popular -o viceversa-. Sí, y no me voy a poner 'colorao' ni nada.
Hablando de conceptos arraigados en la tradición popular, me viene a la mente aquel de la indisoluble unidad de la derecha y la división natural de la izquierda. De entrada hay que señalar que ser de izquierdas comporta un aspecto crítico incompatible con el voto más "instintivo" de la derecha. Pero el apartado que quiero referir en este artículo es el orgánico.
En este país la izquierda tiene dos referencias visibles: el PSOE (esto siempre bajo discusión) e Izquierda Unida. En la derecha hay una: el Partido Popular.
Hablando de la izquierda hay dos circunstancias que destacar. La primera es que las personas simples (no lo digo en sentido peyorativo) suelen meter en el mismo saco a un socialdemócrata, un socialista, un comunista y hasta un nacionalista si el susodicho es de ERC -en ocasiones también si hablamos de CiU o PNV, pero a los que llegan tan lejos cabe aplicarles el sentido insultante de la simpleza, aunque sólo sea por el burdo atrevimiento-. Sin embargo, el que haya leído en su vida más de dos párrafos de algo sensato sabe que no es así -nada más lejos- y puede diferenciar fácilmente conceptos que llegan a ser opuestos. Algún votante del PSOE llega en ocasiones a entenderse mejor con unos del PP que con otros de IU, pero la naturaleza de las cosas obliga a los representantes políticos socialistas a buscar los acuerdos de gobierno y gestión con lo que esté más a su izquierda que a su derecha. Por explicarlo gráficamente voy a usar el tema nacional más recurrente: el Real Madrid es enemigo del Atlético y del Barça, pero desde luego lo es mucho más de este último. Pues eso.
La otra circunstancia especial se da en Izquierda Unida, que no es un partido sino una coalición de ellos; un verdadero "batiburrillo" de ideas, sensibilidades e intereses -sobre todo eso- diferentes. IU aglutina de forma antinatural a especímenes de lo más diverso, que en ocasiones tienen tanto en común como una jirafa y un escarabajo pelotero, y que al formar gobiernos -por ejemplo municipales- con el PSOE aumentan el parecido y las similitudes de todos sus miembros a las que pudiera haber entre mi almohada y el planeta Júpiter -no digo que no los haya, pero es dificil verlos-. Sin embargo, sabemos que las instituciones deben ser gobernadas y que para ello es necesario acercar posiciones. Un trasvase de votos del PSOE a IU o la inversa suele ser dificil salvo circunstancias especiales, y sin embargo a ninguna de las partes votantes les extraña un pacto posterior entre ambas fuerzas.
El problema se produce cuando los que quieren gobernar instituciones acordando con diferentes no se pueden gobernar a sí mismos por la exagerada heterogeneidad de su composición. Es el caso de IU... y es el del Partido Popular, al que obviamente quería llegar.
No conozco ningún país europeo -no digo que no exista- en que se de la circunstancia de tener un solo partido de derechas en el Parlamento. En principio, la ausencia de la extrema derecha estaría justificada por la cercanía de nuestra historia más oscura, pero no es verdad: la extrema derecha está, así como la moderada y la que lo es a medias. El PP bien podría llamarse "Derecha Unida", es el IU del lado opuesto; una combinación fatal de posturas radicalmente alejadas que de momento ha salido adelante con un juego estratégico más o menos eficaz pero que tenía que acabar estallando. Ése es el estallido que estamos viviendo, y la estrategia de concentración ha caducado. Ya ni los que aman la simpleza ni aquellos a los que les gusta profundizar podrán seguir tragando con que también en la derecha es todo la misma cosa, aglomerada bajo el estandarte de la gaviota. Está claro que no es verdad.
Lo que ahora no tendría ningún sentido tras dos derrotas electorales consecutivas, la actuación de oposición de la pasada legislatura, el espectáculo dantesco que se está dando y el suceso inédito de que para hoy haya convocadas dos manifestaciones enfrentadas entre militantes de un -supuesto- mismo partido es que el PP aparcase el siguiente paso: la escisión de una de las partes. O bien se va la ultraderecha o bien lo hacen los "moderados", pero una de las mitades tiene que formar su propio partido. Es el estado natural de las cosas. En estos momentos el PP está construído sobre el engaño de una cohesión irreal, y si no existe valentía para salir del calor del gigante las urnas y el propio desgaste de la lucha interna hundirán a la formación. Estoy convencido de que Gallardón y Aguirre podrían pactar perfectamente un ejecutivo sabiéndose líderes de su parte y mensajeros de un electorado claro. Pero si se empeñan en que el triunfo de una parte sobre la otra debe producirse dentro de las mismas siglas que ahora los reúne -que no une- es seguro que también la parte victoriosa perderá a los votantes de la derrotada, abocando al PP a una crisis de las de verdad.
Federico y Pedro J. -que aunque no lo creamos son influyentes con los suyos- han hecho que ese camino sea ya imparable. El problema es: ¿quién se va? De momento parece que el ala dura se está agrupando fuera. Ningún divorcio entre esposos es fácil, y en este caso la niña es todavía muy pequeña como para preguntarle a quién quiere más.
Periodistas, terroristas y hombres de Estado
Hay dos costumbres que caracterizan especialmente a nuestros medios de comunicación. La primera, entregarse de lleno y durante días a cuestiones de gran intrascendencia pero enorme interés social. El Real Madrid ha ganado la liga, y desde aquí felicito a su afición -ya sabéis que a mí eso del fútbol sólo en las grandes finales-, pero ¿es necesario estar días hablando de los dos goles, de cómo Raúl coloca la bandera a la diosa Cibeles, de si ahora irá a la selección o no, de cómo van a pasear el título, del pasillo del Barça o de si Villa será o no madridista? Sea necesario o no, es lo que haremos, o lo que harán.
Pero si algo me preocupa no es que le dediquen horas y horas a tan magno acontecimiento -nótese la ironía- sino que absorba todos los demás sucesos. Entro en las portadas digitales de los principales medios y descubro con cierto asombro que noticias fundamentales no han sido relegadas a un segundo plano: sencillamente no están. Ayer una pandilla de energúmenos cobardes indecentes arrastró sus babosos pies por delante de la casa de Isaías Carrasco, de su mujer y sus hijos -que esperaban en una parada de autobús- al grito cerdo y cruel de "PSOE terrorista". Me enteré en un diario de la Comunitat Valenciana, el único que tenía la noticia en primera página. Mi desesperación ha crecido cuando he conseguido acceder a la información en los medios de supuesta mayor importancia. 'El País' titula: "5.000 personas piden en Mondragón la libertad de su alcaldesa". Y cuenta cosas tan interesantes como que "la manifestación concluyó en la plaza del pueblo, que se quedó pequeña para reunir a todos los presentes, con un acto político que sirvió para ensalzar a la encarcelada y culpar a socialistas y peneuvistas del "grave salto cualitativo" que representa su envío a prisión". Para El País los gritos contra los socialistas se reducían a pintadas -las que ve a diario, por ejemplo, Sandra Carrasco- en las calles con las que los manifestantes se "recrearon". Desconozco si el problema del diario global en español es que todos sus redactores estaban en Cibeles -con lo que perdería su sentido global-, si es que se ha vuelto pro-abertzale -que lo dudo- o si quiere evitarnos disgustos tontos -que no suele ser su estilo-. En todo caso yo preferiría que informasen como lo han hecho toda la vida.
Mi otro medio de referencia, la Cadena SER, no se ha quedado corta. No cuenta nada de lo que escupieron los etarras, pero si dedica un titular bastante grande y hermoso a las palabras de Aznar quejándose de la negociación de Zapatero con ETA -aprovechando que el Pisuerga pasa por donde todos sabemos-. Supongo que el ex Presidente quería decir que el PSOE se rindió a ETA, como gritaban en sus manifestaciones. ¿Cómo era lo otro que decían? ¿PSOE terrorista? Uy, vamos a dejar de buscar 'falsos amigos', mi profe de inglés no me lo perdonaría. ¿Pero ven? Lo que diga este señor, que ya no representa a nadie, sí me trae sin cuidado.
Hablaba de dos costumbres de los medios españoles. Explicada una, contaré la otra: hacer bueno y engrandecer a todo fallecido. No seré yo quien diga que Calvo Sotelo no merece tal grandiosidad -no se me ocurriría hacer tal cosa-, sino que resulta patético ver como el enemigo al que ayer insultabas hoy te parece un héroe. Si algo admiro en las personas es la coherencia, respeto y coherencia. Corrijo: queda un coherente. El innombrable voceador matutino de la radio episcopal cuenta en su blog -lo siento Ivanka, leo esas cosas- que Leopoldo Calvo Sotelo "no fue capaz de hacer bien nada más que la Transición porque esa casta nunca se vio en la obligación moral y política de impedir la victoria apocalíptica del PSOE en 1982". Y luego vinieron señores rojos con rabo y cuernos y las historias que todos sabemos.
En todo caso, a mí no me cabe la menor duda de que el ex Presidente fue una figura clave, que ayudó a afianzar y fortalecer la democracia que hoy disfrutamos y que merece ser despedido no sólo como un hombre de la calle -como sucederá en Ribadeo- sino como un hombre de Estado que hizo su papel. Hombre de Estado, que curiosa acepción. Y digo que no me cabe duda, porque tengo 21 años y muchas dudas, siempre dudas.
¿Valientes? Valientes...
Dicen los que saben de esto, o dicen saber, que la dignidad, la coherencia y el sentido común son fundamentales para ocupar un cargo público. Me pregunto donde se han dejado todo eso los concejales de PP, EB y EA de Arrasate-Mondragón.
Especialmente los primeros, especialmente los que llevan cuatro años acusándonos de asesinos, de terroristas, de vender la patria por haber creído en una forma de resolver un conflicto que lleva décadas masacrando al pueblo vasco, al español y especialmente a nuestros concejales y representantes públicos. Nos han humillado por haber creído y apostado por una nación en libertad; para ahora votar con los que la oprimen y desangran en una actitud espuria.
¿Izquierda Unida? Lo de Unida lo deberían eliminar por dantesco. Hace tiempo que abandonaron la oportunidad de ser creíbles y solo están conducidos a la inevitable desaparición de lo obsoleto, de lo lejano a la realidad de la calle. Me arrepiento profundamente y pido disculpas por haber defendido su aparición en los medios, sus llamamientos al reflejo de la pluralidad y sus peticiones de reforma de una Ley Electoral a todas luces injusta -que injusta seguirá siendo y como injusta seguiré criticando-. Pero defender a IU, defender la "tercera fuerza"... ¿Para qué? Son los que defienden memoria histórica aquí y dictaduras allá, para acabar ahora rindiéndose a una del terror y las pistolas. ¿Valientes? Valientes hijos de puta.
Hace dos días y en relación al secuestro de un pesquero en Somalia, el Partido Popular decía que no toleraría, porque sería indigno en un país democrático "que el Gobierno negocie con piratas". Parece de chiste, tanto que si el asunto no fuese tan serio haría un monólogo con esa frase. ¡Qué bien se aprendieron el discurso! Ya me imaginé yo al Capitán Garfio y a Jack Sparrow negociando con Zapatero mano a mano, pero seguro que hasta estos personajes de ficción habrían tenido más sensibilidad con los sentimientos de todo un pueblo, de todo un país, y con sus verdaderos intereses de Estado.
Piratas, abordajes y lecturas
La actualidad de esta semana ha estado marcada por los piratas y por los abordajes. El primero en Somalia, y el segundo en la sede de Génova.
El de Somalia es el que más me preocupa. Parece que el Gobierno no ha aprendido de los errores de la pasada legislatura, y aunque en el PP estén adormecidos y no presten demasiada atención a lo que se escape de las guerras de despacho, muchos ciudadanos vuelven a percibir esa falta de 'márketing' del Gobierno socialista. Y digo márketing del bueno, no golpes de efecto puntuales. Curiosamente, los periodistas de la derecha han acusado de exceso publicitario al nuevo ejecutivo, lo que no deja de ser sorprendente sabiendo que los colegas de Zapatero tienen más problemas de comunicación que una ameba en una urna. Lo preocupante es que este no es sólo un problema estratégico para el PSOE, sino un problema que los ciudadanos pueden percibir como una falta de transparencia o de claridad del Gobierno hacia ellos que, no siendo cierta, muestra un problema de base que alguien debería curar. El Ministro habla y pasa entre pantallas como si nada... y mientras vamos sabiendo que van a enviar una fragata, luego un avión y al cabo de un rato además seis agentes del CNI, con unos cuantos GEO por aquello del por si acaso. Yo personalmente entendería que cualquier persona que siga las noticias con asiduidad percibiese cierta desorganización gubernamental. ¿Desorganización militar o diplomática? No. Me parece que el problema del Gobierno es que no sabe transmitir su trabajo, olvidando la segunda parte de la política (explicar para convencer después de hacer, y si es antes mejor). En menos de quince días nos lo han demostrado con el "trasvase" a Barcelona y con la primera situación internacional de importancia a la que se tienen que enfrentar. Da la sensación de que quieren hacerlo todo sin contarlo ni explicarlo por si acaso a alguien no le gusta o lo critica. Qué estupidez: ¡si lo van a hacer igual!
En Génova también notan las consecuencias porque como ocurre desde la misma noche electoral son los protagonistas de las portadas. Hoy que es el Día del Libro (y San Jorge, por cierto) habría que recomendar a los dirigentes del PP una lectura relajada, pero sobre todo democrática. Que no le tengan miedo a la expresión de los militantes, a las primarias; que no piensen que un líder es más líder por ser más terco, lo será el que salga de una expresión popular. Popular precisamente. Que no se equivoquen taponando los "debates ideológicos", puesto que son estos los únicos capaces de revitalizar a un partido perdedor.
La agenda del Gobierno
Ha pasado una semana y media desde que se celebraron las elecciones, y algo menos desde que el Comité Ejecutivo Federal del Partido Socialista se reuniese con la consiguiente intervención de Zapatero. ¿Y algo más?
Desde la misma noche electoral el tema de conversación general fue la sucesión en el Partido Popular. Todos a por Mariano. Después Mariano anunció que se quedaba, y entonces tocaba reposicionarse y hablar de los no sucesores de Mariano. Más tarde del antiguo equipo de Mariano, para saber como sería el futuro equipo de Mariano. Después, a cuenta de Mariano, tocó hablar de Zaplana, que pasaba a ser "diputado raso". Y como siempre que se habla de Mortadelo le sigue Filemón, todos se preguntaban qué haría Acebes. También comentamos unas desafortunadas palabras de María San Gil (que no se enteró de que ya habían pasado las elecciones y sigue con el raca-raca) y otras de Esperanza Aguirre. Alberto Ruiz-Gallardón anunció que se quedaba (sí, él también) y otra vez Mariano saltaba junto a la Fallera Mayor. Hoy incluso hemos vuelto a abrir los ojos ante el humor negro del nunca desaparecido Aznar. Y así uno tras otro llevamos una semana y media hablando del Partido... perdedor de las elecciones.
¿Y los vencedores? Me pregunto donde están los que tienen ahora la responsabilidad de gobernar España durante cuatro años. Ni rastro. Ni ministros salientes ni entrantes. Hasta las quinielas que tanto gustan a los periodistas son más tímidas que otras veces. Ni anuncios... ni siquiera Presidente, que cuentan que anda de vacaciones. Aquello tiene que ser horrible, porque con él se han debido marchar todos los cargos y militantes del partido. Por haber hay hasta menos 'spots' publicitarios y en los de la DGT se les ha olvidado introducir la habitual dosis de mala hostia. ¿O éso no es por olvido? Pues menos mal.
Si Zapatero dijo que iba a corregir los errores de la pasada legislatura, el primero y más grave es enterarse de que el Gobierno está para llevar la iniciativa política nacional; es quien debe marcar la agenda, no la oposición. Es el ejecutivo quien debe comunicar a los ciudadanos sus acciones y sus iniciativas, y no enterarse éstos de qué ocurre cuando aparece el ansia destructora del adversario.
La política de comunicación del PSOE y del Gobierno me sigue dando miedo. No porque sea mala, sino porque parece no existir.
Tensión, víctimas y bonobús: nada nuevo
Por razones personales llego tarde al análisis del debate entre Zapatero y Rajoy del pasado lunes, pero no quería dejar pasar la oportunidad de comentar algunos puntos fundamentales. Y no, los motivos personales no son haberme quedado irremediablemente dormido, aunque podría ser...
La elección de un ganador me parece en este caso una labor innecesaria. El Presidente ganó en datos, cifras y estilos; es decir, ganó por su gestión en La Moncloa y también en su caracter personal. El líder del PP ganó sin embargo por su mejor gestión de los recursos televisivos, que si bien no fueron para tirar cohetes mejoraron a los de su contrincante. ¿Y hubo perdedor?
Los 13 millones de españoles que de media siguieron en debate en directo (fueron más si contamos los oyentes de todas las radios nacionales) perdieron la oportunidad de ver un debate político de verdad. Como he leído en alguna otra crónica, cualquier enfrentamiento parlamentario de esta legislatura ha sido mucho más apasionante que el bodrio (dicho con perdón) que el lunes nos ofrecieron ambos aspirantes a jefes de Gobierno -sin ir más lejos, el último Debate sobre el Estado de la Nación fue verdaderamente apasionante-. Dicen habitualmente que a los españoles no les interesa la política, pero las cifras de audiencia han demostrado claramente la falsedad de esa afirmación: lo que no interesa a los españoles son "estos políticos", "estas formas". Los dos grandes partidos -o como dice Fernando, los dos partidos grandes- han perdido la oportunidad inigualable de atraer a millones de personas hacia un interés más activo... ¿o ha sido una oportunidad perdida a propósito? Semanas discutiendo las fechas, el lugar, el decorado (lamentable), los moderadores (que no pintan nada) y al final se les escapó el contenido y acabamos asistiendo a un resumen de cuatro pésimos años en 90 tediosos minutos.
Tenía la esperanza de vivir un espectáculo mejor. Los medios contaban los días previos que tanto Zapatero como Rajoy se estaban preparando analizando vídeos de los debates en Estados Unidos o Francia. ¡¿Y qué aprendieron?!, ¡¿y sus asesores?!
Me pregunto si realmente era necesario para la neutralidad ese decorado gris, frío, propio de la televisión de los 80, con un moderador que hasta por su atuendo hubiera resultado anacrónico en un plató de informativos de hoy pero que quedaba perfecto en aquel ambiente retro. Me pregunto a cuenta de lo anterior si la mención de Campo Vidal a la era de la tecnología y la sociedad de la información era recochineo puro y duro. Me pregunto si había operarios de cámara detrás, porque mover no se movieron. Me pregunto si era necesario aburrir a los espectadores y oyentes con esos discursos enlatados y tan repetidos. Me pregunto si era muy dificil intentar sorprender con una propuesta nueva, aunque fuese algo pequeñito, pequeñito... Y sobre todo me pregunto si el debate de la semana que viene va a ser igual de cutre, porque yo me voy a dormir o me pongo las odiosas y chavacanas matrimoniadas de Telecinco -al menos están pensadas para hacernos reir, no para reirse de nosotros-.
Y la última gran pregunta... ¿dónde está ese Zapatero en tensión, ése al que le corre sangre por las venas por su país? Eso dijo la semana pasada, ¿no? ¡Pues despierta! No sirve tener razón, hay que explicar razones y convencer con ellas.
Sobre este blog
Cuaderno de un veinteañero
Jorge Barraza
Conduzco mis pasiones perdido entre la oscuridad de la política y la inmensidad de un periodismo difuso, luchando contra el tiempo y el ser.
Cuando llegue el día de emprender la marcha, tendré que decidirme por un camino que complete los sueños de un claro destino: aquel lugar que llene mi cuerpo por dentro para resultar constructivo por fuera. Pero antes, he de resolver el gran enigma: ¿cuándo hacerse mayor?, ¿qué es ser mayor?, ¿y cómo se hace?
jorgebfernandez@gmail.com
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