Cuaderno de un veinteañero
Periodismo y política: dos caminos bloqueados con los que alcanzar metas comunes. ¿Abrimos?
Entre Móstoles y Valencia. Viaje a los principios
Una de las cosas que he aprendido en la última semana y media es que hay que ser prudente. Seguramente, si hubiese prometido hace tres meses que iba a escribir todos los días ahora llevaría justo tres sin hacerlo. Por suerte no ha sido para tanto.
Recuperado de mis desarreglos horarios (y hasta hormonales, quién sabe) quiero empezar recordando que Casillas no es San Casillas, ni mucho menos galáctico. No. Es de Móstoles. Ésa es la palabra que define lo que ayer ocurrió: Móstoles. El que no lo vea es que está ciego. Yo no sé qué se respira en el aire de esta ciudad -además de unas dosis considerables de CO2- pero somos la leche.
El otro asunto fundamental que ha ocurrido este fin de semana -no menos histórico que el anterior- es la demostración que ha hecho Mariano Rajoy de lo correcto que es siempre nuestro refranero. Hay uno especialmente importante: "cría cuervos..." Eso han intentado con el gallego ambiguo, sacarle los ojos; pero como era de esperar de una buena creación de La Bestia, el bichito se ha rebelado y tiene ya conciencia propia. Seguramente Aznar pensaba, cuando lo colocó digitalmente en su propia silla, que iba a ser un personajillo de fácil manejo. Y sin que sirva de precedente voy a darle la razón: la pasada legislatura Rajoy fue la perfecta marioneta para el control del sistema de juego que la derecha pensó más acertado para recuperar el poder. Mentira, acoso, y al final derribo. Sin embargo, esta vez no funcionó; y ser así ha servido para que todos reconozcamos a simple vista muchas verdades que habrían quedado ocultas a los ojos de un pueblo admirado ante el poder de los grandes grupos fácticos. Y ha servido, también y sobre todo, para que Rajoy sea ahora -y por primera vez- Presidente del Partido Popular. Sin hilos. Con menos apariencia para las fotografías de portada pero con muchísima más dignidad.
Por ello, si empezaba mi retorno con una lección, lo termino con otra. La política está plagada de "silloneros", de simplones digitalizados y también de personas cualificadas que no alcanzan demasiada gloria. Otras sí, por suerte. Pero sobre todo, está llena de conciencias sin fuerza.
Llevo semanas preguntándome en qué consiste la defensa de unos ideales, de un pensamiento. ¿Los únicos principios que un persona puede defender son aquellos en los que cree? Hay mucho Mariano atado, diciendo lo que nunca pensó, conduciéndose al abismo por propia decisión, acatando la inmoralidad sin más, sumido en una supina ignorancia... o no. Muchos otros piensan que las siglas y el poder están por encima de cualquier consideración. Debo preguntarme sin embargo por qué no vuelven los tiempos del debate, los tiempos en que la discrepancia no se reducía a la batalla por llegar a estar en el Gobierno o mantenerlo frente a toda posible oposición, sino que suponían engrandecer a una sociedad libre y activa. Me pregunto dónde está el tiempo de la militancia política más allá del pago de una cuota. Los tiempos en que todos contaban, con cargo y nombre propio o sin ninguno de ellos. Y no, no hablo de luchas fratricidas entre compañeros, hablo de la necesidad de expresarse libremente para enriquecer a cada formación e ideología. Con respeto y, claro, con lealtad. Hablo de poner el país, la ciudadanía y los principios en los que se cree por encima de las estrategias electorales de falsa unidad -que al final estallan en las manos de quien las provoca, y nunca suponiendo un bien para el conjunto-. Hablo, en definitiva y ejemplificando mi reflexión, de creer más en los diputados laboristas que votaban contra Tony Blair y su locura en Irak que en aquellos otros que seguían la postura oficial porque era, precisamente, la oficial. ¿Quiénes dañaban más la imagen pública del partido?, ¿quiénes más su unidad interna?
El error de la mitad del PP durante los últimos cuatro años es un error asumido como correcto por el conjunto de la clase política y de la sociedad. La consigna general es ¡mantengan la sonrisa a pesar de todo! Aunque dañe al propio partido, aunque dañe al propio país; siempre habrá que seguir la Postura Única.
Podríamos pensar que la confianza de los ciudadanos en un proyecto se dará cuando el proyecto sea transparente a sus ojos, cuando sea sincero y abierto y se note que alguien quiere convencer sobre lo que está también convencido. Podríamos pensar, sí, pero ya ni derecha ni izquierda actúan siguiendo ese estilo, que parece no gustar ni al propio votante. También, también en la izquierda, cuya carencia de debate la conduce a verse inmovilizada frente a los retrocesos históricos en derechos laborales y ciudadanos que vivimos en este tiempo.
Ganaríamos mucho si aprendiésemos a distinguir el debate sano y abierto de la lucha por el poder y el ataque indiscriminado contra el tejado propio. Lo segundo es asqueroso, lo primero es imprescindible. El que no me crea, que se fije en el vecino.
El Intocable: errores y amores de un ex Presidente
Dice Aznar que "siempre hay que procurar jugar con los mejores", algo similar a que él es el mejor, e ídem "los suyos". Comenta también que "la defensa y la confianza de los principios es esencial".
Si Aznar realiza estas declaraciones como respuesta a Rajoy, olvida que él lo nombró digitalmente para presidir el PP, sin dar la oportunidad a una sucesión lógica y de base, que es la que crea liderazgos fuertes -ver Zapatero-. Si las realiza como respuesta al bando que encabeza Esperanza Aguirre, olvida el ex Presidente que ella fue elegida del mismo modo como Ministra, como Presidenta del Senado y como candidata a presidir la Comunidad de Madrid. Vaya, que El Intocable erró de forma contundente en uno de los casos. O en todos.
La pregunta es si aquellas aguas fueron pretendidamente arrojadas -que no trasvasadas- para traer estos lodos, o si todo ha sido fruto de una circunstancial y lamentable obnubilación del otrora líder supremo. Vamos, dicho de otra forma: que de la prepotencia, la ambición y el amor personal de Aznar a sí mismo, no me fio. O bien debería callarse por no haber elegido a los mejores, o bien debería explicar por qué no eligió a los mejores si ya sabía que estos no lo eran.
¿Volveremos a verlo aclamado como el salvador de la patria fragmentada?
De ilusos e ilusión
He dejado pasar el día completo para sobreponerme a la cantidad de información que mi mente ha tenido que soportar. No sabía de qué hablar, no sabía por dónde empezar... ¿nos hemos vuelto todos locos?
El primer asunto lo ha explicado a la perfección el compañero Fernando: ¡¿qué es eso de que ha desaparecido la crispación?! No, una cosa es que el Presidente haya hecho lo posible y lo imposible por hacer del tono y las formas de su discurso un llamamiento al consenso, al acuerdo y al diálogo, y otra bien distinta que estemos todos exhaustos de tanto orgasmo democrático. O me he perdido algo, o no se me ha invitado a esa orgía, o alguien debería plantearse ver los debates antes de escribir. Rajoy empezó diciendo "votaré no" para pasar a reproducir su discurso de la pasada legislatura. ¿Dónde está la voluntad de acuerdo? Entre otras cosas, dice la RAE -me encanta citar a esta gente- que acuerdo es "convenio entre dos o más partes". Tenemos una: Zapatero. La segunda parte, al menos ahora, no está en el PP. Si alguien piensa que un Rajoy presionado, con los medios que le sostienen dando cera y una lideresa casi postulada para candidata va a rebajar el tono antes de su Congreso de junio, es un iluso y -me reitero- no vio el debate de ayer. ¡Pero es tan bonito vivir entre flores y pajarillos!
El segundo tema a comentar enlaza con el inmediatamente anterior. Ayer Telemadrid -aten cabos- emitía el programa de debates 'Madrid Opina', dirigido por un señor que cuenta las cosas tal y como son: Ernesto Sáenz de Buruaga. Durante cada programa proponen una encuesta a los espectadores, que por supuesto en su resultado final siempre refleja a la perfección el progresismo y centrismo de la audiencia preparada para soportar la cadena pública -sí, es pública, no pongas esa cara de sorpresa-. La propuesta de la pasada noche era algo similar a lo siguiente: ¿cree que Esperanza Aguirre presentará su candidatura en el Congreso del PP de junio? Lamento decir que no me quedé a conocer el resultado final -tampoco es necesario-, pero sí parece estar claro que a alguien le apetece medir la temperatura de sus posibilidades. Y parece que existe mucho interés en que algunas crezcan: como crece la espuma, como lo hacen las malas hierbas.
Error de aprendiz
Lo confieso. Me he equivocado. Yo apostaba por Esteban González Pons y he patinado. Pero para que vean cuán humilde soy, hago público mi patinazo a tiempo pasado y sin necesidad.
Yo odio los pronósticos. Esos listillos iluminados que siempre saben qué va a pasar mañana, si lloverá o no en Santander, que hablan con Ministros y futuros Ministros (a los que califican con el horrible neologismo de "ministrables")... esos listillos me enferman. Pero uno como ciudadano hace sus conjeturas mentales y a mí me ha faltado ojo.
Supongo que Rajoy no querría ofender a su predecesor y fiel Zaplana colocando como su sucesor a un hombre de Camps, pero a partir de aquí se produce otro hecho que no entiendo: a Soraya no la tragan en la izquierda, donde se la acusa de estar en el ala más radical; pero curiosamente tampoco en los medios afines a la derecha, como la COPE y El Mundo. Curioso movimiento de Rajoy: ¿puñetazo de liderazgo?
He leído el titular de El País: "Rajoy comienza la renovación..." ¿Renovación? Yo diría continuismo. Es lo mismo, pero maquillado de buen rollo. Tanto es lo mismo, que hay sigue Pío. Moa no, García Escudero. Bueno, el otro también, pero entregado a diferentes causas.
Del ciclismo al tenis: patinazo y pelotazo
Dentro de unos días asistiremos a lo que algunos insisten en llamar la "fiesta de la democracia", que siendo una afirmación muy bonita está bastante carente de realismo en tanto que no se modifique la Ley electoral vigente. Ayer asistimos a otra fiesta: la de los estilos políticos. La fiesta tenía dos invitados conocidos, dos invitados de altura que sin embargo no siempre quedaron a la que de ellos se esperaba. Y en todo caso, el encuentro sirvió para conocer mucho mejor lo que teníamos delante: se soltaron la melena, y alguno la perdió.
El debate entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy fue notablemente mejor que el anterior en calidad, en continente y en contenido. El Presidente se creció notablemente, y el líder de la oposición cometió el error de no querer arriesgar: quiso pasar el debate por los pelos, dejando las cosas en tablas como en el anterior... un notable error que, estando situado por detrás en las encuestas, bien podría calificarse como una notable estupidez.
Mariano Rajoy no entendió una idea tan simple como que él no se jugaba nada, que no es el que defiende el puesto y que podía ser mucho más atrevido de lo que en efecto fue. Las carencias políticas del Presidente del PP quedaron de manifiesto si observamos la inexistencia de propuestas de futuro, los enredos a los que él mismo se condujo como si fuese un principiante y la demostración de que su mejor argumento es la negación: Zapatero propone, Rajoy dice no; tal como el día a día de los últimos cuatro años. Es una pena que lo que le guste a Mariano sea el ciclismo; porque el de anoche, más que un debate, pareció un partido de tenis en el que el candidato popular no pudo devolver ni una sola pelota.
En el campo del diálogo concreto, hay varias frases que merecen la atención del buen espectador. Y quiero empezar por la más negativa: si bien Zapatero ganó el debate con toda tranquilidad y holgura, utilizar la comparativa de víctimas mortales entre su legislatura y la anterior es una salida que no esperaba de alguien con su altura moral e intelectual. Podemos entender que es una cifra necesaria para tumbar esa obsesión afirmativa de "ETA está ahora más fuerte", pero el Presidente debería haber sido observador entendiendo así que los argumentos de Rajoy caían por sí solos sin tener que mancharse él de ese mismo estilo rancio y sucio que ha llenado la boca a la oposición del PP.
Por el bando contrario, más de lo mismo conocido. La mayoría de los españoles lo pasan mal, quien niega la realidad no puede afrontarla, los derechos de los españoles están perjudicados por los de los inmigrantes, la inmigración es un riesgo, es una amenaza... fueron las frases principales de Mariano Rajoy. Vamos, que todo se rompe entre nubes oscuras y oscuras intenciones -empieza incluso a existir la duda de que este señor se vea vencedor-. Esta vez ni siquiera se molestó en aportar datos, un gráfico y si acaso algún número de vez en cuando pero sin tener siquiera convicción en lo que hablaba. El debate nos mostró un candidato del PP perdido, sin iniciativa ni capacidad. Yo personalmente esperaba mucho más de él, y con independencia de los kilómetros ideológicos que nos separen le reconozco un buen primer cara a cara. Ayer sin embargo no estuvo digno de él mismo ni tampoco de alguien que pretende la ostentación del cargo de Presidente del Gobierno. A mí personalmente me dio la sensación de que quería acabar pronto, como con prisa, como quien no sabe que hacer y apuesta por una dulce derrota que en su conclusión no llegó ni a éso.
Como señalaba al principio, ayer se confrontaron dos estilos políticos que quedaron perfectamente reflejados. Para cualquier votante que siguiese el debate, sea en uno u otro sentido, ha tenido que quedar clara su orientación el próximo domingo -ya veremos cuál es la mayoritaria-.
Por último y para terminar, quiero quitarme la espina de mi crítica a la organización general del debate que hice la semana pasada. Olga Viza ha estado más a la altura, menos institucional, menos pesada, y a pesar de lo que digan igualmente equilibrada. A mí particularmente me gustaría más un moderador participativo e implicado, que pregunte directamente e influya en el debate, no a favor de nadie sino en contra de ambos; pero entiendo que ésto es España, no Estados Unidos. Y como bien dijo la periodista al final, esperemos no tener que aguardar otros quince años para ver un nuevo enfrentamiento: es un derecho de todos que, por cierto, en una democracia parlamentaria y no presidencialista abarca a todas las formaciones políticas que componen nuestra Cámara de representación.
Nada más. Buenas noches, y buena suerte.
Tensión, víctimas y bonobús: nada nuevo
Por razones personales llego tarde al análisis del debate entre Zapatero y Rajoy del pasado lunes, pero no quería dejar pasar la oportunidad de comentar algunos puntos fundamentales. Y no, los motivos personales no son haberme quedado irremediablemente dormido, aunque podría ser...
La elección de un ganador me parece en este caso una labor innecesaria. El Presidente ganó en datos, cifras y estilos; es decir, ganó por su gestión en La Moncloa y también en su caracter personal. El líder del PP ganó sin embargo por su mejor gestión de los recursos televisivos, que si bien no fueron para tirar cohetes mejoraron a los de su contrincante. ¿Y hubo perdedor?
Los 13 millones de españoles que de media siguieron en debate en directo (fueron más si contamos los oyentes de todas las radios nacionales) perdieron la oportunidad de ver un debate político de verdad. Como he leído en alguna otra crónica, cualquier enfrentamiento parlamentario de esta legislatura ha sido mucho más apasionante que el bodrio (dicho con perdón) que el lunes nos ofrecieron ambos aspirantes a jefes de Gobierno -sin ir más lejos, el último Debate sobre el Estado de la Nación fue verdaderamente apasionante-. Dicen habitualmente que a los españoles no les interesa la política, pero las cifras de audiencia han demostrado claramente la falsedad de esa afirmación: lo que no interesa a los españoles son "estos políticos", "estas formas". Los dos grandes partidos -o como dice Fernando, los dos partidos grandes- han perdido la oportunidad inigualable de atraer a millones de personas hacia un interés más activo... ¿o ha sido una oportunidad perdida a propósito? Semanas discutiendo las fechas, el lugar, el decorado (lamentable), los moderadores (que no pintan nada) y al final se les escapó el contenido y acabamos asistiendo a un resumen de cuatro pésimos años en 90 tediosos minutos.
Tenía la esperanza de vivir un espectáculo mejor. Los medios contaban los días previos que tanto Zapatero como Rajoy se estaban preparando analizando vídeos de los debates en Estados Unidos o Francia. ¡¿Y qué aprendieron?!, ¡¿y sus asesores?!
Me pregunto si realmente era necesario para la neutralidad ese decorado gris, frío, propio de la televisión de los 80, con un moderador que hasta por su atuendo hubiera resultado anacrónico en un plató de informativos de hoy pero que quedaba perfecto en aquel ambiente retro. Me pregunto a cuenta de lo anterior si la mención de Campo Vidal a la era de la tecnología y la sociedad de la información era recochineo puro y duro. Me pregunto si había operarios de cámara detrás, porque mover no se movieron. Me pregunto si era necesario aburrir a los espectadores y oyentes con esos discursos enlatados y tan repetidos. Me pregunto si era muy dificil intentar sorprender con una propuesta nueva, aunque fuese algo pequeñito, pequeñito... Y sobre todo me pregunto si el debate de la semana que viene va a ser igual de cutre, porque yo me voy a dormir o me pongo las odiosas y chavacanas matrimoniadas de Telecinco -al menos están pensadas para hacernos reir, no para reirse de nosotros-.
Y la última gran pregunta... ¿dónde está ese Zapatero en tensión, ése al que le corre sangre por las venas por su país? Eso dijo la semana pasada, ¿no? ¡Pues despierta! No sirve tener razón, hay que explicar razones y convencer con ellas.
Mensaje a Mariano Rajoy
Mariano Rajoy ha acusado al Presidente del Gobierno de querer tapar con "cortinas de humo" la situación económica. Se refería Rajoy al intercambio de 'frases simpáticas' entre los representantes socialistas y la jerarquía -curiosa acepción cristiana- de la Iglesia Católica.
Así que según usted, señor Rajoy... ¿la Iglesia es humo?
Sería necesario que como líder de los populares serenase sus palabras, ya que en momentos como éste es imprescindible arrimar el hombro con los más afines, aquellos que no durarán en pedir adhesiones a nuestra noble, valiente y heróica causa si es necesario. Por ello, calificar de algo tan poco consistente como "humo" a obispos y cardenales puede, señor Rajoy, ser excesivo. Esta usted rebajando una institución tan Noble a ¡una simple cortina!. Qué barbaridad.
Yo pienso que hay que ser más técnico: la Iglesia no es humo, Mariano, la cúpula eclesial es mucho más. Es el mechero social que provoca las llamas, destruye lo que encuentra y nos deja, ya como consecuencia final, un humo cegador que impide reconocer a las personas, sus derechos, y mirar para atrás y recordar nuestro reciente pasado -como también el más remoto- manchado de sangre desde el primer uniforme militar hasta la última sotana.
Porque si decimos cosas, tenemos que decirlas todas. ¿No? Menos humildad, que en campaña no toca.
Sobre este blog
Cuaderno de un veinteañero
Jorge Barraza
Conduzco mis pasiones perdido entre la oscuridad de la política y la inmensidad de un periodismo difuso, luchando contra el tiempo y el ser.
Cuando llegue el día de emprender la marcha, tendré que decidirme por un camino que complete los sueños de un claro destino: aquel lugar que llene mi cuerpo por dentro para resultar constructivo por fuera. Pero antes, he de resolver el gran enigma: ¿cuándo hacerse mayor?, ¿qué es ser mayor?, ¿y cómo se hace?
jorgebfernandez@gmail.com
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