Cuaderno de un veinteañero
Fashion week, fashion society
No me gusta caer en tópicos fáciles. No me gusta nada y es, sin embargo, inevitable. Porque claro, todos estamos acostumbrados a escuchar al que no ve programas del corazón, al que sólo sintoniza documentales de La 2 -qué míticos-, al que no ve esto, al que no hace aquello, al que nunca compraría no sé qué... y al final el share y la estadística -tampoco es que hagan falta- nos dicen que mentimos más que hablamos.
Sí, es verdad, qué manía tenemos con querer quedar bien. Qué manía de ponerse a Bisbal debajo de las sábanas y muy bajito, de no reconocer en la carnicería que tu fuente es el programa de la Campos mientras tu vecino de al lado -que lo escucha más bajito que tú y nota el eco del digital- te amenaza con contarlo si no le dejas perejil. Y lo peor de todo: ¿por qué en un país libre unos y otros se empeñan en ocultar la orientación de su voto o su idología misma? Si gobiernan los tuyos mejor es que te escondas, aunque compartas sus acciones. ¿Por qué? Vivimos en una sociedad de complejos.
Unos y otros nos dicen qué es lo correcto, qué es lo bueno. Está de moda tener que hablar muy bien -¡coño!- para ser "guay" -osea-. Está de moda contestar en las encuestas que todas las noches te acuestas leyendo -es que quitaron Crónicas Marcianas-. Si eres periodista en prensa escrita has de parecer muy culto para complicar lo más posible tu labor: la información y la creación de opinión. Eso sí, todo el mundo te alabará -aunque no tengan ni puta idea de lo que dices-. Y no hablemos de los bandos. ¿Por qué dividir a la sociedad para todo? Ya no sólo hay rojos y fachas, no. Ojalá. Rock y pop, peras y manzanas, televisión y radio, carne y pescado, autovías y comarcales, tren y avión, natillas y arroz con leche, El País y Público, El Mundo y ABC, la SER y la C... Bueno, no. Ahí precisamente no cabe comparación -viva el peloteo-. Pero yo me pregunto: ¿por qué si te gusta el primer elemento no lo puede hacer también el segundo? Porque la sociedad lo ha dictado así. Porque vivimos en un mundo de guays controlado por grupos de presión que dictan las normas generales. Este otoño se llevará el... ¿verde? Pues si te gusta el azul la cagaste, porque todo lo que se haga en este color será horrible. Te señalarán por la calle. Te apuntarán con el dedo. Y más vale que te cortes las patillas como es debido.
Nada. Los defensores del castellano no dirán nada sobre la "Cibeles Madrid Fashion Week", porque no es catalán, es inglés. El inglés mola. Los independentistas de allá también lo usan aunque no lo han aprendido porque quemar fotos es más divertido. Igual que mola todo lo que a mí me mole y a ti no. Tienes que pertenecer a un grupo. Es necesario, es obligatorio. Nacemos y vivimos para el borreguismo. En los patios de los institutos nadie viste igual... porque todos lo hacen en grupos: los raperos, los heavys, los pijos, los empollones... Así empieza todo. Y luego continúa. Superada esa etapa nunca serás el mismo: tus gustos musicales, tu forma de vestir, de pensar, tus relaciones con la iglesia, con el Estado y con tu madre. Todo está definido y predefinido. Buenos y malos. Listos y tontos. Qué pesadilla. Si eres de una forma unos te llamarán marginal o raro, si eres de la forma contraria otros te acusarán de estar con la masa -como si ellos estuviesen en realidad menos manipulados o alineados, como si lo suyo no fuese otra forma de identificación distinta-.
Seamos naturales. Yo detesto los programas del corazón, detesto a Rajoy, a Sarah Palin, a José Blanco, a la Ministra Maleni y las pintas de la Vicepresidenta del Gobierno -sí, esa tan elegante-. Leo por las noches pero no tengo ni idea de economía, no sé si la crisis se pasará este año o el que viene. Me gusta Vargas Llosa, admiro con locura a Don Juan José Millás y Enric Sopena me parece un... -¡oye, que es de izquierdas!- Vale, pues me parece un maleducado y un periodista cutre. Como su periódico digital. Los documentales de La 2 -será por la hora- me parecen un rollo insoportable, pero soy un fiel seguidor del National Geographic y el Canal de Historia. Yo voté a Zapatero -¡menudo secreto!- y no sé si lo volvería a hacer.
Pienso seguir dando vueltas diarias a todo lo que me parezca susceptible de crítica, y me encantará que alguien venga y diga: ¡pues tú eres un gilipollas! Pues posiblemente sea verdad, ¿y? Duermo bien, duermo tranquilo. Sin problemas de conciencia. Porque sea lo que sea no lo seré o lo dejaré de ser porque alguien me lo diga, porque el dedo acusador me señale. Y si me señalas te lo parto -entiéndase la metáfora-. Y si estás de acuerdo, gracias. Si no, no me des la razón porque yo te lo diga. Insúltame -con argumento, eso sí-. Me da igual. ¡Ah! María Teresa Campos. Esa mujer. Me encanta.
Todo viene a lo de siempre: la hipocresía. Mucha. Y esa hipocresía tiene su punto fuerte en la otra falsedad impuesta: la imparcialidad periodística. Pero de eso hablaremos mañana.
Tiempo, mujeres y pensamiento
Hace un momento he leído en uno de los blogs de 'La Comunidad' un reflexión sobre "el tiempo" -que suena así muy contundente-. He de reconocer que yo soy de esos que lo desaprovechan -en el sentido socialmente admitido del concepto- hasta la última frontera. En realidad paso el día volando entre sueños y nubes ilusorias, hasta que una imagen o mil palabras me traen de vuelta a la siempre inesperada realidad.
¿Nunca has pensado que, tal vez, la forma en que vemos las cosas se encuentra adulterada por aquello que empapa nuestra mente y nuestra visión momentánea? Pues estoy seguro que eso es lo que ha ocurrido hoy con cada una de las personas que visitando cadenaser.com ha tenido oportunidad de leer el siguiente titular: "Las mujeres saudíes podrán reservar hoteles solas". ¿Solas? ¿Acaso en algún lugar del mundo hay algo que incapacita a una mujer para reservar hoteles?
Entonces, el ávido lector ha sentido una gran curiosidad y "ha hecho click": "Las mujeres saudíes podrán reservar hoteles sin compañía de un varón de su familia". ¡Ah, que la incapacidad es el hombre! -Que nadie vea dobles sentidos, ¡hombre!-
Y así, tanto yo como los demás lectores y lectoras hemos leído una noticia que cuenta como "Arabia Saudí, donde rige una estricta interpretación de la Ley Islámica (Sharía), impone la segregación de sexos en espacios públicos y no permite a las mujeres conducir coches, entre otras restricciones. La mujer saudí tampoco puede viajar fuera del país sin "mehrem". Pese a ello, miles de mujeres saudíes trabajan en las instituciones del Gobierno y en empresas del sector privado, y numerosas de ellas no viven en la misma ciudad donde trabajan".
Después, con mucha tranquilidad, hemos seguido todos y todas a nuestros asuntos. Sin embargo, estoy seguro de que durante el breve espacio de tiempo -tiempo relativo- que hemos dedicado a la lectura de este artículo, se ha producido una eclosión de sentimientos radicalmente diferentes en cada uno de nosotros. Alguno habrá pensado que es una vergüenza que aún existan países del mundo en los que las mujeres no tengan libertad respecto a sus maridos o familiares varones. Otros habrán pensado en positivo: "al menos avanzan algo". Incluso me atrevo a intuir que alguna mujer habrá pronunciado para sí alguna frase malsonante pero cargada de razón. Y no lo espero, pero podría suceder que algún hombre anacrónico hubiese pensado que "así tendrían que estar aquí, ¡qué es eso de tanta libertad, tanta libertad...!". A lo peor, alguien habrá pulsado el botón 'atrás' con gran desinterés.
También tengo la sensación de que después de todo ese movimiento cerebral y emocional todos hemos vuelto a nuestras cosas. Y dentro de una hora -aunque parezca poco tiempo- nadie se acordará de las mujeres saudíes -tampoco yo-, ni de la conculcación de los Derechos Humanos en el mundo, ni de lo que sufren otros a pesar de lo que nos quejamos. Seguiremos administrando nuestro tiempo sin más, sin reparar en la historia de Orwell, ni en esa cosa tan extraña llamada "Comisión para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio".
Ahora me siento intranquilo, dentro de poco estaré tranquilo. Las cosas no han cambiado, pero mi mente, mis preocupaciones y eso que me llama la atención sí lo ha hecho. Por ello me siento una mala persona: soy capaz de administrar mi tiempo, pero no mi pensamiento. Necesitamos motivaciones fuertes y cada vez más fuertes para sentir algo hacia otro algo. Estamos convirtiendo una sociedad de carne en una de acero, hasta que llegue el momento en que ni siquiera lo que tenemos delante nos saque de nuestra fría abstracción.
Y estaremos muertos, en sociedad y en sentimiento.

Imagen: elpais.com
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Jorge Barraza
Periodista de vocación, estudiante de profesión y bloguero por afición. Mostoleño de nacimiento, madrileño de corazón y europeo por convicción.
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