Moralejas e inmoralejas.

09 Jul 2008

Escrito por: zuperman el 09 Jul 2008 - URL Permanente

Papel.

Si hoy por hoy existe algún lugar donde contemplar al ser humano desprovisto de todos los atalajes y oropeles que vamos acumulando para hacernos un “producto” apetecible para nuestros congéneres; ese es, sin duda, una playa nudista. Un lugar donde la única estimación objetiva que podemos hacer unos sobre otros es lo generosa (o lo tacaña) que se ha mostrado la naturaleza con nosotros. Además, cuando accedemos a estar desnudos ante los demás, nos mostramos con la mayor franqueza posible a los ojos de nuestros vecinos, que a su vez no nos ocultan nada en un alarde de sinceridad, que, forzosamente, crea un vínculo de solidaridad y de lealtad. Por que no tienes nada que temer del que nada te oculta y se manifiesta ante ti tal y como es, sin adornos y sin engaños.

Pero lo que a la vista de un neófito puede parecer un rasero que nos iguala a todos, se convierte, poco a poco, con un sinfín de matices, en una gradación semejante a la que nos impone el vestido, y en una tiranía similar a la que nos obliga la moda. Sirva como ejemplo el caso verídico que os voy a narrar.

Corría el verano de 2004 cuando la que hoy es mi esposa y yo nos atrevimos a romper el tabú del vestido y del pudor, y visitamos por primera vez una playa donde el único vestuario permitido era el modelo de tres piezas, a saber: sombrero, gafas y zapatillas. No voy a negar el sonrojo que nos provocó el encontrarnos frente a frente, con las entrepiernas gloriosamente al aire de levante, con la estirada directora de la sucursal bancaria que nos había gestionado el préstamo para nuestro piso, acompañada de un caballero poderosamente dotado. Nos saludaron efusivamente y nos animaron a volver en más ocasiones, percibiendo, quizás, el poso de vergüenza mal entendida que nos quedaba. Aquel encuentro fortuito ejerció en nosotros una acción balsámica que nos afirmó en la determinación de continuar frecuentado el lugar. Y así lo hicimos en infinidad de ocasiones.

Con la veteranía, fuimos adquiriendo también “ojo clínico” y, sin más pistas que las que puede aportar un cuerpo en cueros, íbamos haciéndonos idea de cómo eran nuestros vecinos de playa:

-Aquel moreno y fuertote de allí seguro que es camarero en un bar de copas y trabaja toda la noche, porque siempre lleva las gafas oscuras puestas, así que le debe de molestar el sol- decía mi esposa.

-Mira, cariño, esa chica de enfrente ha estado desayunando en la cafetería del hotel. Seguro, porque lleva marcado en el culo y en los muslos el dibujo de las sillas de anea- apuntaba yo.

-Si fuera así, cariño, tendría también las marcas del vestido, pero es obvio que se ha sentado en la silla directamente sobre su trasero, por lo que deduzco, que ha desayunado, como bien dices, pero en el chiringuito de esta playa y ya desnuda. Además, observarás que aún lleva azúcar glacé sobre el pezón derecho-me desarmó.

Pues con esta y otras parecidas distracciones, entre baño y sol pasamos uno de los veranos más bonitos de nuestra vida, con las vergüenzas manifiestas para todo aquel que quisiera vernos. Nuestra particular pugna de observadores nos iba dotando de perspicacia y sutileza en la analítica de situaciones, y ejercíamos, por puro divertimento, de CSI’s en pelotas. En uno de esos duelos, un día en el que el viento de Terral nos había empujado junto a los aseos, al resguardo de la empalizada de caña que nos mantenía a salvo de la vista de los “vestidos” y de las furias de la arena en la piel, vimos acercarse a un hombre, con un neceser de productos de baño bajo el brazo y una toalla sobre el hombro derecho. Se sumergió en la penumbra del vestuario y comenzamos nuestra disección:

-Va a afeitarse y a asearse-dijo mi mujer-porque va despeinado y aún mantiene restos de gomina en la punta del cabello, así que deduzco que es un señor coqueto que gusta de estar bien arreglado-concluyó.

-Dudo de que sea ese el motivo de su visita al vestuario. Creo que va a tomar una ducha, de ahí la toalla, y nada más, porque, a no ser que se rape la cabeza, habrás observado que lleva todo el vello corporal rasurado, incluido el genital, mi amor-dije triunfante.

Tras un rato de expectación por saber cual de los dos había acertado en sus conjeturas, el hombre salió del recinto, con el pelo recogido en una trenza que tenía la punta sujeta con un precioso abalorio étnico. Llevaba un reloj en la muñeca derecha y una cadena elegantísima colgada del cuello. Un agradable olor nos alcanzó mientras se acercaba a nosotros. Definitivamente habíamos acertado ambos, se había duchado, peinado y arreglado con coquetería. Al pasar junto a nosotros nos saludo cortésmente sonriendo satisfecho ante la expectación que había levantado su entrada en escena. Se le veía radiante y seguro (a la vez que pagado) de si mismo.

Giró sobre la arena al escuchar nuestras risas, con esa sensación inequívoca, mezcla de altanería e inseguridad que provoca el pensar que alguien se carcajea de nosotros. Volvió sobre sus pasos para preguntar que era tan hilarante en su aspecto que, evidentemente, él consideraba inmejorable. Fue mi querida esposa la que lo bajó de la nube, al decirle que el conjunto que ofrecía a la visión era sumamente agradable, pero que el trocito de papel blanco ribeteado de marrón que colgaba de su trasero como una bandera, rompía la magia de un momento que de otro modo hubiera sido inolvidable. Aunque, ciertamente, no lo hemos olvidado.

MORALEJA: Los ricos también lloran, y cagan, y se tiran pedos.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Juegos

Juegos dijo

Completamente de acuerdo, una persona desnuda, es una persona indefensa a la cual puedes sacar toda la informacion que quieras con sus gestos y su forma de actuar

calandria dijo

Sin disfraces, somos mucho más vulnerables. No tenemos donde escondernos y la ropa que tanto puede decir de una persona o tan poco, deja de ser el escudo. No entiendo porque decimos que cuando vamos desnudos llevamos nuestras vergüenzas al aire, realmente hay más gente que debería avergonzarse cuando va vestida y no es digna de la ropa, traje, uniforme etc que lleva. Una historía estupenda. Un abrazo

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