En EE.UU
02 Dic 2008
Experiencia para el cambio
El idilio de la prensa y la comunidad internacional con Obama continúa afianzándose. El presidente electo ha dado a conocer su gabinete, repleto de nombres ya conocidos para los periodistas estadounidenses y que cumple la promesa del propio Obama de crear un equipo transversal, con presencia de hombres expertos e, incluso, de otra formación política. Coincidirán conmigo en que las modas son propiedad de aquel que se encarga de propagarlas y no tanto de quien las crea. En este sentido, fue Sarkozy el primero en albergar en su gobierno a militantes de otros partidos, pero vista la devoción con la que el entorno estadounidense, incluida Europa, ha recibido la proclamación del santo Obama, no cabe descartar que ese modelo de “gobierno de los enemigos” se convierta en la tónica habitual. En todo caso y manifestando mis serias dudas de que algo así pudiera suceder en España, será necesario esperar para poder comprobarlo.
Del elenco de nombres propios que acompañan a Obama, el de Hillary Clinton es el más conocido y repetido. Que la ex candidata a la elección acepte el cargo de Secretaria de Estado, ministra de Asuntos Exteriores, es a la vez una muestra de humildad y una señal de confianza hacia lo que Obama pueda lograr al frente del gobierno estadounidense. En unos términos optimistas, podríamos plantear que ni siquiera Clinton quiere perder la oportunidad de participar en una administración que ha adquirido tintes históricos incluso antes de ponerse
en marcha.
Además, con sus nombramientos Obama deja fuera de lugar a quienes dudaban de su capacidad y experiencia y gana en credibilidad ante los millones de votantes que no confiaron en él el 4 de noviembre. A la par, la legislatura que le espera al presidente electo es de tal dificultad, sobre todo por la crisis financiera, que el orden de prioridades para establecer el “cambio” tan avivado durante la campaña, podría variar en pro de objetivos más prácticos. También deberemos comprobar la capacidad de influencia de Obama entre sus consejeros, pues como él mismo ha afirmado, se ha rodeado de personalidades fuertes que propicien un debate encendido, aunque su opinión prevalecerá. Todo ello parece plausible, claro que, aprovechando un símil futbolístico, ningún equipo ficharía a Ronaldo si tiene acuciantes problemas en defensa.
Lo que sí deja claro el anuncio de Obama es que la dureza de sus palabras, tan obviada durante la campaña electoral, se ponen de relieve en estos primeros momentos de responsabilidad. No da como para caerse del guindo, pero los intereses de Estados Unidos seguirán siendo lo primero para el presidente 44 del país norteamericano. Una lectura que debe interesarnos especialmente para analizar el cambio de comportamiento de los gobiernos más cercanos respecto a Estados Unidos.
18 Nov 2008
El presidente 2.0
Se acabó la radio para los discursos semanales del presidente estadounidense y el correo ordinario para las quejas y sugerencias. La apuesta a día de hoy es Internet y el email, además de las numerosas redes sociales que proliferan.
Es común citar ejemplos de anteriores mandatarios norteamericanos cuyas apuestas por determinados medios de comunicación les produjeron amplios beneficios Así, Franklin D. Roosvelt apostó por la radio en un período tan complicado como el que espera a Obama. Kennedy explotó su atractivo y sus virtudes comunicativas para aliarse con la televisión. Y de Obama no hay duda de que su impacto mundial se debe, sin descartar otras fórmulas, a su claro compromiso con las nuevas tecnologías, Internet, email y Facebook, incluidos.
Especial importancia adquieren las iniciativas en las redes sociales. El presidente electo se rodeo del creador de Facebook para lanzar su campaña en ese portal, lo que además de múltiples adhesiones públicas y donativos, le proporcionó impagable información sobre sus votantes potenciales, a coste cero. Importante lección para aquellos interesados en forjar una campaña electoral con pocos recursos y, también, para ejemplificar cómo se pueden buscar y el por qué de parte del éxito recaudatorio de Obama.
La tendencia está ahí. En España, Rajoy llamaba por teléfono a simpatizantes invitándoles a participar en una reunión con la plana mayor del Partido Popular. Quién más quién menos dentro del campo político, cuenta con un blog en el que buscar la participación del ciudadano. Y la “guerra de los vídeos” propagados gracias al Youtube es tónica habitual en las campañas de los países de nuestro entorno, por más que debamos reconocer las abismales diferencias respecto al padre de la criatura, Estados Unidos.
Y pese a todas las bondades que podamos citar de la utilización de las nuevas tecnologías entre un colectivo obligado a seguir los pasos de la sociedad, cuando no de abrirlos, la conclusión sigue siendo la misma; no hay fórmulas mágicas. En comunicación, como en cualquier otro ámbito, el éxito se estudia y se planifica. Y también como en cualquier otra esfera, la capacidad de lograrlo dependerá del talento de quienes trabajan en ello. Sin olvidarnos de la fortuna.
14 Nov 2008
Un reto trascendental
Después de varios días de injustificada ausencia, les planteo un juego como fórmula aprobatoria.
Mi nombre es D. Williams, responsable del área de Recursos Humanos de una reconocida y, por tanto, envidiada empresa norteamericana. Verán, llevo semanas dedicado a la búsqueda del candidato perfecto para un puesto de suma importancia. Realmente no le daría tanta importancia si no hubiera constatado que sus decisiones alcanzarían un cariz casi trascendental. Lo que busco y no me canso de pregonarlo con el objetivo de que el candidato perfecto aparezca antes mis ojos, es a una persona consciente, convincente y competente. La triple “C” como yo lo llamo, aunque realmente lo que oculte es falta de talento para explicarme en otros términos.
Permítanme un último intento en este sentido. Imaginen o recuerden a la persona más capaz que conozcan, quizá sea usted, no le dé mas vueltas, y elévenla a la enésima potencia. Eso es lo que busco. A cambio de semejantes cualidades le ofrezco el beneplácito del mundo, la confianza de millones y uno de los puestos con más influencia del planeta. ¿Qué dicen? ¿Conocen a alguien que quisiera un trabajo así?
Sé que todo el que haya llegado a este párrafo ha reconocido el paralelismo. Sin embargo, es importante que no se nos escape el reto al que se enfrenta el próximo presidente de los Estados Unidos. Quizá desde la época de Franklin Roosvelt ningún otro presidente estadounidense ha encarado una apuesta tan arriesgada y vacilante como la que nos acontece. Y, quizá, nunca antes ningún presidente de los Estados Unidos ha tenido una presión tan arrolladora sobre su piel como la que soportará el futuro presidente Obama.
Sea como fuere, las expectativas que ha creado Obama en torno a su figura no pueden ahora palidecer ante los comentarios tan sumamente sensatos como medrosos que afirman que el “cambio” es algo más retórico que práctico.
05 Nov 2008
Presidente Obama
Al todavía presidente Bush hay que reconocerle, al menos, su actitud cercana y campechana. O eso, o no se entiende de otro modo la críptica felicitación que le dedicó a Barack Obama tras imponerse en las elecciones de esta madrugada en la que dijo “que te lo pases bien”. No parece que la realidad económica e internacional permita el nuevo presidente, que tendrá que superar un ajetreado trámite y esperar hasta el 20 de enero para ser nombrado oficialmente, seguir el consejo del actual presidente estadounidense que agota sus últimos 70 días como gobernante.
Puestos a reconocer méritos, es de justicia también destacar la actitud de McCain en su discurso de aceptación de la derrota. Es una pena que dejara su mejor mensaje para cuando tenía que constatar su derrota. Al republicano se le vio emocionado, creíble y patriota, cualidades que
durante la campaña electoral fue incapaz de trasladar, lastrado por sus contradicciones y su incapacidad para distanciarse, si es que era posible, de la penosa herencia dejada por Bush.
Así que de momento, Obama saborea ya su éxito, aunque no fuera completo ya que no alcanzó la mayoría de bloqueo en el Senado. No obstante, puede que tras su discurso de ayer en Chicago en el que rescató algunos pasajes de aquel otro en
Estados Unidos consagra el cambio

Las expectativas se han cumplido. En el momento en el que John McCain y Sarah Palin comparecen con admirable elegancia ante sus seguidores para reconocer la inapelable derrota que han encajado, Estados Unidos abre una etapa histórica con Barack Obama consagrado como nuevo presidente de los Estados Unidos. A falta de conocer los resultados definitivos, el demócrata superará con holgura los 300 delegados y buscará la mayoría en el Senado.
Con esta elección se pone fin a las especulaciones sobre el sentimiento racista en Estados Unidos, el efecto Bradley y la tradicional dificultad de los demócratas para mantenerse firmes en sus principios. La percepción que los estadounidenses tienen de Obama, al que han considerado como un líder fuerte, fiable y comprometido con gente como ellos, ha llevado al senador demócrata a la presidencia del país y, a buen seguro, han dado una razón de optimismo al resto del mundo que esta madrugada observaba con atención la decisión norteamericana.
Obama comienza la mudanza

Si ganar en Ohio implica la preparación de las maletas rumbo a la Casa Blanca, Barack Obama es, a las 4:20 hora española, el nuevo presidente de Estados Unidos. Incluso el estado de Joe el Fontanero ha dado la espalda a John McCain. Ya, ni tan siquiera el recuerdo de 2004 invita a la prudencia y se tilda de milagro un vuelco en el recuento.
Los datos que se van obteniendo le dan a Obama más de 200 delegados. El demócrata ha ganado en los mismos estados que John Kerry en 2004 y, además, se ha hecho con Iowa, Ohio y Nuevo México, lo que le deja la presidencia al alcance de la mano, o lo que es lo mismo, unos 70 delegados.
Y en la medida en que se da por seguro que los 55 votos electorales de California engrosarán su haber, entre los medios de comunicación se comienzan a hacer aproximaciones a en qué número superará la frontera necesaria para ser presidente, pues nadie duda de que esta noche, Barack Obama escribirá un episodio histórico para EE.UU. La lucha electoral, en estos momentos, se centra en el Senado y la frontera de los 60 representantes.
04 Nov 2008
Datos para el gran día
Cerca de 200 millones de estadounidenses llamados a las urnas, un índice de participación que se espera más alto que nunca (cercano al 65%, es decir, unos 130 millones de personas), cientos miles de voluntarios movilizados por los candidatos para que ningún potencial votante se quede en casa (Obama cuenta con una legión de 1,5 millones). Palas quitanieves por si el tiempo no acompaña, ayudantes para ancianos, mítines en tres estados Obama y en siete McCain, el mismo día de la elección. El mundo pendiente de las papeletas mariposa y de las colas frente a las máquinas electorales. Pero sobre todo, un dato que tardaremos unas doce horas en conocer: si a la una de la mañana hora española, cuando cierren los colegios electorales de Florida y Virginia (una hora antes lo hace el de Indiana), los resultados dan la espalda al
republicano, Obama podrá comenzar a saborear lo que parece una victoria cantada. Los tres estados son ahora mismo “grises”, al igual que Misuri, Ohio, Georgia y Carolina del Norte. Si McCain no logra hacerse con ellos, que se despida de ganar las elecciones. Por si fuera poca presión, los últimos sondeos dan una ventaja al demócrata de 7.3 puntos.
En definitiva y después de lo que hemos venido comentando en las últimas fechas, sólo nos queda por rescatar el triunvirato de preguntas con el que los estadounidenses irán hoy a las urnas. Un elenco de cuestiones planteadas por el famoso “hacedor” de campañas, Karl Rove:
-¿Es un líder fuerte?
-¿Puedo fiarme de él?
-¿Se preocupa de gente cómo yo?
A partir de mañana sabremos quién se acerca a ese perfil.
03 Nov 2008
Si Obama es presidente
Es lo que lleva persiguiendo desde hace casi dos años, cuando comenzó la campaña electoral o quizá desde hace cuatro, momento en el que saltó al ruedo de la política nacional estadounidense con su recordado discurso en
La expectación que la elección de mañana ha despertado no podría entenderse sin la figura de Barack Obama. Su mensaje de “esperanza” y “cambio” encaja a la perfección en un marco donde la realidad se explica en clave de crisis: financiera, por la ambición desmedida de las entidades de crédito; económica, por la pérdida de poder adquisitivo de las familias; de credibilidad, por el desgaste que a los Estados Unidos les ha supuesto sus aventuras bélicas en solitario por Oriente Medio; y de identidad, porque en el fondo, EE.UU aún no se ha amoldado a la lógica del mundo tras
Semejante descrédito en todos los ámbitos hace que el nuevo presidente americano herede tal número de dificultades que incluso a George W.Bush, responsable de algunos de ellos, le parezca una empresa de difícil arreglo. Junto a
ello, la repercusión de la marca Obama en todo el mundo, le añade predisposición al entendimiento entre los países “amigos”, pero también presión. El hasta mañana candidato demócrata debe saber que el mundo, o al menos esa parte conocida como “Occidente”, le está esperando. Que no sólo los estadounidenses confían, veremos en qué número, en su capacidad para repensar su país, sino que también sus aliados actuales esperan de él a un líder que contribuya a sacarlos de la situación imposible en la que están sumergidos.
En un terreno más práctico, será interesante ver como el presidente Obama gestiona su popularidad, sobre todo porque la crisis financiera le impedirá llevar a cabo algunos de sus planes de mayor calado en el terreno de la ayuda asistencial. Durante los debates, Obama eludió la respuesta directa a la cuestión de qué parte de su programa no podría aplicar a corto plazo, pero parece obvio que en la coyuntura actual deberá moderar la inversión del Estado, aunque él confía en que el recorte del gasto militar en Irak ayude a cubrir esa otra partida presupuestaria. A nivel internacional es conocido su proyecto de retirar de manera paulatina a las tropas estadounidenses de ese país y centrar los esfuerzos en replantear la estrategia en Afganistán. Para ello, que nadie dude que solicitará la ayuda de sus aliados europeos, entre ellos España, que deberá decidir si asume el riesgo de aumentar sus tropas en un terreno conflictivo, persuadido por la convicción del nuevo líder estadounidense. En todo caso, la ola favorable que despertaría la elección de Obama parece la mejor manera de replantear situaciones en las que la unilateralidad era el camino elegido hasta la fecha. La respuesta a Irán y el previsible cambio de postura con respecto a Pakistán serán las otras decisiones que determinarán la influencia de Estados Unidos en la zona y en relación con sus aliados.
No obstante y más allá de quién gane la elección de mañana, no cabe duda de que, como explica Lluis Bassets en su blog, Estados Unidos cierra una era, la comenzada por Reagan, e inicia una nueva etapa en la que los hechos han hablado y sus consecuencias han sido desastrosas. Estados Unidos elige a su presidente para el mundo del siglo XXI.
Si Obama es presidente
Es lo que lleva persiguiendo desde hace casi dos años, cuando comenzó la campaña electoral o quizá desde hace cuatro, momento en el que saltó al ruedo de la política nacional estadounidense con su recordado discurso en
La expectación que la elección de mañana ha despertado no podría entenderse sin la figura de Barack Obama. Su mensaje de “esperanza” y “cambio” encaja a la perfección en un marco donde la realidad se explica en clave de crisis: financiera, por la ambición desmedida de las entidades de crédito; económica, por la pérdida de poder adquisitivo de las familias; de credibilidad, por el desgaste que a los Estados Unidos les ha supuesto sus aventuras bélicas en solitario por Oriente Medio; y de identidad, porque en el fondo, EE.UU aún no se ha amoldado a la lógica del mundo tras
Semejante descrédito en todos los ámbitos hace que el nuevo presidente americano herede tal número de dificultades que incluso a George W.Bush, responsable de algunos de ellos, le parezca una empresa de difícil arreglo. Junto a
ello, la repercusión de la marca Obama en todo el mundo, le añade predisposición al entendimiento entre los países “amigos”, pero también presión. El hasta mañana candidato demócrata debe saber que el mundo, o al menos esa parte conocida como “Occidente”, le está esperando. Que no sólo los estadounidenses confían, veremos en qué número, en su capacidad para repensar su país, sino que también sus aliados actuales esperan de él a un líder que contribuya a sacarlos de la situación imposible en la que están sumergidos.
En un terreno más práctico, será interesante ver como el presidente Obama gestiona su popularidad, sobre todo porque la crisis financiera le impedirá llevar a cabo algunos de sus planes de mayor calado en el terreno de la ayuda asistencial. Durante los debates, Obama eludió la respuesta directa a la cuestión de qué parte de su programa no podría aplicar a corto plazo, pero parece obvio que en la coyuntura actual deberá moderar la inversión del Estado, aunque él confía en que el recorte del gasto militar en Irak ayude a cubrir esa otra partida presupuestaria. A nivel internacional es conocido su proyecto de retirar de manera paulatina a las tropas estadounidenses de ese país y centrar los esfuerzos en replantear la estrategia en Afganistán. Para ello, que nadie dude que solicitará la ayuda de sus aliados europeos, entre ellos España, que deberá decidir si asume el riesgo de aumentar sus tropas en un terreno conflictivo, persuadido por la convicción del nuevo líder estadounidense. En todo caso, la ola favorable que despertaría la elección de Obama parece la mejor manera de replantear situaciones en las que la unilateralidad era el camino elegido hasta la fecha. La respuesta a Irán y el previsible cambio de postura con respecto a Pakistán serán las otras decisiones que determinarán la influencia de Estados Unidos en la zona y en relación con sus aliados.
No obstante y más allá de quién gane la elección de mañana, no cabe duda de que, como explica Lluis Bassets en su blog, Estados Unidos cierra una era, la comenzada por Reagan, e inicia una nueva etapa en la que los hechos han hablado y sus consecuencias han sido desastrosas. Estados Unidos elige a su presidente para el mundo del siglo XXI.
Si Obama es presidente
Es lo que lleva persiguiendo desde hace casi dos años, cuando comenzó la campaña electoral o quizá desde hace cuatro, momento en el que saltó al ruedo de la política nacional estadounidense con su recordado discurso en
La expectación que la elección de mañana ha despertado no podría entenderse sin la figura de Barack Obama. Su mensaje de “esperanza” y “cambio” encaja a la perfección en un marco donde la realidad se explica en clave de crisis: financiera, por la ambición desmedida de las entidades de crédito; económica, por la pérdida de poder adquisitivo de las familias; de credibilidad, por el desgaste que a los Estados Unidos les ha supuesto sus aventuras bélicas en solitario por Oriente Medio; y de identidad, porque en el fondo, EE.UU aún no se ha amoldado a la lógica del mundo tras
Semejante descrédito en todos los ámbitos hace que el nuevo presidente americano herede tal número de dificultades que incluso a George W.Bush, responsable de algunos de ellos, le parezca una empresa de difícil arreglo. Junto a
ello, la repercusión de la marca Obama en todo el mundo, le añade predisposición al entendimiento entre los países “amigos”, pero también presión. El hasta mañana candidato demócrata debe saber que el mundo, o al menos esa parte conocida como “Occidente”, le está esperando. Que no sólo los estadounidenses confían, veremos en qué número, en su capacidad para repensar su país, sino que también sus aliados actuales esperan de él a un líder que contribuya a sacarlos de la situación imposible en la que están sumergidos.
En un terreno más práctico, será interesante ver como el presidente Obama gestiona su popularidad, sobre todo porque la crisis financiera le impedirá llevar a cabo algunos de sus planes de mayor calado en el terreno de la ayuda asistencial. Durante los debates, Obama eludió la respuesta directa a la cuestión de qué parte de su programa no podría aplicar a corto plazo, pero parece obvio que en la coyuntura actual deberá moderar la inversión del Estado, aunque él confía en que el recorte del gasto militar en Irak ayude a cubrir esa otra partida presupuestaria. A nivel internacional es conocido su proyecto de retirar de manera paulatina a las tropas estadounidenses de ese país y centrar los esfuerzos en replantear la estrategia en Afganistán. Para ello, que nadie dude que solicitará la ayuda de sus aliados europeos, entre ellos España, que deberá decidir si asume el riesgo de aumentar sus tropas en un terreno conflictivo, persuadido por la convicción del nuevo líder estadounidense. En todo caso, la ola favorable que despertaría la elección de Obama parece la mejor manera de replantear situaciones en las que la unilateralidad era el camino elegido hasta la fecha. La respuesta a Irán y el previsible cambio de postura con respecto a Pakistán serán las otras decisiones que determinarán la influencia de Estados Unidos en la zona y en relación con sus aliados.
No obstante y más allá de quién gane la elección de mañana, no cabe duda de que, como explica Lluis Bassets en su blog, Estados Unidos cierra una era, la comenzada por Reagan, e inicia una nueva etapa en la que los hechos han hablado y sus consecuencias han sido desastrosas. Estados Unidos elige a su presidente para el mundo del siglo XXI.
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