Uno de tantos
Huelga de transportistas y familia
No hay nada peor que llegar cansado de estudiar de la biblioteca a casa y que tu madre te reclute porque "hay que comprar cosas, que han dicho que en una semana los super se quedan sin suministro". Y uno, que pensaba que este sábado se libraba de cargar cual mula de carga por aquello de estar de exámenes, acepta con resignación.
Cinco paquetes de arroz, cuatro de azúcar que se suman a los cuatro que ya hay en casa ("porque el azúcar es energía y con vasos de leche con azúcar podemos mantenernos"), dos paquetes de espaguettis, otro más de macarrones ("la pasta es necesaria" -ya te digo-), un par de ellos de lentejas, cuatro botes de judías verdes, tres latas de tomates enteros pelados, paquetes de latas de atún por arrobas, patés ("que los patés son grasa y no te digo yo que no nos vaya a hacer falta") y así hasta la extenuación. Ah, "y esta tarde te bajas a llenar los depósitos de los coches pero, a partir de ahora, a todos los sitios andando, que no hay necesidad de usarlos".
Pero, vamos, que no estoy escribiendo este post para que el mundo entero sepa que mi madre es un poquito neurótica, no. Estoy escribiendo este post porque me ha parecido realmente curioso cuando ha recordado que su abuela, "que vivió la guerra, siempre hacía esto cada vez que notaba que algo podía ir mal. Claro, que la abuela tenía una despensa que, vamos. Y siempre nos decía a sus nietos que nunca nos dejáramos engañar, que nosotros lo hiciéramos aunque se rieran de nosotros. Que compráramos cosas no perecederas, claro. Y que, si venían mal dadas, nunca, nunca, nunca, bajo ningún concepto compartiéramos nada con nadie que no fuera de la familia. Que uno nunca sabía por dónde iban a venir los tiros. Y que, si al final no pasaba nada, al fin y al cabo era comida, y se iba a comer igual". Después me soltó -por enésima vez- que lo bueno en estos casos es tener un trocito de tierra donde poder plantar unas patatas, unos tomates y un poco de pasto para una vaca.
Más allá de lo exagerada o no que pueda ser mi madre -que lo es-, resulta curiosa la mentalidad de gente que vivió tiempos difíciles de verdad. Esa mentalidad del 'coge todo lo que puedas y no compartas, no vaya a ser que luego las cosas vayan a peor'. Y, aunque también suena egoísta, me parece una posición meditada y matriarcal. Además de entrañable.
El valor de un gesto
¡Qué preocupación! ¡Madre mía! ¿Se saludarán? ¿Torcerá Juanito el gesto hacia la derecha? ¿Levantará la cabeza Pepita o la bajará como muestra de arrepentimiento? ¿Moverá compulsivamente los ojos o se pondrá a jugar con el móvil? Ay, no sé, no sé, chica. Pero la noticia está que arde. Catarsis de emoción.
Gilipollas. Eso es lo que somos la mayoría: gilipollas. Cuando ayer me he descubierto a mí mismo subiendo el volumen de la televisión para enterarme de cuál había sido la actitud del alcalde y la presidenta en el mitin de Mariano me he dado pena de mí mismo. Pena por preocuparme por algo tan sumamente estúpido. Porque, mientras en España reflexionamos sobre el valor de un gesto u otro. En la franja de Gaza comienzan a morir uno tras otro. Ahora no es por culpa de las bombas. Es que Israel les ha dejado sin suministro de combustible y, como consecuencia, un tercio de la población se ha quedado sin electricidad. Nada. Incluso el propio ministro de defensa israelí, Ehud Barak, se ha dado cuenta de que la medida es demasiado drástica. Van ya cinco muertos inocentes (de los que no combaten) porque en los hospitales no se les ha podido suministrar el tratamiento adecuado. Aun así, no piensan, de momento, dar su brazo a torcer. No lo han hecho nunca y lo van a hacer ahora, ¡ja!
Como ya he dicho varias veces: algunos palestinos también tienen culpa, claro. Les echaron de sus tierras y se defienden, pero descerebrados hay en todas partes. No seré yo el que criminalice únicamente a Israel (aunque tenga la mayor parte de culpa). Lo que sí está claro es que quien incumple sistemáticamente las resoluciones de Naciones Unidas, bajo el amparo de EEUU, es Israel. Quien se pasa por el arco del triunfo a la diplomacia internacional es Israel. Quien está llevando a cabo un genocidio casi idéntico al que sufrió ese pueblo bajo la dominación nazi es Israel y no el pueblo palestino, cuyos ataques no pueden ser condenados por la ONU porque ni siquiera existe como estado.
(Este post se publica simultáneamente en La Comunidad de la Cadena SER y en La Comunidad de EL PAÍS)
Sobre este blog
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Fernando Blázquez
24 años, salmantino. La informática fue mi primera elección. Luego me di cuenta de que necesitaba dedicarme a algo más "humano". Lo intentaremos con el periodismo.
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