Uno de tantos
Calvo-Sotelo y los que saben de todo
Se supone que hoy habría que hablar de Calvo-Sotelo. Segundo presidente de la actual democracia que, en vida, pasó sin pena ni gloria pero cuya muerte ha ocupado las sobremesas del fin de semana de más de media España. De hecho, estoy convencido de que muchos han sabido de la existencia de un tal Calvo-Sotelo expresidente del gobierno del país a raíz de su muerte. Sin embargo, no lo voy a hacer. No voy a hablar de él. Y no voy a hacerlo porque me he dado cuenta de que no sé nada. Me he dado cuenta de que realmente ha sido el presidente olvidado cuando he caído en que no podría ni criticarle ni alabarle sin leerme antes un libro sobre él -y, qué quieres, no hay ganas-.
Yo ahora podría decir que mejor sería que escribieran sobre él quienes vivieron ese breve lapso de tiempo en el que presidió nuestro país y no quienes por aquella época no éramos ni un atisbo de cigoto, pero no voy a decirlo. Y no voy a decirlo porque es uno de los argumentos que más me sacan de quicio. Por todos es conocido que en España es raro no encontrarse a diario con varias personas de esas que saben de todo. Da igual que la conversación trate sobre la cocción al vapor, los trastornos por estrés postraumático, los roedores semiacuáticos del norte de América o la merluza en salsa verde: ellos son los que más saben sobre el tema. Pues bien, suele ser común en estos individuos -que en sus versiones más hard pasan los 60- el argumento de que todo aquel que no haya presenciado un acontecimiento no tiene idea alguna ni está capacitado para opinar. Uno acaba no entediendo -siempre siguiendo su razonamiento, por supuesto- cómo luego hablan sobre la caída del Imperio Romano, pero tampoco seré yo quien ponga en duda la omnipotencia de tales seres.
Además, suele también gustarles la descalificación hacia lo que los jóvenes -sobre todo los mejor formados que ellos- hacen y dicen. Los jóvenes no tienen idea de nada y, si alguno osa desafiar sus enciclopédicos conocimientos, suele acabar tachado con algún calificativo despreciativo hacia su persona.
Por tanto, si hoy no hablo de Calvo-Sotelo es porque creo que no estoy capacitado para ello ni tengo una opinión formada, pero no por tener veintitantos o no haber nacido cuando estuvo gobernando. Porque yo no sé de todo: lo sé y lo admito. Y porque no me da la gana. En cualquier otro caso lo haría. Y, a quien no le guste, que no mire.
Sobre este blog
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Fernando Blázquez
24 años, salmantino. La informática fue mi primera elección. Luego me di cuenta de que necesitaba dedicarme a algo más "humano". Lo intentaremos con el periodismo.
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