Uno de tantos
La extraña sorpresa
Los discursos de investidura no son más que mítines de tono solemne. A ver si nos vamos enterando, porque hoy parece que habita entre las personas normales y entre las que no lo son (a saber: columnistas, contertulios...) una especie de aura simplona que les ha dejado completamente alelados.
Las sesiones de investidura no se inventaron para que la oposición ponga a caldo al presidenciable. Las sesiones de investidura fueron concebidas para que el candidato elegido cuente todo lo bueno que tiene pensado hacer y oculte todo lo malo. Y viceversa: para que la oposición pida al futuro presidente todo lo bonito que tiene pensado pedir y oculte todo lo que, de cara al público, no queda tan bien reclamar.
Es por ello que resulta bastante extraño que las personas que no son normales (repásese el primer párrafo si no se recuerda quiénes son) hayan afirmado que esto supone un cambio, que estamos ante la modificación de la conducta de los grandes partidos o que la crispación está siendo desterrada del debate político. Ja. Ja. Ja. Y ja. Para muestra, un botón: no hay más que repasar la sesión de investidura de hace cuatro años para darse cuenta del transcurso de la pasada legislatura y de la estupidez de las afirmaciones. Como dirían Tip y Coll con su jarra y su vaso de agua: "observen la tontería".
No sé. Puede que sea yo el que esté equivocado. Pero se dice, se comenta, se rumorea que la polémica sobre la asignatura de EpC sigue sobre la mesa, que los recursos de inconstitucionalidad sobre el Estatuto de Cataluña y la ley del matrimonio gay continuan ahí, que las luchas sobre cómo ha de repartirse el agua no han desaparecido (es más, están ahora más vigentes que nunca) y que se avecinan tiempos de vacas flacas, argumento siempre destructivo desde cualquier variante de oposición.
A no ser que sea para llenar minutos de radio y páginas en los diarios (hoy para decirlo y mañana para desdecirlo) no merece la pena engañarse pensando que esta va a ser una legislatura calmada. Es más, no creo que nadie pida y quiera una legislatura calmada. Lo que se pide es, únicamente, que el principal partido de la oposición no haga su labor insultando a la inteligencia de los ciudadanos.
(Este post se publica simultáneamente en La Comunidad de EL PAÍS y en La Comunidad de la Cadena SER)
Sobre este blog
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Fernando Blázquez
24 años, salmantino. La informática fue mi primera elección. Luego me di cuenta de que necesitaba dedicarme a algo más "humano". Lo intentaremos con el periodismo.
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