A ver que da el día

11 May 2008

Escrito por: zuperm-n el 11 May 2008 - URL Permanente

Estamos en buenas manos

El tableteo del tren lo despertó cuando estaba entrando en la ciudad, el paso por los infinitos cambios de aguja, imprimía un caprichoso movimiento lateral a su cuerpo, imposible de controlar. Se puso las gafas, que había guardado en el bolsillo superior de su chaqueta, y se mesó el escaso cabello blanco con ambas manos. Abrió mucho los ojos y la boca con la esperanza de que desapareciera el molesto tapón de sus oídos, al tiempo que vio su rostro,artificialmente sorprendido, reflejado en el espejo del aseo, cuya puerta estaba abierta y golpeaba el dintel a voluntad del meneo del tren, añadiendo un sonido más al improvisado recital de percusión ferroviaria. Se sacudió con el revés de la mano los hombros y después, con la palma, la muslera de sus pantalones que aún conservaban miguitas de pan del refrigerio que había precedido a la siesta. Pasó al baño y asentó firmemente los pies frente al inodoro, intentando que el chorro no cayera fuera de la taza. Cuando hubo acabado bajó la tapa, se lavó las manos y cogió la gorra oficial que colgaba del perchero del apartado, descorrió el pestillo y salió al pasillo, donde aguardaba el revisor, que le espetó:

- ¿otra vez durmiendo en horas de trabajo?, ¡Corre a tu puesto antes de que lleguemos a la estación! ¡Alguna vez te van a pillar y ya veras tú…!

Ni siquiera se molestó en contestar, le faltaban dos semanas para llegar a la jubilación y a estas alturas no le tenia miedo a nadie. Se encaminó a la cabina de conducción del tren y con un movimiento reflejo empezó a jugar con las llaves en el interior de su bolsillo, pero noto algo extraño que le hizo detenerse en seco, sacó las llaves del pantalón y comenzó a comprobar una por una que estaban todas: la de su casa, la de su coche, aparcado en la estación, la de su taquilla en la central, y ¡oh, no! Faltaba la de acceso a la cabina de mandos del tren.

Rápidamente volvió al departamento que había ocupado un momento atrás y busco entre los sillones, en la mesa auxiliar y en el suelo. Entró en el baño y miró bajo la taza, junto a la papelera atestada, sobre la encimera del pequeñísimo lavabo de acero y tras la puerta. Volvió a hacer inventario del contenido de sus bolsillos con la vaga esperanza de que la dichosa llave estuviera en algún pliegue de la tela. Rebuscó en la chaqueta y en la camisa. Nada. Le resultaba increíble lo que le estaba ocurriendo. Cada vez más nervioso corrió tren atrás buscando al revisor que tenía una copia de la llave para evitar que los maquinistas pudieran quedarse encerrados. Lo vio tres vagones más adelante, avanzando, en contra del sentido de la marcha, hacia el furgón de cola, y se lanzó tras el. Justo en ese momento escuchó la megafonía de la estación que anunciaba la entrada del tren en el andén. Disponía exactamente de tres minutos para llegar hasta el revisor, pedirle la llave, desandar todo el tren hasta la cabina del maquinista, abrir la puerta, iniciar el protocolo de detención, frenar y bajar en la estación por la zona de servicio como si nada hubiese ocurrido. Tropezó con un pasajero que salía del vagón restaurante y ambos cayeron al suelo, se levantó corriendo y se dio cuenta de que había perdido la gorra. El revisor estaba a un paso en el otro vagón pero no escuchaba como lo llamaba, abrió la puerta de un puntapié mientras que le pedía la llave a gritos. El revisor, boquiabierto, extendió la mano con la llave, que recogió de un manotazo. Salió del vagón todo lo rápido que pudo. A través de las ventanillas del tren veía los primeros viajeros apostados en los andenes, siguió corriendo, aún disponía de minuto y medio.

Entró en la locomotora y atravesó el pasillo que estaba flanqueado por los enormes transformadores eléctricos que alimentaban el motor del convoy. Resbaló en un charco de aceite y cayó al suelo cuan largo era. Las llaves, que llevaba en la mano, salieron despedidas y fueron a parar bajo un enorme acumulador de emergencia. Apresuradamente buscó una escoba y con el mango y un poco de astucia consiguió recuperar las llaves. Avanzó los dos metros que le separaban de la entrada mientras pensaba que todo estaba arreglado, frenaría el tren correctamente y nada se sabría de su falta. Lo había hecho tantas veces que ya estaba acostumbrado y lo veía normal. Puso la llave en la cerradura y la giró a la izquierda. La puerta no se abrió. Recordó que algunas veces se encasquillaba y levantó la llave, giró a la derecha y con un golpe seco de muñeca, giro de nuevo a la izquierda, en un gesto mil veces repetido. La cerradura siguió bloqueada. El ojo de buey del vagón locomotora mostraba la primera señal de reducción de velocidad, 20 Km. /h., Ahora si sentía pánico, por los pasajeros, por él, por los usuarios de la estación, por su familia, avergonzada…

En treinta segundos tenía que entrar y pasar de los 65 a 10Km./h. y después detener completamente la máquina de 250 toneladas, era el fin. Buscó el freno de emergencia con la vaga esperanza de que disminuyeran los efectos de la tragedia que se avecinaba. Rompió el cristal del freno y se dispuso a tirar de la palanca con todas sus fuerzas, rezando y llorando por que su osadía iba a matar a tantas personas cuando notó que la velocidad se reducía notablemente. El tren se detuvo suavemente a la altura de los topes de la estación sin llegar siquiera a rozarlos. Un sudor frío se apodero del maquinista, que aún no sabía como el piloto automático había conseguido detener la locomotora. Se derrumbó en el suelo, la espalda contra la pared y la cabeza entre las rodillas. Las lágrimas afloraron en sus ojos y humedecieron sus marchitas mejillas. Creyó morir de vergüenza, y sin embargo se sentía tremendamente feliz, en una mezcla extraña de sentimientos. Se sobresaltó al escuchar como se abría la puerta de la cabina desde dentro y aparecía en ella su compañero, con las llaves en la mano y con una sonrisa de oreja a oreja, le cantaba:

-¡Inocente, inocente, inocente!

28/Diciembre/2006

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Juegos

Juegos dijo

Muy bueno el relato!!! La verdad es que es bastante interesante!

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