Pensamientos
13 May 2008
Sé que tengo alas, porque alguna vez he volado lejos y alto, sobre todo cuando tenía la impetuosidad que da la juventud. Sin embargo con el tiempo me ido haciendo a la comodidad, a no salir de mis zonas seguras, donde están las cosas que pienso que necesito, donde convivo con mis valores, mis miedos y mis limitaciones.
Todo conocido, todo a mano, la rutina, lo cotidiano, lo fácil, y noto como poco a poco mis alas se van atrofiando, como ya no hago nada por moverlas. Me agarro a la seguridad de lo que conozco y no me suelto por miedo a caerme.
Tal vez si leéis este pequeño cuentito me entenderéis mejor.
“Un rey recibió como obsequio, dos pequeños halcones, y los entregó al maestro de cetrería, para que los entrenara.
Pasados unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro no sabía qué le sucedía: no se había movido de la rama donde lo dejó desde el día que llegó.
Pasaron los días y uno volaba alegremente por todo el jardín, pero el segundo seguía igual.
Al día siguiente, por la ventana, el monarca pudo observar, que el ave aún continuaba inmóvil en la rama y reflexiono sobre el problema.
.
Entonces, decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa de 12.000 monedas de oro, a la persona que hiciera volar al halcón.
A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines, junto con su compañero.
El rey le dijo a su corte, “Traedme al autor de ese milagro”. Su corte rápidamente le presentó a un campesino.
El rey le preguntó:
- ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago?
Intimidado el campesino le dijo al rey:
- Fue fácil mi rey. Sólo corte la rama, y el halcón voló.
Se dio cuenta que tenía alas y se puso a volar.”
Nos atamos a demasiadas cosas y a algunas personas, pensamos que sin ellas, no seremos capaces de vivir.
Todos tenemos sueños, ilusiones, ganas de mejorar, queremos resultados, buscamos oportunidades ¿pero estamos dispuestos a asumir los riesgos? Eso, ya no es tan fácil.
Tampoco digo que tengamos que ser los más aventureros del mundo, ni que tengamos, de pronto, que dejar de lado lo conseguido, pero hagamos una reflexión y averigüemos a cuantas ramas estamos atados.
Es posible que tengamos que hacer una tala exhaustiva, para conseguir que nuestras alas dejen de estar escondidas tras nuestros miedos.
Ya sé que cuando perdemos un apoyo, sobre todo cuando alguien nos deja, ya sea porque quiere o porque llegó su momento, creemos que no seremos capaces de seguir viviendo, pero también os habréis dado cuenta de que eso es una gran mentira. Si fuera cierto nadie estaría hoy aquí.
Así que, hoy os voy a pedir que tratemos de cortar una rama, aunque sea pequeñita. Una adicción es una cadena que nos aprisiona, necesitar no es querer.
Dejemos de aferrarnos y volemos, hacia donde queramos realmente ir.
Un abrazo y gracias a todos. Calandria
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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
amiga dijo
Genial historia, yo creo que tengo unas cuantas ramas que cortar, pero tendrán que esperar hasta mañana. Un abrazo
zuperm-n dijo
A veces tiene que venir un amigo a sacudirte para que recuperes el sentido de la realidad. Tu has hecho hoy esa función. Gracias.
mamen dijo
Gracias por recordarme que tengo alguna rama para cortar y así sentir más libertad. Un saludo
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