Pensamientos
31 Jul 2008
Al daño, flores
Como a todos, a mí también me han hecho daño, no es que sea adivina, ni sepa echar las cartas, pero sé que no hay nadie que se libre de este mal.
Hables con quien hables, tiene penas que contar, y no entiendo porque es así, pero salen antes que las alegrías. Sistemáticamente o tal vez porque, si le damos algo de penita a nuestro interlocutor, nos hará sentirnos más cercanos.
Sea como sea, a pesar de ese daño que he recibido, me resisto a devolverlo. Por el contrario, y como si de un reto se tratase, tiro flores a su paso, de ello que en ocasiones no me entiendan, y más aun, los descoloque totalmente.
El que daña, espera la rabia, la ira, el desprecio, la indiferencia e incluso la venganza, y da por hecho que el dañado actuara así. Precisamente si actúa de este modo se sentirá menos culpable y como es la reacción esperada, no le coge desprevenido.
Pero, fíjate, que yo me parezco a las plantas del huerto de mi padre, contra más estiércol les pone, mejores frutos dan.
No me gusta acumular sentimientos negativos, creo que son los causantes de la mayoría de las ulceras de estomago, así que los utilizo desgastándolos en provecho.
Por eso, trato de no caer en su juego, porque, sencillamente, no es el mío. Y si en alguna ocasión no puedo evitarlo, porque también tengo mis momentos malos y de debilidad, intento arreglarlo si es posible.
Siempre he creído que solo puedes dar lo que posees, ciertamente es imposible dar lo que no tienes. Y aunque me cuesta dilucidar lo que tienen dentro los que son capaces de hacer daño, sin tan siquiera pararse para saber porque lo hacen, trato de imaginar que es porque les pasa como a los animales heridos, que cuando intentas ayudarles te muerden. Pero no es el animal el que muerde, muerde su dolor y su miedo, es lo que tienen en ese momento dentro y es lo único que pueden dar, mordiscos.
Ante situaciones de presión, esas en las que cuesta tanto pensar, hay diferentes modos de reacción. Están los que beben y se van de fiesta para no pensar, los que se deprimen y se encierran en sí mismos, y los que explotan y no ven ni a quien tienen cerca, que suelen ser los que más los quieren y quienes más se preocupan por ellos.
Algunos hacen una mezcla de todas y cuando se dan cuenta es tarde, el daño está hecho.
Pues no puedo devolver lo mismo, porque yo no lo tengo dentro, y aunque me digan que soy tonta “cienes y cienes de veces”, que lo que se merecen es mi desprecio, no me sale.
Prefiero estar a bien conmigo misma, tranquila con mi conciencia y sabiendo que no llevo la contraria a mis principios. Perdono y sigo mi camino.
Un abrazo y feliz día
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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Antonio Rodríguez Rubio dijo
Ana:
Te felicito.
Por no devolver el mal.
Yo no soy tan bueno como tu. No soy rencoroso pero tengo muy buena memoria.
cirujeda dijo
Te comprendo
calandria dijo
Querido Antonio, no te hablo de olvido, que para la memoria quedan las heridas. Pero el rencor es una herida abierta, que no dejamos cerrar, y si no se cierra se infecta y aun duele más. ¿Para que darles eae gusto? Un abrazo.
larra dijo
Querida Calandria,
Creo que tienes una actitud y un comportamiento, frente a los causantes del daño que has recibido, completamente adecuados. Creo que es lo mejor para ti, para ellos y para el mundo en general.
A mi juicio es algo genético, es decir, que te viene de fábrica, como tú muy bien dices: "no puedo devolver lo mismo, porque yo no lo tengo dentro".
Creo que no hay peor desgracia que tener rencor u odio hacia alguien. Te acaba destruyendo.
Un abrazo y enhorabuena, no todos podemos decir lo mismo.
angel-ivan dijo
Muy Bonito,En Serio
Un Beso
mamen dijo
Calandria guardar el rencor es lo peor que hay. No poner la otra mejilla tampoco, pero dejar pasar el tiempo las cosas se enfrían y si acaso perdonar sin olvidar. Un saludo
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