La Ventana de Millás
05 Mar 2010
Historias de paraguas
Esta semana Juanjo Millás os pide que escribáis vuestros relatos sobre el objeto protagonista de este invierno: el paraguas. Qué se esconde debajo de un paraguas, qué tapa... Gemma y Juanjo leerán los mejores el próximo viernes en La Ventana.
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Este es mi espacio en La Ventana, donde compartimos ideas, propuestas y mucho de la complicidad que tiene la radio
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147 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Puri dijo
Al proponer Juanjo esta tarde el tema me parecio horrible, pues tengo muchas ganas de poder guardarlo pero al instante me vino a la memoria mi primer paraguas. Como bien decís antiguamente no teníamos un paraguas cada uno, así que yo siempre lo tenía que compartir con mi hermana mayor para ir al cole, y nunca me dejaba llevarlo a mi. Por eso aquella madrugada despues de preguntar a mis padres diez veces si habían venido ya los reyes, me levante y vi asomar el mango de aquel precioso paraguas verde y naranja, Dios que felicidad fui la niña mas feliz del mundo (y eso que sólo me dieron ese regalo), ya era mayor. Es el mejor regalo que me han dejado jamas los reyes.
Mercedes dijo
Dentro del paraguas tristeza, alegría, amor, odio, indiferencia... que se yo, cada paraguas guarda un mundo.
Pepe Lillo dijo
Iba a contar que de niño giraba paraguas abiertos dentro de casa para tentar al destino, o a mi madre, que no dejaba de gritar que no lo hiciera, que daba mala suerte. Pero pensé que serían muchos los ventaníanos que escribirían sobre eso. Luego pensé en escribir que en la farmacia en donde trabajo, los días que llueve pero no llueve, recogemos cosechas de paraguas para todo el año. Aunque de esto, seguro, también escribirían. Y entonces me acordé de la noche fatídica en que compramos aquel paraguas azul marino en el bazar de chinos. Pero tranquilo, todavía no tengo suficiente valor para hablar de aquello.
LA TIA dijo
Dónde van los paraguas que se pierden?
Imagino esa dimensión paralela a la nuestra, habitada solo por paraguas, que en los días de sol holgan en doradas playas, y que trabajan durante horas cuando las lluvias arrecian....Todos ellos bajo el mando de una monarquía parlamentaria, donde el Rey es un tal Florenci, y en cuyas iglesias se adora a Mary Popins.....Huy!!!!Que yuyu!!!!
chus melchor dijo
Llovía mucho, pero mucho. La gente se resguardaba en portales y balconadas o se arrimaba a los muros. Casi nadie se movía. Había empezado de repente, y pocos llevábamos paraguas. Yo seguía mi camino porque tenía prisa y porque me gustaba separarme de los refugios. Mi paraguas era más que un cobijo, era una especie de cápsula que me permitía alejarme de aquella escena para verla desde fuera.
Paré delante del paso de cebra esperando a que el semáforo me diera paso.
– ¿me llevas? – Un joven se había metido en mi cápsula. Me hablaba con una enorme sonrisa. – sólo hasta el otro lado – añadió.
Y le llevé. Le llevé a su facultad, que estaba al lado de la mía, y días después nos encontramos y nos acompañamos de nuevo y… Aún conservo el paraguas.
Diego Serrano (Almeria) dijo
El paraguas es la excusa perfecta. Pero si la mayor parte de nosotros es agua, ¿por qué no cogemos la indirecta cuando llueve?
Lola Sanabria García dijo
BAJO EL SOL DE ANDALUCÍA
Los paraguas que recuerdo de mi niñez eran todos como caparazones de escarabajos que cobijaban cuerpos blancos de mujeres vestidas de negro.
ANA MARTIN dijo
Odio los paraguas, tienen pinchos, gotean, y siempre estan en manos de gente que no sabe utilizarlos y que me asustan cuando vienen hacia mi por la calle. Pero cada vez que en la papelera que se pone en la entrada de mi trabajo cuando llueve , alguien se olvida de uno, yo me lo llevo a casa.
Lilana dijo
No entiendo porque en un sitio como Aragón, donde llueve poquisimo, cada vez que lo hace todo el mundo se mete bajo uno de esos artilugios.
j carlos herrera dijo
El Paraguas:
En mi ciudad los paraguas duran una temporada a lo sumo y no es por una cuestión de moda o de poder adquisitivo si no que por lo general cuando llueve no lo hace para abajo si no que lo hace de lado y con bastante viento. De manera que aquella persona que ose abrirlo automáticamente se convierte en un caballero del medievo con su escudo preparado para la batalla. Cuando de repente sopla del otro lado el paraguas se transforma en un dragón que intenta escapar de tan valiente caballero.
Francisco Manuel Aguado Blanco dijo
PARAGUAS TERAPÉUTICO
De pequeño tuve un problema de agorafobia que no conté nunca a nadie. Al salir a la calle, los ruidos, la gente, los espacios sin límites de cuatro esquinitas, me aturullaban hasta el punto de sentir mareos al filo del desmayo. Un buen día llovió. Como no es raro que llueva en Gerona en invierno, a nadie extrañó que saliese a la calle con paraguas. A mí, sí. El ruido de las gotas sobre la tela, amortiguaban hasta las campanadas de la Catedral y San Félix. Debajo de aquel recién descubierto cobijo podía relacionarme sin ningún problema con gentes acéfalas bajos sus paraguas con las que me coordinaba a la perfección a la hora de compartir acera entre chorreos de aleros, meadas de canalones o bajantes rotos y calzadas inundadas. Nada ni nadie me produjo pánico. Me detuve en medio de un puente sobre el río Oñar. Pude divisar en un extremo a Alec Guinness dando golpecitos con una vara de madera en sus botas de oficial. Me sonreía.
Al día siguiente salió el sol. Salí a la calle sin paraguas, sin Alec Guinnes y sin agorafobia.
maria dijo
Estaba en la parada del autobus viendo como dos paraguas llevaban media hora sin despegarse, uno sobre el otro, me pico la curiosidad y me hice a un lado para mirar. Debajo habian dos adolescentes besandose.Sonrei
Anquises dijo
El pasado otoño, en un día de lluvia y viento salimos a la calle y recogimos varios paraguas destrozados que encontramos en las papeleras. Al llegar a casa les quitamos el armazón de varillas metálicas, colgamos de cada uno de ellos un muñeco y de tanto en tanto nos dedicamos a lanzarlos desde lugares elevados.
pilarica dijo
Genma, todos los viernes espero con anhelo la hora de juanjo, y todas las semanas me sobran entrevistas y me faltan más intervenciones de mi admirado escritor...no es suficiente el paraguas familiar y acogedor que se despliega con su presencia? no te lo dejas olvidado? y a nosotros tan entregados...sólo diez minutitos para leer lo que con tanta emoción y cariño escribimos?
gravy-asturias dijo
el paraguas es el escudo que utiliza la gente cuando llueve,para no mojarse, y para apartar a aquellas personas que no lo llevan,de la proteccion de los salientes de los edificios....
Miguel Sampedro Carrera dijo
Siempre estaba a mí lado , cuando peor se ponían las cosas, él estaba ahí, parando las envestidas que nos tenían preparadas,... sin reproches, sin miedos, dando siempre la cara por uno, como lo haría un amigo...
Guadalupe dijo
Mi paraguas tiene un agujero que me avisa cuando sale el sol.
Ana C dijo
Si en los días de lluvia sonaran las bandas sonoras de Desayuno con diamantes, Bailando bajo la lluvia, El piano, Los puentes de Madison, etc., no me importaría salir a la calle y utilizar el odioso paraguas.
Gloria Porno dijo
Lo iba repitiendo para mí mismo, como interiorizándolo. "¿Qué esconden los paraguas? ¿Qué ocultan?".
Salí de la oficina directo para casa y así discurrí los 600 ó 700 metros que tardo en llegar a ella, observando la culata de mi paraguas asomar de la cartera y pensando en el tema sugerido por el programa de radio a la par. "Qué es lo que tapan?".
Piqué al timbre y Manuela abrió la puerta. Me miró extrañada de arriba abajo y exclamó sacándome así de mi trance:
- ¿Pero qué haces? ¡Estás empapado cariño!
Eso me molestó profundamente.
- Yo al menos -repliqué sorbiendo muy digno el agüilla que resbalaba por mi nariz- no tengo nada que ocultar.
Fernando dijo
Leslie Howard, con su flamante traje militar a juego con el atardecer de fuego, se inclinaba lentamente para besar a Olivia de Havilland. Para decepción de los chicos de la primera fila, la sombrilla de mano de ella se fue girando hasta hurtarnos aquel momento mágico. Fuera del cine seguía lloviendo. Comenzaba a anochecer cuando por el camino embarrado avanzaba chirriando el carro de Pepe de Gómez. Con una mano tiraba del carro mientras con la otra sostenía un “siete parroquias” con el que protegía la cabeza de “Galana” del intenso aguacero. Unos metros más atrás, Carmen, su mujer, llevaba al hombro la azada y en su otra mano un manojo de grelos.
Anónimo dijo
Aquella lejana tarde de mi niñez mi madre y yo esperábamos el autobús bajo el aguacero invernal. No recuerdo donde pretendíamos ir, pero si que estábamos las dos solas paradas sobre la empapada calzada, ella con su austero paraguas negro y yo cubriéndome con mi pequeño “paraguitas” rosa ilustrado con corazones rosa fucsia y rubias “Barbies”. Me entretenía enrollando y desenrollando mi pequeño dedo índice a lo largo de un hilo que había descubierto colgando del borde de la tela desplegada que me protegía del agua. Debíamos llevar más de quince minutos cuando se acercó un señor y preguntó cuanto tiempo hacia que esperábamos el transporte y a que hora solía pasar. Tras contestar al sujeto mi madre se volvió hacia mí y me dijo – ¡niña! Deja de jugar con el paraguas que le vas a meter a alguien la varilla por el ojo – Tal aseveración me sorprendió muchísimo porque allí sólo estábamos nosotros tres y ellos me parecían enormes como gigantes.
NANDA dijo
Mi hermana tiene un pelo rizado precioso, pero ella hace lo indecible por ponérselo liso. Su paraguas es, por lo tanto, su compañero inseparable. Cuando la gente de la calle no se ha dado cuenta aún de que está lloviendo, ella ya hace un buen rato que protege su lisa melena bajo el paraguas.
Anónimo dijo
Hoy bajo mi paraguas he leido un articulo que se asemeja a lo que pretendía escribir pero que no se expresr
Anónimo dijo
http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/646907/noconteisconmigoorg.html
Mabel dijo
En mi pueblo cerca de Santander, si querías bailar en las romerías, tenías que llevar paraguas. Tarde o temprano comenzaba a llover y los chicos sólo sacaban a bailar a las que teníamos paraguas. No había chicas guapas ni feas, ni altas ni bajas: había chicas con y sin paraguas. Comenzaba entonces un tira y afloja con el compañero de baile. Si eras avispada dejabas que lo llevara él y así tenías una mano menos que vigilar pero si no querías mojarte tenías que acercarte a su cuerpo. Si lo cogías tú, procurabas poner la mano del paraguas delante de tí entre tu pecho y el suyo, haciendo palanca con el codo. Aquello era muy cansado, sin contar la caminata de ida y vuelta a tu casa. EL baile acababa cuando la lluvia arreciaba y el prado era ya una charca de ranas.
Nicómaco dijo
Mi madre tenía un paraguas plegable de los primeros que salieron al mercado, del cual se sentía muy orgullosa. El problema era que, mientras lo estaba usando, de vez en cuando el mecanismo automático fallaba y se quedaba plegado sobre su cabeza. Pese a las situaciones cómicas que ello provocaba, siguió usando aquel paraguas durante muchos años.
M.Carmen Guzmán Ocaña dijo
Mi abuelo muró en agosto de 1.938. Mi madre tenía 7 años. A los pocos días estrenó un estupendo vestido, negro y acampanado.
trasna dijo
Antonio Anasagasti dijo
ME PILLARON
Para protegerme de la lluvia sólo podía utilizar el impermeable, pero al día siguiente de ver Mary Poppins me salté la prohibición. Esa tarde, roló de manera súbita el viento y pasó del levante al norte. Al instante, cogí el paraguas de mi padre y subí a la azotea, con la esperanza de volar y llegar hasta Londres. Al abrirlo, un golpe de viento me lo arrebató. Cuando llegó mi padre a casa traía el paraguas en la mano y un chichón en la cabeza.
arancha dijo
Con tres años a mi hijo Jorge le regalaron su primer paraguas. Le hizo una ilusión tremenda. Cuando caía la más amable de las lluvias él se alegraba muchísimo, le gustaba caminar sin prisa bajo su refugio a cobijo de la lluvía. Hoy tiene ocho años , y el paraguas le estorba, se ha convertido para él, como para la mayoría de los adultos, en un objeto molesto.
Idas dijo
Hace varios años, una entidad financiera regaló por navidad a sus clientes -a mí entre ellos- un paraguas plegable que tenía un estampado muy vistoso. Al principio, los días de lluvia salías a la calle y los veías por todas partes. Pero no tardaron en desaparecer, tan rápido como aparecieron. Creo recordar que yo lo usé tan sólo una vez.
Isabel dijo
Desde cierta altura, a mi lo que me gusta es contemplar esa romería de paraguás que van de un lado a otro cada vez que atisba aguacero, algo así como la impresión que a una libélula le debe causar sobrevolar un campo de níscalos en plena explosión de la naturaleza. También es importante saber conducir por las aceras evitando atropellos indebidos, dilucidando que mango tiene preferencia a sobrepasar al tuyo porque no siempre es justo que el grande se coma al chico. Después, una vez cerrado, está ese reguero de diminutas gotas que van dejando pistas tras tus pies allí por donde transites, salvo que se trate de un gran supermercado y entonces es más fácil pasar desapercibido porque el que no corre vuela.
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A veces, además de dama de compañía también sirve de acompañamientos para algunas personas desconocidas que podrían calarse hasta los huesos sino fuera por su espíritu servicial. Y sin embargo, a pesar de su frágil aspecto, apenas un trozo de tela sujeto a unas varillas, igual nos sirve para contrarrestar el estornudo de una nube que para aventurarse dentro de una estruendosa catarata . Si bien es cierto que es de esas prendas de deporte que tienes que procurar prestar atención no vaya a ser que se quede olvidada en algún rincón impreciso, o pase a formar parte de la colección de objetos de alguna que otra mano indeseable. Por cierto, quién no tenga un paraguás en su casa que levante la mano, aunque distinto es que llueva a bocajarro sin previo aviso.
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ISABEL SAIZ LABAD dijo
Todas las mañanas coincidíamos en la parada del autobús de la línea 651. Llegábamos siempre 5 minutos antes para coger el siempre puntual autobús de las 8. Aquel día hacía mucho frío y allí estábamos los dos desconocidos encogidos, con las manos en los bolsillos y mirando la carretera sin cruzar nuestras miradas. De repente empezó a caer una tromba de agua y ella sacó un pequeño paraguas rojo del bolso, lo abrió y se refugió bajo él. Aquel día nuestro autobús llegaba con retraso y yo estaba empapándome. Fue entonces cuando aquella mujer torció levemente su paraguas y con una tímida sonrisa cubrió mi hombro derecho.
Ana C dijo
El viernes fui yo la que me escondí bajo el paraguas cuando se me escapó en voz muy alta ¡qué cabrones,!
al escuchar por los auriculares que en un museo público de Valencia habían censurado de una exposición diez fotografías, por tratar varias de éstas sobre el caso Gürtel. Es horrible, es como si mi ciudad la hubieran invadido cientos de los Hombres Grises de Momo.
Javier Cernadas dijo
No me dura un paraguas ni un día, lo tengo que perder enseguida, sea lo caro o barato que sea yo lo tengo que perder, le digo adiós en el tren y en el autobús, lo dejo tomando café, lo dejo de compras, se queda tan a gusto en casa de mis colegas o lo guardo en casa tan bien que no lo vuelvo a ver. Hay gente que deja libros por ahí para que otros los lean , yo dejo paraguas para que otros se cobijen
mi mujer dice que no tengo remedio que soy de un despistado crónico pero es que no comprende mi obra...
JUAN JOSÉ GARDE MOZAZ dijo
PARAGUAS PARA MOJARSE.
Cuando yo iba de joven a ayudar a mi padre en su carpintería, no solía hacer una a derechas, dada mi legendaria torpeza manual e intelectual. Mi viejo me decía siempre con una mezcla de afecto profundo y resignación “Tenerte aquí es como tener un paraguas con agujeros”.
Quelleiro dijo
Fue todo muy rápido. Sentí como un ahogo súbito, un calor en el pecho, y una enfermera entró en la habitación, preguntó por el paraguas y alzó el brazo sobre mí. En ese momento, el techo se combó, la ventana se agitó como una cortina al viento, y las paredes se plegaron lentamente sobre mi cama.
B612 dijo
Desde una esquina y protegido por una nube, Magritte veía cómo una lluvia de paraguas olvidados cubría la ciudad de varillas. Yo por las dudas, preferí quedarme en casa.
Pilar P. dijo
Siempre estuve orgullosa de no utilizar paraguas; creía que no los necesitaba. Ahora pienso que si hubiera tenido practica en utilizarlos hubiera sido más díficil hacerme daño.
Parmenión dijo
Recuerdo que cuando era niño, en el pueblo algunos hombres usaban unos paraguas que llamaban “de pastor”, incluso cuando no amenazaba lluvia. Eran grandes, negros y robustos, y resistían al viento y al granizo. A veces sus propietarios transportaban en su interior, sin desplegarlos, peras y manzanas que recogían del suelo en los huertos.
paulayomisma dijo
dentro de un paraguas se guarda todo lo uqe realmente somos cada uno,incluida la alegria y tristeza la melancoliaue en esos momentos sintamos o simpremente se guarda el ridiculo uqe aveces se hace cuando el viento y la lluvia te rtetuerce el paraguas y tu luchas con el como si fuera una pelea de gallos jaj.
JUAN JOSÉ GARDE MOZAZ dijo
EL DÍA EN QUE ME ENAMORÉ DE LA LLUVIA.
Fue un día frío y lluvioso de principios de verano. Era el último examen para mi promoción, en la facultad de letras de la Universidad. Casi un centenar de alumnos esperábamos a las nueve menos cuarto de la mañana, en el pórtico de aquel maravilloso edificio medieval lleno de magia y romanticismo, a la llegada del catedrático de filosofía y sus ayudantes. Entonces vi llegar a mi compañera María en el coche de su padre. Aparcó el vehículo a unos cien metros de donde nosotros nos encontrábamos, en el estacionamiento anexo a la facultad. Imaginé que como era habitual en ella no llevaría paraguas y me dirigí con el mío a su encuentro. Cuando llegué a su altura María estaba cerrando la puerta del coche. Después de darnos los buenos días y desearnos suerte para la prueba ella me dijo que yo era un auténtico caballero.
El examen duró cuatro horas y María y yo fuimos los últimos en entregarlo, no porque fuésemos los alumnos con más conocimientos de filosofía, sino más bien porque nos negábamos a abandonar aquel maravilloso lugar.
Cuando salimos a la calle la lluvia seguía llorando nuestro adiós a la Universidad. Bajo mi paraguas María y yo recorrimos el campus universitario, acompañados de los robles y abetos centenarios que lo salpicaban. Luego nos adentramos en las calles de la ciudad mientras María se agarraba con fuerza a mi brazo izquierdo para resguardarse del frío y la soledad. Nunca la había tenido tan cerca durante tanto tiempo, mi cuerpo y mi alma temblaban porque desde tercero yo estaba enamorado de ella, aunque jamás le había dicho ni insinuado nada, dada mi timidez congénita. Al llegar al portal de su casa María recordó que el coche de su padre seguía en el aparcamiento de la facultad. Yo hice el trayecto tan absorto y enamorado que lo había olvidado por completo, ya que en mi pensamiento solo cabía el latido de mi corazón.
Desandamos gozosos el camino andado. Al llegar al coche la lluvia y el viento arreciaron con enorme intensidad y nos metimos dentro. Antes de que María pusiese el motor en marcha se pusieron en movimiento nuestros corazones y nos besamos apasionadamente, cuando ella se acercó a mí para secarme la cara. Aquel día gris, plomizo y frío lo recuerdo como el día más luminoso y soleado de mi vida. La lluvia no sólo hace crecer los campos y los ríos sino también el amor y la esperanza.
Isabel dijo
Cuando llueve fuerte no conozco a nadie que no acabe mojándose por muy eficaz que sea su paraguás. Aunque fuera más grande que una plaza de toros. Aunque vuele como el paraguas de Mary Poppins. Aunque las sombrillas asiáticas se comercialicen con tela de esparto. Y aunque a falta de paraguás por una cuestión de pobreza, haya lugares en que se necesite salir a la calle con cubos en la cabeza. ¿Por qué? Porque cuando llueve siempre mucho o poco, siempre chorrea a nuestro lado. Por eso, asumidas las inclemencias, siempre es bueno tener en casa y a mano, un buen caldo que caliente. Y quién tema las marejadas, que se busque una barca.
Francisco M. Aguado Blanco dijo
Se me estropeó el paraguas y vi llegada la hora de tirarlo a la basura. Por razones que no vienen al caso, decidí quedarme con la tela. Al ver las varillas desnudas quedé fascinado. Lo abrí y cerré varias veces. Fantástico. Espectacular. ¿Cómo nunca se le ocurrió a nadie?
Francisco M. Aguado Blanco dijo
La cara de chulería y satisfacción del dueño de un paraguas de apertura automática, contrasta con la mía de agobio al abrirlo a la manera clásica. Igualados los tiempos, mi cara de felicidad contrasta con la suya de fría ausencia.
Francisco M. Aguado Blanco dijo
No hay peor paraguas que el que carece de mango.
Almudena dijo
Cuando llueve me gusta andar entre la gente con el paraguas cerrado, colgado del brazo, bien a la vista. Veo como los demás me miran con sus paraguas abiertos y como los inclinan para comprobar si sigue lloviendo.
Carlos de Frutos dijo
Me viene a la cabeza la primera vez que vi Venecia. Era invierno. Una mañana de lluvia y viento. La Plaza de San Marcos estaba cubierta de agua. Con las plataformas de madera para que los visitantes pudieran andar sin calarse los pies. Pero casi tanto como eso me llamaron la atención los "cementerios" de colores. Alrededor de cada papelera, decenas de paraguas habían sido abandonados a su suerte con sus telas destrozadas por el viento y las varillas desnudas empapándose de agua.
Seleuco dijo
Una tarde que diluviaba, decidí entrar a refugiarme en una tienda. Dejé el paraguas en la entrada, dentro de un cubo. Al cabo de unos minutos, viendo que había amainado un poco, fui a recogerlo, pero descubrí que no estaba allí. Había en cambio, entre otros, uno negro y plegable parecido al mío. Después de dudar un instante, no me atreví a cogerlo y salí a la calle.
Juliki dijo
Salgo de la tienda, suena mi móvil; intento atender la llamada mientras guardo la cartera, sujeto las bolsas … Llego tarde. Es entonces cuando siento la lluvia y busco infructuosamente el gorro. Reflexiono:
- Se me ha debido caer.
Regreso sobre mis pasos velozmente, oteando el suelo. Allí esta, a unos pocos metros; acelero y lo recojo. Mas calmado desando el camino y me cruzo con tres señoras que han debido observar la escena. Es entonces cuando una de ellas muda el rostro y asustada exclama:
- ¡El paraguas, me lo he dejado en el bar!
Las otras la miran perplejas y estallan en una carcajada.
Ella sigue sendas miradas hasta su mano derecha. Allí, un paraguas desplegado la cobija de la lluvia
Su risa resuena algo avergonzada sumándose al jolgorio.
-¡Pero seré tonta!
Las dejo atrás. Yo también sonrío parapetado bajo mi gorro.
Juliki
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