Tantos hombres y tan poco tiempo

18 Jul 2008

1214. Viernes, 18 julio, 2008

Escrito por: peluche el 18 Jul 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo ducentésimo decimocuarto: “En el bufé de la vida uno no puede repetir, por eso hay que llenarse la copa hasta el borde y guardarse unos panecillos en el bolsillo". (John Goodman en Los Picapiedra, de Brian Levant; 1994)

¿Será una simple casualidad que en latín falo se diga fascinum, palabra de la que deriva el verbo fascinar y el adjetivo fascinante, que literalmente quiere decir "agradable a la vista como un buen cipote tieso?

A saber.

... más "historias extra-ordinarias" todo el fin de semana

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17 Jul 2008

1213. Jueves, 17 julio, 2008

Escrito por: peluche el 17 Jul 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo ducentésimo decimotercero: " Los tiempos son oscuros, las costumbres corruptas, y hasta el derecho a la crítica, cuando no lo ahogan las medidas de censura, está expuesto al furor popular" (Umberto Eco, 1932; escritor y filósofo italiano)

Uno de los dilemas más habituales a los que tiene que enfrentarse un ser humano es decidir si enciende la luz -o no- cuando, en mitad del mejor de sus sueños, no le queda más remedio que levantarse a mear. Y es que como dice en versión libre aquella vieja canción de mi idolatrada Mina, cuando la vejiga aprieta es que aprieta de verdad. O algo así.

El primer impulso es, lógicamente, encenderla. La experiencia es un grado y quien más y quien menos ha probado esa vital experiencia que supone el dedo meñique del pie descalzo tropezando con cuantos salientes existen en el camino. Pero luego uno reflexiona y piensa que lo único que conseguirá encendiéndola es alterar el reloj biológico y no volver a dormir en lo que queda de noche.

El dilema es peliagudo y tomar una decisión en semejantes condiciones resulta casi imposible.

Sin embargo (la necesidad aguza el ingenio), y al cabo del tiempo cada uno termina desarrollando su propio método; desde quien sí la enciende y es capaz de guiarse por ella sin abrir los ojos, hasta el que, presumiendo de conocer cada rincón de su casa con los ojos cerrados, prefiere andar a oscuras a riesgo de acabar meando cada noche en la bañera.

Dado que el problema afecta a un elevado número de personas de toda clase y circunstancia eminentes científicos se han lanzado a buscar una posible solución. Uno de los grupos más activos en el tema acaba de publicar en una prestigiosa revista científica lo que podría ser un primer avance. Se trata de lo que han denominado “disparo fantasma”, un complicado método basado en incomprensibles ecuaciones matemáticas y enredados cálculos de física cuántica (en los que no faltan varios de esos logaritmos neperianos que tan bien me va a explicar Beni cuando comamos torrijas) del que puedo ofrecer -en exclusiva- un pequeño extracto conseguido después de muchas horas de estudio y dedicación y no sólo por su enmarañado contenido , que también, sino por haber tenido que traducirlo directamente del Sórabo, su idioma original.

“Sin dejar de mirar en ningún momento en dirección a la taza, enciende y apaga la luz rápidamente. Durante algunos segundos, tendrás una imagen fantasma de la diana. Ajusta y dispara, evitado mover los ojos para no desplazar la imagen. El golpe de luz satura algunos conos presentes en los ojos. Al volver la oscuridad, los conos siguen reaccionando, reproduciendo durante un instante la imagen percibida."

Y aunque visto así el sistema no resulta malo, al leerlo se me ha ocurrido a mi pensar que posiblemente exista otra solución. Claro, que si hay gente que está dedicando toda su vida a investigar el problema no voy a ser yo el típico presuntuoso de mierda que va de listillo dedicándose a tirar por tierra las conclusiones de sabios tan principales. Por más que piense que para mear a oscuras lo más practico es mear sentado.

... el fútbol en miniatura

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16 Jul 2008

1212. Miércoles, 16 julio, 2008

Escrito por: peluche el 16 Jul 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo ducentésimo duodécimo: “Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas”. (Elbert Hubbard, 1856-1915; ensayista estadounidense”

Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.

Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.

Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.

Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas. Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.

Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.

... el futbolín

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15 Jul 2008

Martes, 15 julio, 2008

Escrito por: peluche el 15 Jul 2008 - URL Permanente

Pequeña selección de textos ajenos para saborear este verano. 19.

" Si la palabra genio no estuviera tan de rebajas que hasta la pija con más oseas por minuto describe a su instructor de esquí acuático con un "es genial", sería un adjetivo perfecto para hablar de Fernán Gómez. Lástima. Pues bien, en uno de sus hallazgos de sabiduría Fernán Gómez afirmaba que ya no hace teatro porque odiaba la idea de tener gente que le mire mientras trabajaba. En cualquier otra profesión, sostenía, esto sería algo inadmisible. Desde que le escuché decir esto, cuando oigo a otros actores entonar el hipócrita tópico de que "se deben al público" pienso que rebajan su oficio al de funcionario de ventanilla en cualquier ministerio.

Desde hace meses triunfa en Broadway un musical bien particular, con más de 20 números cantados y una docena larga de actores. La particularidad reside en que desde su puesta en escena está prohibida la asistencia de público. Los actores representan dos funciones diarias para el vacío patio de butacas. Lo que podría parecer una excentricidad, si no una simple estupidez, ha resultado ser el montaje favorito de la crítica especializada, que tampoco ha visto la función, pero que alaba el gesto de no perseguir la comercialidad a cualquier precio. Bien es cierto que los actores viven de otros oficios que compaginan a duras penas y el empresario del teatro es rentista de familia, pero lo cierto es que ellos mismos han declarado a la prensa que se trata de su trabajo más conseguido, gracias a dejar de lado la presión del espectador presente y la responsabilidad de decepcionar. El único que parece lamentar esta actitud es el gris libretista, un tal Findelbaum, que aspiraba a un buen pellizco de su porcentaje de taquilla, pero como bien ha dicho un cronista neoyorquino todo sirve para frenar de una vez la dictadura del público.

Porque si echamos un vistazo a la historia no deja de llamar la atención cómo la importancia del público ha ido acrecentándose con los años. Hoy en día ya nadie duda de que el espectador es más importante que el espectáculo. De hecho, existen iniciativas de grupos vecinales que reclaman para un futuro no muy lejano que sean los actores los que paguen al público para que éste acuda a verlos. En cierto modo esto ya sucede con la televisión, donde la audiencia es la finalidad y el producto sólo esa cosa engorrosa que debe servir para atraerla.

Los creadores se preguntan desde hace tiempo si existe un éxito privado aparte del "éxito de público" que, como su propio nombre indica, es un éxito más de los espectadores que del propio espectáculo. Por supuesto que todos coinciden en señalar que un autor vive del público, pero sería más sincero reconocer que vive del dinero de su público, en realidad al público, así en abstracto, se la suda si no fuera por su generosa aportación en divisas. Gente seria se interroga sobre si el público da la felicidad o roba la libertad. Aprovechando que es agosto, dejo inconclusa esta dialéctica y paso de todo, les planteo sólo una seria cuestión: ¿todos los públicos son iguales?

Tan sólo dos aportaciones dejénme decir que geniales con permiso del pijerío. La de Ferran Adriá, cocinero de El Bulli, mago del paladar, que en el café inundado de su convesación maravillosa confesó: "Lo importante no es el plato cocinado, es que el que lo come esté a la altura. El artista no es el que inventa, es el que consume". Sabia receta. O la más antigua idea de Lichtenberg cuando escribió: "Un libro es un espejo. Si se asoma un mono no puede ver reflejado un apóstol. Carecemos de palabras para hablar de sabiduría con un estúpido. Ya es sabio quien entiende a un hombre sabio". Así que cuando nos reincorporemos a nuestro poco reconocido oficio de público sabremos sólo una cosa más: no somos inocentes".

... "historias extra-ordinarias" todos los días.

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14 Jul 2008

Lunes, 14 julio, 2008

Escrito por: peluche el 14 Jul 2008 - URL Permanente

Pequeña selección de textos ajenos para saborear este verano. 18.

" Al volante y en las playas, y quizá también en juegos como el póquer, es donde el ser humano muestra su verdadero rostro. Y una de las facciones predominantes de ese rostro -una especie de nariz- es la confianza en sí mismo o la ausencia de.

La confianza en uno mismo es como el embarazo. O se tiene o no se tiene. No hay medias tintas, ni graduaciones. Y una metódica observación a lo largo de muchos años, lleva a un número de conclusiones:

A. Los ricos tienen más confianza en sí mismos que los pobres. A los ricos, por ejemplo, no les importa nada que los tomen por pobres en un momento dado, mientras que los pobres se pasan la vida haciendo esfuerzos por no parecerlo y desde luego les horroriza que se les tache de. (Excepto si se trata de cobrar una indemnización o una subvención).

B. Los hombres tienen más confianza en sí mismos que las mujeres.

Ningún hombre concibe a priori que, habiéndose enamorado de una mujer, esa mujer no se sienta la más feliz del mundo o bien no esté también enamorada de él. (De hecho los hombres tienden a creer que todas las mujeres están, potencialmente, enamoradas de ellos).

Los hombres, cuando se ponen al volante de su coche, se sienten ricos y se comportan como tales. (O sea, A+B). No dudan un instante en que puedan cometer un error, o tomar una mala decisión. Siempre son los demás quienes cometen estos delitos. La confianza en sí mismos no es que crezca, es que se desborda:
-Pepe, te has saltado el semáforo en rojo -dice la mujer.
-Lo sé perfectamente, pero es que si freno, el memo que viene detrás se me incrusta en el maletero.
-Pepe, no puedes adelantar cuatro coches a la vez, hay una curva.
-No es mi culpa si el que va delante es un cagón y los demás son gilipollas. Puedo pasar perfectamente, sé lo que me hago.

En la playa, sucede igual:
-Pepe, en bañador se te nota la tripita que vas echando.
-¿Yo, tripita? Estoy en forma, el que tiene tripa es tu cuñado. Y tú, no sé como te atreves a llevar bañador, sinceramente.
-Pepe, siéntate en la hamaca, que me estás tapando el sol.
-Yo estoy donde tengo que estar, cámbiate tú de sitio.
-Pepe, ten cuidado al meterte, porque el agua está helada.
-¿Helada? Yo de pequeño me bañaba en invierno en los Picos de Europa.
-Pepe, ni se te ocurra llevar a los niños en el catamarán. No tienes ni idea de navegar.
-Cómo que no, naturalmente que sé navegar, no voy a saber yo. Lo que pasa es que el hijoputa del monitor quiere sacarme la pasta con leccioncitas de mierda.
-Pepe, no te metas con la zodiac en ese trozo, que parece que son algas pero pueden ser rocas.
-Sé perfectamente distinguir entre algas y rocas y puedo ir allí sin problemas. Como si fuera la primera vez que cojo una zodiac.
-Acabamos de embarrancar o como se diga.
-Es tu culpa, me distraes y me has quitado la concentración. "


Transmongoliano día 18: Pekín - Madrid


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13 Jul 2008

Domingo, 13 julio, 2008

Escrito por: peluche el 13 Jul 2008 - URL Permanente

Pequeña selección de textos ajenos para saborear este verano. 17.

"Si la palabra genio no estuviera tan de rebajas que hasta la pija con más oseas por minuto describe a su instructor de esquí acuático con un "es genial", sería un adjetivo perfecto para hablar de Fernán Gómez. Lástima. Pues bien, en uno de sus hallazgos de sabiduría Fernán Gómez afirma que ya no hace teatro porque odia la idea de tener gente que le mire mientras trabaja. En cualquier otra profesión, sostiene, esto sería algo inadmisible. Desde que le escuché decir esto, cuando oigo a otros actores entonar el hipócrita tópico de que "se deben al público" pienso que rebajan su oficio al de funcionario de ventanilla en cualquier ministerio.

Desde hace meses triunfa en Broadway un musical bien particular, con más de 20 números cantados y una docena larga de actores. La particularidad reside en que desde su puesta en escena está prohibida la asistencia de público. Los actores representan dos funciones diarias para el vacío patio de butacas. Lo que podría parecer una excentricidad, si no una simple estupidez, ha resultado ser el montaje favorito de la crítica especializada, que tampoco ha visto la función, pero que alaba el gesto de no perseguir la comercialidad a cualquier precio. Bien es cierto que los actores viven de otros oficios que compaginan a duras penas y el empresario del teatro es rentista de familia, pero lo cierto es que ellos mismos han declarado a la prensa que se trata de su trabajo más conseguido, gracias a dejar de lado la presión del espectador presente y la responsabilidad de decepcionar. El único que parece lamentar esta actitud es el gris libretista, un tal Findelbaum, que aspiraba a un buen pellizco de su porcentaje de taquilla, pero como bien ha dicho un cronista neoyorquino todo sirve para frenar de una vez la dictadura del público.

Porque si echamos un vistazo a la historia no deja de llamar la atención cómo la importancia del público ha ido acrecentándose con los años. Hoy en día ya nadie duda de que el espectador es más importante que el espectáculo. De hecho, existen iniciativas de grupos vecinales que reclaman para un futuro no muy lejano que sean los actores los que paguen al público para que éste acuda a verlos. En cierto modo esto ya sucede con la televisión, donde la audiencia es la finalidad y el producto sólo esa cosa engorrosa que debe servir para atraerla.

Los creadores se preguntan desde hace tiempo si existe un éxito privado aparte del "éxito de público" que, como su propio nombre indica, es un éxito más de los espectadores que del propio espectáculo. Por supuesto que todos coinciden en señalar que un autor vive del público, pero sería más sincero reconocer que vive del dinero de su público, en realidad al público, así en abstracto, se la suda si no fuera por su generosa aportación en divisas. Gente seria se interroga sobre si el público da la felicidad o roba la libertad. Aprovechando que es agosto, dejo inconclusa esta dialéctica y paso de todo, les planteo sólo una seria cuestión: ¿todos los públicos son iguales?

Tan sólo dos aportaciones dejénme decir que geniales con permiso del pijerío. La de Ferran Adriá, cocinero de El Bulli, mago del paladar, que en el café inundado de su convesación maravillosa confesó: "Lo importante no es el plato cocinado, es que el que lo come esté a la altura. El artista no es el que inventa, es el que consume". Sabia receta. O la más antigua idea de Lichtenberg cuando escribió: "Un libro es un espejo. Si se asoma un mono no puede ver reflejado un apóstol. Carecemos de palabras para hablar de sabiduría con un estúpido. Ya es sabio quien entiende a un hombre sabio". Así que cuando nos reincorporemos a nuestro poco reconocido oficio de público sabremos sólo una cosa más: no somos inocentes. "


Transmongoliano día 17: Pekín

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12 Jul 2008

Sábado, 12 julio, 2008

Escrito por: peluche el 12 Jul 2008 - URL Permanente

Pequeña selección de textos ajenos para saborear este verano. 16.

"Cada vez hay más gente que piensa que agosto sería, junto con diciembre, un mes a borrar del calendario. Se supone que, como en Navidad, en agosto hay que pasarlo bien obligatoriamente. Hay que movilizarse, cuanto más lejos mejor, huyendo del agobio de las grandes ciudades, los que viven en las grandes ciudades, claro. Parece como si el mar y las playas sólo los pusieran a disposición del público en agosto. Los llamados centros turísticos se abarrotan de masas que van -vamos- como rebaños por las mismas cañadas, topándonos unos con otros, a veces fatalmente.

Hay un pueblo en Granada que celebra el año viejo-nuevo a primeros de agosto. Todo se debe a que hace cinco años, el pueblo se quedó sin luz un 31 de diciembre y las autoridades locales decidieron pasar la fiesta de fin de año a una fecha posterior a convenir, y por razones misteriosas que poco importan se eligió agosto, quizá porque es cuando los del pueblo que viven en otro lugar pueden desplazarse a celebrar.

Doy fe de que algunos extranjeros que por allí asoman en esta época alucinan a cuadros cuando ven el pueblo dispuesto a cambiar de año en pleno agosto. Pero eso encaja perfectamente en su idea de que este país es raro e imposible de entender.

En cualquier caso, es un buen ejemplo a seguir, pero ampliando la idea. Que cada uno elija celebrar el rito fetichista de la Navidad, Año Nuevo y la ceremonia hedonista por excelencia que es el verano, cuando le venga en gana o crea conveniente. Se puede hacer a escala autonómica: Cataluña celebra la Navidad en mayo y el verano en septiembre, mientras que Andalucía lo hace a la inversa, y así. Hay gente que adora la Navidad y el Año Nuevo. Con este sistema tendría la oportunidad de celebrar no una sino seis o siete navidades al año. Menudo chollo, sobre todo para los comerciantes. Y los que detestamos la Navidad, que aunque muchos no lo crean también tenemos derecho a vivir, podemos ir esquivando estas fiestas y en cambio elegir tener cinco veranillos.

Algunos listos objetarán lo del clima. Pero eso no es ningún obstáculo, porque hace tiempo que ni nieva en Navidad ni hace calor en verano. La climatología por extraños motivos se está rebelando también contra las fiestas obligatorias y no pone de su parte absolutamente ningún elemento. En todo el hemisferio sur, están hartos de celebrar la Navidad con 40 grados a la sombra y no es óbice para que se decoren abetos y belenes con nieve artificial. Pero aún falta mucho para liberarse de esta dictadura de las fiestas obligatorias y de los movimientos migratorios compulsivos y masivos, que dejan a su paso, como antaño los vándalos o los hunos, desolación, decepción, toneladas de basura. Aunque va habiendo gente que se organiza a contracorriente e intenta veranear en junio o en septiembre y llevar durante sus vacaciones una vida digna, sin apreturas, con el sentimiento de que es una persona y no un borrego. Pero entonces se encuentra con todo en contra: los nativos están de mala leche porque ya no les pueden dar cualquier cosa de comer a cualquier precio, por ejemplo, ni vender el gato como liebre. Pero poco a poco, los optimistas pensamos que todo eso puede cambiar. De ilusión también se vive. "


Transmongoliano día 16: Pekín


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11 Jul 2008

Viernes, 11 julio, 2008

Escrito por: peluche el 11 Jul 2008 - URL Permanente

Pequeña selección de textos ajenos para saborear este verano. 15.

" El mundo de la belleza se resquebraja. Primero fue Naomi Campbell, la novia de Joaquín Cortés. Se quejaba del racismo que le aplican en EEUU, donde se niegan a contratarla para anunciar productos de cosmética, so pretexto de que es negra. Lo que no dice Naomi, pero seguramente lo piensa, es que el racismo que aplican allí a los seres de otras razas, no se reduce a ese tipo de actividades comerciales o publicitarias. Si ella pensaba que por el simple hecho de ser famosa en el mundo entero y multimillonaria, los blancos se iban a olvidar de que era negra, ahora se ha caído del guindo. Los americanos -blancos, claro-, creen que cumplen con la norma para ser políticamente correctos, llamando a los negros african americans, o sea, americanos de origen africano, y después les siguen aplicando la segregación o la explotación. Más o menos según los americanos de origen africano sean más o menos ricos, más o menos cultos. Pero llega un punto en que los blancos marcan el límite, más allá del que los negros ya no pueden pasar.

La única manera de ser políticamente correcto es llamar a los negros negros, pero tratarlos con absoluta igualdad y reconocerles como ciudadanos de pleno derecho que son. Lo demás es puro eufemismo e hipocresía. La moraleja del cuento de Naomi es que no por mucho que seas famosa, rica y mujer perfecta o sea, modelo para las demás, se van a olvidar de que eres negra.

Pero hay más y no es en América sino en la vieja Europa. A la actriz y modelo francesa Emmanuelle Béart, la gran casa de moda y de cosméticos Christian Dior le ha roto el contrato que tenía con ella porque participó activamente en las manifestaciones callejeras contra la nueva ley francesa de inmigración, siendo incluso detenida por agitadora.

Se supone que las mujeres modelos perfectas no sólo no deben tener convicciones políticas o inquietudes sociales, sino lo que es peor, si las tienen no deben manifestarlas públicamente. La mujer perfecta ni siente ni padece. Sólo se muestra, lejana, bella y misteriosa. Es lo que se llama también el síndrome de las tres des: las mujeres deben ser discretas, distinguidas y distantes. Así es el ideal de la femineidad para los hombres y también para los que nos atiborran de productos. Y estúpidamente, muchas mujeres del mundo del espectáculo, de la moda o de la publicidad que tienen mucho que decir -o por lo menos tanto como la mayor parte de los hombres que no hacen más que decir chorradas- se callan porque estaría mal visto o no sería políticamente correcto o dejarían de ser modelos para las demás.

Se supone, entonces, que las opiniones, convicciones o creencias de todo tipo son cosas de mujeres de baja estofa, vulgares consumidoras. Las que imitan, las que compran sin freno, las que enferman a base de empastillarse y hacer toda clase de dietas estúpidas para parecerse a las bellezas ideales.Pero, afortunadamente, las bellezas ideales también tienen, al parecer, una cabeza sobre los hombros que les funciona y un corazón en el pecho silicónico que les late. Y eso, por mucho que les fastidie a los empresarios de moda o de cosméticos y a los tíos en general, es muy de agradecer."


Transmongoliano día 15: Pekín

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10 Jul 2008

Jueves, 10 julio, 2008

Escrito por: peluche el 10 Jul 2008 - URL Permanente

Pequeña selección de textos ajenos para saborear este verano. 14.

"Lo pasé mal porque el hombre parecía sinceramente feliz de haberme encontrado en el tren mientras que yo necesitaba aprovechar el viaje para leer y dormitar un poco. Además, hasta el día siguiente no logré recordar quién diablos era. (Culpa suya, mencionó a un colega mío al que no tenía idea de que lo conociese en vez del lugar y circunstancia en que nos habíamos conocido él y yo). Creo que tuve que ponerme grosero para que no me arrastrase a tomar una cerveza y cuando alegué que no estaba sociable porque tenía muchos problemas insistió en que se los contase (es un tipo simpático, pero sólo habíamos hablado un par de veces antes y ya hace casi quince años). Pasé el resto del viaje agazapado sin levantarme siquiera para ir al lavabo.¿Necesitaría mi compañero de viaje leer un tratado de cortesía y buenas maneras? No creo. Bastaría con que comprendiese que no todo el mundo, ni siquiera yo que a veces padezco de incontinencia verbal, es tan extrovertido como él. En el límite, la cortesía no es más que una elemental capacidad de distinguir entre uno y el prójimo. Algo que no necesariamente lleva a amarle pero sí a no rascarse los cojones en los bolsillos de él, si me permiten esta ruda expresión. Todo lo que se haga en el terreno educativo, incluido el más tiernamente escolar, para hacer comprender que el otro no tiene necesariamente tus gustos y tus ritmos vitales, que la compañía debe sugerirse sin timidez ni inhibición pero no imponerse alborozadamente como si estuviésemos seguros de ser para el otro el premio de la Primitiva, es generar cortesía.

Y luego está todo aquello de la cortesía que remite a otro límite: aquel en que las normas de educación o buenas maneras no son más que un patrimonio de clase, un repertorio de pautas no siempre racionales ni refinadas destinado a excluir a quien no pertenece al grupo, una forma de aislar al que viene de abajo aunque sea inteligente, gentil o ingenioso. Son como una pareja de la guardia civil disfrazada de know how. Un conjunto arbitrario de prácticas codificado como tecnología estética de pretensión metafísica.Todavía recuerdo mi alivio el día en que me dijeron que los cubiertos se van usando simplemente por el orden de afuera adentro en que están dispuestos. Se trata de que hayas nacido donde se sabe eso o que hayas accedido al lugar donde te lo enseñan, es decir, has sido aceptado, cooptado aunque sólo sea como excéntrico. Lo de menos es la adecuación real del cubierto a la captura del alimento o la estética del conjunto formado por ambos. El truco consiste en que los excluidos crean realmente que hay una ciencia y una sabiduría de las buenas maneras. El examen de urbanidad y saber estar, en ese sentido, sólo lo superan quienes han copiado."


Transmongoliano día 14: Tren de Ulan Bator a Pekín (1317 Km.)

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09 Jul 2008

Miércoles, 9 julio, 2008

Escrito por: peluche el 09 Jul 2008 - URL Permanente

Pequeña selección de textos ajenos para saborear este verano. 13.

" Todos los viernes se cruzaba con su prima y los dos disminuían el ritmo de su paso hasta llegar casi a pararse. Se preguntaban por sus respectivos padres y seguían adelante. Entonces, uno de los dos se volvía para preguntarle al otro alguna cosa: si había aprobado las matemáticas, cómo iban las clases de conducir, si iría a tal o cual concierto. Se contestaban sin dejar de andar y cuando ya era imposible oírse, ambos gritaban "ya hablaremos".

Después, volvían a encontrarse y era su saludo de nuevo protocolario y soso, pero de nuevo se alejaban diciéndose cosas a gritos a modo de sabrosas "notas a pie de conversación" de su insulsa conversación. Un día, él, ya lejos, le declaró su amor a gritos. Se casaron y hablaron poquísimo, excepto, por ejemplo, cuando él ya había subido al tren para un viaje de negocios y ella le había ido a despedir a la estación.

Este cuento que me permito ofrecerles está inspirado en una divertida observación de Josep Pla en su Quadern gris y quiere agradecer al espléndido prosista catalán, en este año conmemorativo, los buenos ratos pasados en mi preadolescencia leyendo sus crónicas de viaje en la revista Destino. Debió ser Pla, a juzgar por el libro de Cristina Badosa, hombre desaliñadísimo para las relaciones personales, quizás por su propia afición a una crónica humana casi entomológica. La observación a que hago referencia empieza así: "En este país tenemos una costumbre muy curiosa. Cuando nos encontramos, en la calle, dos personas, no tenemos apenas nada que decirnos. Pero una vez despedidos... Al final la distancia se hace tan larga que prácticamente es imposible oír nada". Es entonces cuando se gritan su intención de seguir hablando. "Y cuando nos volvemos a encontrar, no tenemos nada que decirnos".

"No es infrecuente que dos personas mantengan animada conversación cuando hay algun amigo o enemigo presente y no parezcan tener nada que decirse cuando se quedan solos"

Mi cuento es menos duro y pesimista que la reflexión de Pla. Claro que también es posible un cuento en que la chica diga que sí porque entienda que él le ha dicho otra cosa, por ejemplo si quiere que le preste al día siguiente el walkman, pero no sea capaz de rectificar porque todo el pueblo ha oído cómo aceptaba la proposición sentimental del galán.

Algunas relaciones sólo son posibles en presencia de terceros, quizás por miedo al compromiso. No es infrecuente que dos personas mantengan animada conversación o incluso complicidades muy evidentes cuando hay algún amigo o enemigo presente y no parezcan tener nada que decirse cuando se quedan solos. Se teme la aproximación física o el rechazo de la aproximación física. O se trata en ocasiones de amistades muy especializadas: ¿quién ha dicho que deba uno o una casarse con quien más coincide en materia de fútbol, filosofía o murmuración? En la divertida observación de Pla, que no sé si se refiere al Empordà Petit, a toda Cataluña o al conjunto español, la función alcahueta/carabina del tercero está ejercida precisamente por la distancia. Lean a Pla, el hombre que quiso contar también todo lo pequeño por si se acababa."


Transmongoliano día 13: Ulan Bator

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