Tantos hombres y tan poco tiempo
1283. Miércoles, 29 octubre, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo octogésimo tercero: "No hay refrán que no sea verdadero. Donde hay patrón no manda marinero; pero quien tiene boca, se equivoca". (Vainica Doble, Refranes, Ópalo OPL-1-4; 1971)
Todos sabemos lo útiles que resultan los refranes para el buen orden de la existencia humana. El origen de la mayoría de ellos suele estar relacionado con la actualidad de la época en la que se crearon.
De la Edad Media, por ejemplo, son muchos de los que tratan sobre la comida. Al fin y al cabo, la comida era de las pocas cosas divertidas que se podía hacer en aquella época y, por lo tanto, un tema habitual de conversación. Por aquel tiempo la gente comía una barbaridad (los pocos que comían) y de entonces son los refranes que predican moderación al comer.
Repetían, por ejemplo: “come poco y cena más, duerme en alto y vivirás” que aparte de resaltar lo inconveniente que resulta dormir en el suelo, dejaba bien claro que había que comer poco y cenar mucho; el dócil medieval obraba en consecuencia. Otro refrán advertía: “de grandes cenas están las sepulturas llenas”, y el dócil tragón cenaba muy ligeramente pero comía muchísimo.
Pero sabiendo ellos, como sabemos todos, que los refranes son el fruto de la sabiduría popular, la mayoría pensaban que ambos refranes, el que recomendaba comer en abundancia y el que aconsejaba cenar mucho, tenían seguramente razón. Además, cuando moría de un hartazgo, atormentado por la gota y estrujado por la arteriosclerosis, nadie sabía si realmente había muerto por comer o por cenar.
Lo que no acabo de entender es como a nadie le surgió la duda de lo inconsistente que resultaba todos aquellos consejos cuando veían que la gente que no comía ni cenaba, es decir que hacía caso omiso de cualquier refrán tenían la misma mala salud que los señores y se morían casi al mismo tiempo.
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1224. Lunes, 4 agosto, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo vigésimo cuarto: "La sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida". (Nicolás Sebastien Roch Chamfort, 1741-1794; escritor francés)
Más estudios tontos. Si te entran ganas de comer fuera del horario de comidas no es por hambre (o no sólo), es por cómo te sientes. El cerebro es tan listo, tan listo, que según el estado de ánimo que tengamos nos pedirá una comida adecuada para, en el caso de que el momento sea agradable mantenerlo, o si es desagradable, ayudarnos a salir de él.
Cuando uno está irritable: beberá café. La ira necesita excitantes, como la cafeina, un estimulante del sistema nervioso que en dosis moderadas mejora la capacidad de concentración durante las tres horas que suele durar en el cuerpo.
Contento: a por las patatas fritas. Carbohidratos y sal generan sensación de bienestar. Además se asocian a situaciones de ocio y relax.
Eufórico: una buena hamburguesa. Una persona en estado eufórico no s preocupará por las calorías, y el cerebro aprovecha ese momento. Además la carne contiene tirosina que ayudará a mantener alta la actividad cerebral.
Estresado: galletas con fibra. Ciertos cereales ayudan a generar catecolaminas, hormonas cerebrales que contrarrestan las del estrés. Una persona estresada al comer galletas notará cierta sensación de relax.
Aburrido: frutos secos... o precisando un poco más, el cerebro demandará cualquier bolsa de cualquier cosa que se pueda comer sin que uno se de cuenta.
Enamorado: arroz, maíz y fresas. Los dos primeros ayudaran a mantener el buen ánimo por su aporte energético y de vitaminas B1 y E. Los frutos rojos como las moras o las fresas además de ser ricos en antioxidantes tienen un olor que estimula las endorfinas ayudando así a mantener el estado de ensoñación.
Preocupado: yogur de soja y vainilla, una mezcla que activa las hormonas responsables del bienestar y hará que aparquemos las preocupaciones.
Mimoso: chocolate. El mundialmente conocido como sustituto de los conflictos emocionales tiene componentes (azúcar, cacao, leche..) que elevaran el tono vital produciendo la sensación de “darnos cariño”
Nervioso: mermelada. Y si es de albaricoque, mejor ya que esta fruta al aportar dosis relativamente elevadas de magnesio y potasio, equilibra el sistema nervioso calmándolo y aplacando al estrés). No en vano el potasio es un mineral clave en el control de la transmisión y generación de impulsos nerviosos.
Lo dicho, más estudios tontos que sólo sirven para entretenerse en un lunes de agosto. Que no es poco.
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