Tantos hombres y tan poco tiempo

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1290. Viernes, 7 noviembre, 2008

Escrito por: peluche el 07 Nov 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo ducentésimo nonagésimo: "Adonde quiera que fueres, ten de tu parte a las mujeres" (Proverbio universal)

Por razones bioquímicas, psicosomáticas, o por alguna otra causa aún más compleja (y que yo particularmente nunca podré entender), la mujer ha despertado siempre en el hombre una fuerte atracción. Ese ser delicado, bello y aparentemente desvalido, provoca en el individuo del sexo opuesto un inexplicable instinto posesivo, de forma que ante una persona humana femenina bien dotada, proporcionada y redondeada, el varón reacciona normalmente con el deseo imperioso de llevársela a casa. No importa que allí ya tenga otra bastante apañada; él se la llevaría de todas formas y acumularía con mucho gusto varios de estos seres tan incomprensibles como misteriosos, como hacen en los viejos y sabios países donde existe aún la poligamia. De puro buenos que son los hombres, ésa es la verdad.

Pero, por desgracia para la mayoría, la cosa no es fácil; al menos en Occidente la costumbre hace que toquen –de forma simultánea al menos- a una sola mujer por barba, de modo y manera que sus humanos y protectores sentimientos pueden ejercerlos, al menos en teoría, una única vez. Y esto crea problemas.

El subconsciente de muchos individuos no se ha resignado; son ninfocleptomanos, como si dijéramos, y no consiguen hacerse a la idea de que con una sola mujer tienen que conformarse; esto hace que miren a las demás, especialmente a las jóvenes y guapas, con la nostalgia que producen los caminos no andados y con una amargo sentimiento de frustración. Pobres hombres... tantas mujeres y tan poco tiempo.

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1269. Jueves, 9 octubre, 2008

Escrito por: peluche el 09 Oct 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo ducentésimo sexagésimo noveno: "No pongas amor donde no hay correspondencia, que luego te quedarás a la luna de Valencia” refrán español)

Enrique VIII y Ana Bolena tuvieron una hija que llegó (antes de morir ejecutada como era costumbre de la época) a Reina de Inglaterra, bajo el muy original nombre para una reina inglesa (aunque ésta fue la primera en usarlo) de Isabel.

Y había un conde, el de Leicester, empeñado a toda costa en conquistarla.

Como el amor es una de las enfermedades mentales que más altera a quien la sufre, al pobre conde no se le ocurrió otra cosa que intentar obtener los favores de su amada regalándole sin parar, ¡durante diecisiete días seguidos!, conciertos de trompeta "adornados" con fuegos artificiales y bailarinas vestidas como ninfas y doncellas que salían portando espadas de un lago, un lago que hizo construir especialmente para la ocasión.

Después de tan largo y rumboso espectáculo que acabo dejando en la más absoluta de las ruinas al conde, al pobre (ya "pobre" en todos los sentidos) no se le ocurrió otra cosa que pedirle a la afortunada señorita que se casara con él.

Y ella le dijo que no.

Aunque las comparaciones sean odiosas, está claro que en los asuntos del corazón siempre hay alguien que nos supera a la hora de hacer el tonto.

... Gulliver en Marte

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1263. Miércoles, 1 octubre, 2008

Escrito por: peluche el 01 Oct 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo ducentésimo sexagésimo tercero: “Intenta declararte a tu primer amor y darás más vuelta que galleta en boca de vieja” (Proverbio escocés)

Mi primer paraíso fueron cuatro paredes blancas presididas por una desgastada pizarra. Adán se llamaba Emilio. Olía a pegamento y suavizante y su media sonrisa temblorosa -siempre escondida bajo su tartamudez- retumbaba en mi cabeza como una carcajada burlona y mágica. Tenía quince años, me había enamorado como un burro y buscaba desesperadamente una maldita manzana con la que condenarme para siempre junto a él. Pero el responsable de aquel radiante desaguisado olvidó dejarla a mi alcance. O, abusando de su poderío, lo hizo a conciencia, porque sabía que hubiera mordido hasta las raíces del árbol. Tantos años y todavía sigo recordando -con toda la ternura del mundo- aquel ingenuo y candoroso primer amor.

Dicho lo cual -y ya entre nosotros-.. ¿a que parece mentira que a estas edades todavía uno pueda llegar a ponerse tan rematadamente cursi?

... zapatos para cada pie

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1203. Viernes, 13 junio, 2008

Escrito por: peluche el 13 Jun 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo ducentésimo tercero: "La sinceridad es un privilegio al que los hombres tenemos que renunciar" (Verano de corrupción, Bryan Singer; 1997)

Nacho Vidal, 24 centímetros de longitud y poco más de tres de grosor (justo ahora nótese un largo suspiro de insana envidia... que no son pocos los inconvenientes de tener que soportar un tamaño mayor...ejemmmm), en su libro "Confesiones de una estrella del porno" (Editorial Martínez Roca) afirma tajante: "el secreto para mantener más tiempo la erección es no comer nada desde varias horas antes de rodar".

Normal. Cuando uno come el cuerpo necesita movilizar una buena parte de su sangre hasta el estómago para que se lleve a cabo el proceso de la digestión. Como sangre hay la que hay (su volumen en el cuerpo no varía y -al menos que se sepa- todavía no tiene el don de la ubicuidad), si está en un sitio no está en el otro.

Algo que, además de tirar por tierra aquello de que una cena romántica es el preludio en una intensa noche de pasión (con el consiguiente ahorro de la misma, por cierto) debería de cambiar toda nuestra estructura mental: antes de la típica –y generalmente única- pregunta (“Hola, ¿eres muerdealmohadas o soplanucas?") se hace imprescindible exigir un informe detallado (y convenientemente compulsado) sobre el horario de las últimas comidas. Evitaremos más de una sorpresa. Hasta el lunes pues.

... ... más "historias extra-ordinarias" todo el fin de semana

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1197. Jueves, 5 junio, 2008

Escrito por: peluche el 05 Jun 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo séptimo: “Para ser hay que ser percibido, o si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para escucharlo, ¿hace ruido el árbol?” (Bishop George Berkeley, 1685-1753; escritor irlandés)

Los filósofos griegos han pasado a la historia por el uso de la dialéctica y el raciocinio diciendo cosas tan sensatas como que todo sale del agua (Tales de Mileto), que de donde sale todo es del aire (Anaximenos), que no, que el origen de todo es el fuego (Heráclito), que no se sabe, pero lo que sí es seguro es que el hombre desciende del pez (Anaximandro), y que nadie se baña dos veces en el mismo río (Heráclito otra vez),

- Pero eso del río es una tontería.
- Hombre ya sabe usted que el agua nunca es la misma.

Y ya estaba. Ya tenían suficiente para animar una conversación, incluso para hacer creer que había una conversación. Y así podían estarse varios años sin llegar a conclusión alguna. Bastaba con llevarse la contraria.

- ¿El amor? El amor es una locura, pues el deseo nubla la razón.
- Ahhhh no, el amor es una injusticia pues sólo se ama la belleza, y a los feos que los parta un rayo.
- Una incoherencia, eso es lo que es el amor pues también sienten deseos los que no aman.
- No, el amor no es más que una extravagancia ya que algunos no podemos amar si no tenemos más de tres al lado.

Y luego nos dicen que desde que vemos televisión nos hemos vuelto más tontos. Pues no veo yo tanta diferencia entre leer a los clásicos y vegetar delante de telecinco. Por ejemplo.

... sobre sus cenizas

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1191. Miércoles, 28 mayo, 2008

Escrito por: peluche el 28 May 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo centésimo nonagésimo primero: "Los hombres más leales, más sinceros, más nobles, más candorosos y más buenos del mundo se los encontró el capitán Cook en Oceanía; pero estos hombres tenían un defecto: eran antropófagos" (Julio Camba, 1882-1962; periodista y escritor español)

Cuando Conrado III de Alemania puso sitio a la ciudad de Winsberg, que le había salido güelfa al pobre, anunció que pasaría a cuchillo a todos sus habitantes. Pero cuando al fin la ciudad fue obligada a rendirse por falta de víveres (1138) condescendió el rey a dejar salir a las mujeres, aunque sin otro equipaje que “las prendas que más estimaran”.

Se abrieron las puertas de la ciudad y empezaron a salir las señoras; la primera, la condesa Ida llevando a cuestas al conde Wëlf VI de Babiera , lo que dejó asombrados a los sitiadores, no porque una señora tan principal hiciera de porteadora sino porque “la prenda que más estimaba” la condesa resultó ser, además de su marido (algo que ya de entrada extrañó y mucho) otros dos mozalbetes aferrados desesperadamente a las lustrosas carnes de la señora condesa, unas carnes que, por cierto, parecían conocer a la perfección.

Las demás mujeres llevaban de igual forma a sus padres, hijos, prometidos, amantes. Era un espectáculo conmovedor. Hubo una mujer vigorosa que sacó bajo un brazo a su marido, bajo el otro a su amante y a la espalda a su cuñado viudo. Muchos esposos encaramados a la espalda de su señoras tuvieron que acceder a que un joven atlético, desconocido por ellos hasta el momento, se encaramara a su vez en sus propias espaldas antes de que la mujer accediera a partir. Algunas puestas a elegir, dejaron en tierra al marido, sugiriéndoles que cargara con ellos la madre que lo parió. Por salir, salieron hasta hombres disfrazados de mujer acarreando a muchachos de aspecto delicado y modales exquisitos.

En fin, fue una jornada memorable que puso en evidencia la hermosa solidaridad entre los hombres –sobre todo cuando la mitad son mujeres- la capacidad de una raza vigorosa para el acarreo y, sobre todo, la buena disposición de las alemanas para repartir amor.

... la mitad más uno.

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1185. Martes, 20 mayo, 2008

Escrito por: peluche el 20 May 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo centésimo octogésimo quinto: “Yo no soy una persona que se impresiona fácilmente... !Mosquis, un coche azul!" (Homer Simpson, 36 años, Técnico de seguridad nuclear)

Perdiendo el tiempo por internet me he encontrado con páginas capaces de escribir mecánicamente cartas de amor. La idea no me parece mala. Si las cartas de amor están destinadas a complacer, es complacencia que no se aprende en las academias. No todo el mundo está en disposición de expresar correctamente los movimientos de su corazón, sobre todo cuando éstos aspiran a ser correspondidos o pretenden encender los de su pareja. Sin embargo, todos tienen derecho a intentarlo.

Además, ha ocurrido siempre. Yo mismo tengo unos cuantos manuales de esos que enseñan a escribir cartas de amor cargados de años. Iban incluidos en una de esas colecciones que llamaban prácticas, promocionadas por el technicolor de las películas americanas de la época y que llevaban títulos reveladores: "Cómo ser una casada perfecta", "Cómo arreglar su aparato de radio" o , ya en el colmo de la sofisticación: "Conozca todos los secretos del matrimonio". Libros con portadas entrañablemente cursis a juego con su interior: la criada paseando al bebé de la señora del brazo de un apuesto soldadito, una jovencita rubia vestida de domingo junto a un joven de pajarita negra, y, como no, el inevitable corazón rodeado por su orla de encaje rosa. Toda la imaginería destinada a convertir el amor en una réplica exacta de una tarjeta postal.

Pero de estos libros, de semejante imaginería, han salido miles de plagios literarios en forma de cartas de amor que se cruzaron con fervoroso entusiasmo legiones de enamorados que hacían pasar como suyas letras, líneas, párrafos, y hasta cartas enteras. Entonces, con formas góticas o redondillas en negro sobre blanco; ahora, transformadas en una larga y fría secuencia de números codificados junto a anuncios de viagras y pícaros en busca de cuentas corrientes. Ha cambiado la forma, pero sigue vigente el fondo. Normal. Bastante tenemos con intentar amar y ser amados, sólo faltaría que encima tuviéramos que aprender retórica.

... calorías calientes.

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1128. Jueves, 14 febrero, 2008

Escrito por: peluche el 14 Feb 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo centésimo vigésimo octavo: "Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella" (Seneca, 4 a.C. - 65 d.C.; filósofo romano)

San Valentín. No todos estamos en disposición de expresar correctamente los movimientos de nuestro corazón, sobre todo cuando éstos aspiran a ser correspondidos o pretenden encender los de la pareja.

Es lógico, bastante tenemos la mayoría con querer y ser queridos; sólo faltaría que, encima, tuviésemos que aprender retórica.

Por eso, igual que antes abundaban los manuales para aprender a escribir cartas de amor, hoy se pueden encontrar en la red miles de ellas listas para convertir el exceso de sentimentalismo y la cursilada, en toda una declaración de amor personalizada en exclusiva. Y sólo con cambiar el nombre del encabezamiento. El problema es decidirse por alguna.

Asunto arreglado. No ha sido fácil, pero por fin he encontrado la carta de amor perfecta para un día como el de hoy.

¿Cómo podría alguien no rendirse a quien es capaz de escribirte cosas así?

... sin "falta".

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1127. Miércoles, 13 febrero, 2008

Escrito por: peluche el 13 Feb 2008 - URL Permanente

Capítulo Milésimo centésimo vigésimo séptimo: "La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco. Platón 427 adC-347 adC; filósofo griego)

Los grandes cronistas del amor, ésos cuyas obras han sustentado nuestra educación sentimental, son unos completos embusteros. Nos han hecho creer que el amor es un asunto imperecedero. San Pablo, pecador arrepentido, se lo dijo más exactamente a los Corintios: "El amor no pasa nunca". Todos los mercaderes del sentimiento se han volcado en presentarnos sólo los aspectos más cómodos y deseables del fenómeno, hasta Romero y Julieta, la pareja por excelencia en los sueños sentimentales de muchas generaciones y cuyos arrebatos se antojan como los propios del amor eterno, tienen trampa; su triste final nos hizo pensar que su entusiasmo no tenía fin. Pero los amantes, presos en la hoguera de la pasión, no tuvieron tiempo de vivir sus insignificancias. Es de suponer el destino que les esperaba si sus familias no hubiesen sido tan absurdas. Un matrimonio como Dios manda y, a continuación, el día a día del amor y su realidad. Y la realidad no es precisamente diestra en maravillas.

Por supuesto que el amor existe, y además por narices (¿hubiera podido escribir Neruda sus "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" a los veinte años sin ser una traca de amor a punto de explotar?), los que nos hemos enamorado perdidamente lo sabemos muy bien, pero también sería bueno conocer de antemano qué ocurre cuando hay que empezar a evolucionar hacía un sentimiento más estable. Pasar del ars amandi, que decían los clásicos, a la habilidad para sobrevivir una vez que el ars se ha cansado de acompañarnos. Cuando tu inmaculada pareja, tu gran y perfecto héroe, empieza a llenar la bañera de pelos, a entrar en la cocina para freír un huevo y dejarla como si hubiera habido un terremoto, o a dormir con unos calcetines que sólo se quita cuando se corta las uñas. Cuando enmudecen los violines, se acaba la luna plateada y el amor inicia sus destrozos. Y todos sabemos que el amor, cuando se pone a destrozar, no sabe de privilegios.

El amor es una hermosa mentira, y a cualquier mentira, por muy maravillosa que sea, se impone siempre la realidad. Soportar sus ataques convierte a los amantes en duros héroes de la resistencia cotidiana. Por eso, no estaría mal que de vez en cuando también nos lo recordaran. Incluso en días tan poco apropiados como hoy, víspera de su santo patrón, San Valentín, un santo que, por cierto, fue canonizado en 1969, una terminación numérica tan adecuada como irreverente para el santo del amor. Pero eso es otra historia.

... blancos lanzamientos.

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1063. Lunes, 29 octubre, 2007

Escrito por: peluche el 29 Oct 2007 - URL Permanente

Capítulo Milésimo sexagésimo tercero: "Recuerdo lo que no quisiera, y no puedo olvidar lo que quisiera" (Marco Tulio Cicerón, 106 - 43 a. C.; filósofo, escritor y orador romano)

Empezó perdiendo la memoria ya en sus clases del instituto. Su primera sensación fue de angustia; le dijeron que tenía una depresión. Era consciente de que algo pasaba y de nada le servía intentar aparentar una normalidad que se notaba un poco más rota cada día, sumergiéndose, por la progresiva pérdida de memoria, en un lento y crudo "desaprendizaje", que lo llevaba de regreso a la infancia.
Empezó a cambiar su humor, y a necesitar ayuda para lo más cotidiano. El razonamiento, el lenguaje, el reconocer percepciones y la capacidad para llevar a cabo lo habitual del día, iba sufriendo cada vez mayor retroceso, y la conducta, más frecuentes trastornos.
Los recuerdos se esfumaban y sentía cómo su identidad se iba con ellos. Se resistió a pedir ayuda hasta que todo se desvaneció.La memoria es como el disco duro de la identidad donde se almacenan todos los recuerdos y a él, el disco duro, se le empezaba a borrar de forma inexorable.

Durante doce años su mujer no se separó de su lado ni un solo minuto, el afecto es hoy por hoy el único remedio, se hinchaba de tocarlo, de besarlo, de acariciarle el pelo, de hablarle, de agarrarle la mano, él no sabía lo que le decía pero sabía cómo se lo decía. Aún conservaba, y conservó siempre, esa inteligencia emocional que, a pesar de todo, mantenía intacta como si fuera un bebe.

En 1907, el psiquiatra alemán Alois Alzheimer describió la enfermedad que lleva su apellido, una enfermedad que es un brutal peaje que la sociedad paga por conseguir que sus hombres y sus mujeres vivan más años, una enfermedad de dos personas siempre: el que lo tiene y el que lo cuida.

Ella, mi madre, vivió durante doce años sólo para cuidarlo a él, mi padre, decía que nadie lo iba a hacer mejor a pesar de que su única "recompensa" era ver como la memoria de él se disolvía, hasta que ni tan siquiera podía reconocerla.

Cada día es el aniversario de un recuerdo. El de hoy es, para mí, el del reconocimiento.

... Greenwich.

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