Tantos hombres y tan poco tiempo
1300. Martes, 25 noviembre, 2008
Capítulo Milésimo tricentésimo: "El más rico es aquel cuyos placeres son los más baratos" (Henry David Thoreau, 1817-1862; filósofo anarquista estadounidense)
Yo comprendo que la gente que va a comer a un sitio tan principal tiene que ser gente de posibles, pero a uno se le hicieron un poco excesivos los precios.
Será por la costumbre de comer el bocata de calamares en Atocha. Será.
A un mes justito para la navidad y con un frío del carajo, digo yo que esto debe ser lo que llaman un post chorra. Pero mucho. Anda uno pensando en otra cosa y luego pasa lo que pasa. Es lo que hay.
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1283. Miércoles, 29 octubre, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo octogésimo tercero: "No hay refrán que no sea verdadero. Donde hay patrón no manda marinero; pero quien tiene boca, se equivoca". (Vainica Doble, Refranes, Ópalo OPL-1-4; 1971)
Todos sabemos lo útiles que resultan los refranes para el buen orden de la existencia humana. El origen de la mayoría de ellos suele estar relacionado con la actualidad de la época en la que se crearon.
De la Edad Media, por ejemplo, son muchos de los que tratan sobre la comida. Al fin y al cabo, la comida era de las pocas cosas divertidas que se podía hacer en aquella época y, por lo tanto, un tema habitual de conversación. Por aquel tiempo la gente comía una barbaridad (los pocos que comían) y de entonces son los refranes que predican moderación al comer.
Repetían, por ejemplo: “come poco y cena más, duerme en alto y vivirás” que aparte de resaltar lo inconveniente que resulta dormir en el suelo, dejaba bien claro que había que comer poco y cenar mucho; el dócil medieval obraba en consecuencia. Otro refrán advertía: “de grandes cenas están las sepulturas llenas”, y el dócil tragón cenaba muy ligeramente pero comía muchísimo.
Pero sabiendo ellos, como sabemos todos, que los refranes son el fruto de la sabiduría popular, la mayoría pensaban que ambos refranes, el que recomendaba comer en abundancia y el que aconsejaba cenar mucho, tenían seguramente razón. Además, cuando moría de un hartazgo, atormentado por la gota y estrujado por la arteriosclerosis, nadie sabía si realmente había muerto por comer o por cenar.
Lo que no acabo de entender es como a nadie le surgió la duda de lo inconsistente que resultaba todos aquellos consejos cuando veían que la gente que no comía ni cenaba, es decir que hacía caso omiso de cualquier refrán tenían la misma mala salud que los señores y se morían casi al mismo tiempo.
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1258. Miércoles, 24 septiembre, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo quincuagésimo octavo: "Gula y vanidad crecen con la edad" (Refrán español)
Me gustan los buffets, bufetes, buffetes o como se escriba, que no creo yo que nadie lo sepa.
Y no me gustan por la comida precisamente, comida que por cierto suele ser siempre la misma: tres guisos de un extraño color y con zanahoria en cantidades industriales, unas cuantas lonchas de plástico con apariencia de mortadela, albóndigas en salsa sospechosa con algo que debieron ser champiñones y tres bandejas de macarrones del día anterior, sino por la diversión que encuentro cada vez que me quedo mirando a sus usuarios.
El mecanismo suele ser muy similar. Llegan con cara de no haber comido en su vida, miran y remiran cada una de las bandejas, cogen un plato y empiezan a mezclarlo todo como si estuvieran tocados por el espíritu de la "nueva cocina": dos trozos de la ternera a la jardinera, una cucharada de espaguetis, tres croquetas un poco quemadas, dos hojas de lechuga mustia... ni el más habilidoso jugador de tetris podría colocar aquello con tanta pericia.
Pero lo que de verdad llega a convertir aquel espectáculo en algo inolvidable es cuando tienes la suerte de coincidir en alguno de ellos con alguna excursión del imserso. Quien ha conseguido verlo sabe que pocas cosas hay más impactantes en esta vida que un puñado de jubilados (y agregados) frente a un sírvase usted mismo.
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1232. Jueves, 14 agosto, 2008
Capítulo Milésimo ducentésimo trigésimo segundo: “Comer con fuerza, mascar con ganas y lo que no se hiciere hoy se hará mañana”. (Refrán español)
Largo fin de semana por delante. La crisis económica nos va a impedir a muchos salir a comer fuera de casa... aunque la idea de meterse en la cocina tres veces al día en mitad de agosto tampoco es para tirar cohetes (¿por qué nunca hay aire acondicionado en la cocina si es siempre donde de más calor hace?) ¿Solución?, pasarse la tarde de hoy cocinando algo que nos pueda alimentar durante unos cuantos días.
Por eso me han parecido tan prácticas las recetas del libro "Cocina Internacional" que, aunque ya tiene algunos años (la edición es de 1983), trae interesantes comiditas para hacer el día que uno tenga ganas de trastear en la cocina, congelando lo que sobre en generosas raciones de a dos bien apiladas, y poder tirar de ellas después durante una larga temporada.
Un ejemplo. Receta proveniente de la famosa y acreditada cocina beduina: "Camello relleno".
- Ingredientes:
1 camello entero.
1 borrego mediano.
20 pollos enteros de buen tamaño.
60 huevos.
12 kilos de arroz.
2 kilos de nueces.
2 kilos de almendras.
1 kilo de pistachos.
2.5 kilos de pimienta.
110 galones de agua.
Sal al gusto.
- Procedimiento:
“Despelleje el camello, luego quítele la grasa y límpielo (desechar la joroba). Haga lo mismo con el borrego y los pollos. Hierva hasta que la carne este tierna. Cocine el arroz hasta que se esponje. Fría todas las nueces hasta que se doren y agrégueselas al arroz. Cueza los huevos y pélelos. Rellene los pollos con los huevos cocidos y el arroz. Rellene el borrego con los pollos y póngale más arroz. Rellene el camello y échele adentro el resto del arroz. Ase el camello en una fogata de carbón grande hasta que se dore. Si le quedó arroz, extiéndalo en una fuente grande y coloque el camello encima.”
Una aclaración a tener muy en cuenta. Aunque un camello puede ser muchas cosas (cuando un alemán exclama en su idioma ick kamel lo que quiere decir es tonto de mí; si un francés llama a alguien chameau le estará diciendo mal bicho; en el argot italiano significa timador; en español, alguien que pasa droga; en italiano, una persona fea; en portugués, un hombre dominado por su mujer; en sueco, camarero), la receta se está refiriendo a usar un animal. De los de cuatro patas. Hasta el lunes.
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1150. Jueves, 27 marzo, 2008
Capítulo Milésimo centésimo quincuagésimo: "Llego la hora de la pausa... espero que puedan contener durante unos minutos los impulsos sexuales de vuestras parejas... si no puede ser, no puede ser... en cualquier caso volveremos después de la publicidad con el sector mas casto de la audiencia." (Antonio Gasset Dubois, 1946; periodista, presentador de televisión y crítico de cine español)
Efectivo método para adelgazar valido sólo para hombres: no separarse de una mujer que esté a dieta. Al menos durante el tiempo que ella resista.
No falla. Si vas a comer acompañado de alguna señora y/o señorita que se encuentre a plan, (en esta época das una patada y salen tropecientasmil) pide lo que quieras. No importa. Ella, fiel a su compromiso, pedirá las verduras a la plancha y la merluza al vapor, pero inevitablemente y por alguna ley cósmica, en cuanto tengas delante tu plato de patatas fritas ella disimuladamente empezará a coger de él; cuando te quieras dar cuenta no habrá dejado ni la de la vergüenza. Tranquilo, el 97,3 % de ellas te ofrecerá compartir sus zanahorias hervidas.
Hay que tener claro que la situación se repetirá en cualquier otra situación de peligro. En el cine, por ejemplo, puedes pedirte el cacharro más grande de palomitas, ella, nuevamente fiel a su compromiso, no comprará ninguno pero ten por seguro que vaciará el tuyo antes de que se acabe el anuncio del movirecord. Y lo mismo pasará con las bebidas, como ella está a dieta se pedirá agua, en cambio tú puedes pedir cerveza sin ningún problema, en cuanto la traigan cogerá la copa y se echará un buen trago para acabar diciendo lo buena que está y lo bien que entra. En unos cuantos minutos apenas quedará la espuma.
Suma y sigue. La conclusión es evidente: si tienes a alguna mujer cerca que lleva un tiempo a régimen acabas adelgazando tú. Fijo.
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1134. Viernes, 22 febrero, 2008
Capítulo Milésimo centésimo trigésimo cuarto: "Es hora de bajar de peso cuando vas a la playa y, al estar tomando el sol sobre la arena, unos ecologistas intentan devolverte al mar". (Miren Amiano, 54 años, ama de casa)
Cuentan que, antes de convertirse en el famoso par de brillantes cerezas con el que se identifica desde hace más de cuarenta años, el logotipo de la discoteca Pachá iba a ser (hasta llegó a serlo durante algún tiempo) un ojo. Sin embargo, su fundador, Ricardo Urgel, decidió, en contra de todos sus asesores, que la imagen de una fruta fresquita y retozona como la cereza, le iría mucho mejor al negocio. Y acertó de pleno.
Lo que no sabía el dueño de Pachá, o al menos eso confiesa, es que no estaba inventado nada nuevo: la pareja de cerezas ha sido, desde muy antiguo, todo un símbolo sexual.
De ahí que aparezca en obras como "La nave de los locos", de El Bosco, en la mesa a la que se acercan desnudos los amantes y, sobre todo, en multitud de postales y fotos -más o menos eróticas- que se pusieron de moda allá por los principios del siglo XX y en las que solía aparecer una chica con ojos de lujuria sosteniendo un par de cerezas gemelas muy cerquita de sus labios. Y, en las más atrevidas, hasta saboreando alguna metida en su boca.
Unas imágenes bastante sugerentes teniendo en cuenta que en la mayoría de las culturas el símbolo sexual que siempre han representado las dos cerezas han sido los testículos.
La imaginación hace el resto. Hasta el lunes.
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1131. Martes, 19 febrero, 2008
Capítulo Milésimo centésimo trigésimo primero: "No puedo comprender por qué en la televisión siempre se excusan las interrupciones pero nunca la programación normal. (Otto Preminger 1906-1986; director de cine estadounidense)
Comer del mismo plato, y con la mano, o beber del mismo vaso, siempre ha han sido símbolos de amor y de unidad, convertidos incluso en liturgia por el cristianismo. Entonces ¿Cómo han llegado a estar tan condenados estos actos por las normas de las buenas maneras? ¿Quién tiene la culpa de que uno quede como un puerco por atreverse a usar las manos en la imprescindible tarea de alimentarse?
Cuentan que el tenedor llegó a Europa procedente de Constantinopla, donde ya eran muy finos, allá por el siglo XV. Teodora, la hija del emperador bizantino Constantino Ducas, lo llevó a Venecia, al casarse con el dux de aquella república. Costó que se pudiera de moda porque se consideraba -y no iban muy descaminados- una extravagancia; tanto que llegaron a condenarlo desde los pulpitos de la época como intrumentum diaboli, por lo complicado que resultaba usarlo para comer algunos alimentos como la pasta.
Pero el tiempo ha dado la vuelta a la tortilla y ahora si hacemos caso a las "buenas maneras" sólo está permitido usar las manos para comer las alcachofas, los espárragos (siempre agarrándolos por el tallo) y las cerezas, y, si acaso, para pelar los plátanos y partir el pan siempre que ya esté servido en la mesa. Pero es que, aunque uno quisiera poner en práctica tan complicadas instrucciones protocolarias, nunca acabaría acertando. Ni entre ellos se ponen de acuerdo. Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, decía "el corazón es un traidor, hay que tenerlo cerrado con siete cerrojos", tal vez por ahí van los tiros de la recomendación de las gentes de esta organización a sus numerarios de que coman los plátanos con cuchillo y tenedor. Pero los que no militamos en tan sufrido grupo, todos los que fuimos carne de colegio público en un extrarradio de provincias, ¿podemos pelárnoslo con las manos sin acabar condenados al fuego eterno? ¿Sufrirá mucho nuestro corazón por sentir la suave textura de nuestro plátano entre el índice y el pulgar?
Para gustos colores, y será todo el pecado que quieran, pero pocos placeres se pueden comparar a comerse tanquilamente un suculento plátano después de haberlo pelado con una buena mano.

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1130. Lunes, 18 febrero, 2008
Capítulo Milésimo centésimo trigésimo: "De niño, el menú de mi casa siempre constaba de dos opciones: o lo tomas, o lo dejas" (Buddy Hackett 1924-2003 actor estadounidense)
Ando yo preocupado por un dato que han dado en un coloquio sobre la obesidad. Afirman, que en sólo dos décadas se ha doblado el porcentaje de adultos que la padecen. Una enfermedad que ya afecta al 52,7 por ciento de los españoles.
A todos nos gusta comer. No hacerlo cuando la disponibilidad de la comida es abundante se opone a las leyes más básicas de la evolución. Mucho ha tenido que ver en ella nuestro gusto por lo dulce, que ha ayudado a la humanidad a descartar las frutas venenosas; por la sal, que nos ha permitido evitar la deshidratación; y por la grasas, la verdadera reserva energética con la que salir adelante en las épocas de vacas flacas.
Vamos, que dejar de comer más de lo que necesitamos por nosotros mismos no es algo fácil. Lo que no acabo de entender es cómo si las ciencias en general -y la medicina en particular- han avanzado tanto (en los últimos años se han inventado remedios tan milagrosos como la anestesia, capaz de inhibir la sensibilidad y la capacidad para sentir dolor; las vacunas, capaces de erradicar enfermedades milenarias; los antibióticos, con los que pudieron empezar a tratarse las infecciones sin que el remedio fuera peor que la enfermedad; la estructura del ADN, verdadero filón para enfrentarse a las enfermedades hereditarias.. y así podría seguir hasta el infinito y más allá), lo que no acabo de entender, decía, es que no hayan sido capaces todavía de inventar alguna variedad de espinacas, de coliflores, o de acelgas, que tengan sabor a tarta de chocolate con nata montada rellena de mermelada de naranja amarga. Por ejemplo.
Como dijo un piloto de carreras inglés antes de empezar una de sus infinitas dietas "La expectativa de vida crecería si los vegetales olieran como el tocino" .

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1127. Miércoles, 13 febrero, 2008
Capítulo Milésimo centésimo vigésimo séptimo: "La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco. Platón 427 adC-347 adC; filósofo griego)
Los grandes cronistas del amor, ésos cuyas obras han sustentado nuestra educación sentimental, son unos completos embusteros. Nos han hecho creer que el amor es un asunto imperecedero. San Pablo, pecador arrepentido, se lo dijo más exactamente a los Corintios: "El amor no pasa nunca". Todos los mercaderes del sentimiento se han volcado en presentarnos sólo los aspectos más cómodos y deseables del fenómeno, hasta Romero y Julieta, la pareja por excelencia en los sueños sentimentales de muchas generaciones y cuyos arrebatos se antojan como los propios del amor eterno, tienen trampa; su triste final nos hizo pensar que su entusiasmo no tenía fin. Pero los amantes, presos en la hoguera de la pasión, no tuvieron tiempo de vivir sus insignificancias. Es de suponer el destino que les esperaba si sus familias no hubiesen sido tan absurdas. Un matrimonio como Dios manda y, a continuación, el día a día del amor y su realidad. Y la realidad no es precisamente diestra en maravillas.
Por supuesto que el amor existe, y además por narices (¿hubiera podido escribir Neruda sus "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" a los veinte años sin ser una traca de amor a punto de explotar?), los que nos hemos enamorado perdidamente lo sabemos muy bien, pero también sería bueno conocer de antemano qué ocurre cuando hay que empezar a evolucionar hacía un sentimiento más estable. Pasar del ars amandi, que decían los clásicos, a la habilidad para sobrevivir una vez que el ars se ha cansado de acompañarnos. Cuando tu inmaculada pareja, tu gran y perfecto héroe, empieza a llenar la bañera de pelos, a entrar en la cocina para freír un huevo y dejarla como si hubiera habido un terremoto, o a dormir con unos calcetines que sólo se quita cuando se corta las uñas. Cuando enmudecen los violines, se acaba la luna plateada y el amor inicia sus destrozos. Y todos sabemos que el amor, cuando se pone a destrozar, no sabe de privilegios.
El amor es una hermosa mentira, y a cualquier mentira, por muy maravillosa que sea, se impone siempre la realidad. Soportar sus ataques convierte a los amantes en duros héroes de la resistencia cotidiana. Por eso, no estaría mal que de vez en cuando también nos lo recordaran. Incluso en días tan poco apropiados como hoy, víspera de su santo patrón, San Valentín, un santo que, por cierto, fue canonizado en 1969, una terminación numérica tan adecuada como irreverente para el santo del amor. Pero eso es otra historia.
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1120. Lunes, 4 febrero, 2008
Capítulo Milésimo centésimo vigésimo: "Bienaventurados los que no tienen nada que decir y resisten la tentación de decirlo". (James Russell Lowell, 1782-1861; escritor estadounidense)
Ahora resulta (más bien ahora me entero yo, que supongo que siempre habrá sido así), que las termitas, chinches, hormigas o incluso las cucarachas, no sólo son comestibles, que eso ya lo sabíamos por los documentales de la dos que tanto nos ayudan en la siesta, sino que, además, su carne es tan sana y nutritiva como la del pollo o la de la vaca.
Si esto es verdad -y no sólo algo que se inventó el becario que lleva la sección de curiosidades para llamar la atención-, lo del hambre en el mundo empezaría a no tener mucha explicación. Otra cosa no, pero el número de cucarachas, chinches y demás animalitos presuntamente proteicos aumenta de forma directamente proporcional a la hambruna del país, es decir, que los países que más hambre pasan son los que tienen más y mejores recursos alimenticios.
Y aquí no valen los remilgos del asco y esas historias. En situaciones de emergencia uno se come hasta a su vecino si se deja. Que se lo pregunten a los supervivientes aquellos de los Andes.
Además tampoco parece que tenga mucho que ver la existencia de agua o vegetaciones varias para que abunde el alimento: todos sabemos como las cucarachas pueden vivir sin ver una sola planta en su corta vida. Eso sí, los que peor lo pasarían iban a ser los vegetarianos, suponiendo que exista alguno por esos lares, aunque me imagino que aplicando el refrán de "a buen hambre no hay pan duro" acabarían por inventarse alguna teoría en la que comer insectos más que de carnívoros, fuera de "insectívoros" con lo que sus conciencias quedarían satisfechas y sus estómagos un poco más llenos.
Ya sabemos que el hombre es un animal muy adaptable, especialmente si le interesa.
Lo reconozco, hay días que la desesperación me lleva a decir tonterías como las anteriores, leyéndolas me doy cuenta de que estar en el trabajo es uno de los factores de riesgos mas evidentes y peligrosos para el equilibrio emocional y la salud mental. Que lo prohíban pero ya.
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