caminos ligeros
19 Jul 2008
Agua, tierra, fuego y aire
En las ventanas se empaña el frío,
están apocadas porque no resuena lo que era
y sombrean un camino que no le hagan
perderse en otra vuelta.
Tiemblan,
como el poeta y su reloj de luna
esperando salvarse de la pobreza
de sus séquitos en aire de duendes
apuñalándoles en cada verso.
Te suelo escribir braceando bajo el agua
para olvidar a la vez.
Me sostengo
asida a la sangre remojada
sobre la que se alimenta el último buitre,
estremeciendo la carne
en un conmovido placer.
Se arrugan todos los domingos,
son una vieja taza de té
donde el penúltimo sorbo se marcha
cuando la novena gota desfila
en un barranco y el final
yace en la primera piedra.
Hoy finjo tendida en el techo
con una lámpara certeramente apedreada,
me sustraigo unos años mal bailados
y los arrojo al otro lado de la puerta,
el tipo los acosa y tortura
con retratos que ambiciona su designio.
Algo me desnuda a veces
al resonar la última cerilla en mi ombligo,
el recuerdo como enemigo,
un húmedo trayecto que deja al descubierto
el punto de estremecimiento.
11 Jul 2008
Alertas de savia

No suelo volar por caminos angostos
en donde los ojos se plagan de hostilidad
entre el claro oscuro de mi perspicacia
y sólo me acojo a ella cuando
me dan un paso con el recuerdo amargo y ocioso.
Los riesgos de la maraña
son faros apagados,
una flecha arrojada
a la costura desigual de mi falda
en el arqueo torpe
de unas extremidades que sujetan el roce.
El pase de salida se encarama
en el broche de mis zapatos
bajo el aliento de bosques centenarios,
ahora no puedo bloquear las andadas.
Si la vida me sonríe
por hacer trueques en el pasado
la besaría por el gesto
y diría que tengo miedo a la confusión,
a veces no sé si somos de carne y hueso
o arena y polvo en un punto y final.
Alma de cicatriz

Me siento aquí de espaldas
a lo estrecho de una cicatriz enmarcada.
Cruzando escuálidos días de enero
escruto quién desnudó el corte aséptico
del soporte desvaído de la resonancia
en la parte interna de mi cuello con espinas.
Me mira de frente un espejo
ceñido a una de sus palabras,
relegándole me cubro en mil jirones
donde se franquean días demasiado caros
desde que los flechazos rehúsan
de una portada devorada con excesos.
Con los recuerdos que me antorchan
en una intriga suspendida por su espalda,
sucumbieron turbados los ensueños
que en algún tiempo se aventuraron
al caer en la presión de una daga
en el alma de una cicatriz hendida,
suspiros ahogados de quiebras
en una puerta entornada.
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