Por mi bien, gracias

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El Universo

Escrito por: txapa el 31 Oct 2007 - URL Permanente

"El viernes me desperté y, como el Universo está en expansión, me costó más de lo habitual encontrar mi bata". Woody Allen.

Una frase como tantas otras puede despertar una inquietud en las interioridades de una persona (¿y por qué no decir "interior de una persona", que es más corto, más directo y más concreto? Porque 'interioridades' suena más filosófico, cultural y, por lo tanto, más inteligente).
Woody Allen en´'Días de Radio' confiesa que de niño entró en depresión porque el Universo está en expansión, de modo que algún día todo explotará. Así que para qué ir al colegio. "Lo que quiere decir que hay que aprovechar cada momento en la vida", le replica inteligentemente su psicólogo. "¡Además, nosotros estamos en Brooklyn, y Brooklyn no se expande!", recrimina no demasiado inteligentemente su madre.

Pues bien, el Universo se expande, Brooklyn no, pero Pamplona sí se expande (desde el marco constitucional del Amejoramiento del Fuero, ni que decir tiene), y Madrid (se expandería más deprisa si no estuviera rajada en canal por las obras de la M30), y Barcelona (que se expandería más deprisa si utilizarán materiales de calidad en sus infraestructuras de electricidad, cercanías, metro y en edificios que no deberían derrumbarse pero si lo hacen, razón de más para demostrar que el universo se expande, mal que les pese a los arquitectos del Carmell), y Bilbao (como para no expandirse, el centro del Universo), y Zaragoza (que se expande de gozo y orgullo al cantar a los cuatro vientos "EXPOOOOOOOOOOOOO").

El Universo se expande. Un ciclo como cualquier otro en la naturaleza. Uno llega, nace en definitiva, y su espacio-tiempo se limita a lo más cercano. La plaza, el colegio, el hogar y los caballeros del zodiaco tomando unas galletas Tostarrica. Inamovibles.

Crecemos y nuestro Universo entra en expansión. Nos movemos hacia el instituto, las zonas de bares, los coqueteos con materiales ilegales y con nuestras propias hormonas (a traves de las cuales descubrimos que zonas localizadas de nuestro cuerpo también están en expansión en ciertos momentos que, incluso, derivan en un Big Bang creador de la Via Lactea).

Crecemos más y nos queremos ir de casa, buscarnos una pareja y casarnos. Y nuestro universo se expande en busca de un piso, y se expande todavía más en el espacio y el tiempo, directamente proporcional al tiempo y dinero que nos expande nuestra hipoteca que, curiosamente, produce un agujero negro en las cuentas bancarias (las teorías dicen que en el centro de ese agujero de gusano, el tiempo, el espacio y la materia se entremezclan, de forma que, al cruzarlo, viajaremos hacia atrás en el tiempo. Justamente al momento de firmar la hipoteca. Una oportunidad para los valientes que se aventuren en esa odisea y decidan seguir en alquiler hasta que los tipos de interés dejen de estar en expansión).

Y seguimos creciendo, y nuestro universo se expande en forma de hijos. Y decidimos que el centro de nuestro universo nos es adecuado para un niño. Así que nos expandimos hasta una urbanización en las afueras, con jardincito, parque infantil con columpios de madera y suelo de caucho, colegio público y centro comercial a la vuelta de la esquina.

Y nos expandimos en edad y nos contraemos corporalmente. Nuestro impulsos primarios entran en recesión, después de la supernova de la creación nos convertimos en una enana blanca cuya luz se extinguió hace siglos, pero que el cometa Viagra provoca ligeros destellos suplicantes. Pero el meteorito que colisionó en nuestro riñón y que hubo que expulsar como dolorosa lluvia de estrellas ha provocado que ya no seamos los mismos. Miramos las estrellas en busca de algún planeta lejano en el que anidar, porque el nuestro se ha hecho pequeño. Así que nos expandimos hasta el sistema solar del IMSERSO en busca de la tercera luna de Benidorm, donde ver brillar rayos C más allá de la sombrilla del mojito y el pescaíto frito en la cuarta terraza de Tanhausser.
Pero el Universo se expande y como tal, algún día todo terminará. Así que, ¿para qué? Algún día nos expandiremos hasta el punto en que nuestra vida no quepa en el cuerpo y se nos escape por la boca como un remolino de tormenta solar. Y nos expandiremos más todavía cuando el tanatorio nos convierta en polvo de estrellas. Y más todavía cuando nuestro retacos, producto de nuestra propia expansión, nos desperdiguen por el espacio infinito, para que nos movamos en su imparable expansión hacia una galaxia lejana, muy lejana...

Así que, ¿para qué? No lo sé. Supongo que nuestra propia expansión merece la pena. Y, qué coño, siempre consuela saber que Brooklyn no se expande. Así que si nos entra miedo siempre podemos irnos a vivir allí.
Y eso es todo supernovas y supernovos, enanas blancas y enanos rojos, agujeros de gusano y eclipses solares. Me voy a Jupiter y rumbo al infinito... ¡Tócala otra vez HAL!

Una frase como tantas otras puede despertar una inquietud en las interioridades de una persona (¿y por qué no decir "interior de una persona", que es más corto, más directo y más concreto? Porque 'interioridades' suena más filosófico, cultural y, por lo tanto, más inteligente).
Woody Allen en´'Días de Radio' confiesa que de niño entró en depresión porque el Universo está en expansión, de modo que algún día todo explotará. Así que para qué ir al colegio. "Lo que quiere decir que hay que aprovechar cada momento en la vida", le replica inteligentemente su psicólogo. "¡Además, nosotros estamos en Brooklyn, y Brooklyn no se expande!", recrimina no demasiado inteligentemente su madre.

Pues bien, el Universo se expande, Brooklyn no, pero Pamplona sí se expande (desde el marco constitucional del Amejoramiento del Fuero, ni que decir tiene), y Madrid (se expandería más deprisa si no estuviera rajada en canal por las obras de la M30), y Barcelona (que se expandería más deprisa si utilizarán materiales de calidad en sus infraestructuras de electricidad, cercanías, metro y en edificios que no deberían derrumbarse pero sí lo hacen, razón de más para demostrar que el universo se expande, mal que les pese a los arquitectos del Carmell), y Bilbao (como para no expandirse, el centro del Universo), y Zaragoza (que se expande de gozo y orgullo al cantar a los cuatro vientos "EXPOOOOOOOOOOOOO").

El Universo se expande. Un ciclo como cualquier otro en la naturaleza. Uno llega, nace en definitiva, y su espacio-tiempo se limita a lo más cercano. La plaza, el colegio, el hogar y los caballeros del zodiaco tomando unas galletas Tostarrica. Inamovibles.

Crecemos y nuestro Universo entra en expansión. Nos movemos hacia el instituto, las zonas de bares, los coqueteos con materiales ilegales y con nuestras propias hormonas (a traves de las cuales descubrimos que zonas localizadas de nuestro cuerpo también están en expansión en ciertos momentos que, incluso, derivan en un Big Bang creador de la Via Lactea).

Crecemos más y nos queremos ir de casa, buscarnos una pareja y casarnos. Y nuestro universo se expande en busca de un piso, y se expande todavía más en el espacio y el tiempo, directamente proporcional al tiempo y dinero que nos expande nuestra hipoteca que, curiosamente, produce un agujero negro en las cuentas bancarias (las teorías dicen que en el centro de ese agujero de gusano, el tiempo, el espacio y la materia se entremezclan, de forma que, al cruzarlo, viajaremos hacia atrás en el tiempo. Justamente al momento de firmar la hipoteca. Una oportunidad para los valientes que se aventuren en esa odisea y decidan seguir en alquiler hasta que los tipos de interés dejen de estar en expansión).

Y seguimos creciendo, y nuestro universo se expande en forma de hijos. Y decidimos que el centro de nuestro universo nos es adecuado para un niño. Así que nos expandimos hasta una urbanización en las afueras, con jardincito, parque infantil con columpios de madera y suelo de caucho, colegio público y centro comercial a la vuelta de la esquina.

Y nos expandimos en edad y nos contraemos corporalmente. Nuestro impulsos primarios entran en recesión, después de la supernova de la creación nos convertimos en una enana blanca cuya luz se extinguió hace siglos, pero que el cometa Viagra provoca ligeros destellos suplicantes. Pero el meteorito que colisionó en nuestro riñón y que hubo que expulsar como dolorosa lluvia de estrellas ha provocado que ya no seamos los mismos. Miramos las estrellas en busca de algún planeta lejano en el que anidar, porque el nuestro se ha hecho pequeño. Así que nos expandimos hasta el sistema solar del IMSERSO en busca de la tercera luna de Benidorm, donde ver brillar rayos C más allá de la sombrilla del mojito y el pescaíto frito en la cuarta terraza de Tanhausser.

Pero el Universo se expande y como tal, algún día todo terminará. Así que, ¿para qué? Algún día nos expandiremos hasta el punto en que nuestra vida no quepa en el cuerpo y se nos escape por la boca como un remolino de tormenta solar. Y nos expandiremos más todavía cuando el tanatorio nos convierta en polvo de estrellas. Y más todavía cuando nuestro retacos, producto de nuestra propia expansión, nos desperdiguen por el espacio infinito, para que nos movamos en su imparable expansión hacia una galaxia lejana, muy lejana...

Así que, ¿para qué? No lo sé. Supongo que nuestra propia expansión merece la pena. Y, qué coño, siempre consuela saber que Brooklyn no se expande. Así que si nos entra miedo siempre podemos irnos a vivir allí.
Y eso es todo supernovas y supernovos, enanas blancas y enanos rojos, agujeros de gusano y eclipses solares. Me voy a Jupiter y rumbo al infinito... ¡Tócala otra vez HAL!

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Sobre este blog

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txapa

Sin unidad, sin criterio, sin sentido. Todo lo que se escriba aquí será fruto de una mente en crisis y en formación... Como todas, al fin y al cabo. Aunque algunos piensen que con los año ya no hay nada que aprender ni nadie quien puede enseñarte. ¿Temas a tratar?: Cualquiera. ¿Tono?: Preferiblemente con sentido del humor. Suficiente mala leche se transmiten por los medios de comunicación tradicionales como para difundir más mediante los blogs.

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