Un corte en el dedo con una hoja de papel
__la novela que se niega a dejar de crecer. (actualización: sábados)
04 Jun 2008
12. Regreso a casa, bajo un cielo rojo
[Viernes / interior / anochecer]
Me marché dando un par de rodeos y haciéndome el despistado, demostrando una vez más mis dotes interpretativas. Atravesé varios pasillos, retrocedí otros y esperé a que me avisara un guarda de seguridad para salir. Finalmente compré una chocolatina, comida para gatos, unos calzoncillos y un paquete de pilas, para no llamar la atención. Salí satisfecho con mi compra y mi actuación, feliz, expandido. Una vez en la calle, tuve una sensación extraña. Como si alguien me observara. Pero no le di importancia alguna, porque aquel viernes había sido muy largo e intenso, lo bastante como para encima sentirme vigilado. En el cielo podía ver un maravilloso atardecer rojo y no quería que nada lo estropeara.
En la facultad tuve un profesor cuya frase favorita era: El periodista no debe creer nada de lo que le digan, debe creer la mitad de lo que vea, y todo lo que escriba. Debió repetirla como diez millones de veces. Es lo único que se me quedó grabado. De hecho, creo que lo he escrito en alguna parte además de aquí. Maud no cree casi nada de lo que le digan ni de lo que suele hacer. Quizá por eso me enamoré de ella: le gusta sorprender y sorprenderse.
Al entrar en casa me recibieron las notas y las frases de like Dylan in the movies, una preciosa canción de Belle and Sebastian:
Pure easy listening, settle down
On the pillow soft when they've all gone home
You can concentrate on the ones you love
You can concentrate, hey, now they've gone
Ya sabía con esto que Maud estaba en casa. Cuando le da por una canción, es capaz de oírla mil veces seguidas, o más. Era realmente significativo que entrara en el piso justo en esta estrofa. Sí, de hecho, ahora podía concentrarme en lo verdaderamente importante y recostarme sobre el mullido almohadón blanco de mi Maud. Saludé en voz alta mientras colgaba las llaves en su sitio. No obtuve respuesta. Afiné el oído y escuché el ruido del agua de la ducha. Eso significaba de veinte a treinta minutos: el tiempo que tardaría Maud en salir del cuarto de baño. Decidí sentarme frente al ordenador y redactar un final para mi novela. Un final que tenía todavía pendiente y, antes de que descubrieran a Ringo y desapareciera de mi vida, tenía que dárselo a leer.
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"Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado." (Los detectives salvajes, Roberto Bolaño)
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1 comentario · Escribe aquí tu comentario
marr dijo
Es un tipo curioso y Maud una mujer con paciencia, me temo.
Un beso, maría
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